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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2019

Sectarismo

Llus Rabell
Blog personal


La exhumacin de los restos de Franco del Valle de los cados constituye una reparacin histrica, largamente reivindicada, que debera regocijar a toda la ciudadana democrtica. Era de esperar la incomodidad de los partidos conservadores, aferrados a su discurso de no querer hurgar en las heridas del pasado, as como las furiosas diatribas de la extrema derecha. Lo sorprendente fue, sin embargo, la lluvia de crticas y descalificaciones que arreci ayer desde el espacio poltico ubicado a la izquierda del PSOE. Lo normal hubiera sido que el fin del agravio que supona la permanencia de un mausoleo en honor del dictador llenase especialmente de orgullo a quienes se reconocen en dicho espacio. Pero, ayer se festej poco entre nosotros ese triunfo de la dignidad y se oy hablar mucho ms de electoralismo y manipulacin. Hubo incluso quienes llegaron a tildar de honores de Estado el sobrio protocolo diseado por el gobierno de Pedro Snchez. Un protocolo que, si algo puso de relieve, fue la soledad de la familia Franco y la pattica decrepitud de los nostlgicos de su rgimen. En una palabra: nos levantamos felices, dispuestos a vivir una jornada memorable y nos acostamos cariacontecidos y avergonzados por los arrebatos de demagogia de algunos compaeros.

Y es que hay una penosa enfermedad que, de modo recurrente, aqueja a la izquierda. Sobre todo cuando intenta configurar un nuevo espacio con vocacin transformadora. Esa inquietante dolencia es el sectarismo. Se manifiesta cuando estn bajas algunas defensas naturales. Concretamente, la comprensin de la complejidad que caracteriza a la clase trabajadora y a los sectores sociales sobre los que tradicionalmente se apoyan sindicatos y partidos de izquierdas. Diversidad de situaciones materiales, de culturas, de experiencias La existencia de distintas estrategias de emancipacin se remonta a los propios orgenes del movimiento obrero. Siempre ha habido y es previsible que haya amplios sectores cuyas aspiraciones se cifran en una mejora gradual y pacfica de sus condiciones de vida. Durante los prolongados perodos en que los cimientos del orden capitalista no se ven sacudidos por una crisis, esos sectores acostumbran a identificarse con la socialdemocracia, sus polticas distributivas ms o menos osadas y sus reformas sociales. Thomas Piketty dice que la socialdemocracia es, en cierto modo, vctima de sus propios xitos a lo largo de las dcadas anteriores a la actual hegemona neoliberal: los partidos socialistas recabaran hoy sus apoyos en las franjas sociales que, merced a esas polticas, han alcanzado un nivel de rentas que les confieren un estatus de clase media al tiempo que pierden pie entre las capas obreras ms desfavorecidas, que engrosan las filas de los perdedores de la globalizacin. En toda Europa, los movimientos populistas y la extrema derecha tratan de cabalgar a lomos de su desesperanza.

La tesis de Piketty es muy sugerente. Aunque sin duda requiera matices y precisiones. En Barcelona y su rea metropolitana, por ejemplo, el PSC es ampliamente votado en las secciones censales de rentas ms bajas. Es cierto que, en los ltimos aos, la izquierda alternativa ha proletarizado sus apoyos gracias al desplazamiento de votos socialistas. El pblico que hace cinco aos aclam a Pablo Iglesias en el Pabelln del Valle Hebrn (cuando proclam que nunca le veran abrazarse con Artur Mas) era una tpica representacin del extrarradio felipista. Durante mucho tiempo, la izquierda de matriz comunista, sumida en un proceso de reconstruccin de su identidad, se apoy principalmente en sectores universitarios y en las capas superiores y ms politizadas del sindicalismo de clase. Muchos recordamos elecciones municipales, en que ICV-EUiA obtuvo mejores resultados en la renovada Vila Olmpica que en el vecino Poblenou, donde triunfaba el PSC.

Por supuesto, esa correlacin de fuerzas en el seno de las clases populares no es inamovible. Pero la izquierda alternativa cae con frecuencia en la obsesin del sorpasso. Le cuesta entender que, sin perjuicio de los importantes progresos que hoy puede realizar, una nueva y decisiva configuracin de la representacin poltica requiere que la lucha de clases conozca un fuerte ascenso contra al capitalismo, que libere energas entre los oprimidos, que los distintos partidos sean puestos a prueba y sus postulados puedan ser verificados en los hechos. La izquierda alternativa debe aprender a ser revolucionaria en una situacin que dista mucho de serlo. Y eso pasa por combinar, en relacin a la izquierda reformista, crtica y disputa poltica con colaboracin y unida de accin. La clase trabajadora no es una abstraccin, una categora sociolgica de contornos mal definidos. En cierto modo, la clase son las organizaciones que ha levantado a lo largo de una lucha secular. Lo deteriorado de sus fuerzas, los vicios oportunistas que arrastran, la dificultad para responder a los desafos de esta ltima fase capitalista, incluso el relativo alejamiento de los ms pobres, dan la medida de la ingente tarea que la izquierda tiene por delante.

La izquierda alternativa se inscribe en una tradicin del movimiento obrero que se separ hace muchos aos de la socialdemocracia; una tradicin que ha querido mantenerse fiel a la hiptesis revolucionaria de la superacin del capitalismo. Pero, por eso mismo, no hay que olvidar que los comunistas no defienden intereses particulares distintos del inters general del proletariado. A veces por impaciencia o inmadurez, a veces presa de fiebre sectaria, esa izquierda ha confundido su vocacin poltica con la representacin orgnica de la clase. No hay ms izquierda que nosotros Cmo si las tendencias reformistas no formasen parte de nuestra clase! Y como si cada paso adelante del movimiento real una conquista social, un derecho, una mejora concreta no valiese ms que una docena programas! No podemos soar con acometer grandes transformaciones sin acumular fuerzas y experiencia, sin ser tiles a nuestra gente y aprender, sin prepararnos. El sectarismo no nos deslinda de corrientes polticas que consideramos titubeantes o conciliadoras: nos asla y nos sume en la impotencia.

La crtica deviene reproche envenenado cuando no pretende elevar la conciencia poltica general, ni propiciar un paso del movimiento real, sino zanjar un duelo fratricida. En su da, en pleno ascenso del nazismo, el poderoso partido comunista alemn vea en la socialdemocracia el social-fascismo, segn la doctrina oficial a su enemigo principal. Primero vendr Hitler, despus Thlmann. El resultado fue que Hitler reuni a Thlmann y al resto de la izquierda en los campos de exterminio. Dramtica experiencia histrica que, a pesar de la distancia, acuda ayer a nuestra memoria cuando escuchbamos a algunos amigos decir que el PSOE, que tiene tambin militantes enterrados en el valle de la ignominia, estaba rindiendo honores de Estado al dictador. Ojal ese sectarismo sea el sntoma de una enfermedad infantil. Trotsky deca que, en el fondo, los sectarios son oportunistas que tienen miedo de si mismos.

Fuente: https://lluisrabell.com/2019/10/26/sectarismo/



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