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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2019

40 aos de Estatuto de Gernika

Mitxel Lakuntza
Rebelin


En 1997, en Gernika, nuestro sindicato hizo una reflexin poltica muy compartida (no slo dentro de ELA): El estatuto ha muerto. Lo que fue una oportunidad se ha convertido en una trampa. Muy dbiles, muy divididos, muy despistados y muy acomplejados nos tienen que ver los espaoles centralistas para atreverse a derogar de facto el Estatuto y quedarse tan campantes. Tenemos que sumar, tenemos que incorporar a todos aquellos demcratas que aceptan que la soberana, que el derecho a decidir nuestro futuro como pueblo, corresponde a los ciudadanos y ciudadanas vascas.

El Estatuto fue recibido como una oportunidad. El estatutismo formaba parte de la cultura de ELA. Pero la mutilacin del autogobierno nos hizo replantearnos nuestro horizonte estratgico. Y esa involucin que denunciamos hace dos dcadas ha crecido en los ltimos aos.

El Gobierno espaol ha persistido en la recentralizacin, tanto ejecutivos socialistas como populares. Mantienen la negativa a transferir competencias reconocidas como exclusivas en el Estatuto. El Estado ha limitado, adems, las competencias en ejercicio y ha invadido nuestras competencias. Los recursos contra actuaciones de las administraciones vascas, leyes incluidas, se han convertido en una prctica habitual, lo que ha judicializado hasta el extremo la actividad poltica.

El autogobierno se ha erosionado igualmente a travs de decisiones pactadas con nuestras instituciones, como la regla de gasto, para imponer recortes y medidas antisociales. Por lo dems, el Estatuto adolece desde su origen de limitaciones de especial inters para la clase trabajadora y el sindicalismo, como son la legislacin laboral y la seguridad social.

Por tanto, el Estatuto hoy necesita ms un examen forense que una celebracin.

Ocultar la realidad y alimentar la ficcin de la bilateralidad para no afrontar el pulso poltico      

Conocemos nuestra pequea correlacin de fuerzas como nacin, algo no solo achacable, ni mucho menos, al papel de nuestras instituciones, pero no compartimos que los dirigentes polticos estn ocultando la erosin imparable del autogobierno; han decidido no mantener un pulso con las fuerzas estatales, no ya en defensa del derecho a decidir, sino en defensa del propio Estatuto y sus competencias; y estn defendiendo una ficcin: la bilateralidad con el Estado.

Ocultar la erosin, no mantener el pulso y hablar de una bilateralidad que no existe no es coherente. El ocultamiento y la ausencia de pulso tienen un objetivo: no cambiar de polticas y no cambiar de aliados.

El intento de resurreccin estatutista      

Dicho de otra manera: la restauracin estatutista liderada por el lehendakari Urkullu tiene un triple objeto: garantizar la permanencia de las polticas neoliberales pactadas con el Estado, no polemizar por nuestra creciente subordinacin poltica, cultural y lingstica, y blindar las alianzas con el PSOE.

Urkullu ha manifestado en ms de una ocasin que, a su entender, el gran error de Ibarretxe fue romper los puentes con el PSOE. Esta posicin, obviamente, es del todo legtima, pero debera reconocer que nunca accederemos al derecho a decidir ni a verdaderas polticas progresistas de la mano de ese partido.

Tomando en cuenta las alianzas del gobierno de Urkullu y su apuesta por no confrontar ante el ataque continuado al Estatuto, lo natural es desconfiar del texto que vaya a presentar la comisin de juristas sobre un proyecto de Estatuto. Para el PNV, posiblemente el nuevo estatuto sea un artefacto de distraccin poltica ms que un intento real y sincero por abrir un nuevo escenario. No es posible conciliar un marco de garantas basado en la soberana con un Estado autoritario y uniformizador y con esos partidos como actores principales.

Los aniversarios invitan a la reflexin. Cuando coinciden con cuestionamientos profundos del statu quo, como el que se vive en Catalua, esa reflexin se vuelve ms urgente. La sentencia catalana demuestra el nulo inters en abordar polticamente ese debate. Dentro del consenso del 78 no hay mrgenes ms all del ataque a derechos fundamentales y de la recentralizacin progresiva. Las fuerzas soberanistas estamos obligadas a pasar a limpio lo que ha sucedido, porque no se puede seguir como si no pasase nada. La respuesta del lehendakari ante la gravedad de lo acontecido, limitndose a meditar o a ofrecerse como mediador es decepcionante. No se puede dar normalidad a la excepcionalidad de la poltica espaola.

Quienes compartimos este diagnstico deberamos ser capaces de trabajar en comn, ganar espacio, abrir camino y priorizar las alianzas que nos permitan vincular la necesidad de soberana afrontando el drama creciente de la pobreza y la precariedad en nuestro pas; y tambin como componente indispensable de un proceso soberanista que quiere sumar a las clases populares. Debemos priorizar las alianzas de izquierda. La recentralizacin y la represin no pueden tener la ltima palabra. Hay que afrontar la realidad y luchar... conscientes de las dificultades pero tambin de las oportunidades. No hemos logrado poco como nacin, pero hace mucho que vamos perdiendo y tenemos todo por ganar. Empecemos a hacer camino, empecemos por contar la verdad.

Mitxel Lakuntza, secretario general del sindicato ELA

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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