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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2019

Guillermo Nez, el arte del dolor

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


Imagen. En el terreno del amor, las peores heridas aparecen ms por lo que vemos que por lo que sabemos.
Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso.

 

Aprovechando la coyuntura histrica actual, sumida en la represin, y que el artista plstico sigue vivo, cuando durante mucho tiempo estuvo bordeando la muerte por cuenta del tirano Augusto Pinochet, tutor delincuencial del actual, Sebastin Piera, el Care/rata, como ahora le dice el pueblo chileno, resulta pertinente un homenaje a Guillermo Nez, a quien entrevist en la Casa de la Moneda, de Bogot, el 28/feb/1997 y quien, diez aos despus, en 2007, durante el primer gobierno de Bachelet, obtuvo el Premio Nacional de Artes Plsticas de Chile, por su exposicin Printuras Exculturas, distinta a la que se vio en Bogot y que, en lo esencial, se remita a la poca en la que la dictadura lo mantuvo seis meses con los ojos vendados y solo media hora al da para poder abrirlos. Situacin que aprovecho para relatar que gracias al cineasta chileno Gonzalo Justiniano, el da 27/oct/2019, mismo da que registr una salvaje represin en Valparaso (1), vi por primera vez su filme Cabros de mierda (2017), liberado por l, para que a su vez se pudiera apreciar en todas partes, al que aludir a lo largo del texto y que va de 1983, en pleno golpe, a 2017, con la visita al Museo de La Memoria, que le permiti a Gonzalo rearmar con todos sus cdigos, la normal/anormalidad que imperaba en el Chile entonces, mediante imgenes que l haba filmado 20 aos atrs. (2)

Para tratar de abordar la obra del artista chileno Guillermo Nez (Santiago, 27/ene/1930), hay que partir indefectiblemente del dolor: el suyo es el arte del dolor. Se aclara, de antemano, que no se pretende hacerlo desde la perspectiva del crtico de arte, sino desde la sensibilidad pues, a la larga, el arte no se dirige tanto al especialista como al temperamento artstico. Como l mismo sostuvo en la entrevista ya referida: La miseria, el dolor, son nuestra identidad nacional en el fondo eso es lo que nos une, incluso ms que el idioma. As sean solo los puntos de partida, porque esta violencia, este dolor, desgraciadamente estn repartidos en todo el mundo. Este texto se remite, bsicamente, a su exposicin de dos series: Alquimia: serigrafas; e instalacin Qu hay en el fondo de tus ojos?, colgada en la Casa de la Moneda, del Banco de la Repblica, del 9/feb al 11/may/1997, pues las dos docenas de dibujos exhibidas en el Convenio Andrs Bello no fue posible observarlas.

En Alquimia (Se entiende por alquimia llevar a trmino algo que est incompleto, Paracelso) se busca alterar la obra original y para ello se cont con la intervencin de 13 artistas colombianos, destacndose los trabajos de Manuel Hernndez, Liliana Gonzlez y Gustavo Zalamea, de acuerdo con Guillermo Nez mismo, sin desconocer, cmo no, los de Diego Mendoza, Eduardo Pradilla y Mara Helena Bernal, entre otros. As, se demostr que la colaboracin artstica une a los pueblos infinitamente ms que lo que pudieran hacerlo los discursos de los polticos o los negocios de los comerciantes. Con la instalacin Qu hay en el fondo de tus ojos?, recurriendo a la conciencia se persigue ms que una simple exposicin, elaborar una puesta en situacin [como en el documental Ser y tener, de Nicolas Philibert], espejo y memoria. Y aqu cobra presencia el filme Cabros de mierda, una expresin coloquial chilena, para referirse de forma jocosa o peyorativa, segn lo amerite cada caso.

En efecto, el filme de Justiniano vuelve sobre la solidaridad del pueblo chileno, en particular de la comunidad de La Victoria, poblacin emblemtica/combativa y pionera en organizarse contra la dictadura pinochetista, en lo fundamental habitada por mujeres, en tanto los hombres estaban desterrados/exilados o haban sido asesinados. Esa sera la puesta en situacin de una vida dura en una barriada popular, con las primeras protestas para enfrentar al tiranuelo y la organizacin de la Resistencia, la que se dio, ante todo, con el MIR, partido al que se liquid por cuenta de la intervencin extranjera, principalmente yanqui, la del judo y, para completar, gringo, Kissinger, quien primero recomend, en su orden, a Pinochet y a Videla, implementar el Plan Cndor para Amrica Latina. Y a fe (de mierda) que lo logr. En cuanto al espejo de que habla Nez, basta ver en el filme la manera documentada como Gonzalo Justiniano, el mismo director de Caluga o menta, refleja la tensin de la poca, la angustia y miseria en las que viva el pueblo chileno, as como los tristes resultados que las caravanas de la muerte le heredaron a sus habitantes mediante dolor/zozobra e incertidumbre. Y respecto a la memoria, en la obra del maestro Nez y en el filme de Justiniano, bastara sealar que ambos recurren a sus recuerdos personales y sociales, a la tica personal y colectiva, al modo esttico para, a su vez, darle forma al dolor experimentado por un pueblo. Ya se sabe, por Wilde y por la vida misma, que la forma ms expedita para liberarse del dolor es darle una forma esttica y si esta viene acompaada de la tica, tanto mejor para el artista.

Con su dolor sublimado, el artista Nez pretende, de manera deliberada, activar los mecanismos de dolor en aquel espectador ingenuo que siempre est sorprendido y se siente agredido con esto: aqu se refiere a su instalacin Qu hay en el fondo de tus ojos? Asunto sobre el cual, despus de comprobar la reaccin violenta de la gente frente a su propuesta, por la que recibi juicios como: Su obra no es ms que basura, Guillermo, dele pena, Debera dedicarse a manejar buseta, puede agregar que, para fortuna de su quehacer y, por qu no, de su ego, dichos ataques tienen su contraparte: Las cosas maravillosas estn donde no queremos verlas. Sentencia que alude a que lo malo no siempre est en lo visto, sino en quien ve; la lucha llega hasta donde la inconsciencia quiere, con lo cual refiere la voluntad que, por contraste, necesita la conciencia para superar la adversidad; hay acaso esperanza sin dolor?, lo que se responde en s mismo, si se considera que la historia de la humanidad ha sido un largo/tortuoso recorrido en medio del atropello. La reaccin violenta de la gente, la considera, por otro lado, normal frente a la pintura moderna y en general al arte moderno, posmoderno y dems caprichos del mercado. Concluye: Entonces, en cierto modo estas agresiones me reconfortan ms que los halagos, porque creo que estn tocando justamente esas fibras que ellos mismos no se dan cuenta, reaccionando as, como para protegerse.

Cmo no referir aqu el valor de la mirada que ofrecen tanto Nez, en su pintura, como Justiniano, en su cine. Si para Goethe: El rgano por el que he comprendido al mundo es el ojo, ese sera el mismo por el que Nez desarroll su comprensin esttica del orbe, a partir, claro, de su contexto chileno y experiencia personal, de la relacin con los otros, la historia y la cultura nacional e internacional, toda vez que tras su reincidencia frente a la dictadura fue obligado a abandonar su pas, ya que, primero, fue detenido/torturado por albergar, precisamente, a uno de los casi 200 dirigentes del MIR luego asesinados entre s, segn el mafioso dictamen de la DINA chilena, cuando la verdad es que se les elimin sin piedad alguna (3); y, segundo, cuando al planear una serie de muestras en la cual poder expresar la experiencia vivida y reflej, justo, en Printuras Exculturas, compuesta por diversos objetos, en su mayora jaulas, los milicos fueron a buscarlo a su casa de nuevo por considerar que la muestra era ofensiva para el gobierno. Seis meses despus, al liberarlo, le dieron un pasaporte solo vlido para salir del pas, fue conducido al aeropuerto y debi exiliarse en Francia por los siguiente 12 aos: lo que equivale a estar muerto en vida. En suma, una mirada signada por el dolor, la ausencia, el exilio, la misma que se descubre en Justiniano y su filme Cabros de mierda, en especial a partir de la mirada de Gladys Gmez o La Francesita, por su parecido fsico con la cantante y actriz gala dith Piaf (1915-1963).

La mirada de una mujer joven que observa en detalle, con pasin y en busca de la verdad, tanto interna como externa, a travs de la TV, del baile (que la excita sin medida ni control), de la experiencia directa, no con la guerra que Pinochet, ayer, declaraba, como Pi/nochet/era, hoy, balbucea cual loro, sino con los desafueros del Poder impuestos a punta de bota/garrote y plomo, hechos, todos, que al filo del tiempo transforman la alegra del comienzo en la tristeza/dolor del final cuando ya han sido asesinados por el rgimen Nstor Gonzlez, el padre de Vladi, y Gladys y Vladi, observan desde el techo; el propio nio Vladi, emblema trgico del juego de nios grandes, el de curas u obispos, polticos o mercachifles de la poltica, carabineros o milicos; y, por ltimo, la propia Gladys, convertida en un guiapo, al que los milicos recogen y tiran del piso para luego, bajo la innoble/criminal distincin del nmero 4, llevarla, en compaa de otras tantas vctimas, ya a bordo de un helicptero, a los fatdicos vuelos de la muerte o, peor, a uno de los ms de 4.000 que realizaron Pinochet y sus esbirros, la mayora de las veces estando vivos sus ocupantes y a los que se les suministraba droga o alcohol antes de lanzarlos/tirarlos en definitiva al mar. (4)

As como ac, en el caso de Nez, se pone de presente la incomprensin, el irrespeto hacia el Otro, en fin, la intolerancia de un espectador y un pblico que, en general, no entiende ese dolor precitado, que ya no es el del ciudadano Guillermo Nez sino el todo un pueblo y, en su caso, el que trasluce su obra, al igual que lo hace la de Justiniano. Obras que, a su manera, entre muchos otros asuntos, hablan de la imposibilidad de satisfacer la necesidad humana de consolacin. A la que, a propsito, hay que perseguir, adormecer y disparar, as los tiros den a veces en el vaco: pero, ante la fugacsima consolacin que, en definitiva, el arte procura a quien lo realiza, lo que de paso lleva a pensar tanto en la inutilidad del arte como en la validez del esfuerzo, sabiendo, en todo caso, que no fracasa quien jams se traiciona a s mismo, quedan entre las manos/sensaciones del espectador, la soledad, las palabras y los espejos (estos dos, la mentira del mundo), la crcel, una percepcin efmera de la libertad, la amenaza de muerte permanente, la muerte violenta como suerte de especie nica de muerte natural, los sarcsticos latidos del corazn. Mientras tanto, se han extraviado el placer, el talento (y las ganas de desplegarlo), el deseo de goce que, por los hechos, se ha tornado pulsin de muerte. Acaso podr haber goce en tan sombro mapa del progreso humano, aquel signado, entre tantos otros aspectos, por el hambre, la violencia, la muerte, el genocidio; la soledad de nios y viejos; la competencia de hombres y mujeres; el saqueo de pases por polticos, empresarios y dueos de bancos y medios; la huida de fiscales luego de cohonestar el crimen, el asesinato y el genocidio; el cinismo de curas y obispos, alcaldes y gobernadores, presidentes, ex presidentes y subpresidentes; la represin como factor de dominio/esclavitud; la tortura como mtodo de Estado; el racismo, la xenofobia, la censura; la violencia sistemtica de los DDHH; en fin, la violencia inconmensurable del Poder, violencia casi siempre ejercida por hombres informes y faltos de vida, Poder casi nunca asignado a hombres y mujeres competentes, sino resultado de alianzas mafiosas/enfermizas como el mismo Poder que encarnan para desgracia de millones y millones de seres humanos desprovistos de Poder? Como los que se perciben en los leos de Nez, con sus rostros annimos, por obra del negacionismo histrico, como annimas fueron sus vctimas, por desmadres del verdugo.

El acto de ver, tanto del maestro Nez, como del cineasta Justiniano, en torno al amor, tienen relacin mucho menos con lo que sabemos que con todo aquello que vemos o con lo que nos obligan a ver: casos de Chile, ayer y hoy. En ambos, aunque con diferentes contextos y focos de resistencia e igual cantidad, eso s, de pasin y de amor, la guerra no estuvo ni est propiciada por el pueblo; y para la guerra, como para el amor, se necesitan dos: el resto es agresin, invasin, violencia, violacin, vejamen, malparidez, muerte. Y en quienes han sido violentados, ultrajados, asesinados, vida. Nada ms, nada menos, cabros de mierda!, gritan al unsono Nez y Justiniano, como quienes saben, desde distintas, aunque similares, orillas, que el acto de saber ver siempre ir en relacin directa con el acto de saber amar. El resto es arrepentimiento, culpa, pena y, claro, silencio. Un silencio sepulcral como el que en las obras de Nez se advierte lo mismo que al final del filme de Justiniano, cuando Gladys, hija, en memoria de todos los muertos y sus nombres y en el nombre de la madre (ya no del padre: era una poca de padres ausentes, hijos expsitos, madres sacrificadas), putea y reputea a los verdugos que hicieron de la fiesta de vida, convivencia, cooperacin, un aquelarre de muerte, explotacin, guerra, como si se tratara de un simple juego de nios. Sin respetar, obvio, a los nios. Ni a mujeres, ni a jvenes ni a viejos/viejas. Ni a sus hermanos ni a sus padres ni madres. Al final, a su llamado, el coro polifnico acude a encargarse de esos miserables que volcaron su miseria sobre quienes nunca debieron hacerlo. Ayer igual que hoy, que siempre.

Mientras tanto, el maestro Nez seguir soando, como muchos en el mundo, con Allende y su vaticinio del regreso del pueblo, a las grandes alamedas de lo que fue Santiago ensangrentada, que el 25/oct/2019 vio en la Plaza Italia la mayor muestra de unin y solidaridad de los chilenos, ejemplo para los dems pases del rea, como ha sido el de Ecuador con sus indgenas y Argentina con la recuperacin del poder por Fernndez y ya pronto en Uruguay por Martnez y, ms temprano que tarde, por Lula en Brasil. No hay que ilusionarse, claro, con que en Colombia pase lo mismo mientras el dinosaurio, en modo mesas, siga ah: mejor sera verlo en forma de cuadro o de filme, con la firma de Nez o de Justiniano, as los fragmentos de un discurso amoroso se vean asaltados a menudo por la tea del odio que hoy invade/prende/polariza al mundo desde las ms diversas y distintas latitudes. Tea de ultraderecha que cada da que pasa tiende a apagarse de forma irreversible frente a la preparacin, instruccin y capacitacin de la gente, a la lucha por el fortalecimiento de la educacin pblica y de calidad, a la resistencia frente a gobiernos dominados por cinismo, desfachatez, delito, corrupcin y despilfarro, en fin, por el amor sin mesura frente a la vida. Como es el amor de Nez de cara a su arte y el de Justiniano de cara al suyo: ambos, dueos momentneos de un viejo derrotero del Cinema Novo y, claro, de su mentor Glauber Rocha: una cmara/pincel y una idea, en el primer caso; una cmara en la mano y una idea en la cabeza, en el segundo. (5) Ambos, con los mismos efectos e impronta de nobleza, solidaridad, amor y entrega a una causa que as colme la personal, va ms all para satisfacer la colectiva.

No obstante, el desconsuelo en la obra nueziana, si bien es denuncia, no deviene panfleto ni sermn. Al fin y al cabo, como deca mi amiga Silvia Amaya, el maestro Guillermo estuvo en el infierno, desde luego sin referencias al dualismo/maniquesmo, sin hacer metforas ni sealar lugares extraterrestres. Pues el infierno est aqu, como podran atestiguar Dante, Shakespeare, Dostoievski, Rulfo y Sbato (sobre todo, despus de haber almorzado, junto a Borges, con Videla, aquel mayo/76), entre otros conocedores asiduos de las memorias del subsuelo. Y lo que hizo mediante su pintura fue darle expresin al dolor, a fin de hacerlo si no dilecto (Wilde), al menos soportable: si eso es posible, cuando se ha estado da y noche durante casi seis meses con los ojos vendados, por cuenta de otros, como le pas a Guillermo Nez entre el 4/mayo y el 9/oct/1974, antes de salir expulsado de su pas por peligroso para la seguridad nacional: claro, porque quienes detentan el Poder, siempre se sienten inseguros, para justificar, de antemano, sus propios desmanes/desafueros, como el del recurrente recurso al terrorismo de Estado, como lo seal desde el siglo XIX Jack London en su inefable cuento The Minions of Midas o Los sicarios de Midas que un timorato Borges, o quizs su madre, doa Leonor, jajaja, tradujo con el ttulo de Los favoritos de Midas. (6) Es decir, el exilio forzado por 12 aos, en el 75, hacia Pars, en compaa de Soledad Bianchi.

Una vez vista la obra del maestro Nez, quien con el rockero Charly Garca podra cantar: Mor sin morir / y me abrac al dolor, la idea que finalmente llega es que toda consolacin, sin tener en cuenta la libertad, es engaosa, que ella no es sino la imagen devuelta de la desesperanza. Y ya se sabe, por cierto sabio chino, que la esperanza es una puta que se parece a la desesperanza. Quizs por ello, ante la pregunta: fuera del arte, mediante el cual se sublima el dolor, ve alguna esperanza para el hombre?, l responde: Yo no veo ninguna desgraciadamente soy muy pesimista frente a eso y me parece que cada vez es peor creo que no llegaremos al ao 3000, jams! Por fortuna, en aras del equilibrio, no de quitarle peso ni razn a lo dicho por Nez ni querer subestimar su postura, la de Justiniano, pese a o aun con las evidencias, lleva de la mano al espectador hacia la incierta zona del bienestar mediato/prximo a travs de mecanismos no alimentados por el desconcierto sino por el pragmatismo, un pragmatismo curtido en los siempre sorpresivos terrenos de la adversidad.

Los dispositivos que utiliza Justiniano son el dilogo, la organizacin y la lucha. Un dilogo basado en la conversacin cotidiana; una organizacin centrada en el acto de cooperar, incluso con elementos que al principio generan dudas e incertidumbre, luego confianza dada la entrega, la empata y la solidaridad del elemento extrao, al comienzo percibido como predicador y, en efecto, practicante y, ms tarde, genuino colaborador/aliado de la causa popular; una lucha marcada por la inequidad, toda vez que la violencia ejercida es unilateral. Esto, sin embargo, no arredra al pastor protestante, no por la filia religiosa sino por la causa concreta, ni le impide hacer pintas ni acostarse, finalmente, con su superiora profana, jejeje, Gladys, sino que lo impele a actuar con mayor decisin, tal vez retado, sin querer, por la inocencia de ese nio que parece un viejo, sin dejar de ser nio, Vladi, inocencia que se impone a todo el celaje y a la hipocresa circundantes, en especial a la de esos vagos/ocupados y mercenarios sin perdn ni olvido que azotaron al Chile de la poca y cuyos macabros efectos solo ahora comienzan a tener la respuesta eficaz y decidida de un pueblo ya cansado y aburrido de tanto ultraje y al que le quitaron tanto que, como dice el propio pueblo, nos quitaron el miedo. Y en eso ha ayudado El baile de los que sobran, ahora himno de resistencia, de ese alegrico grupo llamado Los prisioneros (7), con el Estadio Nacional lleno esta vez no de secuestrados luego desaparecidos ni de muertos, sino de una masa cuyo fervor, alegra y unin no dejan indiferente ni al ms indolente de los homnculos; al lado, cmo no, del repertorio combativo de Vctor Jara, al que los asesinos evidentemente le cortan los dedos, porque no soportan los vvidos ecos rasgados de su guitarra ni de su jams silenciada voz, como lo evidencia uno de sus temas, tal vez el ms perpetuamente contemporneo: El derecho de vivir en paz, segn el cual ningn can borrar el surco de tu arrozal, el fuego del puro amor del poeta Ho Chi Min que desde Vietnam golpea a toda la Humanidad. (8)

Si se entiende el amor, sin lastres judeo/cristianos, como un sucedneo de dolor y se transmuta el dolor en amor, entonces se inferir fcilmente que Guillermo Nez ha realizado con su obra un acto de amor que no puede, ni podra, desafortunadamente, estar exento de dolor. Y que, en definitiva, sugiere las preguntas: Qu viene a ser entonces el sentimiento humano de seguridad, si no una consolacin ante el hecho de que la muerte es lo que est ms prximo a la vida? Que llega a ser entonces el tiempo, si no una consolacin para el hecho de que nada de lo que es humano dura? Y qu miserable consolacin, que no enriquece sino a los suizos! Siempre hay que recurrir al humor, como si furamos optimistas y para no parecer pesimistas, esto es, optimistas bien informados, es decir, lo que somos.

He aqu, por ltimo y en conclusin, en medio de esta descripcin del silencio en silencio pues solo queda el silencio para defender la inviolabilidad, ya que no hay hacha que pueda golpear al silencio viviente, una consolacin que pretende ser ms que una consolacin y no menos que una filosofa, o sea, una razn para vivir: a la postre, quin se expresa ms, querido cineasta Gonzalo Justiniano, el que maltrata a su pueblo o el que mantiene su dignidad y le devuelve la memoria? Quin se expresa ms, querido maestro Guillermo Nez, el que construye prisiones o el que se bate por la libertad y la refleja en sus actos? Eso solo lo sabe, queridos Gonzalo y Guillermo, el pueblo que unido jams ser vencido. (9)

Notas:

(1) https://www.soychile.cl/Valparaiso/Sociedad/2019/10/27/622147/Jorge-Sharp-y-los-incidentes-en-Valparaiso-este-domingo-Lo-que-hizo-el-gobierno-fue-ncender-la-mecha.aspx?utm_source=Interna+Arriba&utm_medium=Facebook&utm_campaign=Botones+Sociales&fbclid=IwAR19Ul8Us4vXS6OtSi3JqGEusejk0u0-kHMPaLpcFuwJdC2Ua4vMG69NikM

(2) https://www.biobiochile.cl/noticias/espectaculos-y-tv/cine-y-series/2017/07/11/lanzan-primer-trailer-de-cabros-de-mierda-la-nueva-cinta-chilena-de-gonzalo-justiniano.shtml

(3) https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=79850

(4) https://www.izquierdadiario.es/Juicio-por-la-Contraofensiva-4-000-fueron-tirados-vivos-al-mar

(5) https://skylight.is/es/2016/12/camara-en-mano-y-idea-en-cabeza/

(6) The Minions of Midas (1911) o Los sicarios de Midas , traducido absurdamente tambin como Los favoritos , podra ser el cuento precursor del terrorismo de Estado: su ttulo es una alusin a la leyenda narrada por Ovidio en Las metamorfosis acerca de Midas, rey frigio, a quien Dionisio concedi el deseo de que todo lo que tocara lo volviera oro. Si Poe encarna el cuento moderno, London lo perfecciona para heredrselo a Hemingway, Anderson, Faulkner, Quiroga y a otros. Los sicarios es la historia de la muerte del joven Wade Atsheler, mano derecha del magnate de los ferrocarriles urbanos Eben Hale. Una alusin directa a cmo amasaron los poderosos, a travs de dicho medio, las primeras fortunas en EEUU que luego encarnaran en el ms criminal de los sistemas, el financiero: J. P. Morgan, John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, Philip Armour, Jay Gould y James Mellon. Cuenta Howard Zinn, en La otra historia de EEUU , que todos ellos fueron eximidos del servicio militar y que Mellon se haba librado de l durante la Guerra Civil pagando 300 dlares a un sustituto. El padre de Mellon le escribi a su hijo James: Un hombre puede ser un patriota sin arriesgar su propia vida o sin sacrificar su salud. Hay montones de vidas menos valiosas. (Zinn, Howard. Obra citada, Cap. 11, Los barones rebeldes y los ladrones ). Execrables palabras que en los cuentos de London ilustran todo lo contrario. Los sicarios da cuenta de la penosa situacin an vivos Eben Hale y Wade Atsheler, a travs de una larga carta de ste, nico heredero de los muchos millones de su patrn: la gran fortuna se le otorgaba sin condicin alguna. No obstante, las negras depresiones de Wade, su terso seo surcado de arrugas, sus cabellos negros plateados bajo el sol abrasador, todo pareca indicar un combate denodado al borde del abismo contra una molicie ignorada. Ni un ttulo de la sociedad ni un cntimo en efectivo fue legado a los parientes del fallecido pues una clusula estableca que eso quedaba a discrecin de Atsheler. El narrador recibe una larga epstola de ste, cuyos originales estn en manos de la polica. Wade le pide que haga pblica la serie de tragedias en las que sin culpa, se ha visto envuelto a fin de que sirva de aviso a la sociedad contra el peligro que amenaza su propia supervivencia. La primera carta, dirigida desde la sede de Los S. de M. le exige al seor Hale 20 millones de dlares en efectivo. En ella le explican que sus demandantes pertenecen al proletariado intelectual, que en la base del actual sistema social est el derecho a la propiedad, pero que, como esta descansa exclusivamente sobre la fuerza, se ven obligados a recordarle que los caballeros de William The Conqueror se repartieron Inglaterra por la fuerza de la espada; que esto es igualmente cierto respecto a las posesiones feudales; y que con la aparicin del vapor y de la Revolucin Industrial, que surgi con la mquina de hilar de R. Arkwright, en 1769, nacieron los capitalistas en el sentido moderno del trmino, para levantarse por sobre la antigua nobleza, dando as origen al Imperialismo: ya no es el msculo sino el cerebro el ganador en la lucha por la vida. Sin embargo, el statu quo de ayer como el de hoy est basado en la fuerza. Los seores feudales saquearon la tierra a punta de espada y de fuego; los empresarios modernos explotan al mundo con el dominio y la aplicacin de fuerzas econmicas universales, como lo deja claro London. Los ms aptos para sobrevivir son los que tienen el poder intelectual y comercial, ya no la fuerza muscular. Nosotros, los S. de M ., no nos resignamos a ser esclavos asalariados. Los grandes monopolios y carteles (de los cuales usted [Eben Hale] forma parte) nos impiden alcanzar el lugar que por nuestra inteligencia nos correspondera ocupar entre ustedes. Por qu? Porque carecemos de capital. Sobra decir que a ellos, los plebeyos, no los frena ningn estpido escrpulo tico o social. Y aqu la guerra sucia apenas comienza, la integridad de la sociedad est amenazada por un grupo de sicarios que, sin querer, dar origen, al terrorismo de Estado, con la alianza empresarios/autoridades/dirigencia estatal.

(7) https://www.youtube.com/watch?v=FD3V4eK-fj0

(8) https://www.youtube.com/watch?v=XkXise2bHE0

(9) https://www.youtube.com/watch?v=w8UGs0rdhq8

FICHA TCNICA: Ttulo original: Cabros de mierda. Alternativo: La Francesita. Guion/Dir.: Gonzalo Justiniano. Pas: Chile. Ao: 2017. Gnero: Drama/Historia. Formato: 35 mm; color; 124 min. Int.: Nathalia Aragonese (Gladys Gmez/La Francesita); Daniel Contesse (Samuel Thompson); Elas Collado (Vladi); Corina Posada; Luis Dub; Claudio Gonzlez. Fot.: Miguel Littn. Mon.: Gonzalo Justiniano. Ms.: Miguel miranda/Jos Miguel Tobar. Son.: Romina Nez. Arte: Carlos Garrido. Vestuario: Carolina Daz. Prod.: Jorge Infante Silva/Gonzalo Justiniano. Prod. General: Freddy Rammsy. Dist.: Sahara Films/Producciones S. A. (Casa productora). Estreno: 21/ago/2017.

https://vimeo.com/235464617?fbclid=IwAR1lHpGn4QjS8ydxJxNoroStOWdak7OU-baxKAfMAIcPXScKjzUUOpRy7FE

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazn de EE, desde 2012, y columnista, desde el 23/mar/2018. Corresponsal de revista Matrika, Costa Rica. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Coleccin 50 libros de Cuento Colombiano Contemporneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao Eds., 2017). Mencin de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al III Congreso Int. Literatura y Revolucin El estatuto (contra)colonial de la Humanidad (29-30/oct/2019). Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en Rebelin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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