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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2019

La misin suicida del mundo industrializado

David Wallace-Wells
CTXT

El planeta ha pasado de una aparente estabilidad a estar al borde de la catstrofe en los aos que dura una sola vida humana. Emitimos CO2 a una velocidad cien veces superior al de cualquier otro momento de la historia


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Es peor, mucho peor de lo que imaginas. La lentitud del cambio climtico es un cuento de hadas tan pernicioso quiz como el que afirma que no se est produciendo en absoluto, que nos llega agrupado con otros en una antologa de patraas tranquilizadoras: que el calentamiento global es una saga rtica que se desarrolla en lugares remotos; que se trata ms que nada de una cuestin de niveles del mar y litorales, y no de una crisis envolvente que no deja lugar intacto ni vida sin deformar; que es una crisis del mundo natural, no del mundo humano; que estos son dos mundos distintos, y que hoy en da vivimos en cierto modo fuera de la naturaleza, o ms all, o como mnimo protegidos de ella, y no ineludiblemente en su seno, y literalmente desbordados por ella; que la riqueza puede servir de escudo contra la devastacin del calentamiento; que la quema de combustibles fsiles es el precio de un crecimiento econmico continuado; que este, y la tecnologa que produce, inevitablemente encontrar el mecanismo para evitar el desastre medioambiental; que hay en el largo devenir de la historia humana algn parangn para la escala o el alcance de esta amenaza, algo capaz de infundirnos confianza a la hora de hacerle frente.

EN LA ATMSFERA YA HAY UN TERCIO MS DE CO2 QUE EN CUALQUIER OTRO INSTANTE DE LOS LTIMOS 800.000 AOS, QUIZ INCLUSO DE LOS LTIMOS 15 MILLONES DE AOS

Nada de eso es cierto. Pero empecemos por la velocidad del cambio. La Tierra ha experimentado cinco extinciones masivas antes de la que estamos viviendo hoy, cada una de las cuales supuso un borrado tan completo del registro fsil que funcion como un reinicio evolutivo; el rbol filogentico del planeta se expandi y se contrajo a intervalos, como un pulmn: un 86 por ciento de las especies murieron hace 450 millones de aos; 70 millones de aos despus, un 75 por ciento; 125 millones de aos ms tarde, un 96 por ciento; transcurridos otros 50 millones de aos, el 80 por ciento; y 135 millones despus, de nuevo el 75 por ciento. A menos que seas adolescente, probablemente leste en tus libros de texto del instituto que estas extinciones fueron consecuencia del impacto de asteroides. En realidad, en todas ellas, salvo en la que acab con los dinosaurios, intervino el cambio climtico producido por gases de efecto invernadero. La ms notoria tuvo lugar hace 250 millones de aos; comenz cuando el dixido de carbono (CO2) aument la temperatura del planeta cinco grados centgrados, se aceler cuando ese calentamiento desencaden la emisin de metano, otro gas de efecto invernadero, y acab con casi toda la vida sobre la Tierra. Actualmente, estamos emitiendo CO2 a la atmsfera a una velocidad bastante mayor; segn la mayora de las estimaciones, al menos diez veces ms rpido. Ese ritmo es cien veces superior al de cualquier otro momento de la historia humana previo al comienzo de la industrializacin. Y en la atmsfera ya hay un tercio ms de CO2 que en cualquier otro instante de los ltimos 800.000 aos, quiz incluso de los ltimos 15 millones de aos. Entonces no haba humanos. El nivel del mar era ms de treinta metros ms alto.

Mucha gente percibe el calentamiento global como una especie de deuda moral y econmica, acumulada desde el comienzo de la Revolucin industrial y que vence ahora, al cabo de varios siglos. De hecho, ms de la mitad del CO2 expulsado a la atmsfera debido a la quema de combustibles fsiles se ha emitido en las tres ltimas dcadas. Lo que significa que hemos infligido ms dao al devenir del planeta y a su capacidad para soportar la vida y la civilizacin humanas desde que Al Gore public su primer libro sobre el clima que en todos los siglos todos los milenios anteriores. Naciones Unidas estableci su marco sobre cambio climtico en 1992, y al hacerlo dio a conocer inequvocamente el consenso cientfico al mundo entero, lo que significa que ya hemos generado tanta devastacin a sabiendas como en nuestra ignorancia. El calentamiento global puede parecer una fbula que se desarrolla a lo largo de varios siglos e infligir un castigo propio del Antiguo Testamento a los tataranietos de los responsables, ya que fue la quema de carbn en la Inglaterra del siglo XVIII la que prendi la mecha de todo lo que vino despus. Pero ese es un cuento sobre villana histrica que absuelve, injustamente, a los que viven ahora. La mayor parte de la quema se ha producido a partir del estreno de Seinfeld . Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el porcentaje asciende hasta alrededor del 85 %. La historia de la misin suicida del mundo industrializado es una que dura lo que una sola vida humana: el planeta pas de una aparente estabilidad a estar al filo de la catstrofe en los aos que separan un bautizo o un bar mitzv de un funeral.

Todos conocemos esos periodos vitales. Cuando naci mi padre, en 1938 entre sus primeros recuerdos, las noticias de Pearl Harbor y las mticas fuerzas areas de las pelculas de propaganda que llegaron a continuacin, el sistema climtico pareca, para la mayora de los observadores, estable. Desde hace tres cuartos de siglo, los cientficos entienden el efecto invernadero, entienden cmo el CO2 generado al quemar madera, carbn y petrleo recalienta el planeta y desquicia todo lo que sucede en l. Pero todava no haban visto el efecto, no de manera fehaciente, an no, lo que haca de ello, ms que un hecho palpable, una oscura profeca que no se cumplira hasta un futuro muy remoto, quiz nunca. Cuando mi padre muri, en 2016, semanas despus de la firma agnica del Acuerdo de Pars, el sistema climtico amenazaba con despearse hacia la desolacin, al superar un umbral de concentracin de CO2 400 partes por milln en la atmsfera terrestre, en el lenguaje desazonante y banal de la climatologa que haba sido durante aos la marcada lnea roja que los ambientlogos haban trazado ante el rostro devastador de la industria moderna, como diciendo: Prohibido el paso. Por descontado, hicimos caso omiso: apenas dos aos despus, alcanzamos un promedio mensual de 411, y nuestra culpa satura el aire del planeta tanto como el CO2, aunque hemos decidido creer que no la respiramos.

Ese nico periodo vital es tambin el de mi madre: nacida en 1945, hija de judos alemanes que huan de las chimeneas en las que incineraron a sus familiares, ahora disfruta su septuagsimo tercer ao en el paraso del confort estadounidense, un paraso sustentado por las fbricas de un mundo en vas de desarrollo que, tambin en el transcurso de una vida humana y gracias a la produccin de bienes, ha ascendido a la clase media global, con todas las tentaciones de consumo y todos los privilegios de combustibles fsiles que ese ascenso conlleva: electricidad, coches privados, viajes en avin, carne roja. Mi madre ha fumado durante cincuenta y ocho de esos aos, siempre sin filtro, y ahora encarga sus cigarrillos por cartones desde China.

Es tambin el periodo vital de muchos de los primeros cientficos que han dado pblicamente la voz de alarma sobre el cambio climtico, algunos de los cuales, por increble que parezca, siguen en activo: tal es la velocidad con la que hemos alcanzado este promontorio. Algunos de estos cientficos incluso llevaron a cabo su investigacin con financiacin de Exxon, una compaa que ahora es objeto de un gran nmero de demandas que buscan juzgar a los responsables del rgimen de emisiones continuadas que, hoy en da y salvo que se produzca un cambio de rumbo en cuanto a los combustibles fsiles, amenaza con hacer, para finales de este siglo, ms o menos invivibles para los humanos diversas zonas del planeta. Esa es la senda por la que vamos despreocupadamente lanzados: hacia los ms de cuatro grados centgrados de calentamiento para el ao 2100. Segn algunas estimaciones, esto implicara que regiones enteras de frica, Australia y Estados Unidos, y partes de Amrica Latina al norte de la Patagonia, y de Asia al sur de Siberia se volveran inhabitables debido al calor directo, la desertificacin y las inundaciones. En el mejor de los casos, todas esas regiones y muchas ms seran inhspitas para el ser humano. Este es nuestro itinerario, nuestro punto de partida. Lo que significa que, si el planeta se llev al borde de la catstrofe climtica en el transcurso de una sola generacin, la responsabilidad de evitarla recae tambin sobre una nica generacin. Y todos sabemos qu generacin es esa: la nuestra.

REGIONES ENTERAS DE FRICA, AUSTRALIA Y ESTADOS UNIDOS, Y PARTES DE AMRICA LATINA AL NORTE DE LA PATAGONIA, Y DE ASIA AL SUR DE SIBERIA SE VOLVERAN INHABITABLES

No soy ecologista, y ni siquiera me considero alguien muy apegado a la naturaleza. He vivido toda mi vida en ciudades, disfrutando de dispositivos fabricados mediante cadenas industriales de suministro sobre las que apenas me paro a pensar. Nunca he ido de acampada, al menos no por voluntad propia, y aunque siempre he pensado que era bsicamente una buena idea mantener limpios los ros y el aire, tambin he aceptado el planteamiento segn el cual existe un tira y afloja entre el crecimiento econmico y el coste para la naturaleza; y me deca que, bueno, en la mayora de las situaciones me inclinara por el crecimiento. Yo no voy a matar una vaca con mis manos para comer una hamburguesa, pero tampoco voy a hacerme vegano. Normalmente pienso que, cuando uno ocupa la cspide de la cadena trfica, no hay nada de malo en hacer alarde de ello, porque no me supone ninguna dificultad trazar una frontera moral entre nosotros y los dems animales, y de hecho me parece ofensivo para con las mujeres y las personas de otras razas que de pronto se hable tanto de extender a chimpancs, simios y pulpos una proteccin legal anloga a los derechos humanos, apenas una o dos generaciones despus de que acabsemos por fin con el monopolio que el hombre blanco haba tenido sobre el concepto legal de persona. En estos aspectos en muchos de ellos, al menos soy como cualquier otro estadounidense que ha pasado su vida mortalmente satisfecho, y voluntariamente engaado, sobre el cambio climtico, que no es solo la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la vida humana en el planeta, sino una amenaza de una categora y una escala por completo diferentes; a saber: la escala de la propia vida humana.

Hace unos aos, empec a recopilar historias sobre el cambio climtico, muchas de ellas aterradoras, absorbentes e inquietantes. Las de menor escala casi podan leerse como fbulas: un grupo de cientficos del rtico que qued atrapado cuando el deshielo aisl su centro de investigacin en una isla tambin habitada por osos polares; un nio ruso que muri vctima del carbunco liberado al descongelarse el cadver de un reno que haba pasado dcadas atrapado en el permafrost. Al principio, pareca como si las noticias estuviesen creando un nuevo gnero de alegora. Pero, por supuesto, el cambio climtico no es ninguna alegora.

Desde 2011, en torno a un milln de refugiados sirios se vieron empujados hacia Europa por una guerra civil que el cambio climtico y la sequa han agravado (y, en un sentido muy real, gran parte del momento populista que todo Occidente est atravesando es el resultado del pnico generado por esa llegada). La probable anegacin de Banglads amenaza con crear una cantidad diez veces superior de inmigrantes, o incluso mayor, que sern recibidos por un mundo an ms desestabilizado a causa del caos climtico (y cabe sospechar menos receptivo cuanto ms oscura sea la tez de los necesitados). Tambin estarn los refugiados procedentes del frica subsahariana, de Latinoamrica y del resto del sudeste asitico: unos 140 millones en 2050, segn estimaciones del Banco Mundial; esto es, ms de cien veces la crisis siria en Europa.

Las proyecciones de la ONU son an ms sombras: 200 millones de refugiados climticos en 2050. Esos eran todos los habitantes del planeta durante el apogeo del Imperio romano: imaginemos que todas y cada una de las personas vivas por aquel entonces, en cualquier rincn del globo, se quedasen sin hogar y se viesen obligadas a vagar por territorios hostiles en busca de uno nuevo. Segn Naciones Unidas, el extremo superior de lo que es posible en los prximos treinta aos es considerablemente peor: hasta 1.000 millones, o ms, de personas pobres y vulnerables con escasas opciones ms all de la lucha o la huida. 1.000 millones o ms. El conjunto de la poblacin mundial en fecha tan reciente como 1820, cuando la Revolucin industrial estaba ya muy avanzada. Lo cual sugiere que quiz sera preferible entender la historia no como el lento paso del tiempo, sino como un globo de crecimiento demogrfico que se expande, haciendo que la humanidad se extienda a su vez por el planeta casi hasta un eclipse total. Uno de los motivos por los que las emisiones de CO2 se han acelerado tanto en la ltima generacin sirve tambin para explicar por qu da la impresin de que la historia se desarrolla a una velocidad mucho mayor, de que suceden muchas ms cosas, en todas partes, cada ao: esto es lo que ocurre cuando hay tantsimos humanos. Se calcula que el 15 % de toda la experiencia humana acumulada a lo largo de historia corresponde a personas que estn vivas actualmente, que caminan por el mundo dejando su huella de carbono.

LAS PROYECCIONES DE LA ONU VATICINAN 200 MILLONES DE REFUGIADOS CLIMTICOS EN 2050

Esas cifras de refugiados son las estimaciones ms elevadas, producidas hace aos por grupos de investigacin diseados para llamar la atencin sobre tal o cual causa o cruzada; con toda probabilidad, los nmeros reales no alcanzarn valores tan altos, y la mayora de los cientficos se inclinan por previsiones del orden de las decenas no centenares de millones de personas. Pero que esas cifras sean solo el mximo de lo que entra dentro de lo posible no debera hacer que nos confisemos demasiado: cuando descartamos la peor de las posibilidades, se distorsiona nuestra percepcin de las situaciones futuras ms probables, que pasamos a considerar como escenarios extremos para los que no es necesario prepararse tan concienzudamente. Los clculos ms altos marcan los lmites de lo posible, dentro de los cuales podremos imaginar mejor lo que es probable. Y quiz incluso resulten ser una referencia ms fiable, si tenemos en cuenta que, en el medio siglo de angustia climtica que ya hemos padecido, los optimistas nunca han acertado.

Mi recopilacin de historias iba aumentando cada da, pero muy pocos de los recortes, incluso los sacados de investigaciones nuevas publicadas en las revistas cientficas ms prestigiosas, se reflejaban en la cobertura sobre el cambio climtico que el pas vea en la televisin y lea en sus peridicos. Estos informaban sobre el cambio climtico, por supuesto, y lo hacan incluso con cierto toque alarmista, pero la discusin sobre sus posibles consecuencias estaba engaosa- mente acotada, y se limitaba de un modo casi invariable a la cuestin de la subida del nivel del mar. Igual de preocupante era el hecho de que, habida cuenta de la situacin, la cobertura era optimista. En fecha tan reciente como 1997, cuando se firm el emblemtico Protocolo de Kioto, dos grados centgrados de calentamiento global se consideraban el umbral para la catstrofe: ciudades inundadas, devastadoras sequas y olas de calor, un planeta sacudido a diario por huracanes y monzones que antes llambamos desastres naturales, pero pronto normalizaremos tan solo como mal tiempo. Ms recientemente, el ministro de Asuntos Exteriores de las islas Marshall propuso otro nombre para ese grado de calentamiento: genocidio.

Ese escenario es casi inevitable. En la prctica, el Protocolo de Kioto no logr nada: en los veinte aos transcurridos desde su aprobacin, a pesar de todo el activismo y la legislacin en torno al clima y de los avances en energas verdes, hemos generado ms emisiones que en los veinte aos anteriores. En 2016, los acuerdos de Pars establecieron dos grados como objetivo global, y, segn los peridicos, ese nivel de calentamiento sigue siendo algo as como el escenario ms aterrador que es razonable considerar; apenas unos aos despus, sin que ninguno de los pases industrializados estn en vas de cumplir con sus compromisos de Pars, un aumento de dos grados parece ms bien la mejor situacin posible, difcil de creer hoy en da, con toda una campana de Gauss de posibilidades ms horribles que se extienden ms all y, aun as, se mantienen con cuidado lejos del escrutinio pblico.

Para quienes relatan sucesos sobre el clima, contemplar tan espantosas posibilidades y el hecho de que hemos desperdiciado nuestra oportunidad de acabar en algn punto de la mitad buena de esa campana se convirti por algn motivo en algo indecoroso. Las razones son casi demasiadas como para enumerarlas, y tan vagas que quiz sera preferible llamarlas impulsos. Optamos por no hablar de un mundo cuya temperatura ha aumentado ms de dos grados quiz por pudor; o por puro temor; o por miedo a ser agoreros; o por una fe tecnocrtica, que en realidad es fe en el mercado; o por deferencia con los debates partidistas, o incluso a las prioridades ideolgicas; o por un escepticismo respecto a la izquierda ecologista como el que yo haba sentido desde siempre; o por desinters por los destinos de ecosistemas remotos, como el que tambin haba experimentado toda mi vida. Sentamos confusin sobre la ciencia y sus muchos trminos tcnicos y sus cifras difciles de interpretar, o al menos intuamos que todo ello confundira a los dems fcilmente. Nos vimos lastrados por nuestra parsimonia a la hora de comprender la velocidad del cambio, o por una confianza semiconspirativa en la responsabilidad de las lites globales y sus instituciones, o por una obediencia a ellas, con independencia de nuestra opinin al respecto. Quiz fuera simplemente que nos sentamos incapaces de dar crdito a las previsiones ms terrorficas porque apenas acabbamos de or hablar del calentamiento, y nos decamos que las cosas no podan haber empeorado tantsimo desde la primera entrega de Una verdad incmoda ; o porque nos gustaba desplazarnos en coche, comer ternera y vivir tal y como lo habamos hecho hasta entonces, y no queramos darle demasiadas vueltas al asunto; o porque nos sentamos tan posindustriales que no podamos creer que an estuvisemos extrayendo aliento material de los hornos de combustibles fsiles. Quiz fuera por nuestra facilidad socioptica para incorporar las malas noticias a la nocin enfermiza y variable de lo que se consideraba normal, o porque echbamos un vistazo al exterior y pareca que las cosas seguan en su sitio. Porque estbamos aburridos de escribir, o de leer, la misma historia una y otra vez, porque el clima eran algo tan global y por tanto no tribal que inspiraba solo las polticas ms sensibleras, porque an no ramos del todo conscientes de hasta qu punto devastara nuestras vidas, y porque, egostamente, nos daba igual destruir el planeta en perjuicio de aquellos que vivan en otros lugares, o de quienes an no haban nacido pero lo heredaran de nosotros, indignados. Y porque habamos depositado una fe excesiva en la forma teleolgica de la historia y en la flecha del progreso humano para contemplar la posibilidad de que el arco histrico tendiese hacia otra cosa que no fuera la justicia ambiental. Porque, si ramos del todo sinceros con nosotros mismos, ya veamos el mundo como una competicin de suma cero por los recursos y creamos que, ocurriese lo que ocurriese, probablemente seguiramos siendo los vencedores, al menos en trminos relativos, habida cuenta de los privilegios de clase y de nuestra fortuna en la lotera del nacimiento. Quiz temamos demasiado por nuestros propios puestos de trabajo e industrias como para preocuparnos por el futuro del trabajo y la industria; o puede que tambin tuvisemos verdadero pavor a los robots, o estuvisemos demasiado ocupados mirando nuestros flamantes telfonos; o quiz, por fcil que nos resultase ceder al reflejo apocalptico en nuestra cultura y a la va hacia el pnico en nuestra poltica, de verdad suframos de un sesgo favorable a las buenas noticias a la hora de abordar la situacin general; o, en realidad, quin sabe por qu: son tantas las facetas del caleidoscopio climtico que transforman nuestras intuiciones sobre la devastacin medioambiental en una asombrosa despreocupacin, que es difcil poner en perspectiva el panorama completo de la distorsin climtica. Pero sencillamente no quisimos, o no pudimos, o en cualquier caso no afrontamos lo que la ciencia nos estaba diciendo.

Este artculo corresponde al primer captulo de El Planeta inhspito.

 

Fuente: https://ctxt.es/es/20191030/Politica/29131/David-Wallace-Wells-El-planeta-inhospito-cambio-climatico-extincion.htm

 



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