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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2019

Terrorismo pedaggico y esperanza en tiempos de polticas fascistas

Henry Giroux
El Viejo Topo


Pedagogo, docente y autor de libros fundamentales, Giroux ha perseguido a lo largo de su vida el desarrollo de una teora crtica de la educacin, enfatizando la interseccin crucial entre el papel de la educacin con la cultura y la vida pblica. Aqu lo hace desde una perspectiva estadounidense, aplicable en gran medida al modelo educativo occidental.

Los tiempos oscuros que acechan nuestra era estn representados por brbaros que hacen resonar polticas de un pasado fascista y han llegado al gobierno en EEUU, Hungra, Turqua, Polonia, Brasil. Filipinas y en otras partes. 1 Los diseadores de un nuevo tipo de fascismo dominan cada vez ms formaciones polticas importantes y otras instituciones dirigentes, polticas y econmicas, en todo el mundo. El aterrador reino de miseria, violencia y desechabilidad est legitimado, en parte, merced al control de un nmero diverso de sistemas culturales que producen una maquinaria enorme de consentimiento fabricado. Esta formacin educativa reaccionaria incluye los medios de comunicacin convencionales, las plataformas digitales, internet y la cultura impresa; todos ellos participan en un espectculo en desarrollo de violencia, en el embellecimiento de la poltica, el predominio de la opinin sobre los hechos y la adopcin de una cultura de la ignorancia.

Las instituciones democrticas tales como los medios de comunicacin independientes, las escuelas, el sistema legal, ciertas instituciones financieras y la educacin superior se encuentran bajo asedio en todo el mundo. Algunos de los ltimos ejemplos pueden verse en EEUU con el resurgir de grupos de vigilancia y milicias de derechas en la frontera sur, y la introduccin de prcticas educativas en los colegios basadas en tecnologas generadoras de currculos que convierten a los chicos en zombis, segn afirman sus propios padres. El continuo ataque de Trump a la educacin superior ofrece otro ejemplo significativo: El presupuesto para 2020 supondr la sorprendente reduccin de 7,1 billones de dlares en el departamento de educacin como parte de una poltica para desmantelar el propio departamento.

Al mismo tiempo, la promesa de democracia se va alejando a medida que los fascistas actuales trabajan en subvertir el lenguaje, los valores, el coraje y la conciencia crtica. La educacin se est convirtiendo cada vez ms en una herramienta de dominacin, a medida que los emprendedores del odio implementan sistemas pedaggicos de derechas para atacar a los trabajadores, a los jvenes negros, a los refugiados, a los inmigrantes y a quienes ellos consideran desechables. En estos momentos en que el viejo orden social est desmoronndose y un nuevo orden lucha por definirse, emerge un tiempo de confusin, peligro y das de gran inquietud. Nos encontramos de nuevo en un momento histrico en el que las estructuras de liberacin y las del autoritarismo compiten por el futuro.

Hemos llegado a un tiempo en el que ambos mundos se enfrentan, y la historia del presente ha llegado a un punto en que se debate, a un punto en que las posibilidades se realizan o se rechazan pero nunca desaparecen por completo. 2 Dos mundos han entrado en colisin. En primer lugar, como han observado ciertos especialistas, existe el mundo duro y desmoronado de la globalizacin neoliberal y sus pasiones agitadoras, capaces de alimentar distintos flecos del fascismo en el mundo, incluyendo los EEUU. El poder est actualmente enamorado de los beneficios crecientes y del capital y cada vez es ms adicto a las polticas del nacionalismo blanco y la limpieza racial. 3 En segundo lugar, existe un mundo de contra-movimientos, especialmente en auge entre la gente joven, en busca de una nueva poltica que permita repensar, reivindicar e inventar una nueva comprensin del socialismo democrtico, no contaminado por el capitalismo.

Es difcil imaginar un momento ms urgente para hacer de la educacin un tema central de la poltica. Si vamos a desarrollar unas polticas capaces de despertar nuestras sensibilidades crticas, imaginativas e histricas, es crucial que los educadores y otros desarrollen un lenguaje de crtica y de posibilidades futuras. Este lenguaje es necesario para permitir las condiciones que forjen una resistencia internacional colectiva entre los educadores, jvenes, artistas y otros trabajadores culturales en defensa del bien pblico. Tal movimiento es importante para combatir y superar las pesadillas fascistas tirnicas que han descendido en EEUU, Brasil y en un nmero de pases europeos invadidos por el auge de partidos neonazis. En una poca de aislamiento social, exceso de informacin, de cultura de lo inmediato, de exceso de consumo y de violencia desmesurada, es de crucial importancia tomarse en serio la nocin de que una democracia no puede existir ni ser defendida sin que haya ciudadanos informados y comprometidos crticamente.

La leccin pedaggica es que el fascismo comienza con palabras llenas de odio, la demonizacin de otros considerados desechables, y contina con el ataque a las ideas, la quema de libros, la desaparicin de intelectuales, el surgimiento de un estado carcelario y los horrores de prisiones y campos de detencin. Como forma de cultura poltica, la pedagoga crtica proporciona la promesa de un espacio protegido donde pensar a contracorriente de la opinin recibida. Este es un espacio para preguntas y desafos, para imaginar el mundo desde distintos puntos de vista y perspectivas, para reflexionar sobre nosotros mismos en relacin con los dems, y haciendo esto comprender lo que significa asumir un sentido de responsabilidad poltica y social. 5

La educacin, tanto en su forma simblica como institucional, tiene un papel esencial que jugar en la lucha contra el resurgir de las culturas fascistas, las narraciones histricas mticas y las ideologas emergentes de supremaca y nacionalismos blancos. Ms an, en un momento en que los fascistas estn diseminando por todo el mundo imgenes del pasado txicas, racistas y ultranacionalistas, es primordial reivindicar la pedagoga crtica como forma de conciencia histrica y de testigo moral. Esto es especialmente cierto en un momento en que la amnesia social e histrica se ha convertido en un pasatiempo nacional, particularmente en los EEUU, solo igualado por la masculinizacin de la esfera pblica y la normalizacin creciente de polticas fascistas que prosperan en la ignorancia, el miedo, el odio, la limpieza social, la eliminacin de la disconformidad y la supremaca blanca. La educacin como forma de trabajo cultural va ms all de las lecciones de la escuela y de su influencia pedaggica; si bien a menudo parece imperceptible, es crucial para desafiar y resistir el auge de formaciones pedaggicas fascistas y la rehabilitacin de sus principios e ideas. 6

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En los ltimos 20 aos las polticas culturales se han vuelto txicas a medida que las lites dominantes se hacan con el control de los sistemas culturales, convirtindolos en mquinas pedaggicas destinadas a servir a las fuerzas de la tranquilizacin tica a travs de la produccin y legalizacin de interminables imgenes degradantes y humillantes de pobres, inmigrantes, musulmanes y otros considerados exceso, de vidas perdidas, condenadas a la exclusin terminal. La mquina del sueo capitalista ha regresado con enormes beneficios para los superricos, los gestores de inversin y los actores principales de las industrias financieras. En estos nuevos paisajes de riqueza, fraude y atomizacin social, un capitalismo fantico y brutal promueve la tica de que el ganador se lo lleva todo, una cultura de crueldad y nacionalismo blanco, socavando agresivamente el estado de bienestar, al tiempo que empuja a millones de seres a la penuria y la desgracia. Las geografas de la decadencia poltica y moral se han convertido en el patrn de los mundos soados del consumo, la privatizacin, la vigilancia y la desregularizacin. En este panorama cada vez ms fascista, las esferas pblicas se ven reemplazadas por zonas de abandono social, y prosperan las energas de los muertos vivientes y los avatares de la crueldad y la miseria.

El escritor Pankaj Mishra tiene razn al sostener que el neoliberalismo ha creado una sociedad en la que la compasin se ve con desdn, y la empata se ha convertido en sinnimo de patologa en una sociedad dirigida por el mercado. Escribe:

La confusin de nuestra poca proviene de cmo la compasin, como fundamento esencial de la vida cvica, fue desapareciendo de nuestra vida pblica, siendo sustituida invisiblemente por una presumida racionalidad de auto inters individual, mecanismos mercantiles e instituciones democrticas. Puede que resulte duro recordar esto hoy entre las continuas explosiones de rabia y venganza en la vida pblica, pero la imaginacin compasiva fue indispensable en los movimientos polticos que emergieron en el siglo XIX para abordar el sufrimiento de las masas, causado por cambios radicales econmicos y sociales. A medida que las experiencias de distanciamiento y explotacin se intensificaron, una variedad de socialistas, demcratas y reformadores apoy el compaerismo y la solidaridad, incitando el desprecio de, entre otros, Friedrich Nietzsche, que sostena que la demanda de justicia social ocultaba la envidia y resentimiento de los dbiles contra una aristocracia naturalmente superior. Nuestras sociedades profundamente desiguales y amargamente polarizadas, sin embargo, han validado completamente el miedo de Rousseau de que la gente, dividida por disparidades extremas, dejara de sentir compasin hacia el otro Un resultado de popularizar esta tica supervivencialista desoladora es que la mayora de la gente, a medida que crece, escribieron el psicoanalista Adam Phillips y la historiadora Barbara Taylor en Sobre la bondad, creen en secreto que la bondad es una virtud de los perdedores. 7

La educacin en las ltimas tres dcadas ha reducido rpidamente su capacidad para educar a los jvenes, y a otros, como agentes comprometidos social y crticamente. Bajo los regmenes neoliberales que coquetean con la supremaca blanca, los apstoles del autoritarismo han considerado que las posibilidades utpicas anteriormente asociadas a la educacin pblica son demasiado peligrosas como para no ser controladas. Cada vez son ms las escuelas pblicas que pudiendo tener un potencial para promover la igualdad social y sostener la democracia estn cayendo bajo las fuerzas txicas de la privatizacin y los currculos estandarizados mecnicos, al tiempo que los profesores estn sujetos a condiciones laborales intolerables. La educacin superior actual imita una cultura de negocio dirigida por un ejrcito de burcratas, borrachos de valores mercantiles, que parecen los grandes sacerdotes de una racionalidad instrumental insensible. Las grandes visiones de la democracia estn ausentes en todos los niveles educativos. La lucha, no obstante, est lejos de acabar. La buena noticia es que hay una ola creciente de huelgas de profesores, funcionarios y trabajadores tanto en EEUU como en el resto del mundo, que estn resistiendo frente a la maquinaria cruel de explotacin, racismo, austeridad y cultura del desecho desatada por el neoliberalismo en los ltimos cuarenta aos.

El pensamiento crtico y la imaginacin de un mundo mejor suponen una amenaza directa a la racionalidad neoliberal, en la que el futuro siempre debe replicar el presente en un crculo interminable en el que el capital y las identidades que legitima se fusionan, en lo que podra llamarse una zona muerta de la imaginacin y las pedagogas de la represin. El impulso distpico prospera produciendo un sinnmero de formas de desigualdad y violencia abarcando lo simblico y lo estructural como parte de un intento ms amplio de definir la educacin en trminos puramente instrumentales, privatizados e intelectuales. Lo que est claro es que los modos neoliberales de la educacin intentan moldear a los estudiantes en los mantras del propio inters, conducidos por el mercado, la competicin feroz, el individualismo sin control y la tica del consumismo. Ahora se dice a los jvenes que inviertan en sus carreras profesionales, preparen sus currculos y consigan xito a cualquier coste. Es precisamente esta sustitucin de la esperanza educada por un proyecto neoliberal distpico agresivo y sus polticas culturales, lo que ahora caracteriza el asalto actual a la educacin superior y pblica en varias partes del globo. Bajo el liberalismo, el mantra de la privatizacin, la desregularizacin y la destruccin del bien pblico, se ve igualado por la fusin txica de desigualdad, codicia y obsesin por el beneficio.

Es crucial que los educadores recuerden que el lenguaje no es simplemente un instrumento de miedo, violencia e intimidacin, sino tambin un vehculo para la crtica, el coraje civil, la resistencia y la accin comprometida e informada. Vivimos en un momento en que el lenguaje de la democracia ha sido saqueado, privndole de sus promesas y esperanzas. Para derrotar al fascismo, es necesario hacer de la educacin un principio organizador de poltica y, en parte, esto puede realizarse por medio de un lenguaje que exponga y desarme las falsedades, los sistemas de opresin y las relaciones corruptas del poder, al tiempo que deja claro que una alternativa futura es posible. Hannah Arendt tena razn al afirmar que el lenguaje es crucial al resaltar los frecuentemente elementos cristalizados ocultos que hacen posible el fascismo. 8 El lenguaje puede ser una herramienta potente en la bsqueda de la verdad y en la condena de la falsedad y las injusticias. Adems, es por medio del lenguaje que la historia del fascismo puede recordarse y las lecciones de las condiciones que crearon la plaga del genocidio, pueden aportar el reconocimiento de que el fascismo no reside exclusivamente en el pasado, y que sus rastros estn siempre latentes, incluso en las democracias ms fuertes. Paul Gilroy sostiene, correctamente, que es crucial en el momento histrico actual re-enfrentarse al fascismo, con el fin de devolverlo a su lugar anterior a la hora de afrontar los tiempos oscuros que amenazan con empujar a las democracias de todo el mundo hacia gobiernos que imitan las polticas fascistas del pasado.

Abordo el concepto de fascismo con temor, y no solo porque relaciona tantos fenmenos locales e histricos diferentes; el fascismo ha sido envuelto por la manera en que ha funcionado como un trmino de abuso general, y corrompido por la forma en que se ha usado para expresar un sentido de maldad que es frustradamente abstracto, pero que permanece rehn de la fascinacin contempornea por la obscenidad, el crimen, la agresin y el horror. Reformular la idea de fascismo genrico es, espero, trabajar hacia la salvacin del trmino de su trivializacin y su restauracin en el lugar apropiado en discusiones de los lmites polticos y morales de lo que es aceptable Creo que perseguir una definicin genrica de fascismo no es slo posible y deseable sino imperativo Es esencial, a medida que la memoria viva del perodo fascista se apaga, ser capaz de identificar estos nuevos grupos y su influencia en las vidas voltiles de las polticas postindustriales. Simplemente mantener una discusin sobre el fascismo como un proyecto heurstico en curso tiene un valor adicional en un escenario de posguerra fra, del cual el oeste ha desaparecido y donde una Europa renacida debe afrontar su pasado.

 

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La percepcin de Gilroy proporciona una razn ms para que los educadores hagan lo poltico ms pedaggico y lo pedaggico ms poltico; esto ltimo es crucial para percibir que la pedagoga siempre es una lucha sobre las actuaciones, las identidades, el deseo y los valores, al tiempo que se reconoce el papel crucial que juega al abordar temas sociales importantes, y defender la educacin superior y pblica como esferas democrticas sociales. Hacer lo poltico pedaggico, en este caso, sugiere producir modos de conocimiento y prcticas sociales que no solo afirman el trabajo cultural de oposicin y las prcticas pedaggicas, sino que adems ofrecen oportunidades para movilizar instancias de ira colectiva, sumadas a la accin directa de las masas contra un capitalismo de casino despiadado y la irrupcin de polticas fascistas. Tal movilizacin debe oponerse a las injusticias materiales deslumbrantes y a la creencia cnica creciente de que democracia y capitalismo son sinnimos. En ltima instancia, la pedagoga crtica propone que la educacin es una forma de intervencin poltica en el mundo y que es capaz de crear las posibilidades para la transformacin social e individual.

Hoy en da la ignorancia gobierna Amrica. No se trata de la ignorancia simple y de la forma inocente que proviene de la ausencia de conocimiento, sino de la ignorancia maligna forjada en la arrogancia de rehusar a pensar en serio sobre un tema, de comprometer el lenguaje en la bsqueda de la justicia. Como es bien conocido, la ignorancia del presidente Trump se muestra diariamente. Aparte de ser un mentiroso recurrente, su ignorancia sirve como una herramienta del poder para prevenir que este tenga que rendir cuentas. Adems, tambin funciona como forma de reescribir la relacin entre las demandas de los ciudadanos crticos y las demandas de la responsabilidad cvica y social. Bajo tales circunstancias, pensar se convierte en peligroso y se produce un desagrado sistemtico hacia cualquier vestigio de verdad. Sin embargo, aqu hay algo ms en riesgo que la produccin de una forma de ignorancia txica y el estrechamiento de los horizontes polticos. De lo que estamos siendo testigos es del cierre de lo poltico, a lo que hay que sumar expresiones explcitas de crueldad e impiedad sancionadas ampliamente. 10 Adems, las mismas condiciones que permiten a la gente tomar decisiones informadas estn bajo asedio, al tiempo que las escuelas no reciben financiacin, los medios de comunicacin se vuelven ms corporativos, los periodistas opositores son asesinados y la televisin se convierte en el modelo de entretenimiento de las masas. Bajo tales circunstancias, hay un gran escalada contra el pensamiento razonado, la empata, la resistencia colectiva y la imaginacin compasiva. En algunos aspectos, la dictadura de la ignorancia recuerda lo que el escritor John Berger llama ethicidio: y Joshua Sperling define como lo desafilado de los sentidos; el vaciado de la lengua; el borrado de la conexin con el pasado, los muertos, lugares, la tierra, el suelo; posiblemente tambin el borrado incluso de ciertas emociones, ya sea pena, compasin, consuelo, luto o esperanza. 11

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Dada la crisis actual de la poltica, los educadores de la memoria, la historia, y la participacin, necesitan un nuevo lenguaje pedaggico y poltico para afrontar los contextos y temas cambiantes, enfrentndose a un mundo en el que el capital recurre a la convergencia sin precedentes de recursos financieros, culturales, polticos, econmicos, cientficos, militares y tecnolgicos para ejercer su poder, y las distintas formas de control directo e indirecto que emplea. Si los educadores y otros van a oponerse a la habilidad creciente del capitalismo global que separa la esfera tradicional de la poltica, del actual alcance transnacional de poder, entonces, es crucial desarrollar estrategias educativas que rechacen un colapso de la distincin entre las libertades de mercado y las libertades civiles, entre una economa de mercado y una sociedad de mercado, entre capitalismo y democracia. La resistencia no empieza reformando el capitalismo, sino abolindolo. El movimiento del capitalismo neoliberal hacia el fascismo recuerda el dictado de Max Horkheimer de 1939: Quien no est preparado para hablar del capitalismo, debera callar sobre el fascismo. 12

Tras dcadas de pesadilla neoliberal tanto en EEUU como ms all, las pasiones movilizadoras del fascismo se han desencadenado como nunca se haba visto desde 1930. La lite dirigente y los gestores del capitalismo extremo han utilizado las crisis de injusticia econmica e inmigracin y sus acuerdos manifiestamente brutales y abusivos para sembrar divisiones y resucitar el discurso de la limpieza racial y la supremaca blanca. 13 Al hacer esto, estn accediendo al sufrimiento colectivo creciente y la ansiedad de millones con el fin de redirigir su ira y desesperacin a travs de una cultura del miedo y un discurso de deshumanizacin; tambin han convertido las ideas crticas en cenizas al diseminar una mezcla txica de categoras raciales, ignorancia y el espritu militarizado del nacionalismo blanco.

Hoy el neoliberalismo y el fascismo se unen y avanzan en un proyecto cmodo y mutuamente compatible, y un movimiento que conecta los valores explotadores y las crueles polticas de austeridad de capitalismo de casino 14 con los ideales fascistas. Estos ideales incluyen: la veneracin de la guerra; el anti-intelectualismo; la deshumanizacin; la celebracin populista del ultranacionalismo y la pureza racial 15 ; la supresin de la libertad de disentir; la cultura de las mentiras, la poltica de jerarqua; el dominio de la emocin sobre la razn; la conversin del lenguaje en un arma; el discurso de la decadencia y la violencia de estado en diversas formas. El fascismo nunca qued completamente enterrado en el pasado, y las condiciones que propiciaron sus argumentos centrales estn con nosotros de nuevo, dando lugar a un perodo de barbarie moderna que parece estar llegando hasta extremos homicidas, especialmente en los EEUU. 16

Ahora, la profunda gramtica de la violencia da forma a todos los aspectos de la produccin cultural y llega a ser visceral en su generacin actual de terrorismo domstico, matanzas de masas, encarcelacin masiva de gente de color, y guerra sobre los inmigrantes indocumentados. No solo se ha convertido en ms gratuita, arbitraria y en algunos casos trivializada, mediante la monotona de la repeticin, sino que tambin sirve como la doctrina oficial de la administracin Trump, al dar forma a sus polticas domsticas y de seguridad. La violencia de Trump ha llegado a ser promiscua en su alcance y bravucona en su asentimiento a los grupos de extrema derecha. La mezcla de nacionalismo blanco y la expansin de polticas que benefician a los ricos, a las grandes corporaciones y a la lite financiera estn cada vez ms legitimadas y normalizadas en nuevas formas de pedagoga pblica que equivalen a la legitimacin de lo que he llamado fascismo neoliberal. 17

Bajo tales circunstancias, la pedagoga crtica se convierte en una prctica moral y poltica, en la lucha por resucitar la alfabetizacin cvica, la cultura cvica y la nocin de una ciudadana compartida. La poltica pierde sus posibilidades de emancipar si no puede proporcionar las condiciones educativas que permitan a los estudiantes y otros poder pensar a contracorriente y verse a s mismos como ciudadanos comprometidos, crticos e informados. No existe una poltica radical sin una pedagoga capaz de despertar la conciencia, desafiando el sentido comn y creando modos de anlisis en los que la gente descubra un momento de reconocimiento que permita repensar las condiciones que moldean sus vidas.

Como tema de responsabilidad poltica y social, los educadores deberan hacer ms, aparte de crear las condiciones para el pensamiento crtico y alimentar un sentido de esperanza entre sus alumnos. Tambin necesitan asumir responsablemente el papel de educadores civiles dentro de contextos sociales ms amplios y desear compartir sus ideas con otros educadores y un pblico ms amplio, haciendo uso tanto de las nuevas tecnologas de comunicacin como de los modos tradicionales de comunicar. Comunicar a una variedad amplia de audiencias pblicas implica usar oportunidades de escribir, mantener charlas pblicas, entrevistas en la radio, internet, revistas alternativas y ensear a adultos y jvenes en escuelas alternativas, por nombrar unas pocas. Al sacar ventaja de su papel de intelectuales pblicos, los educadores pueden abordar el desafo de combinar estudios y compromiso mediante el uso de un vocabulario que no sea ni aburrido ni obtuso, al tiempo que buscan dirigirse a una audiencia mayor. Ms importante an, al tiempo que los profesores afirman la importancia de su papel y del papel de la educacin en democracia, ellos pueden forjar nuevas alianzas y conexiones para desarrollar movimientos sociales que incluyan y vayan ms all del trabajo con los sindicatos y las formaciones polticas tradicionales.

La educacin representa un elemento crucial de poder en el mundo moderno. Si los profesores estn verdaderamente preocupados por salvaguardar la educacin, tendrn que tomar en serio cmo funciona la pedagoga a nivel local y global. La pedagoga crtica tiene un importante papel que jugar en tratar de comprender y desafiar como el poder, el conocimiento y los valores se implementan, afirman y resisten dentro y fuera de los discursos tradicionales y las esferas culturales. En un contexto local, la pedagoga crtica puede llegar a ser una herramienta terica importante para comprender las condiciones institucionales que ponen restricciones a la produccin de conocimiento, aprendizaje, trabajo acadmico, relaciones sociales, y a la democracia misma. La pedagoga crtica tambin proporciona un discurso para comprometer y desafiar la construccin de jerarquas sociales, identidades e ideologas, al traspasar fronteras nacionales y locales. Adems, la pedagoga como forma de produccin y crtica ofrece un discurso de posibilidad una forma de proporcionar a los estudiantes la oportunidad de unir el conocimiento, el compromiso y la transformacin social a la bsqueda de una mayor justicia social.

Esto sugiere que uno de los desafos ms serios que afrontan profesores, artistas, periodistas, escritores y otros trabajadores culturales es la tarea de desarrollar un discurso de crtica y posibilidades futuras. Esto significa desarrollar discursos y prcticas pedaggicas que conecten la crucial lectura de la palabra con la lectura del mundo, y hacer esto de forma que destaquen las capacidades creativas de los jvenes y les proporcionen las condiciones para llegar a ser agentes crticos. Al abordar este proyecto, los educadores y otros deberan intentar crear las condiciones que den a los estudiantes las oportunidades de convertirse en ciudadanos crticos y comprometidos, que tengan el conocimiento y el coraje para luchar de forma que la desolacin y el cinismo sean irreales y la esperanza real. La esperanza tambin en este caso es educativa, libre de la fantasa de un idealismo inconsciente de las limitaciones a las que se enfrentara el sueo de una sociedad democrtica radical. La esperanza educada no es una llamada a ignorar las difciles condiciones que caracterizan a los centros de enseanza y al orden social dominante, ni es tampoco un proyecto desprovisto de contextos concretos y luchas. Por el contrario, es la precondicin de suministrar esos lenguajes y valores que sealan la forma de imaginar un futuro que no reproduzca las pesadillas del presente.

La esperanza educada proporciona las bases para la dignificacin del trabajo de los profesores; ofrece conocimiento crtico unido al cambio social democrtico, afirma responsabilidades compartidas y anima a profesores y estudiantes a reconocer la ambivalencia y la duda como dimensiones fundamentales del aprendizaje. Tal esperanza ofrece la posibilidad de pensar ms all de lo establecido. Aunque esta tarea pueda parecer difcil a los educadores y al pblico, es una lucha que merece la pena sostener.

En una poca de capitalismo salvaje y de polticas fascistas emergentes, los educadores, los estudiantes y otros ciudadanos preocupados afrontan el desafo de proporcionar una lengua que abrace un utopismo militante, al tiempo que mantienen la atencin hacia aquellas fuerzas que buscan convertir esa esperanza en un nuevo slogan, o castigar y deshacerse de aquellos que se atreven a mirar ms all del horizonte dado. El fascismo engendra cinismo y es el enemigo de una esperanza social y militante. La esperanza debe estar moderada por la realidad compleja de los tiempos, y vista como un proyecto y condicin para proporcionar un sentido de la accin colectiva, la oposicin, la imaginacin poltica y la participacin comprometida.

 

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Sin esperanza, incluso en los tiempos ms nefastos, no hay posibilidad para la resistencia, el desacuerdo y la lucha. La accin es la condicin de la lucha y la esperanza es la condicin de la accin. La esperanza expande el espacio de lo posible y llega a ser una forma de reconocer y nombrar la naturaleza incompleta del presente.

La esperanza es la precondicin intelectual y afectiva para la lucha social e individual. La esperanza, y no la desesperacin, es la precondicin que estimula la crtica por parte de los intelectuales dentro y fuera del mundo acadmico, los cuales usan los recursos de la teora para abordar problemas sociales urgentes. La esperanza est tambin en la raz del coraje civil que traduce la crtica en prctica poltica. La esperanza como deseo de un futuro que ofrezca ms que el presente, llega a ser un deseo ms agudo cuando la vida de uno no puede darse por sentada por ms tiempo. Solamente aferrndose a la crtica y a la esperanza en tales contextos, la resistencia har concreta la posibilidad de transformar la poltica en un espacio tico y en un acto pblico. Alcanzar un futuro mejor que el esperamos, requerir nada menos que afrontar el flujo de la experiencia diaria y el peso del sufrimiento social con la fuerza de la resistencia colectiva e individual, y el proyecto interminable de la transformacin social democrtica. Al mismo tiempo, para que la resistencia se haga cargo de los desafos creados por el ascenso de las polticas fascistas, tendr que desarrollar un despertar de la esperanza. Esta forma de esperanza educada est enraizada en el sueo de una conciencia colectiva y una imaginacin avivada en la lucha por nuevas formas de comunidad que afirmen el valor de lo social, de la justicia econmica, del contrato social, de los valores democrticos y de las relaciones sociales.

La lucha actual contra el fascismo emergente en el mundo no es solo una lucha contra las estructuras econmicas o las alturas imponentes del poder empresarial. Es tambin una lucha de visiones, ideas, conciencia, una lucha por el poder de cambiar la misma cultura. Es tambin como seala Hannah Arendt una batalla contra un temor extendido a emitir juicios. 18 Sin la capacidad de juzgar, es imposible recobrar palabras que tengan significado, imaginar mundos alternativos y un futuro que no imite los tiempos oscuros en que vivimos; crear un lenguaje que cambie la forma en que pensamos sobre nosotros mismos y nuestra relacin con los dems. Una lucha por un orden socialista democrtico radical no tendr lugar si las lecciones de nuestro oscuro pasado [no pueden] aprenderse y transformarse en resoluciones constructivas y en soluciones para luchar y crear una sociedad post-capitalista. 19

 

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Finalmente, no hay democracia sin ciudadanos informados y no hay justicia sin un lenguaje crtico de la injusticia. La democracia comienza a declinar y la vida poltica se empobrece con la ausencia de esas esferas pblicas vitales, tales como la educacin superior pblica, en la que los valores cvicos, los estudios pblicos y el compromiso social posibilitan una comprensin ms imaginativa de un futuro que afronte seriamente las demandas de justicia, igualdad y coraje civil. La democracia debera ser una forma de pensar en la educacin, una forma que prospera conectando la pedagoga con la prctica de la libertad, el aprendizaje con la tica y la accin con los imperativos de la responsabilidad social y el bien comn. 20 El capitalismo neoliberal priva a la esperanza de sus posibilidades utpicas y progresa en la nocin de que vivimos en una era de esperanza hipotecada, y que cualquier intento de pensar de otra manera resultar una pesadilla. Sin embargo, permanece el hecho de que sin esperanza no hay accin y sin agentes colectivos no hay esperanza de resistencia. En la poca del fascismo emergente, no es suficiente conectar la educacin con la defensa de la razn, el juicio informado y la accin crtica: debe de estar tambin alineada con la fuerza y potencial de la resistencia colectiva. Vivimos en tiempos peligrosos. Consecuentemente, hay una necesidad urgente de que se unan ms personas, instituciones y movimientos sociales en la creencia de que pueden resistirse los regmenes de tirana actuales, de que son posibles futuros alternativos, y de que actuando bajo estas creencias, por medio de la resistencia colectiva ocurrir un cambio radical.

Traduccin de Javier Redondo Madueo y Ana M. Valencia Herrera

 

Notas

  1. Mi agradecimiento a la Rania Filippakou por sus comentarios .
  2. Peter Thompson, The Frankfurt School, Part 5: Walter Benjamin, Fascism and the Future, The Guardian (April 21, 2013). Online: https://www.theguardian.com/commentisfree/belief/2013/apr/22/frankfurt-school-walter-benjamin-fascism-future
  3. See, especially, Stuart Hall, Chapter 1: The Neoliberal Revolution, The Neoliberal Crisis, ed. Edited by Jonathan Rutherford and Sally Davison,[London: Lawrence Wishart 2012]. Online: http://wh.agh.edu.pl/other/materialy/678_2015_04_21_22_04_51_The_Neoliberal_Crisis_Book.pdf
  4. Charles Derber, Welcome to the Revolution: Universalizing Resistance For Social Justice and Democracy in Perilous Times (New York: Routledge, 2017). Heinrich Geiselberger, ed, The Great Regression (London: Polity, 2017).
  5. Jon Nixon, Hannah Arendt: Thinking Versus Evil, Times Higher Education,(February 26, 2015). Online at: https://www.timeshighereducation.co.uk/features/hannah-arendt-thinking-versus-evil/2018664.article?page=0%2C0
  6. See, for example, Jane Mayer, The Making of the Fox News White House, The New Yorker (March 4, 2019). Online: https://www.newyorker.com/magazine/2019/03/11/the-making-of-the-fox-news-white-house
  7. Pankaj Mishra, A Gandhian Stand Against the Culture of Cruelty, The New York Review of Books,[May 22, 2018]. Online: http://www.nybooks.com/daily/2018/05/22/the-culture-of-cruelty/
  8. Hannah Arendt, Origins of Totalitarianism (New York: Harcourt Trade Publishers, New Edition, 2001). Hay traduccin al castellano Hannah Arendt, Los orgenes del totalitarismo, Madrid, Alianza,2006
  9. Paul Gilroy, Against Race: Imagining Political Culture beyond the Color Line, Chapter 4 -Hitler in Khakis: Icons, Propaganda, and Aesthetic Politics (Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press, 2000), pp. 144-145, 146. Obra traducida al castellano. Paul Gilroy. Atlntico negro. Madrid, Akal,2014.
  10. Pankaj Mishra, A Gandhian Stand Against the Culture of Cruelty, The New York Review of Books,[May 22, 2018]. Online: http://www.nybooks.com/daily/2018/05/22/the-culture-of-cruelty/
  11. Joshua Sperling cited in Lisa Appignanesi, Bergers Ways of Being, The New York Review of Books(May 9, 2019). Online: https://www.nybooks.com/articles/2019/05/09/john-berger-ways-of-being/?utm_medium=email&utm_campaign=NYR%20Tintoretto%20Berger%20Mueller&utm_content=NYR%20Tintoretto%20Berger%20Mueller+CID_22999ee4b377a478a5ed6d4ef5021162&utm_source=Newsletter&utm_term=John%20Bergers%20Ways%20of%20Being
  12. 12. Cited in Roger Griffin, Staging the Nations Rebirth: The Politics and Aesthetics of Performance in the Context of Fascist Studies, in Gunter Berghaus, ed. Fascism and Theater: Comparative Studies on the Aesthetics and politics of Performance in Europe, 1925-1945 (Providence: Gerghahn Books, 1996). Online: https://www.libraryofsocialscience.com/ideologies/resources/griffin-staging-the-nations/
  13. 13. Paul Gilroy, Against Race (Cambridge: Harvard University Press, 2000), 139.
  14. Paul Gilroy, Against Race (Cambridge: Harvard University Press, 2000), 139.
  15. Paul Gilroy, Against Race (Cambridge: Harvard University Press, 2000), 139.
  16. 16. Chiara Bottici in Cihan Aksan and Jon Bailes, eds. One Question Fascism (Part One), Is Fascism making a comeback? State of Nature Blog, [December 3, 2017]. Online: http://stateofnatureblog.com/one-question-fascism-part-one/
  17. Henry A. Giroux, The Nightmare of Neoliberal Fascism, Truthout (June 10, 2018). Online: https://truthout.org/articles/henry-a-giroux-the-nightmare-of-neoliberal-fascism/
  18. Hannah Arendt, Personal Responsibility Under Dictatorship, in Jerome Kohn, ed., Responsibility and Judgement, [NY: Schocken Books, 2003]. Online: https://grattoncourses.files.wordpress.com/2016/08/responsibility-under-a-dictatorship-arendt.pdf. Hay acceso en castellano en : http://www.bibliopsi.org/docs/carreras/obligatorias/CFP/etica/farina/Arendt%20-%20Responsabilidad%20personal%20bajo%20una%20dictadura.pdf
  19. 19. Nicola Bertoldi, Are we living through a new Weimar era?: Constructive resolutions for our future, OpenDemocracy (January 3, 2018). Online: https://us1.campaign-archive.com/?e=d77f123300&u=9c663f765f28cdb71116aa9ac&id=367a142d39
  20. Henry A. Giroux, The Terror of the Unforeseen (Los Angeles: Los Angeles Review of Books, 2019).

Fuente: https://www.elviejotopo.com/articulo/terrorismo-pedagogico-y-esperanza-en-tiempos-de-politicas-fascistas/

     


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