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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2019

La vuelta del bipartidismo

Isidoro Moreno
Diario de Sevilla


Aunque hasta el domingo no sabremos los resultados, s podemos afirmar ya que confirmarn la vuelta al bipartidismo y, por tanto, el regreso a la estabilidad del modelo poltico que constituye, junto a la monarqua y a la visin de Espaa como "una y grande" (frente a la propuesta, tambin enraizada en la Historia, del estado espaol como federacin o confederacin de pueblos-naciones), uno de los tres pilares bsicos de la Segunda Restauracin Borbnica. Que es el rgimen poltico en que vivimos, por voluntad de aquel cuyos restos acaban de ser exhumados en Cuelgamuros y por aceptacin, para muchos pasiva o forzada, de la ciudadana al incluirse en el paquete indivisible de la Constitucin votada en 1978.

Al desprestigio de la institucin monrquica (encarnada en un Juan Carlos I ahogado por escndalos financieros y personales) las fuerzas fcticas del Sistema reaccionaron hbilmente, empujando al rey a la abdicacin para sustituirlo por su heredero (sin la mala imagen del padre), con lo que se remont la crisis de la Corona. Pero permaneci abierta la crisis del bipartidismo dinstico de la alternancia, que es el modelo que la sustenta y que ya caracteriz a la Primera Restauracin (la de los aos 1876 a 1931): dos partidos hegemnicos muy fieles a la monarqua, ideolgicamente muy cercanos en lo fundamental (en la defensa de esta y del modelo econmico-social) aunque enfrentados en algunos mbitos y pugnando por los puestos polticos: "conservadores" y "liberales" en los reinados de Alfonso XII y XIII, y "populares" y "psocialistas" en los de Juan Carlos I y Felipe VI.

La crisis financiera -en realidad una crisis general de reproduccin del Sistema- que se hizo presente en 2008 y el cuestionamiento en las calles del rgimen poltico bipartidista por el movimiento del 15M -"PSOE y PP la misma m es" y "Lo llaman democracia y no lo es"- propiciaron la emergencia de un partido con iniciales planteamientos radicales que llamaba "casta" a todos los polticos del rgimen y se desmarcaba de este. Fue el primer Podemos, que con su enmienda a la totalidad suscit la lgica alarma y animadversin en aquellos. Una alarma que sera prontamente atenuada por la auto-enmienda del nuevo partido, empeado en adoptar la estrategia poltica que durante dcadas haban tenido, con nulo xito en cuanto a sus resultados, el PCE e IU: primero tratar de competir con el PSOE para representar el brazo izquierdo del rgimen (mediante el denominado sorpasso) y luego, frustrado este objetivo, intentar ser admitido como socio secundario co-gobernante.

Pronto aparecera, se dijo que patrocinado por entidades del bex35, el que sera denominado "Podemos de derecha", el partido Ciudadanos, para ofrecer un recambio al electorado de derechas que se alejaba del PP por su corrupcin generalizada y su imagen casposa. Un partido que ha repetido, con aun mayor torpeza, un camino equivalente al de Podemos.

Ms all de hasta qu punto se reflejen en la realidad lo que profetizan unas u otras encuestas -todas ellas a gusto de quien las paga-, tres cosas pueden ya afirmarse en cuanto a los resultados. La primera es el regreso del bipartidismo PSOE-PP. La suma de votos de los dos partidos volver a superar de forma holgada la mayora absoluta. De nuevo, los dos partidos, a la vez hermanos y en competencia, sern claramente hegemnicos, con pequeos partidos-satlites a su alrededor aspirando a ser admitidos por aquellos, si es que los necesitan. Lo ms relevante del 10-N ser esto y no la suma de los supuestos bloques de derecha y "de izquierda" (?). Con lo que el bipartidismo de la alternancia habr remontado su crisis, al menos por el momento. Las excepciones de Catalua y de Euskadi sern evidentes, pero esto ha ocurrido desde las primeras elecciones democrticas como reflejo del permanente "problema territorial".

La segunda constatacin, sin duda preocupante, es que el nico cuestionamiento global, a nivel estatal, del rgimen poltico estar representado por Vox, aunque con una alternativa ultraderechista que empeorara las cosas y nos metera en el tnel del tiempo.

La tercera es que Andaluca, a pesar de elegir 61 diputados, seguir siendo la gran ausente en el parlamento. Su nombre ser apenas pronunciado a lo largo de la legislatura y sus problemas especficos (sus "dolores" como los llamaba Blas Infante) apenas llegarn, si es que llegan, a los debates. Nuestra subalternidad poltica ser ratificada. Y es que mientras no volvamos a demostrar, como en aquel 4-D de 1977, que Andaluca est viva, no se nos tendr en cuenta ms que como granero de votos. Fuera de las urnas, el prximo primer domingo de diciembre tendramos la ocasin de hacerlo.

Isidoro Moreno es catedrtico emrito de Antropologa

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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