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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2019

Rebeliones populares. Y despus?

Marcelo Colussi
Alainet


Pletrico, nos dice Cristbal Len Campos que La rebelda que recorre Nuestra Amrica dignifica el sentido pleno del sueo unitario e integrador de los prceres fundadores de las naciones hoy en disputa, los tiempos esperanzadores vuelven con la brisa enfurecida que derriba la injuria pedante del opresor, las cordilleras ven pasar a sus pueblos enardecidos de orgullo y valenta dirigindose a los centros del desprecio para tender la mano incluso a quienes por siglos los ignoraron, pueblos originarios, mestizos, campesinos, obreros, mujeres y hombres, proletarios todos en el sentido emancipador, Nuestra Amrica despierta y entre piedras y palos clama por su liberacin. Tiemblan los poderes sostenidos por las capillas y capellanes de la explotacin, caen las rejas, muros y ballestas, en su lugar nacern las flores primaverales que tanto cantara Pablo Neruda, pues nos han robado todo menos la dignidad.

Qu lindo si fuera cierto todo esto! Realmente est despertando la poblacin latinoamericana? Efectivamente tiemblan los poderes? Sin el ms mnimo nimo de ser agorero o aguafiestas, y justamente porque seguimos teniendo inquebrantables esperanzas, es que debemos analizar muy en detalle, con actitud crtica, lo que est pasando alrededor del mundo en este momento.

Pareciera que arde el planeta. Por distintos puntos se suceden protestas populares espontneas muy masivas que constituyen una verdadera afrenta a los poderes constituidos.

En Lbano, el aumento en las tarifas de las redes sociales deton masivas protestas que hicieron tambalear al gobierno del Primer Ministro Saad Hariri, quien tuvo que retractarse de la medida. En Egipto, miles y miles de manifestantes autoconvocados a travs de redes sociales salieron a protestar en varias ciudades (El Cairo, Suez, Alejandra, Daimeta) contra el presidente Abdelfat al Sisi, acusado de severos actos de corrupcin. Pese a que las protestas estn oficialmente prohibidas desde 2013, la poblacin sali en forma masiva a las calles, desafiando la represin policial. La respuesta del gobierno fue la represin.

En Ecuador masivas concentraciones de los pueblos originarios pusieron en jaque al gobierno del neoliberal y traidor Lenn Moreno quien, luego de una furiosa represin, tuvo que dar marcha atrs en medidas de ajuste fiscal impuestas por el Fondo Monetario Internacional. En Chile, el aumento del boleto del metro desat enormes protestas, iniciadas por el movimiento estudiantil en principio, al que se le sum luego masivamente la poblacin, las cuales hicieron retroceder al presidente Sebastin Piera, quien luego de reprimir salvajemente pidi perdn, comprometindose a implementar medidas de proteccin social, reconociendo la precariedad de muy buena parte de la poblacin chilena, ms all del preconizado milagro econmico del pas que fuera primer laboratorio de ensayo de los planes neoliberales.

En Catalua, Espaa, el juicio condenatorio llevado adelante por Madrid a los lderes independentistas catalanes que propiciaron el referndum separatista de 2017, produjo masivas concentraciones que confluyeron en Barcelona, exigiendo la libertad de los procesados y, una vez ms, la proclamacin de la Repblica Catalana, independizndose del catlico reino borbnico espaol.

En Honduras, uno de los pases ms pobres y corruptos del continente americano, la poblacin sigue protestando masivamente por el ilegal gobierno de Juan Orlando Hernndez, neoliberal y represor, llegado a la presidencia por medio de un escandaloso fraude electoral. En las ltimas semanas, en consonancia con estas protestas que estn dando vueltas por todo el mundo, las manifestaciones populares arreciaron, as como la represin gubernamental. En Hait, pas igualmente empobrecido y olvidado, gigantescas manifestaciones exigen la renuncia del presidente Jovenel Mose, acusado de corrupcin, y quien mantiene firmemente medidas de ajuste neoliberal que empobrecen an ms a una poblacin histricamente diezmada. La represin policial es la nica respuesta por parte del Estado.

En Francia, algunos meses atrs, una poblacin empobrecida por medidas neoliberales que recortaron drsticamente beneficios sociales, sali a las calles propiciando una poderosa ola de protestas espontneas. Como chalecos amarillos se les conoci. Aqu, como en cualquier pas mal llamado perifrico, del Sur del mundo, la polica reprimi sin miramientos. El presidente Emmanuel Macron, empujado por esa ola de protestas, debi cancelar entonces los anunciados aumentos a los combustibles.

Las poblaciones, diezmadas hasta la mdula por los planes neoliberales vigentes (capitalismo rapaz sin anestesia, que recorta cuanto colchn de amortiguacin pueda haber existido), sale a manifestar en una mezcla de protesta ante el empobrecimiento creciente que traen esas polticas y la corrupcin rampante de la casta poltica, que se da por igual en todas partes del globo, siempre de espaldas a los pueblos, trabajando para los grandes capitales.

En Argentina, que aos atrs tambin vivi estas masivas respuestas espontneas cuando en diciembre de 2001 en dos semanas expuls a cinco presidentes, volvi a protestar, ahora desde las urnas. Con un masivo no evidenci su repudio en las recientes elecciones a las medidas de ajuste estructural impuestas por el presidente Mauricio Macri, siguiendo las recetas marcadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Se podra decir que tambin en Guatemala, en el ao 2015, ms all de manipulaciones que pueda haber habido por parte de la injerencia estadounidense, la poblacin, hastiada de la corrupcin gubernamental, manifest masivamente, sirviendo esas protestas para expulsar del gobierno al binomio Otto Prez Molina-Roxana Baldetti, acusados de groseros delitos en el ejercicio del poder.

No hay dudas que existen climas masivos contagiosos. No confundir eso con modas. Pero llmense como sea, es evidente que se dan tendencias que arrastran, que son imitadas, que son seguidas por las grandes mayoras. He ah principios de la Psicologa de las masas, que actan ms all de voluntades individuales (por eso son masas, justamente). Esos climas crean atmsferas sociales, culturales, polticas. En las dcadas de los 60 y 70 del siglo pasado, por ejemplo, el mundo viva una cierta euforia de cambio, actitudes contestatarias, una rebelda generalizada (movimiento hippie llamando al no consumo, movimientos pacifistas intentando desarticular la Guerra de Vietnam, guerrillas de orientacin marxista, liberacin femenina, Mayo Francs de 1968 como cono del cambio, mstica guevarista, grandes movimientos de liberacin nacional en frica y Asia, Teologa de la Liberacin con su opcin preferencial por los pobres). Hoy, ese clima se ha tornado (o lo han tornado los poderes dominantes) mucho ms conservador, de derecha, reaccionario. Lacras como el racismo y la segregacin tnica vuelven a tomar impulso extendidamente. Por qu, si no, la gente votara por candidatos neofascistas como Bolsonaro, Macri, Trump, Piera, los neonazis en Europa y toda una plyade de hiper conservadores?

Efectivamente, las masas comportan una psicologa colectiva muy particular: se contagian las tendencias. En esa lgica, en esa perspectiva podra decirse que estos ltimos meses marcan un movimiento reactivo anti-sistmico sin parangn. O, en sentido estricto, ms que anti-sistmico, anti-consecuencias espantosas de ese sistema llevado al lmite por las polticas fondomonetaristas. Por los cuatro puntos cardinales del globo explotan protestas masivas. Todas tienen algo en comn: es la reaccin visceral de la gente ante situaciones agobiantes en trminos socio-econmicos. Hay algo en las distintas poblaciones del mundo (en Medio Oriente, en Europa, en Latinoamrica) que las une: sentirse indignadas, sentirse burladas y expoliadas. Y en todos lados, tambin, la respuesta gubernamental es la misma: represin brutal.

En ese contexto deben diferenciarse y no confundirse otros movimientos, como las actuales protestas en Bolivia, o en Hong Kong. Estas dos recuerdan, en todo caso, lo que se llamaron algunos aos atrs revoluciones de colores: movimientos supuestamente espontneos, manipulados en realidad por la agenda hegemnica de Washington para quitar de en medio gobiernos que no son de su conveniencia: revolucin de las rosas en Georgia, revolucin naranja en Ucrania, revolucin de los tulipanes en Kirguistn, revolucin blanca en Bielorrusia, revolucin verde en Irn, revolucin azafrn en Birmania, revolucin de los jazmines en Tnez, as como los movimientos de estudiantes democrticos antichavistas en la Repblica Bolivariana de Venezuela, o las Damas de blanco en Cuba. Esas no son reacciones populares viscerales: son afinados mecanismos de ingeniera social, con agendas claramente estipuladas.

La ola de reacciones que se est dando en estos momentos, en realidad no tiene agenda previa. Es, en el ms cabal sentido de la palabra, una expresin espontnea de la furia popular. Empobrecidas como estn, engaadas, manipuladas, las poblaciones reaccionan visceralmente. No es cierto, en absoluto, que tras las protestas en Latinoamrica haya una conspiracin castro-comunista bolivariana, como un trasnochado discurso de derecha (rmora de la Guerra Fra?) pretende enviar. Hay hambre, bronca, frustracin, profundo malestar; hay desencanto y desilusin. Es por eso que la gente, enardecida, manifiesta, an a riesgo de su vida. Quiz sin ideologa poltica clara (los chalecos amarillos de Francia se autonombraban apolticos), pero como expresin veraz de un estado de desesperacin real.

A partir de estas rebeliones, estas espontneas insurrecciones, muchos ven un perodo revolucionario que se abre. Las transformaciones, de esa cuenta, estaran esperando a la vuelta de la esquina. Pero, como se dijo al principio del texto luego de la esperanzadora, y quiz bastante romntica, cita con que abrimos, ser cierto que los poderes tiemblan y estamos ante del despertar revolucionario de los pueblos?

Ms all de las esperanzas (que nunca hay que perder!), el anlisis de la situacin debe ser crtico, realista, utilizando instrumentos pertinentes y no solo la pasin (Actuar con el pesimismo de la razn y con el optimismo del corazn, peda Antonio Gramsci). No cabe dudas que las poblaciones, en todas partes, han sido severamente daadas con las polticas neoliberales. En realidad, ese es el plan trazado por los grandes poderes globales: no solo volver ms ricos a los ya ricos sino, quiz bsicamente, desarticular la protesta social. Para eso se perge lo que ahora llamamos neoliberalismo.

Qu sigue despus de estas protestas? Lamentablemente, estos aos de hiper derechizacin que vivimos, con ajustes estructurales que diezmaron los Estados nacionales y con un tremendo estancamiento en la organizacin popular, marcan una falta de proyecto poltico en las izquierdas que se evidencia justo ahora. No se puede decir que los pueblos son conservadores, aunque hayan elegido con voto popular a los gobiernos contra los que ahora se enfrentan e intentan defenestrar. Los pueblos, como siempre, son manipulados y engaados (por qu, si no, votaran por sus propios verdugos?). Ello muestra que esta democracia formal en absoluto confiere poder real a la gente que emite un sufragio; eso es una vil mentira, muy bien montada.

Estas explosiones populares no parecieran desembocar en cambios reales, en transformaciones profundas en la sociedad. En Ecuador, aos atrs los movimientos indgenas y populares, a travs de masivas protestas, quitaron del poder a tres presidentes (Bucaram, Gutirrez y Mahuad), as como la Primavera rabe abri una enorme esperanza. Pero ah quedaron. Los planes neoliberales, contrario a lo que cierto exitismo proclama, no estn muertos. Lamentablemente: no estn muertos! Ante la protesta se saben readecuar, quiz con incumplibles promesas de politiquero, pero no perdamos de vista en el anlisis que ningn presidente (Piera en Chile, Moreno en Ecuador, Hernndez en Honduras, Hariri en Lbano, al Sisi en Egipto, Macron en Francia) ha renunciado luego de estas puebladas. Y las condiciones de vida no se modificaron en lo sustancial, ms all de esas promesas circunstanciales. Se lograron cosas importantes, por supuesto: los correspondientes paquetazos o aumentos programados se debieron suspender. Pero las deudas externas no se condonaron, las condiciones laborales de super explotacin no cambiaron, y la represin -como se acaba de ver- sigui lista para operar con brutalidad cuando es necesario.

Todo ello permite sacar al menos dos conclusiones: 1) sin la fuerza volcnica de la poblacin en la calle no puede haber ningn cambio real en las dinmicas socio-polticas. Y 2) es imprescindible contar con una direccin para la lucha, llmese partido, vanguardia, organizacin o como sea. Eso no constituye, como algunos malintencionadamente opinan, un grupo de iluminados. Son, simplemente, una gua para la accin. Pero, qu es en definitiva sino eso un partido revolucionario? Sucede que hoy, luego de los terribles golpes que la derecha infringi al campo popular en estas ltimas dcadas, no hay partidos de izquierda slidamente constituidos que estn a la altura de estas puebladas. Lo que sigui a todas estas rebeliones espontneas lo deja ver. Habr que constituirlos entonces?

Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/203109


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