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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2019

Al borde del precipicio

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

El materialismo histrico pretenda elaborar una ciencia del cambio social que diera mecanismos para entender las dinmicas sociales. Los estrategas actuales de los partidos de izquierda (o los que se piensan como tales) parece que ni siquiera dominan el materialismo vulgar del sentido comn. Es la nica forma que tengo de explicarme cmo PSOE y Unidas Podemos han podido cometer el error de ir a unas nuevas elecciones cuando era obvio que tenan ms posibilidades de perder que de ganar. A estas alturas ya da igual quin fue el mximo responsable de este desaguisado aunque todo apunta a que la gente de Pedro Snchez fue la que puso ms empeo en impedir un acuerdo pues el mal ya est hecho y ahora nos toca aguantar con lo que venga.

Y es que sea cual sea el resultado no hay nada que haga esperar una mejora de los resultados de abril. En el mejor de los casos volveramos al punto de partida, y no est claro cmo podra cerrarse un acuerdo de gobierno despus de todo lo sucedido. En todos los escenarios alternativos la izquierda baja y, en el peor, puede haber una prrica victoria de la derecha. Insuficiente para superar al bloque izquierda-nacionalismo perifrico pero suficiente para condicionar gravemente el espacio poltico. En un contexto de ascenso de la derecha y debilitamiento de la izquierda, al PSOE le temblarn las piernas y difcilmente abordar el tipo de reformas que hacen falta. De hecho, en campaa electoral ya se est desdiciendo de alguna significativa, como la de una nueva reforma fiscal.

Para evitar lo peor, solo nos queda votar masivamente a los que nos han llevado hasta aqu y esperar que hayan aprendido algo. No hay otra alternativa. Pues si el enfado se traduce en abstencin acabaremos en una situacin mucho peor.

II

Catalunya una vez ms marca la pauta. Aunque el guin est escrito a dos o tres manos. La de los independentistas es innegable. Pero tambin la de la derecha espaola que prefiri reducirlo todo a la va judicial para dar un escarmiento a los atrevidos lderes del procs.

No hace falta exculpar su responsabilidad poltica, su insensatez y su demagogia para entender que las condenas impuestas por el Tribunal Supremo, lejos de cerrar el proceso, lo reactivan. A mi entender no resultan ni pedaggicas, ni justas ni adecuadas. No son pedaggicas porque, para una buena parte de la poblacin catalana (ms all del sector independentista) no se entiende que un proceso que fue fundamentalmente pacfico, cuya mayor expresin de fuerza consisti en votar y que se rindi sin resistencia cuando el Senado aprob la aplicacin del 155 merezca penas tan elevadas. Mucho ms si se comparan con las penas aplicadas a la mayor parte de protagonistas del 23-F o con el trato dado a criminales evasores fiscales (la semana anterior a la sentencia, el Tribunal Supremo cerraba completamente la posibilidad de juzgar a Francis Franco por atropellar a un Guardia Civil tras una grave infraccin de trfico). Quiz si la condena hubiera sido por malversacin demostrndose un claro desvo de fondos pblicos, con penas menores, la condena hubiera podido entenderse mejor. La actual es a todas luces desmesurada y sobre todo complica ms la situacin. Concede al independentismo un nuevo motivo de movilizacin, mantiene la tensin y no ofrece ninguna puerta de salida.

La condena ha insuflado nuevo aire al independentismo. Aumenta la tensin emocional, crucial para este movimiento. Refuerza entre sus bases el maniquesmo del ellos (el represor estado espaol) y nosotros. Y abre las puertas a desarrollos ms peligrosos.

Estos peligros como en parte toda la historia del procs no son ajenos a la disputa interna por la hegemona en el nacionalismo cataln. Pero aunque la pugna entre ERC y CiU est en el origen del conflicto (inicialmente ERC adopt el independentismo como marca de identidad y posteriormente CiU se movi hacia el independentismo para tratar de mantener la hegemona en el espacio nacionalista cataln), ste ha acabado transformando los espacios polticos. Especialmente el de la derecha nacionalista, que antes estaba dominada por polticos burgueses conscientes de sus intereses de clase, manipuladores del sentimiento nacional como mecanismo de hegemona social, gentes capaces de negociar sus intereses con las fuerzas polticas estatales. Ahora, Junts pel S est dirigida por la faccin ms radical e incompetente, por gente que en gran medida carece de una preocupacin por la vida prctica, y para la que todo se resume en lengua y bandera (en Catalunya se les llamaba, algo despectivamente, els de la ceba). Y la sentencia est provocando una nueva mutacin con la emergencia de un sector que abomina del pacifismo y est convencido de que la nica forma que nos hagan caso es poniendo el pas patas arriba, y que est realizando acciones tan insensatas como la de poner obstculos en las vas frreas.

Sorprende y desalienta ver lo corta que es la memoria y lo difcil que es aprender de la experiencia propia o ajena. Los que hoy reivindican las acciones radicales ignoran totalmente el final reciente de ETA, una organizacin armada mucho ms organizada y profesional. Un final en parte propiciado por el creciente desapego de sus propias bases a una lucha que mostr no conducir a nada, pero que en medio gener un enorme sufrimiento social en ambos bandos. Abogar por una dinmica de accin-reaccin, como defiende esta ltima mutacin de una parte del procesismo, puede suponer tanto un enorme padecimiento e incomodidad para la poblacin catalana, como un apoyo innegable hacia el decantamiento de una parte de la sociedad espaola hacia posiciones polticas ultrareaccionarias.

III

No hay una solucin a este conflicto a corto plazo. Y el deterioro del debate poltico corre paralelo a la parlisis de la accin, lo que contribuye a prolongar los efectos de la austeridad e impide tomar medidas que puedan resultar eficaces frente a los problemas actuales y los que amenazan el futuro. Hay ms que nunca la necesidad de plantear otro tipo de propuestas y de tejer alianzas que hagan emerger la urgencia de los problemas sociales y ecolgicos como eje de la accin. Algo empieza a moverse en esta direccin, pero es evidente que quien lo promueva va a tener que confrontarse duramente con polticos y grupos de inters empeados en reducir el espacio poltico a una pelea entre bandos irreconciliables; en que el campo de la irracionalidad y las emociones domine las acciones de la gente. Hace falta valor, determinacin, para enfrentarse a este contexto. Pero es mucho peor la inaccin ante una dinmica que nos lleva al despeadero.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-184/notas/al-borde-del-precipicio



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