Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2019

El levantamiento en el Lbano, entre la esperanza y las duras verdades

Alex Rowell
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Nunca es fcil ser optimista sobre el Lbano, pero el levantamiento de las pasadas semanas ofrece una oportunidad real para un cambio duradero siempre que el movimiento de protesta juegue bien sus cartas.

El Lbano no facilita el optimismo, pero sera un cnico verdaderamente desalmado quien no haya sido capaz de conmoverse con las escenas de los ltimos das. El pas ha vivido otras grandes protestas en los ltimos aos, especialmente en 2015, pero la actual pertenece absolutamente a otra categora. Uno pudo sentirlo as el domingo incluso mucho antes de llegar; haba manifestaciones camino a las manifestaciones. Las decenas de personas que caminaban con banderas libanesas hacia el centro de la ciudad en mi barriada de Mar Mikhael se convirtieron en cientos al comienzo de Gemmayze, creciendo hasta ser miles a mitad de camino por esa calle icnica, todos marchando como un cuerpo unido, llevando pancartas hechas en casa (Stop a la disfuncin electoral; "He cancelado una cita de Tinder para estar aqu), cantando el himno nacional y gritando cosas impublicables sobre los principales polticos del pas.

Al llegar al centro de la ciudad, el espectculo era sencillamente asombroso. Un ondulante mar de banderas nos detuvo mucho antes de que pudiramos ver la Plaza de los Mrtires ahogando los pies de la mezquita gigante de Muhammad al-Amin, que no era tanto el epicentro como uno de los dos polos, el otro era la Plaza Riad alSolh, a 350 metros al oeste. Hasta donde alcanzaba la vista (y de hecho mucho ms all), la gente se haba subido a muros, vallas publicitarias, edificios y balcones; o bailaba al son de un tamborilero cercano; o se una a los cantos que resonaban por los altavoces instalados sobre camiones estacionados espaciados a intervalos regulares en todas las direcciones. Nunca antes haba visto una reunin tan grande en la ciudad; mi esposa, que presenci la mayor manifestacin en la historia del Lbano, la del 14 de marzo de 2005, dijo que era comparable en su escala.

Quin se estaba manifestando exactamente? Todos: abuelas octogenarias; padres con recin nacidos; adolescentes huesudos con mscaras de Guy Fawkes en motocicletas; parejas de mediana edad; mujeres con los distintivos chadores negros usados ​​ por los chi e s; drusos con sus tradicionales gorros blancos; radicales de izquierda con camisetas del Che y kufiyas a cuadros; estudiantes universitarios que pasaban del rabe al ingls americano; profesionales adinerados de cuello blanco que charlaban en francs. Todava fue posible, durante las protestas de 2015, que los detractores alegaran que los asistentes eran elites ciegas fuera de contacto con el ciudadano comn. Cualquier sugerencia de este tipo sera hoy claramente absurda, sobre todo porque Trpoli, la ciudad ms pobre del Lbano, ha sido el epicentro de algunas de las manifestaciones ms grandes y animadas del pas.

Si la participacin del domingo fue la ms alta de la semana, las festividades no se vieron alteradas el martes por el incidente de la noche anterior, cuando un convoy de hombres jvenes en motocicleta que agitaban banderas de Hizbol y gritaban agresivamente intent irrumpir en el espacio de la protesta de Beirut, siendo repelido por la fuerza por el ejrcito. Al llegar a la Plaza de los Mrtires a las 7:30 pm el martes por la noche, esperando encontrar cifras reducidas de personas, me sorprendi ver que todava haba decenas de miles en ese escenarioy que parecan ms decididas que nunca. Haban aparecido filas de puestos que vendan agua, bocadillos, mazorcas de maz, banderas libanesas e incluso shisha para proporcionar todo lo que un manifestante poda necesitar para su turno (los bares en la cercana Gemmayze tambin se haban derramado sobre las aceras hacia las carreteras hacia acoger al nmero de revolucionarios resecos que necesitaran un refrigerio). Seis noches despus, el levantamiento de la capital no mostraba signos de estar flaqueando, y lo mismo suceda con las protestas hermanas que se realizaron simultneamente en todo el pas, desde Trpoli y Halba en el norte, hasta Sidn y Tiro en el sur, hasta Baalbek en el este.

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El desencadenante inmediato de todo esto -por improbable que parezca ahora en retrospectiva- fue un impuesto propuesto por el gobierno sobre las llamadas de WhatsApp, lo que provoc el bloqueo de las carreteras en varias partes del pas el jueves por la noche. Por supuesto, el impuesto era solo la gota que colmaba el vaso. En realidad, las protestas son la erupcin de una furia acumulada durante muchos aos e incluso dcadas; una furia contra la clase de buitres de mafiosos y oligarcas, la mayora de ellos protagonistas clave de la guerra civil de 1975-90, que han arrasado el pas mientras acumulan una riqueza asombrosa para ellos y un pequeo crculo de compinches. En el mejor de los casos, el Estado es incapaz de proporcionar electricidad o agua potable las 24 horas. Pero las ltimas semanas no han sido el mejor de los momentos. Una inminente implosin econmica ha puesto en peligro el valor de la libra libanesa, causando una crisis de liquidez que provoc que los cajeros automticos se quedaran temporalmente sin efectivo. Siguieron huelgas en panaderas y estaciones de servicio, creando colosales atascos de trfico y una sensacin general de profundo malestar, as como incredulidad de que un gobierno pueda ser tan incompetente en tiempos de paz. (Incluso la guerra devastadora con Israel en 2006 no cerr las bombas de combustible, como sealaban muchos libaneses). As pues, que se les diga que los funcionarios responsables de estas asombrosas incapacidades iban a imponer nuevos impuestos a las personas que pagaban sus salarios, mientras dejaban intactos sus propios beneficios sustanciales, fue una humillacin demasiado grande. Cuando los guardaespaldas armados de un ministro del gabinete se enfrentaron a los manifestantes la primera noche disparando balas reales al aire, inspirando a una mujer valiente a darle una patada a uno de ellos en la ingle en lo que inmediatamente se convirti en una imagen icnica , naci un movimiento.

Una de las formas ms alentadoras que ha tomado este movimiento ha sido la recuperacin consciente del espacio pblico incautado al final de la guerra civil por la firma semigubernamental Solidere, cerrado desde entonces a la poblacin en general. El domingo me un a miles de personas para hacer mi primera entrada al famoso Gran Teatro, frente a la Plaza Riad al-Solh, una joya arquitectnica construida en la dcada de 1920 que una vez alberg a estrellas francesas tan destacadas del perodo de entreguerras como Marie Bell y Charles Boyer, as como una conferencia de la sufragista britnica Margery Corbett Ashby en 1935, antes de que los milicianos lo redujeran a un cine porno en los primeros aos de la guerra que acab luego destruyndolo a medias. Trepando a travs de un agujero en la pared erigido por Solidere para mantener al pblico fuera, hicimos cola (de manera notablemente ordenada) para subir por la escalera de la entrada, sintindonos como turistas en algn sitio histrico en Florencia o Estambul. En el interior, el ambiente era curioso y respetuoso, la gente pisaba con cuidado (en parte para evitar caer por los enormes agujeros en el piso) y esperaba su turno para fotografiar las vistas panormicas de las protestas desde los numerosos balcones. Ms tarde hice lo mismo en el esqueleto conocido como El huevo con vistas a la Plaza de los Mrtires; un cine en construccin al estallar la guerra en 1975, congelado desde entonces en el tiempo.

Gran Teatro de Beirut (Alex Rowell/Al-Jumhuriya)