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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2019

Entrevista a Alfredo Apilnez sobre la Teora Monetaria Moderna,TMM (I)
Hay dos paradigmas monetarios que determinan la visin del sistema econmico y de las polticas pblicas

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Presentacin (del propio autor): Soy economista de formacin aunque, a decir verdad, eso es ms bien un desdoro-, profesor de ciencias sociales en un centro de estudios y escritor de artculos sobre historia, teora econmica y finanzas en el blog Trampantojos y Embelecos. All trato de poner un granito de arena en la crtica del discurso del capital -encarnado en la teora econmica ortodoxa y en el paradigma poltico neoliberal- y en la defensa de la necesidad de construir nuevos sujetos y prcticas emancipatorias. Soy miembro asimismo de la Asociacin 50020 , un humilde pero corajudo colectivo que lucha contra la violencia inmobiliaria, principalmente en el mbito del alquiler, en el distrito de Nou Barris de Barcelona.

*

Permteme unas preguntas previas sobre tu presentacin antes de entrar en materia. Hablas en ella del discurso del capital. A travs de quines emite su discurso el capital? Empresarios, polticos a su servicio, profesores bien remunerados?

Ya que te refieres a mi humilde currculo, djame, en primer lugar, agradecerte efusivamente Salvador la oportunidad que me das de expresar mis opiniones sobre estas candentes cuestiones que normalmente no tienen cabida en los medios dominantes ni tampoco en muchos de los llamados alternativos. Yendo pues a tu pregunta, te dira que lo que llamo discurso del capital lo impregna, por desgracia, casi todo. Los que tu mencionas yo aadira, en lugar destacado y sin nimo exhaustivo, a los jerarcas de la Internacional Capitalista en el FMI, la OMC y la OCDE- son sin duda sus principales mamporreros, si me permites la expresin, pero el ncleo duro reside sin duda en la teora econmica ortodoxa. Toda esa jerigonza acerca de la desregulacin de los mercados, como garanta de la tendencia al equilibrio ptimo y al bienestar general; el culto a la competitividad, a la productividad y al crecimiento; la exaltacin del inters privado y la animadversin hacia todo lo que huela a polticas pblicas que destilan los altavoces mencionados procede de la ortodoxia econmica con mando en plaza en todas las tribunas acadmicas y mediticas. Estamos ante una ciencia como deca el gran economista, amigo de Gramsci, Piero Sraffa- aberrante, apologtica, cuya construccin descansa sobre el objetivo falsario de ocultar el conflicto distributivo entre capital y trabajo. Por eso Marx se refera a los economistas de su poca y eso que no tuvo que sufrir la degeneracin posterior, conocida como revolucin marginalista, cuyo influjo hegemnico llega hasta nuestros das-, que trataban de manipular el legado de Ricardo para limar sus aristas subversivas derivadas de la teora del valor trabajo, como economistas vulgares, simples legitimadores de la explotacin capitalista. Fjate, ya para terminar, en una curiosa contraprueba de la condicin manipuladora de la pseudociencia econmica: en los manuales de economa las famosas seoritas Doa Micro y Doa Macro-, con los que se intoxica a los sufridos estudiantes, el trmino capitalismo est proscrito. La forma de desarrollarse la reproduccin del sistema econmico, a travs de la lucha por la distribucin del excedente, el origen del valor y el grado de viabilidad de la acumulacin del capital -las preocupaciones de los economistas clsicos, cuando la economa era an poltica-, brillan por su ausencia en la etrea cosmovisin de la msica celestial de la pseudociencia econmica. Y los profesores, empresarios, polticos y dems vulgarizadores en lugar destacado, los infames tertulianos pseudoexpertos que bombardean diariamente con sus monsergas a la inerme ciudadana- la propagan a los cuatro vientos, extendiendo la ignorancia y desorientacin absolutas entre la inmensa mayora de la poblacin sobre las cuestiones que afectan directamente a sus condiciones de vida. Todo lo relacionado con el crucial papel del dinero en nuestra realidad social es un ejemplo paradigmtico de esta ignorancia inducida y generalizada.

Sigo por la misma senda. Cmo caracterizas el panorama poltico neoliberal? Cules son en tu opinin sus ejes esenciales?

Arduas cuestiones me planteas. Por empezar por el final, si me permites, hay una cita de Alejandro Nadal, el economista mexicano, que refleja muy bien lo que en mi opinin es la esencia, casi nunca, por cierto, mencionada, del neoliberalismo: "El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones histricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas". Este hecho histrico enmarca pues la llamada revolucin conservadora, simbolizada por las polticas de Reagan y Thatcher en los aos 80, como una derivada, una reaccin superestructural como se deca antes-, ante el fracaso del capitalismo como, por cierto, pronostic Marx- en mantener los niveles de acumulacin y productividad, tras el boom de los treinta gloriosos, y el temido regreso tras el terrible crack del 29- de su tendencia crnica al estancamiento secular. El endurecimiento de la poltica del capital que representa el neoliberalismo frente a la suavidad redistributiva de las polticas keynesianas-, se desprende de este hecho capital. Lo que se deriva de esta tesis son dos cuestiones neurlgicas sobre la esfera de la poltica econmica que normalmente pasan desapercibidas.

La primera de esas tesis

La primera sera que la hegemona del capital financiero y la creciente inestabilidad que causa en el sistema en su conjunto no son consecuencia de la exuberancia irracional del delirio especulativo del casino de las finanzas globales, como sostiene un discurso muy presente en la izquierda reformista y en muchos movimientos sociales, sino la caracterstica principal de la nueva matriz de rentabilidad del capitalismo tras el final de los treinta gloriosos. Una especie de respiracin asistida para un organismo languideciente. Por tanto, ante un escenario deprimido, la respuesta apremiante del capital tuvo dos ejes fundamentales que caracterizan las polticas neoliberales: sobreexplotacin laboral con la degradacin de las precarizadas condiciones de trabajo y el agudo incremento de la desigualdad que presenciamos continuamente- y, he aqu la novedad, hipertrofia de la esfera financiera ejemplificada en la proliferacin de burbujas especulativas- para sostener la maltrecha tasa de ganancia y dopar mediante el crdito masivo la insuficiente demanda de la clase trabajadora. Esto exige liberalizar los flujos financieros y de capitales y destruir los restos de la soberana nacional para explotar al mximo la extraccin de rentas y la multiplicacin ad eternum del capital ficticio en la nebulosa de las finanzas globales. He aqu pues el sustrato material de la hegemona ideolgico-poltica neoliberal: la progresiva destruccin del welfare, las privatizaciones y la liberalizacin de los mercados de capitales coinciden con una exuberancia de las finanzas y el crdito para sostener la tasa de ganancia y el poder de compra de las masas en un capitalismo txico que ya no puede cumplir con el sueo hmedo reformista de elevar el nivel general de vida hasta la clase media universal.

La segunda

El segundo rasgo del paradigma poltico de la fase neoliberal, que se deriva directamente de lo anterior, es lo que podramos denominar como la lenta agona junto con la degradacin completa del parlamentarismo, como sntoma del vaciamiento de la democracia- del reformismo socialdemcrata en el capitalismo financiarizado. Aquella famosa sentencia thatcheriana, el no hay alternativa, se ha vuelto premonitoria. El viejo sueo de Bernstein, Kautsky y los revisionistas de la Segunda Internacional de un capitalismo con rostro humano en el que la lucha parlamentaria y la mejora distributiva nos fueran acercando al ideal socialista a base de atemperar las aristas ms acervas de la acumulacin de capital ha fenecido. La prueba es la pusilanimidad e impotencia de los nuevos reformismos, representados por los partidos del cambio de la nueva poltica, a la hora de contener el embate del capital a travs de la implementacin de programas de mnimas reformas, casi siempre, meramente cosmticas, que haran sin duda enrojecer incluso a los viejos socialdemcratas revisionistas. En el fondo, si me permites la veleidad psicologista, saben perfectamente que su funcin es nicamente guardar las apariencias del reformismo electoralista, pero mantienen la fachada en la farsa que encarnan por mor de conservar un mnimo residuo de juego democrtico que sostenga la paz social. Hay muchos intereses en juego interesados en preservar su papel de meros comparsas en la farsa parlamentaria. La total amputacin de las herramientas fiscales y monetarias cuya recuperacin es, dicho sea de paso, el objetivo fundamental, lleno de utopismo idealista, de los adeptos de la Teora Monetaria Moderna- de los estados soberanos perpetrada por el ariete financiero del embate neoliberal es la expresin de este gran triunfo del capital desembridado y la certificacin del fracaso histrico de la izquierda del capital.

Es en este marco de degradacin de la poltica institucional caracterstico de la fase neoliberal en el que surgen los monstruos. El ascenso de los llamados populismos o nuevos fascismos, consecuencia directa de la creciente ruptura de la paz social causada por la violacin del pacto interclasista de posguerra, simbolizado por la crisis del sueo propietario de la clase media, representara el reverso de la moneda de este fracaso de los reguladores reformistas en su estril las palancas polticas que lo posibilitaran han desaparecido- obstinacin en dotar de rostro humano a la bestia. En fin, s que son respuestas deslavazadas pero creo que esto sera lo esencial del paradigma reaccionario que llamamos neoliberalismo: agudizacin de la agresin del capital y ruina del sueo reformista de un capitalismo redistributivo con rostro humano. En fin, mil disculpas por la lgubre descripcin basada, por desgracia, en el pesimismo de la inteligencia.

Nada de qu disculparte. Por cierto, para que no haya confusin entre nuestros lectores: cuando hablas de los nuevos reformismos, representados por los partidos del cambio de la nueva poltica, te ests refiriendo no ya al PSOE (o al PSC), que no es partido nuevo, o a Ciudadanos, Junts per Catalunya o ERC, sino a Unidas o Unidos Podemos, Ms Pas, Catalunya en Com, Comproms, Adelante Andaluca, Las mareas Me equivoco?

No Salvador, no te equivocas en absoluto. Me temo que tengo que insistir en lo mencionado ms arriba. En mi opinin, a pesar de su fachada progresista y ciudadanista, estas nuevas formaciones con pequeas diferencias de matiz- no son ms que un mero recambio de la ajada socialdemocracia pugnando por preservar su papel de comparsas en la farsa pseudodemocrtica que presenciamos actualmente. Creo, por tanto, que su funcin principal es alejar la posibilidad de un cambio social real, alimentando la expectativa de lograr avances infinitesimales o de contener el fascismo rampante, otra de sus coartadas favoritas- y, por desgracia, fcilmente reversibles, que preserven los restos del Estado del bienestar. As pues, a pesar de la coartada, machaconamente reiterada, de su pretendida funcin de diques de contencin contra el embate neoliberal mientras no haya movilizacin u organizaciones populares activas, en realidad, bien al contrario, no son ms que un freno, por su deletreo influjo pedaggico de ocultacin de la imposibilidad de cambios sustanciales con las actuales reglas del juego, para el surgimiento de movimientos populares que nos acerquen a transformaciones de verdadero calado.

En fin, lamento ser tan crtico, pero creo que, como comprobamos da a da, las fuerzas llamadas del cambio encarnan una funcin legitimadora del rgimen vigente por no hablar de su vertiginosa metamorfosis en maquinarias electorales con una verticalidad y un culto a la personalidad del amado/a lder/esa verdaderamente pasmosos- , precisamente cuando este rgimen ha dejado de cumplir ostensiblemente su funcin y slo conserva su vacua carcasa. Por tanto, pedaggica y polticamente, son, insisto, una rmora para cualquier cambio real y representan slo un recambio cosmtico en el trampantojo del reformismo electoralista. Finalizo, si me permites la impudicia, con una cita del socilogo Mario Domnguez, que inclu en un texto en el que trat de explicar mi posicin sobre el reformismo electoralista que encarnan tales organizaciones y que suscribo a pies juntillas: Apostar por esto mismo, la poltica est en otro sitio, el que construimos a travs de mecanismos colectivos y autogestionados, aquellos que crean otra cosa, otro pensamiento, otra prctica, organizada y perdurable, que controla sus propios tiempos y su dbil proceso instituyente, suene o no ridculo a la contabilidad electoral; porque lo que en realidad ha movido la historia es la multiplicacin del conflicto social a pesar de sus techos tanto materiales como simblicos, y no hay mayor conflicto que el que se dirime en los escenarios no previstos de la accin colectiva.

Sealas la defensa de la necesidad de construir nuevos sujetos y prcticas emancipatorias. Qu significa aqu emancipatorias?

Pues bien Salvador, vamos con el cada vez ms heroico optimismo de la voluntad. Como te deca, en estas aguas procelosas de la descorazonadora realidad sociopoltica que vivimos y ante la enorme dificultad de construccin de mbitos de resistencia y oposicin a la creciente agresin del capital contra las clases populares preferira ceder, si me permites, la palabra a otros que han expresado mucho mejor que yo los rasgos bsicos que deberan tener actualmente lo que denominamos sujetos y prcticas poltico-sociales emancipatorias.

Te lo permito por supuesto

Me remito pues a la extraordinaria reflexin que creo compartirs realizada por el maestro Manuel Sacristn en el texto de una conferencia sobre el fenecido eurocomunismo otra vctima de la ola neoliberal- que me parece inmejorable. Creo no andar demasiado errado si afirmara que, dado el panorama descrito anteriormente, que ha agudizado algunos de los rasgos que, premonitoriamente, Sacristn atisbaba en los inicios de la fase neoliberal, su diagnstico actual sera an ms contundente:

Esa poltica tiene dos criterios: no engaarse y no desnaturalizarse. No engaarse con las cuentas de la lechera reformista ni con la fe izquierdista en la lotera histrica. No desnaturalizarse: no rebajar, no hacer programas deducidos de supuestas vas gradualistas al socialismo, sino atenerse a plataformas al hilo de la cotidiana lucha de clases y a tenor de la correlacin de fuerzas de cada momento, pero sobre el fondo de un programa al que no vale la pena llamar mximo porque es el nico: el comunismo .

En esos dos criterios estara en mi opinin la esencia de cualquier actitud, parafraseando tambin a Sacristn, espero que me disculpes la continua usurpacin, que pretenda ir en serio.

Por supuesto que te disculpo. Cmo no iba a disculparte!

Y, en segundo lugar, deca, quisiera destacar la mencin que hace en ese mismo texto a la necesidad de recuperar, en la ms acendrada tradicin libertaria, el desarrollo de actividades innovadoras en la vida cotidiana:

Atenerse a plataformas de lucha orientadas por el principio tico-jurdico comunista debe incluir el desarrollo de actividades innovadoras en la vida cotidiana, desde la imprescindible renovacin de la relacin cultura-naturaleza hasta la experimentacin de relaciones y comunidades de convivencia.

Suscribo totalmente estas directrices que si bien quedan muchas reas por desbrozar- entroncan claramente con la milenaria tradicin de la autogestin anarquista.

Te interrumpo un momento. Permteme que d la referencia del texto que has recordado: Manuel Sacristn, A propsito del eurocomunismo. En Intervenciones polticas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 196-207. Como has sealado, se trata de una intervencin en el debate del Curso sobre problemas actuales del marxismo, dictado en la Escuela de Verano organizada por la institucin Rosa Sensat en la UAB, julio de 1977. Disculpas por la interrupcin. Contina por favor

No, mil gracias a ti por la referencia precisa. Reitero la extraordinaria luminosidad como casi siempre, en el caso de Sacristn- de tales reflexiones. Por ltimo, si me permites, aadira una reflexin del filsofo del grupo Krisis Anselm Jappe, que describe la necesidad de integrar las luchas cotidianas con la exigencia de cambiar la propia vida:

Podemos y debemos oponernos a cualquier deterioro de las condiciones de vida provocado por la lgica econmica desencadenada, ya se trate de una mina o de un aeropuerto, de un centro comercial o de los pesticidas, de una ola de despidos o del cierre de un hospital. Sin embargo, al mismo tiempo es necesario cambiar la propia vida y romper con los valores oficiales asimilados, como el de trabajar tanto para consumir tanto.

Esta es pues para m la clave del desarrollo de nuevas prcticas emancipatorias: combinar la resistencia, si se quiere, la reduccin de daos ante el crecientemente intenso embate del capital, con el desarrollo de nuevas formas de vida y comunidades de convivencia que prefiguren, como dice el bello lema, el embrin de otros mundos que estn en ste. Pienso que son muy sabias reflexiones y yo las suscribo.

Me sumo a lo que sealas y prosigo. Hablar de violencia inmobiliaria no es apurar el concepto de violencia? A qu te ests refiriendo?

Bueno Salvador, creo que convendremos en que la cruda realidad que vivimos de deterioro generalizado de las condiciones de vida de las clases trabajadoras, en un contexto de choque contra los lmites biofsicos del planeta bajo este capitalismo senil y desbocado slo hay que fijarse en los niveles desorbitados de desigualdad de riqueza y en el colapso climtico y ecolgico que presenciamos- habilita el uso del trmino violencia para caracterizar las agresiones del capital. Incluso el muy restrictivo diccionario de la Academia acepta la ampliacin del concepto, ms all del aspecto puramente fsico, en una de las acepciones de violencia: Aquello que est fuera de su natural estado, situacin o modo.

Es en este marco degenerativo que antes esbozbamos en el que la violencia inmobiliaria ocupa un lugar destacado. Creo que pocos ejemplos podremos encontrar ms evidentes de situaciones fuera de su natural situacin o modo que la agresin continua contra el maltrecho y pisoteado derecho popular a la vivienda digna. La conversin de la vivienda en un activo financiero especulativo, una de las bases neurlgicas, como decamos antes, a travs del crdito personal hipotecario, de la matriz de rentabilidad del capitalismo financiarizado en la fase neoliberal, ha tenido el efecto colateral de despojar a la mayor parte de las clases populares de la posibilidad de acceso a un techo digno y asequible. Los brutales efectos de la crisis en curso no han hecho ms que agudizar este atropello. Te dar solamente unos pocos datos a sangre fra emulando humildemente tus magnficos textos en los que recopilas abrumadoras colecciones de datos que reflejan la acerva realidad-, extrados deslavazadamente, que en mi opinin serviran para justificar sobradamente el uso del concepto de violencia inmobiliaria:

Nmero de desahucios de vivienda habitual desde 2008: ms de 700.000.

Coste del rescate bancario a cargo del erario pblico y del sufrido contribuyente: ms de medio billn de euros sin contar la colosal manguera de liquidez del BCE, que salv a la banca en el momento lgido de la crisis de 2008-

El 43% de los barceloneses que viven de alquiler tienen que destinar ms de un 40% de sus ingresos al pago de los gastos de vivienda. Es la llamada tasa de sobrecarga.
Los menores de 30 deben pagar ms del 90% de su sueldo para poder alquilar una vivienda solos y slo el 19% se haba emancipado a final de 2018, la cifra ms baja desde 2002.

En Espaa hay 3,5 millones de viviendas vacas, segn el ltimo censo de poblaciones y viviendas disponible, realizado en 2011. Esto supone unas 500.000 casas ms que la ltima vez que se realiz el registro en el 2001.

Tus A sangre fra son mejores, ms concluyentes si cabe y ms claros

Mil gracias, pero quiero que conste mi enrgica protesta ante tu afirmacin. Creo pues que convendremos Salvador en que, slo con estas breves pinceladas, hay suficiente municin para calificar de autntico desastre socioeconmico adems del drama humano soterrado- la situacin del derecho a la vivienda en la piel de toro. Todo ello por no mencionar la violencia jurdica ejercida por un estado de derecho cambiando slo una letra, si me permites la humorada, quedara quizs mejor: estado de desecho- que salvaguarda el sacrosanto derecho a la propiedad privada y a la expropiacin financiera de las clases trabajadoras muy por encima del ignorado derecho a la vivienda, recogido vanamente en nuestra manoseada Carta Magna. Y por no hablar tampoco del abuso flagrante y totalmente ignorado por sus vctimas- que supone ya que hablamos de temas monetarios- el crdito hipotecario basado en el privilegio del mecanismo de creacin de dinero del puro aire por parte de la banca privada, que es la base de la generacin de rentabilidad extra hacia la nebulosa del casino global en el capitalismo financiarizado.

Digamos pues, en conclusin, que el sector inmobiliario es el principal mbito de ataque a las condiciones de vida de las clases populares a travs de la extraccin de rentas por parte del capitalismo parasitario que sufrimos. No por casualidad, este es uno de los rasgos centrales de las polticas neoliberales para sostener la maltrecha tasa de ganancia del capital a travs de las burbujas de activos: aumentar la expropiacin financiera de la poblacin a travs del endeudamiento, para compensar la devaluacin salarial y la insuficiencia de demanda derivadas de los enormes niveles de desigualdad que provocan las polticas neoliberales del capital. Se trata pues de empujarnos a todos hasta las cejas en los das de vino y rosas todos recordamos aquella falacia de que las casas nunca bajan de precio y que alquilar era tirar el dinero- y de traspasarnos el coste del derrumbe del castillo de naipes especulativo cuando vienen mal dadas.

Podra seguir preguntando y preguntando sobre estos temas pero no abuso ms. Vayamos a lo que tenemos entre manos. Empecemos por el nombre si te parece: TMM, teora monetaria moderna. Qu es una teora monetaria?

Aunque pueda resultar sorprendente, la respuesta a tu pregunta Salvador resulta mucho ms ardua de lo que aparenta. Obviamente, una teora monetaria debe abordar el estudio del papel que juega el dinero en una economa capitalista, lo que el economista Augusto Graziani denomina una economa monetaria de produccin. Las preguntas claves a las que debera contestar cualquier teora monetaria seran pues las siguientes: qu es el dinero y cmo se crea y se canaliza a travs de los flujos econmicos de produccin y consumo?, qu instituciones tienen el privilegio de fabricarlo e inyectarlo en el circuito econmico?, cules son sus funciones en el capitalismo actual?, y, sobre todo, qu efectos tiene el dinero sobre las variables llamadas reales de la economa como la produccin y el nivel de empleo? Por tanto, ms all del -sumamente polmico- debate sobre el origen y la evolucin histrica de las distintas formas y funciones del dinero, se tratara de describir el funcionamiento de la fbrica de dinero y su relacin con el conjunto de la actividad econmica en el capitalismo realmente existente. Y aqu entramos en terreno pantanoso, si me permites la expresin.

Y por qu pantanoso?

Pues porque al ser la economa una disciplina profundamente ideolgica y tendenciosa, dado su carcter legitimador del orden vigente, las distintas teoras sobre la naturaleza y las funciones del 'objeto por excelencia', como lo llamaba Marx, son absolutamente divergentes. Para ilustrar este antagonismo, podramos dividirlas de acuerdo con su enfoque acerca del papel de la fbrica de dinero en el funcionamiento del sistema econmico y en su influencia en las variables reales como la produccin y el empleo. Resulta imprescindible hacerlo para la correcta comprensin de las caractersticas ms relevantes de la TMM y de su ubicacin en la enmaraada historia del pensamiento econmico sobre el hecho monetario.

Adelante con ello, adelante con esa divisin

Siguiendo este criterio podramos hablar de dos grandes grupos de teoras monetarias: aquellas para las que el dinero 'importa' y aquellas para las que el dinero 'no importa' en la determinacin de las variables reales como el nivel de actividad econmica y el empleo. Es decir, el caballo de batalla es -aunque parezca sorprendente para un profano- si el dinero tiene o no influencia sobre la economa real. Tratar de explicarlo brevemente.

La ortodoxia dominante -neoclsica y monetarista- considera el dinero nicamente como un 'lubricante de los intercambios', algo insignificante, sin influencia en la determinacin de las variables reales. La descripcin de Marshall, uno de los patriarcas de la ortodoxia, ilustra que, si se produce en la cantidad justa, el dinero es neutral, un simple velo en la determinacin de los equilibrios de precios y cantidades producidas en los idlicos mercados perfectos de bienes y de factores productivos. Aunque resulte increble, esta sigue siendo la teora monetaria transmitida en las facultades de economa del mundo entero y -a travs del dogma monetarista del gran adalid de los derechos humanos que se llam Milton Friedman- el pseudofundamento terico del taln de hierro neoliberal de las polticas de austeridad.

Por el contrario, el lema el dinero importa en el funcionamiento de la sala de mquinas del sistema y en la determinacin de los niveles de produccin y de empleo podra ser el mnimo comn denominador de las posiciones heterodoxas keynesianas y marxistas e incluso en algn ilustre representante del mainstream como Wicksell-. Es decir, segn el llamado 'bajo mundo' de la economa, el dinero no slo no es en absoluto un mero lubricante de los intercambios sino que, en palabras de Marx, es 'el principio y el fin de todo proceso de valorizacin de capital'. Que una afirmacin de este tenor, considerada una obviedad por cualquier lego en la materia, sea la marca de la heterodoxia en teora econmica, frente al axioma de la neutralidad postulado por el credo neoclsico, da una idea del nivel de enajenacin alcanzado por la teora dominante.

Lo parece, realmente lo parece por lo que sealas

As pues, podramos distinguir dos paradigmas monetarios que, a su vez, determinan la visin del sistema econmico y de las polticas pblicas: la ortodoxia del dinero-lubricante y las heterodoxias keynesiana y marxista, en las que el dinero es un elemento clave del proceso de acumulacin de capital. Por ejemplo, la preferencia por la liquidez o atesoramiento, que implica retirar el dinero de la circulacin, sera la clave del dficit de inversin y de consumo que provoca el desempleo involuntario en el modelo de Keynes y la piedra miliar de su ataque a la ley de Say y a la concepcin de la neutralidad del dinero de las teoras clsica y neoclsica.

Te interrumpo un momento. Qu es la Ley de Say? Qu tipo de ley es esa Ley?

Bueno, en primer lugar decirte Salvador, que el uso del trmino Ley sin entrar en cuestiones de filosofa de la ciencia que obviamente exceden mis magros conocimientos- debera quedar en mi opinin restringido a las ciencias llamadas duras y excluido de las ciencias sociales. La economa, como decamos antes, es una disciplina poltico-ideolgica as era conocida, como economa poltica, en la poca de los economistas clsicos- y no cientfica, por mucho que los devotos de la ortodoxia de la msica celestial profesen la religin matematizada de las teoras del equilibrio general y las pseudoleyes de la oferta y la demanda y dems paparruchas con las que lavan el cerebro de los estudiantes y del pblico en general. Por tanto, cualquier similitud con, por ejemplo, las leyes de la termodinmica o las leyes de Mendel, es pura fantasa construida por los que utilizan la ilegtima formalizacin lgico-matemtica de hechos y conductas sociales, basadas en una supuesta racionalidad instrumental de ese engendro llamado Homo Oeconomicus, para ocultar su deformacin de la realidad. Ni siquiera y s que con esto entro en un terreno sumamente polmico sobre el que han corrido ros de tinta- en el caso de la corriente el marxismo- que, en mi opinin, ms se acerca a la descripcin veraz del funcionamiento de una economa capitalista me parece legtimo que sus llamadas leyes puedan alcanzar ese estatus: la ley del valor o la de descenso de la tasa de ganancia seran a lo sumo teoras descriptivas, sin duda veraces, pero no formalizables al estilo de las leyes lgico-matemticas.

Perdn por la digresin.

Nada que perdonar. Hay mucha reflexin epistemolgica de inters en lo que has apuntado

Yendo a tu pregunta, el principio llamado ley de Say formulada por el economista francs Jean Baptiste Say en 1803- es, podramos decir, la piedra angular de la rama ortodoxa de la teora econmica hasta nuestros das. Su afirmacin esencial es que la oferta crea su propia demanda y no pueden existir por tanto ni desempleo involuntario ni crisis econmicas. Una formulacin didctica podra ser la siguiente: Al producir, el hombre se transforma necesariamente en consumidor de sus propios productos, o en comprador y consumidor de los productos de alguna otra persona. [] Las producciones se compran con producciones o con servicios; el dinero es nicamente el medio por el cual se efecta el cambio. Segn Ricardo, uno de sus acrrimos defensores en su polmica con Malthus, la produccin y venta de mercancas genera unos ingresos que o se gastan para el consumo o se ahorran. Sin embargo, lo que se ahorra tambin se gasta: se invierte para emplear a ms trabajadores. Por consiguiente, es imposible que se produzca una sobreproduccin general de mercancas.

El cariz legitimador salta, como ves, a la vista: el capitalismo se autorregula, no puede haber sobreproduccin ni atesoramiento. El dinero es un simple lubricante de los intercambios y las esferas monetaria y real de la vida econmica estn totalmente separadas.

Keynes y Marx son los principales crticos de la ley de Say en su obra magna, Keynes comienza su demolicin controlada de la ortodoxia neoclsica con la crtica de la ley de Say-. Ambos destacaron el papel central del dinero el dinero importa, como decamos antes- en la refutacin de la pseudoley. El dinero no es neutral, puede haber atesoramiento la preferencia por la liquidez keynesiana-, dinero ocioso, que rompa el fluido canal entre oferta y demanda o produccin y consumo. En una economa capitalista, argument Marx, el dinero no es simplemente un medio de circulacin o de pago: El dinero es tambin una reserva de valor y de plusvalor: puede ser atesorado, permanecer inactivo. Los empresarios capitalistas pueden ser inducidos a atesorar dinero en lugar de utilizarlo para iniciar procesos productivos y para invertir. El comercio (bajo las condiciones capitalistas) no es trueque, y por eso el vendedor de una mercanca no es necesariamente al mismo tiempo el comprador de otra. Es pues esencial la separacin de la compra y la venta.

Pues parece razonable y ajustado a la empiria, salvo error por mi parte, lo sealado por el autor de El Capital

S, incluso, si me permites la irona, parece tan obvio como tener que resaltar la blancura de la nieve frente al oscurantismo mistificador de la teora dominante. An hoy, a pesar de la evidencia abrumadora de las crisis peridicas, con su corolario de desempleo y subempleo masivos, la ortodoxia de la msica celestial sigue postulando tal despropsito. Los neoclsicos sostienen que el atesoramiento no tiene sentido precisamente porque siempre se puede ganar un inters invirtiendo el llamado coste de oportunidad-, o ahorrando para el futuro, de manera que el ahorro siempre fluir a la inversin a travs de los bancos, que son, para la msica celestial, nicamente intermediarios financieros- a no ser que alguien renuncie, en un comportamiento no racional, a maximizar sus utilidades: por qu alguien, que no est loco, querra usar el dinero como reserva de valor depreciable si puede ganar intereses sobre l?.

No s qu opinara el seor Popper, pero dira que el principio de falsacin no parece precisamente el punto fuerte de la economa neoclsica.

No, no lo parece, no parecen ser muy popperianos en este punto. Sigamos

S, pues para concluir con las posiciones contrapuestas acerca del papel del dinero en los procesos econmicos, citara, si me permites, al malogrado historiador francs Marc Bloch, fundador de la escuela de los Annales, que nos brinda un magnfico y muy didctico resumen de la no neutralidad del dinero y de las mltiples aristas del fenmeno monetario: se tratara de algo as como un sismgrafo que, no contento con indicar los terremotos, algunas veces los provocase.

El objeto de nuestra charla, la Teora Monetaria Moderna, se situara dentro de la corriente heterodoxa poskeynesiana y podra caracterizarse, como tratar de explicar, dentro de esta taxonoma, por una versin extremista de esta tesis: 'el dinero es lo nico que importa'. Sirva como botn de muestra ilustrativo de este lema la siguiente afirmacin de Randall Wray, uno de los lderes de la corriente: Toda nacin dotada de una moneda soberana ser capaz de alcanzar el pleno empleo.

Recojo la frase: El dinero es lo nico que importa. Te pregunto sobre ello. Descansemos un momento si te parece

Me parece.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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