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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2019

Los agujeros negros de nuestra memoria

Gregorio Morn
VozPpuli


Tenemos un problema con la memoria y es que se ha convertido en instrumental. No se trata tanto de recordar lo que hemos vivido y estudiado sino en convertirlo en un instrumento til para confirmar nuestras posiciones. Se nos ha hecho inevitable organizar nuestro pasado borrando lo capital y engrandeciendo gestos minsculos.

Hemos asistido entre perplejos y avergonzados a la inhumacin de los restos de Franco. Cualquiera dira que hasta la mirada de guila postinera de nuestro presidente en funciones nadie en cuarenta aos de democracia se haba dado cuenta de la anomala. Es sintomtico que los nietos quieran ver lo que los abuelos tenan muy presente. Los tertulianos han engolado la voz para sealar que en una democracia no caban monumentos a dictadores. Una simpleza que ningunea a todos los que desde la Constitucin de 1978 tenan muy claras determinadas reglas del juego. En Alemania o en Italia no se hubieran permitido!, gritan.

Olvidan, como nietos engredos e ignorantes, que mientras Hitler y Mussolini perdieron sus guerras, Franco las gan todas. Gan la guerra incivil que l provoc, arras la sociedad de posguerra llenndola de hambre y miedo, pero hete aqu que la Iglesia Catlica le dio apoyo en sus crmenes desde el minuto uno de su primera victoria. Espaa pas a ser nacional-catlica. Pero hay ms que por obvio que sea conviene citar porque nadie quiere hacerlo: a partir de 1953 los presuntos avalistas de la democracia en el mundo le concedieron la garanta de su perdurabilidad, le avalaron. Sin el apoyo de los sucesivos gobiernos de los EEUU no hubieran sido posibles cuarenta aos de cruenta dictadura. En lenguaje "gringo", Franco era su "hijo de puta" que les garantizaba paz y sangre y un lugar en las democracias de Occidente a costa de nuestra opresin.

La escena en cmara lenta de los nietos de Franco llevando a hombros las migas del strapa quedar en nuestra retina, la de los abuelos, como otra humillacin ms. No son ms que los usurpadores del gran negocio que fue el franquismo para algunos, empezando por ellos. Delincuentes de Estado cuyos bienes abundantes provienes del expolio y que una democracia dirigida por ambiciosos sin principios les ha otorgado el derecho a la presuncin de inocencia. Los nietos del Caudillo, como los nietos de la corrupcin institucional que represent Pujol, mereceran la prisin permanente revisable, porque no se arrepienten de nada y siguen ejerciendo de prncipes sin corona. Otra cosa ms a agradecer al presidente Snchez. Desenterr a Franco y sepult la dignidad. Bien lo saban sus predecesores en el cargo; slo caban dos opciones: o discrecin o humillacin.

No es algo que se limite a hechos histricos del pasado muy pasado, si no del presente. Ah estn las necrolgicas para enfrentarnos de nuevo a la historia instrumental. Tratamos a nuestros amigos y colegas con un tiento que convierte su fallecimiento en poco menos que la canonizacin. Borramos cualquier signo que ayude a entender los vericuetos que tiene toda vida plenamente vivida y dejamos solo lo que ayude a que quienes no estn en los secretos entiendan que se trata de personas de una pieza, inmutables desde la ms tierna infancia y para los que slo cuenta lo que coincide con nuestra complacencia. En el fondo, edulcorndolos a ellos, que fueron nuestros cofrades, no hacemos si no esperar que de nosotros hagan lo mismo y vayamos todos al cielo de los desvergonzados donde nos contaremos entre risas cmplices las cuitas sobre cmo engaamos a los ingenuos.

Ha ocurrido con el historiador Santos Juli recin fallecido. Meritorio en muchos aspectos a pesar de su prosa pastosa y su inclinacin inveterada hacia el poder. Sus cronistas mortuorios adems de las lgrimas, a las que toda persona de bien, est autorizada por ms que se trate de una intimidad poco emptica para quien lee una necrolgica, han resumido su vida como si se tratara de un concurso de mritos para opositar en el paraso.

El historiador Santos Juli lleg tarde a la historia, aseguran sus amigos. Pero no porque lo recuperara J.J.Linz, el socilogo que manipul como nadie el mundo acadmico (de l dependan las becas a los EEUU en los aos del clera) y que introdujo la variante que fue man para los tiempos del tardofranquismo: no vivamos bajo una dictadura sino en un rgimen autoritario. Toma ya! No voy a volver sobre Linz del que ya escrib hace dcadas. Pero nadie se toma la molestia de lo evidente, lo que tratndose de historiadores deja mucho que desear. Santos Juli ejerci de cura parroquial en Sevilla durante quince aos, lo que no hace falta sealar es importante en una biografa y que a buen seguro habra de dejar su huella.

Ahora nos encontramos con los agujeros biogrficos que explican o ayudan a entender muchas actitudes. Vctor Garca de la Concha, ex director de la RAE y de los Cervantes, trat de prohibir un captulo de El cura y los mandarines. No quera aparecer como magistral de la Catedral de Oviedo, sacerdote todo poderoso en aquella Espaa nacional-catlica. Pero si le vi con manteo cuando yo llevaba pantalones cortos!

Sera una letana la relacin de agujeros de nuestra memoria. El colega Pepe Oneto, un periodista gracioso y dispuesto, recientemente fallecido, no fue una de las almas de la transicin periodstica sino un tipo capaz de escribir libros en apenas un fin de semana; un mrito, el suyo, que no el del texto. Pero su ltimo trabajo periodstico y muy lucrativo consisti en hacer de portavoz del inefable estafador inmobiliario Paco el Pocero, constructor del Valle de los Cados de Sesea.

Y eso sobre los recin fallecidos, qu no podramos contar sobre los vivos muy vivos tratando de ocultar aos enteros de su vida, como si se tratara de gustosos de la papiroflexia, que como saben es el arte de hacer figuritas en papel? Un da se me ocurri comentar en una televisin que presida Alfonso Rojo, otro colega, que yo le haba conocido cuando era representante del sindicato anarquista de fotgrafos; no me invitaron ms. Viv el momento trascendental, para su biografa, en el que Manolo Campo Vidal presidente jubilado de la Academia de Televisin, fue preterido de la candidatura del PSUC -comunistas catalanes- a la alcalda de Cornell y con su decepcin a cuestas se dedic al periodismo.

Y no sigo, por problemas de salud. Quiz se trate de una maldicin de nuestra historia. Cmo vamos a ser rigurosos en la visin del pasado si andamos haciendo trampas con la nuestra?

Fuente: https://www.vozpopuli.com/opinion/agujeros-memoria-exhumacion-franco-gregorio-moran_0_1296471055.html



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