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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2019

Cartas a Samira (14)

Al-Jumhuriya
Yassin Al Haj Saleh


Viv tu secuestro y desaparicin hace ya casi seis aos como lo peor que poda pasarle a nadie, y lo ms inusitado, a pesar de los mltiples crmenes y hechos atroces que suceden en nuestro mundo. T y yo, en concreto, estamos lejos de la cara ms cruel e inusitada de la vida en nuestro pas, que muestra algunos de los aspectos ms duros e inusitados de la vida en el mundo entero; sin embargo, Sammur, a m no poda sucederme nada peor que tu ausencia.

Cuando nos detuvieron en nuestros aos de juventud, tanto t como yo conocamos a personas que haban vivido experiencias similares y estbamos bastante bien preparados para ello. Sabamos que era muy posible que nos detuvieran y que ese era un precio muy factible a pagar por aquello que creamos que era nuestro deber. Exista toda una literatura y una produccin artstica sobre los presos polticos y su imagen era muy positiva.

A da de hoy, no he consultado nada de literatura ni producciones artsticas sobre la desaparicin y, en concreto, sobre quienes han visto desaparecer a su pareja o persona querida. La realidad es que, incluso en situaciones de crcel, no se encuentra casi nada relacionado con cmo lo viven las familias o los seres queridos de los presos. Sin embargo, la prevalencia de la situacin de crcel nos ha familiarizado a quienes ya estbamos metidos en el ambiente con las familias de los detenidos durante los aos de crcel. Nuestras propias familias pasaron por ello y tambin muchos de nuestros amigos. La crcel en s misma se convirti en una experiencia razonablemente conocida gracias a lo que escribieron antiguos presos, empezando por tu marido y algunos otros que conoces personalmente.

De la desaparicin forzosa en nuestra generacin muy pocos regresaron, si es que alguno lo hizo. No s si existen testimonios en ese sentido y es poco probable que estos testimonios traten la experiencia de las familias de los desaparecidos, especialmente las madres y las mujeres. Digo mujeres porque en la historia de nuestro pas han sido tradicionalmente los hombres quienes han desaparecido y las mujeres, las que sufran la prdida y el duelo. Mi madre fue una de ellas, y tambin la tuya. Mi madre falleci en los aos de mi corta ausencia y la tuya, en tus largos aos de ausencia.

La experiencia de la prdida es fundamentalmente una experiencia femenina, en la medida en que la mayor parte de los desparecidos eran hombres. Esa era la situacin en Siria en la anterior generacin y sigue siendo la tnica general. De lo poco que s de otros pases, un colectivo de mujeres turcas se concentran una vez al mes para exigir conocer el paradero de sus hijos, desaparecidos desde los aos ochenta del siglo veinte, y en Argentina se renen las madres de los desaparecidos de esa misma dcada en una plaza de la capital llamada Plaza de Mayo. Se las conoce como las madres de la Plaza de Mayo. En Marruecos, haba un movimiento a principios de este siglo por los desaparecidos durante los aos de plomo (entre los sesenta y los ochenta del siglo pasado), pero parece que las familias estaban menos organizadas y las autoridades se esforzaron en cerrar el expediente desde arriba. Nuestra situacin es ms complicada, Sammur. En nuestra generacin, solo haba un responsable de las desapariciones: el rgimen. Sin embargo, hoy se han multiplicado los responsables que ya no abarcan solo al rgimen y sus milicias, sino tambin a Daesh, el Ejrcito del islam y otros. Se habla de 98.000 desaparecidos, cuyas familias en el interior de Siria no pueden organizar ninguna accin contra los responsables, mientras que, en el exterior, est todo muy disperso.

Debido a los pocos escritos, testimonios, novelas, relatos o poemas de los que disponemos no se puede hablar de literatura de la desaparicin de la forma en que se habla de la literatura de crcel. Debido a lo poco habitual que es, no encuentro a qu recurrir para que me ayude a lidiar con esta experiencia. Sin fuentes escritas, lo ms cercano como fuente real a la que recurrir es mi madre, durante el tiempo que vivi mi pequea ausencia, y posteriormente la de dos de mis hermanos. Digo que fue una pequea ausencia porque saba dnde estbamos y nos visitaba de vez en cuando. En tu ausencia me identifico con mi madre, y con las madres cuyos hijos estn desaparecidos. Me he transformado en una madre de mi esposa desaparecida, en una madre para ti, Sammur.

Tu ausencia me ha feminizado debido a esta experiencia femenina que se me ha presentado. En esta experiencia, durante algo ms de setenta meses, me abruma la crudeza y el horror que soportan las mujeres, sobre todo porque solo unas pocas de ellas pueden implicarse en alguna accin positiva por el preso o desaparecido y muy pocas veces pueden transformar su angustia por los seres queridos desaparecidos en una causa general. Cuando son ellas las presas y, en no pocas ocasiones violadas, son an menos las que han podido retratar su experiencia y algunas han sido repudiadas por sus familias, o incluso asesinadas para limpiar el honor. La limpieza del honor es en s misma una deshonra que no se puede limpiar.

No hay nada que pueda equipararse en las experiencias de los hombres.

He podido seguir tu causa con la ayuda de amigas y amigos, y sin embargo, no siento que tenga la fuerza, la firmeza y valenta de mi madre. Cmo pudo ella y muchas otras madres soportar tanto dolor durante tantos aos? No deja de sorprenderme, sobre todo porque un gran porcentaje de ellas no tenan instrumentos, ni palabras escritas o pronunciadas en alto, ni fotos, ni lneas ni melodas que sirvieran para representar sus dolorosas experiencias y presentarlas en el espacio pblico, a fin de granjearse una cierta solidaridad y apoyo. A falta de esos instrumentos, la ausencia es doble o total, y se agrava por la falta de una organizacin que acerque a las familias y fortalezca sus vnculos.

Tal vez las lgrimas ayuden. Ayudan ms a las mujeres que a los hombres, porque ellas utilizan sus ojos para algo que los hombres han aprendido a ocultar desde la ms tierna infancia. Yo era uno de ellos. Cuando mi madre falleci apenas me brotaron lgrimas de los ojos y me enoj conmigo mismo por ello. Necesitaba llorar, pero no poda. Tras tu ausencia, cambi. Cunto he cambiado!

He evitado romperme de muchas maneras, Sammur, entre ellas, a travs de las lgrimas. No reconozco en mi experiencia lo que dice mi amiga Souad Labbize de que las lgrimas tienen una funcin potica, la funcin de revivir un rostro destrozado. Creo que las lgrimas compensan la ausencia de palabras o su incapacidad. Ponen de manifiesto la falta de palabras o la palian cuando son incapaces de representar la experiencia, como si fueran palabras alternativas o complementarias. Tal vez las mujeres lloren ms porque estn privadas en mayor medida de las palabras, mientras que los hombres lloran menos porque son ms dueos de las palabras.

Una de las dimensiones que ejemplifican esta transformacin ma es que prcticamente todos mis hroes son mujeres, a diferencia de lo que suceda hace apenas unos aos.

Desde hace aos, el lema feminista lo personal es poltico resume mi experiencia, y eso antes de saber que una de mis heronas de pensamiento, Hannah Arendt, ve en ello una condicin definitoria de los refugiados. En nuestra calidad de refugiados, lo personal y lo poltico se intensifican mutuamente. No veo ningn problema en la palabra refugiado, Sammur, a diferencia de la intelectual juda alemana, que fue refugiada en Francia durante aos, antes de asentarse definitivamente en EEUU. La palabra en la que no me reconoca era exilio y sus derivados. Hoy intento encontrar un lugar para m entre las palabras, y lo encuentro y no lo encuentro.

Tampoco encuentro palabras para describir tu lugar, totalmente ausente desde hace aos. Supongo que precisamos de la teologa y su lenguaje para representar tu larga ausencia silenciada. Lo personal aqu es religioso y poltico, y lo religioso y poltico es personal. Esto sirve de inauguracin de un gran debate que espero que se mantenga. En las experiencias histricas de religin no hay mucho que se sostenga al compararlo con nuestra experiencia general en los aos de la revolucin ni en nuestra experiencia personal desde tu ausencia. A partir de ello, podemos construir cosas importantes, nuevos comienzos liberadores.

La experiencia me ha cambiado, Sammur, y sabes que haca mucho que quera cambiar. Y aunque siga siendo una de las peores cosas que le pueden pasar a un hombre, no es por consideraciones viriles de proteger a mi mujer o perseguir a mis enemigos hasta el final, sino porque s que la experiencia totalmente inesperada ha sido nociva para ti y que lo que te ayud a soportar cinco meses en Duma despus de que yo me marchara fue la perspectiva de que terminara pronto y viviramos juntos, finalmente, una vida como la vida. Tu dolor ante lo inesperado, y por encima de todo, lo horrible de ese dolor, es lo que me angustia y siembra el desconsuelo en mi corazn y aquello por lo que me esfuerzo para ser su hogar y familia, y tambin su narrador.

De lo que no fui consciente antes es del hecho de que el cambio es una experiencia trgica en general. No bastaron solo los largos aos de crcel para mi primera trasformacin, sino que tambin tuvo que morir mi madre. El precio de mi transformacin hoy es vivir como un refugiado, y casi inmediatamente despus, tu ausencia. Una mujer me dio su vida y otra, su presencia y su libertad, para que cambiara dos veces. En ocasiones, pienso, Sammur, que pago un precio terrible por mi avaricia, por mi profundo deseo interior de cambiar de nuevo, por vivir una tercera vida. Dos vidas no me han bastado. Lo trgico ha venido de lo que me pareca que era lo ms profundo de mi libertad y renovacin, de un destino que he llevado conmigo con celo, un destino escrito en la frente de alguna manera.

En lo que respecta al hecho de tu ausencia, me esfuerzo para que la transformacin cuyo precio ests pagando, sin que yo pueda ayudarte, sea una transformacin transformadora, que contribuya a un significado y una libertad que se generalicen y constituyan una vida para otros. No tuvimos hijos: quiz nuestra contribucin al cambio general sea convertirnos en la semilla que dejemos a quien venga despus.

Digo nuestra contribucin porque t ests presente en ella en todo momento, eres su protagonista y su estmulo, porque mi compromiso como transformador, como madre tuya, es lograr que tu ausencia sea una fuerza transformadora general, que viva y tenga significado, y permanezca.

Fuente: http://traduccionsiria.blogspot.com/2019/10/cartas-samira-14.html?



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