Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2019

Agona y muerte del neoliberalismo en Amrica Latina

Atilio A. Boron
Rebelin


En las ltimas semanas el neoliberalismo sufri una serie de derrotas que aceleraron su agona y en medio de aparatosas y violentas convulsiones desencadenaron su deceso. Tras casi medio siglo de pillajes, tropelas y crmenes de todo tipo contra la sociedad y el medio ambiente, la frmula de gobernanza tan entusiastamente promovida por los gobiernos de los pases del capitalismo avanzado, las instituciones como el FMI y el BM y acariciada por los intelectuales bienpensantes y los polticos del establishment yace en ruinas. La nave insignia de esa flotilla de saqueadores seriales, el Chile de Sebastin Piera, se hundi bajo el formidable empuje de una protesta popular sin precedentes, indignada y enfurecida por dcadas de engaos, artimaas leguleyas y manipulaciones mediticas. A las masas chilenas se les haba prometido el paraso del consumismo capitalista, y durante mucho tiempo creyeron en esos embustes. Cuando despertaron de su sonambulismo poltico cayeron en la cuenta que la pandilla que las gobern bajo un manto fingidamente democrtico las haba despojado de todo: les arrebataron la salud y la educacin pblicas, fueron estafadas inescrupulosamente por las administradoras de fondos de pensin, se encontraban endeudadas hasta la coronilla y sin poder pagar sus deudas mientras contemplaban estupefactas como el 1 por ciento ms opulento del pas se apropiaba del 26,5 por ciento del ingreso nacional y el 50 por ciento ms pobre slo capturaba el 2.1 por ciento. Todo este despojo se produjo en medio de un ensordecedor concierto meditico que embotaba las conciencias, alimentaba con crditos indiscriminados esta bonanza artificial y haca creer a unas y otros que el capitalismo cumpla con sus promesas y que todas y todos podan hacer lo que queran con sus vidas, sin que se inmiscuyera el estado y aprovechando las inmensas oportunidades que ofreca el libre comercio. Pero ninguna utopa, an la del mercado total, est a salvo de la accin de sus villanos. Y stos aparecieron de sbito personificados en las figuras de unos adolescentes de escuela secundaria que, con ejemplar audacia y filial solidaridad, se rebelaron contra el aumento en las tarifas del metro que perjudicaba no a ellos sino a sus padres. Su osada hizo trizas el hechizo y quienes haban cado en la trampa de resignar su ciudadana poltica a cambio del consumismo se dieron cuenta que haban sido burlados y estafados, y salieron a las calles para expresar su descontento y su furia. Se convirtieron, de la noche a la maana, en vndalos, terroristas o en una revoltosa banda de aliengenas para usar la elocuente descripcin de la mujer del presidente Piera- que avizoraron los lmites infranqueables del consumismo y del endeudamiento infinito y el carcter farsesco del minu democrtico que ocultaba, bajo prolijos ropajes y vacas formalidades, la implacable tirana del capital. Comprobaron en ese violento despertar que una de las sociedades antao ms igualitarias de Latinoamrica ahora comparta, segn el Banco Mundial, el dudoso honor de ser junto a Rwanda uno de los ocho pases ms desiguales del planeta. Como un relmpago advirtieron que haban sido condenados a sobrevivir endeudados de por vida, vctimas de una plutocracia -insaciable, intolerante y violenta- y de la corrupta partidocracia que era cmplice de aqulla y gestora del saqueo contra su propio pueblo y los recursos naturales del pas. Por eso tomaron las calles y salieron en imponentes manifestaciones a luchar contra sus opresores y explotadores, y lo hicieron y an hoy lo hacen- con una valenta y herosmo pocas veces vistos. Ya son por lo menos veinte los muertos por la represin de las fuerzas de seguridad y los desaparecidos reportados suman ms de cien, amn de los centenares de heridos y torturados y los miles de detenidos que marcan, con lgubres tonalidades, los estertores finales del tan admirado modelo.

Despus de esta espontnea insurreccin popular ya nada volver a ser igual, nada revivir al neoliberalismo, nadie lo sealar como la va regia hacia la democracia, la libertad y la justicia social. Eso aunque Piera contine en La Moneda y prosiga su brutal represin. Pese a lo cual ni la OEA, ni los gobiernos democrticos del continente -presididos por turbios personajes de frondosos prontuarios- ni tampoco los hipcritas custodios de los valores republicanos tendrn un tomo de decencia para caracterizar a su gobierno como una dictadura, calificacin que slo merece Nicols Maduro aunque jams haya habido en su gobierno una represin tan bestial y sanguinaria como la que qued documentada en infinidad de videtos grabados en Chile y que se viralizaron por internet. Para Donald Trump Piera es amigo, vasallo y sicario poltico de la Casa Blanca, imprescindible para atacar a la Venezuela Bolivariana y esas son razones ms que suficientes para defenderlo y protegerlo a cualquier precio. Obedientes, las ONGs del imperio y sus sucursales en Europa y Latinoamrica -inverosmiles defensoras de los derechos humanos, la democracia, la sociedad civil y el medio ambiente- mantendrn un silencio cmplice ante los crmenes que cometa el ocupante de La Moneda. Algunas expresarn otras opiniones, ms no aquellas que son los tentculos ocultos del imperialismo. Impertrritos, los publicistas del sistema seguirn sealando a Nicols Maduro como el arquetipo de la dictadura y al chileno como la personificacin misma de la democracia. Pero todo ser intil, y lo que muri la receta neoliberal- bien muerta est.

Claro que la historia no comienza ni termina en Chile. Poco antes del estallido social todava en curso, el Ecuador del traidor y corrupto presidente Moreno haba sido convulsionado por inmensas protestas populares. El detonante, la chispa que incendi la pradera fue la quita de los subsidios a los combustibles. Pero el factor determinante fue la implementacin del paquetazo ordenado por el FMI al servil agente instalado en el Palacio de Carondelet. La reaccin popular, iniciada primero entre los transportistas y sectores populares urbanos y luego potenciada por la multitudinaria irrupcin de las poblaciones originarias en las principales ciudades del pas se extendi poco ms de una semana y oblig al cobarde presidente a trasladar la sede del Ejecutivo a Guayaquil. Poco despus tuvo que suspender la cruel represin con que haba respondido al desafo y abrir una fraudulenta negociacin con los autoproclamados lderes de la revuelta indgena. Astuto, pact una tregua con la desprestigiada y tambin ingenua dirigencia de la CONAIE y derog el decreto relativo al subsidio a los combustibles, prometiendo revisar lo actuado. Nada de eso ha ocurrido, pero logr desarticular la protesta, por ahora. Como le cuadra a un traidor serial como Moreno el jefe de los negociadores indgenas, Jaime Vargas, est siendo judicialmente perseguido por el gobierno. El paquetazo ser puesto en prctica porque el mandato del FMI es inapelable y Moreno es un pen ms que obediente: es obsecuente. Es sabido que estos programas del Fondo slo son factibles si se los gestiona con una mezcla -variable segn los casos- de engaos y represin. Pero ahora la pasividad ciudadana tiene mecha corta y en pocos meses ms, en cuanto se dejen sentir los rigores del ajuste salvaje, no sera extrao que estalle una nueva rebelin plebeya que esperemos no caiga en las trampas de Moreno y sus compinches y culmine exitosamente con la destitucin del presidente y la refundacin de la democracia en el Ecuador. El presidente est entrampado: si aplica el programa del FMI la poblada popular probablemente acabe con su gobierno; si no lo hace, el imperio puede decidir que lleg la hora de prescindir de sus servicios por intil. Y como la Casa Blanca sabe demasiado de las trapisondas y los negocios sucios de Moreno no tendr ms remedio que aceptar el kase imperial y acogerse a un desempleo involuntario, como deca Keynes. Pero, pese a su inutilidad y a los crmenes perpetrados durante la represin de las protestas populares Washington se encargar de esconderlo y protegerlo. Como lo hizo con otro asesino, Gonzalo Snchez de Lozada y con tantos otros. En poco tiempo sabremos cual ser el desenlace.

El neoliberalismo sufri otra derrota en Bolivia, cuando el presidente Evo Morales fue reelecto con el 47,08 por ciento de los votos contra el 36,51 por ciento obtenido por Carlos Mesa, el candidato de Comunidad Ciudadana. Pese a que el presidente le sac una ventaja de 10.57 por ciento de los votos a su contrincante (ms del 10 % que seala la legislacin boliviana para declararlo ganador en primera vuelta) y que no hubo ninguna denuncia concreta de fraude sino tan slo gritos y aullidos de la oposicin sta exige que se proceda a convocar al balotaje. Quienes manejan desde Estados Unidos a los enemigos de Evo en Bolivia cuentan con la previsible connivencia de la OEA y algunos desastrados gobiernos de la regin como los de Argentina, Brasil, Chile, Colombia. Dicen que las irregularidades habidas en la transmisin y difusin del escrutinio (explicada convincentemente por las autoridades bolivianas) unido lo exiguo de la diferencia obtenida por Evo (pero por encima del 10 %, por supuesto) obliga a proceder de tal manera. Si este fuera el caso estos virtuosos vestales de la democracia deberan ordenar sin ms dilaciones la anulacin de la eleccin presidencial de 1960 en Estados Unidos cuando John F. Kennedy aventaj a Richard Nixon por 0.17 centsimos (49.72 versus 49.55 %) y fue investido como presidente sin enfrentar reclamo alguno. Mesa que perdi por una diferencia de 10.57 por ciento hara bien en llamarse a silencio. No lo har, porque en un prodigio de adivinacin (que, por supuesto, le sali mal) haba anticipado su victoria y que desconocera otro resultado que no fuera ese, como corresponde a un demcrata made in the US. Si gano, la eleccin fue limpia; si pierdo, hubo fraude. Nada nuevo: la derecha jams crey en la democracia, mucho menos en estas latitudes, y est de modo irresponsable llamando a la desobediencia civil y promoviendo desmanes para corregir el resultado que le fuera negado por las urnas. Evo, en un gesto que lo enaltece, desafi a la OEA a que realice un peritaje ntegro del proceso y que si encuentra evidencia de fraude convocara de inmediato al balotaje. Ser intil, pero igual el capataz Almagro enviar una misin a Bolivia para agitar el avispero y entorpecer la labor del gobierno. Desgraciadamente habr gente que morir o sufrir graves heridas a causa de los disturbios que ocasionar esa misin. Claro est que los movimientos sociales de Bolivia no van a permitir que una derrota de ms de diez puntos obligue a un balotaje o empine como ganador al perdedor. Adems, no es un dato menor que ya los gobiernos de Mxico y el nuevo de Argentina reconocieron el triunfo de Evo, al igual que los de Cuba y la Repblica Bolivariana de Venezuela. En suma: la restauracin del neoliberalismo en Bolivia parece haberse frustrado de nueva cuenta, por ms esfuerzos que hagan el imperio y sus lugartenientes locales.

En lnea con este marco regional signado por un generalizado clima ideolgico de repulsa al neoliberalismo imperante, en la Argentina la experiencia neoliberal de Mauricio Macri fue repudiada en las urnas. Ampliamente porque lo que hubo el 27 de Octubre no fue la primera vuelta de una eleccin presidencial. sta, en realidad, tuvo lugar el 11 de Agosto, en las PASO (elecciones primarias, abiertas, simultneas y obligatorias) y all las distintas alianzas polticas midieron sus fuerzas. Dado que en esa ocasin qued demostrado que slo Mauricio Macri posea los votos como para desafiar el podero electoral del Frente de Todos el presidente atrajo las preferencias de electores de derecha que en las PASO haban optado por otras candidaturas (Juan Jos Gmez Centurin o Jos Luis Espert, y algunos de Roberto Lavagna) y probablemente con un segmento mayoritario de la mayor afluencia ciudadana que concurri a los comicios este domingo. De todos modos quedan algunas incgnitas de difcil resolucin y que despiertan cada vez ms fundadas suspicacias sobre el genuino veredicto de las urnas. Por ejemplo, el hecho de que la frmula Fernndez-Fernndez slo hubiera acrecentado su caudal electoral en unos 250.000 votos, disminuyendo su gravitacin porcentual con relacin a las PASO en casi un uno y medio por ciento es difcil de entender. S que su rival lo acrecentase, pero que lo hiciera en 2.350.000 votos y casi siete y medio por ciento provoca por lo menos una cierta curiosidad. Es obvio que el macrismo se benefici con la fuga de votos hacia su candidatura, pero su crecimiento luce como excesivo al igual que el muy poco que experiment el Frente de Todos en un contexto de profundizacin de la crisis econmica como la vivida por la Argentina en los ltimos dos meses. Otro misterio de la aritmtica electoral lo ofrece el paradero de los 900.000 votos obtenidos en las PASO por las dos candidaturas presidenciales del trotskismo y que se redujeron a poco ms de 550.000 el domingo pasado. Qu ocurri con esos 350.000 votos faltantes: se evaporaron, votaron a Macri? Son demasiadas interrogantes que no podremos resolver aqu pero que alimentan la sospecha de que pudo haber habido un muy sofisticado fraude informtico que seguramente ser descubierto en cuanto se termine el escrutinio definitivo del comicio. De todos modos, ms all de estas disquisiciones, los casi ocho puntos porcentuales que separan a Fernndez de Macri (que pueden acrecentarse cuando se conozcan los datos definitivos) son, para un balotaje, una diferencia muy significativa. Recurdese que en la segunda vuelta de la eleccin presidencial del 2015 Macri se impuso a Daniel Scioli por dos puntos y medio, 2,68 % segn el escrutinio definitivo. Lo cierto es que la ardua tarea de reconstruir a la economa y sanar las profundas heridas que el macrismo dej en el tejido social slo ser posible abandonando las recetas del neoliberalismo. ste ocasion en la Argentina la crisis ms grave de su historia, peor an que el traumtico desplome de la Convertibilidad en el 2001. Ser como remontar una empinada cuesta, porque Macri deja al pas en profunda recesin, acribillado por la inflacin y un desempleo de dos dgitos, con casi cuarenta por ciento de gente en la pobreza y una deuda descomunal, y a corto plazo, nada menos que con el FMI. Pero los estallidos sociales de Chile y Ecuador son un elocuente disuasivo para desalentar a quien quiera aconsejar al nuevo presidente que lo que hay que hacer es emular los logros del neoliberalismo tal cual se conocieran en Chile.

No podra concluir esta mirada panormica sobre la agona del neoliberalismo en Latinoamrica sin mencionar el serio revs sufrido el domingo pasado por esta corriente ideolgica en las elecciones regionales de Colombia. En este pas el autodenominado Centro Democrtico (que no es ni lo uno ni lo otro, sino una derecha radical y visceralmente antidemocrtica), partido al que pertenecen lvaro Uribe y el actual presidente Ivn Duque, sufri una dura derrotaen la disputa librada en las dos principales ciudades del pas, Bogot y Medelln. En ambas se impuso la oposicin de centro izquierda y el uribismo slo prevaleci en dos de las 32 gobernaciones de Colombia. Si bien es prematuro anticipar previsin alguna acerca de lo que podra acontecer en las elecciones presidenciales del 2022 lo cierto es que si algo no se esperaba en Colombia era un tropiezo tan contundente de la derecha ultraneoliberal en aquellas ciudades. Una seal muy positiva, sin dudas.

Tampoco podra poner fin a estas lneas sin compartir en este caso la preocupacin que genera el proceso electoral en el Uruguay, en cuya primera vuelta el candidato del Frente Amplio y ex intendente de Montevideo, Daniel Martnez, obtuvo un 39,2 % de los votos contra el 28,6 % de Luis Lacalle Pou, del conservador Partido Nacional. Esto pronostica una reida contienda en el balotaje que tendr lugar el prximo 24 de Noviembre porque las restantes fuerzas polticas de la derecha han comprometido su apoyo a Lacalle Pou, incluyendo a la desgraciada novedad de la poltica uruguaya: el bolsonarismo encarnado en el partido Cabildo Abierto liderado por el ex Comandante del Ejrcito Nacional Guido Manini Ros, ardiente opositor a cualquier pretensin de revisar los casos de violacin de los derechos humanos perpetrados por la dictadura en Uruguay y duro crtico de toda la legislacin progresista aprobada por el Frente Amplio a lo largo de quince aos de gobierno. No est todo perdido, pero quedan slo cuatro semanas para persuadir al electorado del Uruguay que elegir un gobierno neoliberal en momentos en que esa corriente se desbarranca en medio de tremendas convulsiones sociales -en Chile, en Ecuador, en Hait y antes en Mxico, con el triunfo de Lpez Obrador- condenara a ese pas a internarse en un sendero que termin en un rotundo fracaso en todos los pases de la regin. Sera ingenuo pensar que lo que produjo un holocausto social sin precedentes en Mxico, luego de 36 aos (1982-2018) de co-gobierno FMI-PRI-PAN; o la gravsima crisis que azota a la Argentina y la debacle que devora a Chile y Ecuador pueda dar nacimiento a un resultado virtuoso en la nacin rioplatense. Mucho tendr que trabajar el Frente Amplio para hacer que sus compatriotas observen con cuidado a la escena regional y extraigan sus propias consecuencias.

Ponemos punto final a esta mirada panormica sobre las vicisitudes de la agona y muerte del neoliberalismo en Amrica Latina. Lo muerto muerto est, pero lo que brotar de sus cenizas no es fcil de discernir. Ser dictado, como todos los procesos sociales, por los avatares de la lucha de clases, por la clarividencia de las fuerzas dirigentes del proceso de reconstruccin econmica y social; por su audacia para hacer frente a toda clase de contingencias y preservar la preciosa unidad de las fuerzas polticas y sociales democrticas y de izquierda; por su valenta para desbaratar los planes y las iniciativas de los personeros del pasado, de los guardianes del viejo orden; por la eficacia con que se organice y concientice al heterclito y tumultuoso campo popular para enfrentar a sus enemigos de clase, al imperio y sus aliados, al capitalismo como sistema, que cuenta con enormes recursos a su disposicin para conservar sus privilegios y continuar con sus exacciones. Ser una tarea herclea, pero no imposible. Se avecinan tiempos interesantes y preados de grandes potencialidades de cambio. La incertidumbre domina la escena, como invariablemente sucede en todos los puntos de inflexin de la historia. Pero donde hay una certeza absoluta es que ya ms nadie en Latinoamrica podr engaar a nuestros pueblos, o pretender ganar elecciones, diciendo que hay que imitar al modelo chileno, o seguir los pasos del mejor alumno del Consenso de Washington. Esto fue lo que por dcadas recomendaron -en vano, visto el inapelable veredicto de la historia- el antes locuaz y ahora silente Mario Vargas Llosa junto a la plyade de publicistas del neoliberalismo que imponan con prepotencia sus falacias y sofismas gracias a su privilegiada insercin en los oligopolios mediticos y aparatos de propaganda de la derecha. Pero esto ya es pasado. Y no cometeremos la imbecilidad de pretender hacer gala de una inverosmil neutralidad o de buenos modales a la hora de despedir a esta corriente ideolgica en sus exequias desendole que descanse en paz, como se hace con quienes dejaron una huella virtuosa en su paso por este mundo. Lo que diremos en cambio es: vete al infierno, maldita, a purgar por los crmenes que t y tus mentores han perpetrado!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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