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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2019

Opio y colonia para Hong Kong

Higinio Polo
Mundo Obrero


Las protestas de Hong Kong surgen de diferentes motivaciones: los problemas econmicos de una parte de la poblacin trabajadora, herencia de la colonia britnica; la dificultad para conseguir viviendas por la especulacin y los altos precios; la existencia de contingentes jvenes que han asumido los valores del capitalismo y abominan del socialismo chino; las de quienes, para romper con China, alegan la supuesta y falsa diferencia de Hong Kong; el absurdo temor de un sector de la mesocracia ante la equiparacin progresiva del nivel de vida de Hong Kong con el resto de China, desasosiego que va de la mano de una incomprensible xenofobia (los chinos de Hong Kong son como el resto de los habitantes del sur del pas) por la absurda conviccin de que los hongkoneses son superiores al resto de los chinos por su mayor riqueza y bienestar econmico. Ese cctel explosivo est siendo utilizado por Estados Unidos para estimular el caos y la secesin, y para crear un foco permanente de crisis al gobierno de Pekn, no en vano los dirigentes de la oposicin tratan con la diplomacia occidental, en Hong Kong, en Estados Unidos y en Alemania.

En septiembre, numerosos manifestantes pedan proteccin a Gran Bretaa para que salvaguardara la libertad del territorio que control con mano de hierro durante siglo y medio de colonia, y cantaban el God Save the Queen, himno a mayor gloria de la monarqua britnica, acompaadas de denuncias a la dictadura comunista, quema de banderas rojas, e incendio de instalaciones y estaciones de metro por los manifestantes (para la prensa conservadora occidental, el pueblo). Los manifestantes, de escasa memoria o nostlgicos de la servidumbre de la colonia, atacan al gobierno chino, y especulan con la hiptesis de que los hongkoneses consigan la nacionalidad britnica, en virtud de la decisin de Londres de otorgar pasaportes especiales a ciudadanos britnicos del exterior, al tiempo de que ms de cien parlamentarios de Westminster publicaron un manifiesto llamando a su gobierno y a los pases de la Commonwealth a otorgar la ciudadana a los habitantes de Hong Kong que abandonasen el territorio. Utilizando la retrica de la democracia, que tan magnficos resultados para Occidente consigui en Ucrania y Libia, quienes asesoran a la oposicin quieren impulsar una peticin al Congreso norteamericano para que tutele a Hong Kong y apruebe una ley para que el gobierno estadounidense certifique cada ao su autonoma: una grotesca peticin de injerencia en los asuntos internos chinos.

Porque para presentar a Gran Bretaa y a Estados Unidos como garanta del respeto a los derechos humanos y a la democracia, es necesario cerrar los ojos, suprimir la historia, ahogar la memoria. Gran Bretaa se instal en China y se enriqueci impulsando el comercio de droga, como hacen hoy los ms siniestros narcotraficantes. Mientras Pekn pretenda impedir el comercio de la droga, Londres impuso las guerras del opio, ignorando la catstrofe econmica, la ponzoa social, la gran mortandad causada por la droga introducida por los britnicos con el explcito apoyo de su gobierno. La destruccin de cargamentos de opio en Cantn sirvi como excusa a Gran Bretaa para ocupar la ciudad y otros territorios, imponiendo el Tratado de Nankn en 1842 por el que se forzaba a China a ceder a perpetuidad la isla de Hong Kong. El cinismo britnico lleg tan lejos que Londres forz al gobierno imperial chino a reconocer que Gran Bretaa se haba visto obligada a enviar tropas, y a indemnizarla por la prdida de la droga con doce millones de dlares, una enorme suma entonces. Despus llegaran ms guerras del opio, otros tratados injustos, suscritos por China con los caones en la nuca del pas, para favorecer la entrada de productos occidentales y desproteger las manufacturas chinas; lleg la forzosa apertura de puertos y la creacin de las concesiones, territorios chinos controlados por diferentes pases occidentales (Gran Bretaa, Estados Unidos, Francia, Italia, Blgica, Japn, la Rusia zarista y el imperio austrohngaro) en Shanghi y en Pekn, en Tianjin y en Cantn, y otras ciudades: unos territorios donde estaba prohibida la entrada de perros y chinos. La soldadesca occidental destruy incluso el antiguo Palacio de Verano de Pekn, una joya del arte chino. Es la poca de la infamia imperialista: en esos mismos aos, 1846, Estados Unidos declaraba la guerra a Mxico y le robaba todo el norte de su territorio: dos millones de kilmetros cuadrados.

El banco britnico HSBC (Hong Kong and Shanghai Banking Corporation; hoy, uno de los ms importantes del mundo) fue creado para tutelar y favorecer los beneficios del trfico de opio en China. Las humillaciones y expolios no terminaran ah: en 1898, Gran Bretaa fuerza a China a ceder el territorio de Kowloon por noventa y nueve aos para aadirlo a Hong Kong, y poco despus el descontento por la voracidad imperialista desemboc en la revuelta de los bxer, una protesta aplastada por Gran Bretaa con miles de soldados: asesinaron a decenas de miles de chinos, saquearon Pekn, incluida la Ciudad Prohibida; protagonizaron matanzas ignominiosas y arrasaron poblaciones, adems de destruir buena parte de las riquezas artsticas chinas, de invadir el Tbet y de imponer a Pekn el pago de nuevas indemnizaciones por valor de centenares de millones de dlares. Con parte de la poblacin china reducida por la fuerza a condiciones de esclavitud (esa fue una de las causas que explican la gran migracin china de esos aos hacia Estados Unidos y Australia), Hong Kong pas a ser la joya del sucio y miserable comercio britnico. Por eso, que las turbias protestas en Hong Kong ignoren la historia y presenten a Gran Bretaa y Estados Unidos como garantes de la libertad es inhalar de nuevo el opio y suspirar por los das de la colonia, de la servidumbre, de la humillacin de soldados extranjeros imponiendo la esclavitud de las adormideras.

China ha respetado el acuerdo con Gran Bretaa que entr en vigor en 1997: mantiene la autonoma y aplica la mxima de un pas, dos sistemas; esa situacin se prolongar hasta 2047, aunque los manifestantes la consideran nula. Pero lo que est en juego es otra cosa: cuando se celebra el septuagsimo aniversario de la fundacin de la Repblica Popular China, Estados Unidos y sus aliados imponen la guerra comercial, divulgan informaciones que presentan a China como un peligro estratgico, un rival comercial que juega sucio, y como un pas que pisotea los derechos de sus ciudadanos. Mark Esper, jefe del Pentgono, acus a China de desestabilizar la regin del ndico y del Pacfico, de robar propiedad intelectual norteamericana y de desarrollar una economa depredadora, y Trump la declar manipuladora de divisas. Mientras, la acosan con agresivos patrullajes en el Mar de la China meridional, con la venta de armas a Taiwn y con el estmulo al caos en Hong Kong y el apoyo a movimientos nacionalistas en el Tbet y Xinjiang. Tambin, con la ayuda a grupos armados de Beluchistn, que atacan los lugares donde viven los ingenieros chinos que trabajan en la construccin del gran puerto de Gwadar, uno de los nodos de la nueva ruta de la seda en Pakistn, a semejanza de lo que Washington ha hecho en algunos pases africanos para dificultar la cooperacin econmica con China. Utilizando reclamaciones democrticas, estimulando acciones violentas, Estados Unidos quiere utilizar a conveniencia a Hong Kong como recurso para sabotear el gran proyecto de la nueva ruta de la seda y contener el pacfico fortalecimiento chino. Para China, Gran Bretaa fue el opio, la colonia, la humillacin y la esclavitud; Estados Unidos, la mentira, el caos y la guerra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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