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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2019

El "reventn social", una mirada histrica

Gabriel Salazar V.
Nueva Sociedad


Solo faltaba una chispa (cualquier chispa) que, crispando la piel de los adolescentes de Chile, que vienen mostrando ms sensibilidad histrica e irritabilidad poltica que cualquier otro sector de la sociedad, hiciera estallar todo. Esa chispa lleg con el aumento del metro y la represin que sucedi al movimiento por la evasin masiva.

Desde el 18 de octubre sacude Santiago y el resto de Chile una masiva protesta social, en la que amplios sectores medios y de las clases populares han concurrido a manifestar su rechazo al modelo neoliberal vigente. La protesta ha redundado en grandes marchas, caceroleos multitudinarios y enormes destrozos, saqueos e incendios en estaciones del tren subterrneo, supermercados y multitiendas, lo que ha conmovido profundamente a la opinin pblica nacional e incluso internacional.

Sin duda, se trata del reventn social ms extendido, violento y significativo que ha vivido el pas en toda su historia. Y el nico, adems, que hasta ahora no ha dado lugar a una sangrienta masacre como respuesta por parte de los aparatos policiales y militares del Estado central. Dadas esas caractersticas, se hace necesario trazar algunas perspectivas histricas mnimas para precisar su especificidad poltica y sus posibles proyecciones.

1. Debe tenerse en cuenta que en Chile, desde 1973, se impuso por la violencia extrema un modelo neoliberal de laboratorio, por la necesidad estratgica de demostrar, en el marco de la Guerra Fra, que la economa de mercado poda generar desarrollo econmico social y no solo subdesarrollo, como se plante en el Tercer Mundo en las dcadas de 1960 y 1970.

A esos efectos se dict la Constitucin de 1980 (ilegtima), se aplic el modelo neoliberal diseado por la Universidad de Chicago, se habilit la entrada libre para el gran capital financiero internacional y, por la reactivacin econmica producida por ese capital, se integr a Chile en la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE), por su carcter paradigmtico. Para salvar ese modelo, se retir al general Augusto Pinochet del comando superior del proceso (era disfuncional), y la vieja clase poltica civil chilena acept administrar la herencia recibida, como premio por traicionar sus viejas lealtades socialistas o estatistas.

El rechazo de la ciudadana a la tirana militar, a la llamada transicin a la democracia y al gobierno que encabez, desde 1990, el presidente Patricio Aylwin fue inmediato y, adems, creciente. En 1991, una encuesta pblica realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) demostr que 54% de los chilenos adultos rechazaba, no crea o no confiaba ni en el Estado ni en los partidos polticos, y menos an en los polticos. Esa cifra fue creciendo consistentemente desde entonces y alcanz entre 2017 y 2019 cifras que fluctuaban entre 80% y 95%. Es decir, junto con la crisis por ilegitimidad de nacimiento, el modelo neoliberal chileno fue acumulando una crisis de representatividad que lleg a ser casi absoluta. Es decir, se gener una caldera cvica que poda estallar en cualquier momento si no se le aplicaban vlvulas de compensacin eficientes. Finalmente, el estallido se produjo en el weekend pasado.

2. Durante dcadas (1938-1973), el Estado y las grandes universidades chilenas jugaron un papel de investigacin, planificacin y centralizacin de las polticas de desarrollo. Eso convirti al Estado y al sistema de partidos polticos en una gran maquinaria patriarcal: el Estado era empresario desarrollista; protector asistencial de trabajadores, mujeres y nios; promotor de reformas estructurales (reforma agraria, educacional, tributaria, etc.) y, finalmente (durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossens), fue un Estado revolucionario (en libertad y legalidad).

La conversin en Chile del Estado liberal en un Estado patriarcal-planificador (providence state lo llamaron socilogos norteamericanos) transform a la ciudadana sociocrtica (soberana) del periodo 1918-1925 en una masa callejera disciplinada, demandante y protestante, seguidora de caudillos y vanguardias, respetuosa de las leyes vigentes y, sobre todo, de la Constitucin de 1925 (ilegtima).

Ese tipo de Estado (liberal, pero reformista y revolucionario) experiment una crisis econmica sostenida entre 1945 y 1970, y una crisis poltica catastrfica en 1973. Como se sabe, la tirana militar elimin ese Estado y ese tipo de ciudadana desde 1973, mediante un brutal triple shock. Elimin con ello tanto la poltica revolucionaria de la izquierda como la poltica reformista del centro. De este modo, la ciudadana, y en especial la clase popular, debieron comenzar a construir un camino poltico distinto. Por eso, cuando en 1991 54% de los chilenos rechaz el modelo neoliberal, la ciudadana ya no era masa seguidora sino movimiento social; esto es, gente que tenda a pensar por s misma y adoptar posiciones polticas autnomas, con creciente independencia de los partidos polticos.

De ese modo, en 2001,50.000 estudiantes de enseanza media salieron a la calle, en el llamado mochilazo, para rechazar el modelo neoliberal gritando una consigna revolucionaria: La asamblea manda!. Esto puede traducirse como Mandamos nosotros, no los partidos ni el gobierno. En 2006 salieron a la calle ya no 50.000 en Santiago sino 1.400.000 adolescentes en todo Chile, en las protestas conocidas como el pinginazo; y gritaban lo mismo. El PNUD, que vena observando el proceso desde 1991, diagnostic: En Chile est en marcha un proceso de ciudadanizacin de la poltica. En 2011, en esa misma lgica, se movilizaron masivamente los estudiantes universitarios. Desde 2012, lo hicieron las asambleas ciudadanas territoriales (en Freirina, Punta Arenas, Aysn, Calama, Chilo, Pascua Lama, etc.) y en 2018, masivamente, la marea feminista.

3. Los gobiernos neoliberales de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI (de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Sebastin Piera), sin atender a la direccin a la que apuntaba el movimiento ciudadano, no hicieron ms que completar y perfeccionar el modelo neoliberal original dndole una apariencia modernista, democrtica y futurista. Todo ello bajo el apotegma de que Chile era el jaguar de Amrica Latina, una analoga con los tigres del Sudeste asitico De este modo, privatizaron la educacin, la salud, el agua natural y potable, la previsin, el transporte, las comunicaciones, las carreteras, la pesca, los bosques y las salmoneras y permitieron gigantescos entendimientos ilegales entre las grandes empresas y multimillonarios desfalcos y evasiones tributarias.

Al mismo tiempo, la clase poltica civil se consolidaba como carrera profesional altamente remunerada, mientras persuada a la clase poltica militar a compartir responsabilidades y la defensa de una fluida insercin de Chile en la economa globalizada, para permitir que las grandes inversiones extranjeras continuaran dentro del pas impulsando su desarrollo. Esta poltica descarg un enorme peso sobre los ingresos de la clase popular y en los grupos medios.

La extraccin de plusvala se increment rpidamente y lleg a un nivel absoluto, disimulndose detrs de una gigantesca oferta de crditos de consumo, que permiti a los pobres consumir lo que deseaban comprando a crdito las mercancas que dan estatus de clase media. As, segn informes difundidos en la prensa, un hogar chileno promedio carga una deuda equivalente a casi 75% de su ingreso familiar y ocho veces el total de sus ingresos en un ao. Todo es mercanca y todo se paga a crdito (incluyendo la salud, la educacin y los 480.000 automviles nuevos que ao tras ao se importan en el pas). La plusvala absoluta se disimula detrs de un crdito inflado al mximo. Por eso, el desarrollo en Chile ya no se mide en el aumento de la produccin, sino en el aumento de las transacciones comerciales. La explotacin extrema se esconde, pues, detrs del pdico velo del hiperconsumismo.

4. A la crisis por ilegitimidad sistmica y a la crisis de representatividad poltica se suma, pues, la de la plusvala absolutizada escondida detrs del consumismo. Y como si fuera poco, esta olla de presin carece de vlvulas de escape o de compensacin. Primero, porque en Chile ya no hay izquierda, ni dentro ni fuera del Parlamento: todos los partidos respetan la Constitucin de 1980 y/o promueven reformas promodelo; segundo, porque las ideologas revolucionarias (todas ellas eran importadas) fracasaron con Salvador Allende y Miguel Enrquez despus de 1973 aunque hay una nueva izquierda, los nuevos partidos son percibidos como el sector juvenil de la vieja clase poltica; tercero, porque las ONG de los aos 1980 y 1990, que trabajaron inmersas en la sociedad civil y para la sociedad civil, ya no existen; cuarto, porque todas las universidades actuales estn impregnadas por la praxis neoliberal (individualismo, obsesin por el currculum personal, competencia entre intelectuales y entre universidades, internacionalizacin de sus acadmicos y sus papers, masas estudiantiles desconcertadas, etc.), razn por lo que ya no piensan los problemas del pas y de la ciudadana, sino sus carreras acadmicas individuales, y quinto, porque los polticos y los partidos, aparte de su campaa electoral (exacerbada porque se les paga una cantidad de dinero por cada voto que obtienen), no tienen contacto real ni permanente con sus bases electorales, etc. En resumen: el importante proceso de ciudadanizacin de la poltica que detect el PNUD hace ya casi 20 aos carece de apoyo terico, de definiciones polticas y de acompaamiento orgnico, pues se trata de un proceso nuevo y de un tipo de poltica que, si bien se ha practicado en el pasado, est aplastada por un enorme bloque de conveniente amnesia terica. El desconcierto poltico de los ciudadanos agrega, pues, por su lado, un ancho tapn que retarda la explosin coherente de la caldera total.

5. En ese contexto, el actual gobierno (de derecha y neoliberal puro) que, paradojalmente, fue elegido por segunda vez no consecutiva con una mayora significativa, se sinti cmodo para iniciar una serie de propuestas legales tendientes a perfeccionar an ms la rentabilidad empresarial, apostando a que esa rentabilidad es la base del desarrollo excepcional de Chile, un modelo neoliberal que es ya el ms perfecto del orbe. Enceguecido por su triunfo electoral, Piera no tom en cuenta la cudruple caldera de presin que tena bajo sus pies.

La actitud y las declaraciones del presidente Piera son patticamente expresivas de esa ceguera (somos un oasis en la convulsionada Amrica Latina). Por eso, solo faltaba la chispa (cualquier chispa) que, crispando la piel de los adolescentes de Chile (que han demostrado desde el siglo XX que tienen ms sensibilidad histrica e irritabilidad poltica que los estudiantes universitarios y el proletariado juntos), hizo estallar todas las calderas a propsito de una aparente nimiedad: un alza de 30 pesos (0,04 dlares) en la tarifa del Metro de la capital, un sistema de transporte particularmente caro. Cuando la opresin sobre la ciudadana total es mltiple y llega a un punto baromtrico extremo, cualquier bengala puede producir el estallido de una crisis larvada y alargada por demasiado tiempo.

6. Chile ha tenido, desde el siglo XVI, un bajo pueblo demogrficamente mayoritario pero majaderamente maltratado, el pueblo mestizo. Desde el siglo XVII y hasta el da de hoy, el pueblo mestizo ha constituido entre 52% y 68% de la poblacin nacional. Naci como un pueblo sin territorio, sin acceso legal a la propiedad, sin memoria propia, sin lenguaje propio y por decisin del rey de Espaa y despus por conveniencia de la oligarqua mercantil chilena sin derecho escrito.

No siendo sujetos de derecho, desde 1600 hasta 1931 (ao en que se sancion el Cdigo del Trabajo), los hombres y las mujeres del pueblo mestizo chileno pudieron ser abusados impunemente en todas las formas imaginables, incluyendo la violacin, la tortura y la muerte. Debido a esta situacin, vivieron, entre 1600 y 1830 aproximadamente, como vagabundos a pie y a caballo (los hombres), y en miserables rancheros suburbanos (las mujeres abandonadas). No pudieron, pues, vivir ni en parejas, ni en pueblos. Se llenaron de nios huachos y no pudieron ser ciudadanos formales. Reprimidos en todas partes como afuerinos y merodeadores, como sospechosos y enemigo interno, intentaron convertirse en productores: campesinos, chacareros, pirquineros y artesanos.

Como no tenan derechos, en esa condicin fueron expoliados salvajemente por los propietarios, prestamistas, molineros, habilitadores, militares e incluso por los diezmeros de la Iglesia catlica. Desesperados, muchos se fueron a los cerros y la cordilleras, donde se transformaron en colleras, gavillas, cuatreros y montoneros, que asaltaron y saquearon haciendas, fundos y pueblos enteros. El bandidaje rural chileno se extendi desde 1700 hasta aproximadamente 1940. Ni la Polica ni el Ejrcito pudieron eliminarlos. De todos modos, por la presin excesiva, decidieron, desde 1880, emigrar a las grandes ciudades, las que cercaron con rancheros y conventillos. La ciudad mestiza lleg a ser tres veces ms grande que la ciudad culta de la oligarqua. Como ni en el espacio rural ni en el espacio urbano fueron integrados por una economa productiva en expansin (la oligarqua mercantil hizo abortar tres movimiento de industrializacin en Chile), el roto rural o minero fue reemplazado y multiplicado con creces por el roto urbano.

Esto explica el hecho que, cada vez que en Chile se desat un desorden poltico institucional, las masas mestizas urbanas salieron de su periferia, invadieron y saquearon el centro comercial y a veces residencial de la ciudad. As ocurri en Valparaso, en 1903; en Santiago, en 1905 y 1957, y en varias ciudades del pas durante la tirana militar (entre 1983 y 1987, sobre todo). En todos los casos protagonizaron una reventn social que remeci a nivel de pnico la institucionalidad poltica y la seguridad de la clase dirigente, y abri procesos de cambio estructural que nunca maduraron del todo.

Hasta 1989, los mltiples reventones sociales no haban logrado fraguar con xito en Chile ninguna revolucin social. El modelo neoliberal impuesto por Pinochet ha producido un gran desarrollo transaccional y consumista, pero este desarrollo solo ha disfrazado al pueblo mestizo con un barniz consumista que no ha alterado en nada su marginalidad crnica, su ausencia de identificacin profunda con la cultura occidental que tanto ama la oligarqua chilena y su honda rabia por haber sido por siglos un sujeto sin integracin total a la sociedad moderna. Por eso, la destruccin de la materialidad de aquella cultura (lo que ha hecho sistemticamente desde el siglo XIX) reapareci de nuevo el weekend pasado, como una apoteosis del consumismo (robo y saqueo de mercancas: su guerra de recursos multicentenaria) y a la vez como sabotaje violento contra el sistema que los excluye (destruccin e incendio de supermercados y shopping centers, smbolos de ese sistema).

7. Todo indica que la ciudadana y el pueblo mestizo le dieron al modelo neoliberal chileno un golpe letal, del cual muy difcilmente se recuperar. Y como ni el Ejrcito ni la Polica desencadenaron una represin sangrienta sobre el pueblo amotinado, se ha abierto una brecha inesperada por donde la ciudadanizacin de la poltica puede avanzar y desplegarse.

Muchas comunidades y grupos tienen conciencia de esta posibilidad. El problema es que no tienen una experiencia cabal de esto, ni memoria histrica, ni agentes intelectuales y polticos que estn en condiciones de ayudarlos en este trance. Porque si la brecha existe, el plazo histrico para avanzar es relativamente corto, porque la clase poltica civil aprobar rpidamente leyes populistas para atemperar la coyuntura y asegurar su estabilidad en el poder (ya redujeron a la mitad su dieta parlamentaria). Esto es complicado, porque el enemigo del pueblo ya no es tanto, hoy, la burguesa en s o el imperialismo en s, como en el pasado, sino una clase poltica civil que no ha representado nunca directamente al pueblo y que escuda a los capitales internacionales a los cuales protege y de los cuales depende su desarrollo como clase.

La ciudadana chilena necesita audacia y creatividad, y actuar con rapidez, tomando el camino ms corto para validar asambleas de base por todas partes, a efectos de llegar federadamente a una Asamblea Nacional Constituyente que dicte las normas constitucionales que le inspiran su conveniencia y su sabidura deliberante. Hay clulas de este tipo por todo Chile. Hay una ley, la N 20.500, de Participacin Ciudadana, que le proporciona el procedimiento y las articulaciones institucionales para culminar su tarea. Ya estall la chispa para que la presin revolucionaria nsita en esta rebelin pueda desplegarse y orientarse. Pero el peso de la noche (que ya dura dos siglos) y la debilidad terica y poltica conspiran en su contra. Pero es necesario confiar en el instinto humano, social y comunitario de una ciudadana despierta y deliberante.

Fuente: https://nuso.org/articulo/protestas-Chile-estudiantes-neoliberalismo/


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