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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2019

Baghdadi est muerto pero el apoyo que Occidente presta a los dictadores mantiene encendidos los fuegos

David Hearst
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


La esencia de la poltica occidental en Oriente Medio no ha cambiado desde la invasin de Iraq liderada por Estados Unidos en 2003.

Un manifestante escapa del humo delos gases lacrimgenos durante las protestas antigubernamentales en la zona de Karbala, al sur de la capital iraqu, Bagdad 

Cuando la pasada semana se le pidi al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Mark Esper, que corroborara la afirmacin del presidente Donald Trump de que el lder del grupo Estado Islmico (Daesh) Abu Bakr al-Baghdadihaba muerto gimoteando y llorando mientras corra por un tnel, contest que no poda hacerlo: No dispongo de esos detalles.

Como alguien que no ha visto nunca accin en su vida y observabaesa snuffmovie de imgenes tomadas desde helicpteros, Trump sinti la necesidad de embellecer el drama de lo que suceda bajo tierra. O tal vez el comandante en jefe consigui esas citas exclusivas del maravilloso perro que las Fuerzas Especiales de la Marinamostraron despus de lo deBaghdadi.

Ah se estaba evidenciando una cuestin que ya nos resulta familiar. Cada vez que matan a un lder de Al-Qaida o del Daesh, Occidente comete el error de declarar terminado el problema, sin considerar o reconocer el contexto y las condiciones que permitieron que figuras anteriormente insignificantes alcanzaran poder y protagonismo.

Misin cumplida?

Fantasear sobre el fin de al-Qaida y del Daesh en trminos que conllevan ecos del Dios vengativo del Antiguo Testamento es una ocupacin a la que se ha entregado ms de un dirigente.

George Bush , Tony Blair , Vladimir Putin , Nicholas Sarkozy y David Cameron han declarado todos ellos misin cumplida sobre sus diversas intervenciones en Oriente Medio. El resultado de sus esfuerzos puede verse hoy: Siria est destruida y bajo ocupacin permanente; Yemen y Libia, devastados por la guerra civil; e Iraq, paralizado.

El propio Baghdadi fue un producto directo de la decisin de Bush y Blair de invadir Iraq en 2003.

Al igual que muchos iraques que provienen de Samarra, Baghdadi se uni a la lucha de los sunes iraques contra la invasin estadounidense. Cofund el grupo JamaatJayshAhl al-Sunnahwa-l-Jamaah (JJASJ), fue capturado en Faluya, recluido en Abu Ghraib y Camp Bucca-descritos ms tarde como universidadesyihadistas- y liberado despus de menos de diez meses. Pas desapercibido, un clrigo miope que disfrutaba jugando al ftbol, ​​ un hombre sin importancia.

Cuando Estados Unidos se retir de Iraq en 2011, el Daesh se consideraba tan insignificante que la recompensa otorgada a uno de sus lderes cay de 5 millones de dlares a 100.000 dlares. John Brennan, director de la CIA en ese momento, declar que el Daesh haba quedadobastante diezmado, con solo alrededor de 700 seguidores. Brennan tena razn. El Daesh, que primero se hizo un hueco en el movimiento tribal Sahwa-el Despertar - y despus en la Primavera rabe en 2011, estaba aislado de su propia comunidad sun y era repudiado por al-Qaida.

Aplastando la Primavera rabe

Una vez ms, a Baghdadi le llegara la ayuda de los aliados regionales de Estados Unidos que conspiraban para derrocar a Mohamed Morsi, el primer presidente elegido democrticamente en Egipto, en un golpe militar que Estados Unidos nunca reconoci como tal.

El aplastamiento de la Primavera rabe en 2013, a manos de Arabia Saud y los Emiratos rabes Unidos, y con l la esperanza de millones de ciudadanos rabes de que pudiera lograrse un cambio pacfico y democrtico, fue el mayor baln de oxgeno para el Daesh en general y Baghdadi en particular.

Sirvi para resucitar tanto al hombre como a la organizacin en un momento en el que el Daesh y la idea que representaba estaban hundidos en la miseria. Le sirvi de apoyo en un Iraq dividido por odios sectarios, un campo de batalla en Siria y un suministro ilimitado de combatientes extranjeros.

Hoy se comete el mismo error cuando Trump nos invita a considerar la muerte de Baghdadi como un punto de inflexin para el Daesh. Se siguen ignorando tanto el contexto como las condiciones que dieron vida a personas como Baghdadi y grupos como elDaesh, desdeados por dirigentes obstinados dedicados a glorificar golpesde Estado que han tenido xito.