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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2019

Ms all de la barricada

Antonia Garca Castro
Rebelin


Atendiendo las noticias que nos llegan desde Chile, a la Argentina, especialmente las que circulan de hermano a hermano, de amigo a amigo, se puede sostener que lo que est en juego es tambin eso: un tipo de relacin. La decisin de no delegar. De tomar cada cosa en mano. Entre ellas, la informacin. Cmo vamos a informarnos? Consultando a aquellos en los que tenemos confianza. Yo te pregunto a vos y vos me entregas a m tu visin. Porque tu visin importa. Y porque tu visin puede ser hemos tenido la prueba ms informada, ms lucida, que la de personas que se creen ms preparadas. Nada est en su sitio. Los que debieran saber, han demostrado su incompetencia. Los supuestos incompetentes han cambiado en pocos das las reglas del juego en Chile. Porque a ese juego, el juego diseado por los dueos del pas, no se quiere jugar ms. No va ms.

Como bien se ha dicho: no son treinta pesos, son treinta aos. Quizs haya que decir que son 47. Porque no se trata de un gobierno que ha revelado sus lmites ni de un gobernante. Por ms que ese gobernante sea, en su calidad de jefe de Estado, responsable de lo que acontece en el pas y deba responder por todos y cada uno de los ciudadanos faltantes, vctimas de la represin asestada en estos das. Se trata de una forma de gobernar que se fund en la expulsin de los sectores populares y en la confiscacin de la poltica en manos de unos cuantos. Unos cuantos que podan ser de derecha o de izquierda. Unos cuantos cuyas diferencias pasaron a ser irrelevantes desde el momento en que el hecho de participar se convirti en un fin en s mismo y que, aun animados de las mejores intenciones (cuando las hubo), no estaban en condiciones de revertir los acuerdos sobre los que se fund la sociedad chilena desde el 11 de septiembre de 1973 en adelante. Y no importa que los grandes pactos que nos aquejan sean posteriores y haya que ir a buscarlos a mediados de los aos 1980. El golpe de Estado de 1973 vuelve posible lo que sigue: es condicin. Sin golpe de Estado, sin terrorismo de Estado, sin los que faltan, sin la desestructuracin de las antiguas fuerzas polticas, sin el hundimiento de otras fuerzas polticas que no llegaron a desarrollarse, esos pactos no hubieran sido posibles. Tambin se hicieron con los ojos puestos en el pueblo chileno, en sus capacidades, en su coraje: pueblo que a inicios de los 80 sali a las calles y no las abandon hasta que polticos supuestamente responsables, competentes, tomaron a cargo los asuntos diciendo representar a Quines?

Qu es lo que est estallando en Chile? Quizs no solamente un tipo de sociedad donde, por cierto, no es que no se logr Sino que jams hubo gobierno desde 1973 en adelante que se propusiera asegurar las necesidades bsicas de sus mayoras. Al contrario, se prioriz abiertamente por la minora que constituyen los poderosos, poniendo todo un pas al servicio de sus necesidades. Eso es lo que estalla y es quizs tambin un modo de pensar y de hacer poltica que consiste en delegar. En confiar en que otros podrn hacerse cargo de nuestras aspiraciones. Una forma de democracia llamada representativa que no puede subsistir ah donde no existe la ms bsica cuota de confianza. En Chile, como en todas partes, la clase poltica ha hecho profesin de hablar en nombre de otros. Qu pasa cuando las personas se niegan a que hablen en su nombre? Se construye quizs otra relacin, otra forma de relacionarse, como escriba en estos das, una compaera desde Valparaso. Y tambin desde Valparaso era la voz que deca: recuerdas cuando nos decan que todo aquello no era posible? Result que s era posible. Vale decir que lo mejor, todo aquello que venimos anhelando, todo aquello que nos venimos entregando como legado de pobres, de generacin en generacin, tanto sueo de justicia, tanto sueo de hermandad, es todava posible en Chile.

Y si uno ha escuchado bien los mensajes enviados por familiares y amigos, cabe plantear que se est ante una oportunidad histrica. Para refundar relaciones. Para repensar roles. Para proponer nuevas formas de organizacin. Vale decir para interrogarse una vez ms sobre las condiciones de posibilidad de otra forma de hacer poltica. Con otros fines, valga la redundancia, otros valores, otros actores, otras estructuras, otras formas de asociacin.

Hace ya muchos aos, un personaje de novela supo decir en medio de una barricada: el siglo XIX es grande, pero el siglo XX ser feliz. No fue as. A lo mejor, desde Chile, est cobrando forma otro tipo de anhelo: un siglo nuevo que, por fin, pueda ser justo.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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