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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2019

Neomachismo & Cambio Social
Cambiar todo para que nada cambie: mujer fatigada y hombre camalen

Lionel S. Delgado
www.elsaltodiario.com/

Si la sociedad no cambia, que cambie la mujer en solitario es problemtico. Ya deberamos estar inmunizados contra esa filosofa barata que te invita a emprender la aventura del hroe que se hace a s mismo. Sin entornos propicios, el camino personal est condenado. Hoy hablamos, a cargo de dos voces, Anala Iglesias y Lionel S. Delgado, de la importancia del feminismo para cambiar estructuras y no dejar todo el peso del progreso en las individualidades. Hablamos de la negociacin patriarcal, la fatiga de gnero y las masculinidades hbridas.


Anala lo explica muy bien en su ltimo artculo: la invitacin a la liberacin de la mujer, cuando no vino acompaada de los cambios sociales correspondientes, supuso en muchos casos la prdida de la adaptacin que la mujer haba logrado a lo largo del tiempo en entornos patriarcales.

Des-adaptacin femenina

En la sociologa europea de gnero, al analizar el paso de sociedades preindustriales a las sociedades industriales se ve cmo la unidad econmica pasa de la casa a la fbrica y cmo esto tuvo, efectivamente, impacto en la vida de las mujeres. Estas sociedades, aunque fuesen patriarcales, eran ginocntricas; a saber, tenan a las mujeres como centro econmico de gestin y administracin de lo domstico.

Con el desarrollo industrial, la casa pierde su importancia econmica y la mujer queda relegada a las labores de cuidado, sin disponer del poder social que la jefatura de lo domstico le daba previamente. Los cambios sociales son reajustes de contextos, cambios en las reglas del juego que pueden afectar positiva o negativamente a los actores.

Por ejemplo, centrndonos en el mbito laboral, que la mujer encuentre menos obstculos formales para tener una vida laboral puede suponer un logro histrico, pero tambin puede tener un lado perverso: al no existir ya mecanismos visibles de discriminacin, el peso del fracaso o la incapacidad de prosperar se individualizan y caen en forma de losa de culpa sobre la mujer.

Si el contexto ya no es el problema supuestamente porque la mujer ya puede trabajar y an as no lo consigue, es su culpa. Sin embargo, la realidad es que los obstculos siguen ah: la carga de cuidados somete a la mujer a la doble jornada (en la oficina y en casa), la ausencia del hombre de las tareas de cuidados hace que sean las mujeres las que tienen ms complicada su trayectoria laboral despus del parto. Y aunque consigan acceder a esta vida laboral, en el contexto de oficina hay ms obstculos.

Por ejemplo, es de sobra conocido en Sociologa de las Organizaciones cmo algunos entornos laborales masculinizados ponen fuertes barreras para el trabajo femenino: la cultura masculina de una oficina puede hacer que los hombres se renan y apoyen entre ellos, tomen decisiones importantes en espacios privados (comidas, bares, reuniones de grupo) que son espacios vedados para las mujeres.

Gnero y negociacin

La voluntad por s sola es insuficiente para el cambio, sobre todo cuando hablamos de gnero. El gnero, como construccin material y simblica, es algo que se aprehende e incorpora individualmente, pero tambin tiene una dimensin social/grupal (son las sociedades las que imponen determinadas construcciones del gnero) y estructural (las estructuras sociales, como el trabajo, la poltica, etctera, reparten posiciones segn el gnero).

Cada persona se encuentra en un tablero ms o menos definido, con unas reglas ms o menos claras y con la posibilidad de hacer algunos movimientos y otros, no. De eso va el gnero: de personas posicionadas en un tablero social segn unos rasgos corporales (determinadas rganos sexuales, determinados cromosomas y determinadas hormonas) que le delimitan sus posibilidades sociales.

A partir de ah, en ese tablero, la persona negociar con el contexto para intentar moverse como quiera, siempre dentro el marco de lo que puede hacer. La investigadora turca Deniz Kandiyoti, utiliz el concepto de negociacin patriarcal para referirse a ese dilogo que establece la mujer en contextos sistmicos de desigualdad de gnero con el fin de poder conseguir sus objetivos (trabajo, libertad, tranquilidad). Sin embargo, una negociacin siempre busca el beneficio de las partes y, en el caso de la mujer, a veces los contextos no le dejan mucha libertad de negociacin.

Y, como explica Elisabeth Kelan, cuando lo deseable choca constantemente con una realidad desilusionante, puede darse lo que llama la fatiga de gnero: una frustracin creciente debida a la disonancia entre lo que se espera conseguir en la negociacin y lo que realmente se consigue. Las consecuencias de esa fatiga: naturalizar la desigualdad, renunciar a situaciones de igualdad y sufrir por esto mucho estrs; y este cansancio lleva a dejar de confrontar. De ah la importancia del feminismo ya que, si los cambios individuales suponen desventajas adaptativas, la organizacin colectiva de esos cambios pueden dar lugar a renovaciones culturales y generacin de entornos ms inclusivos.

El hombre tambin cambia

En el hombre todo esto es distinto. Ya solo por la posicin que ocupa, su negociacin con el entorno suele ser beneficiosa. Pero cuidado. Cuando analizamos las masculinidades, no siempre tenemos la sensibilidad que tenemos con las mujeres y corremos el riesgo de simplificar la realidad del hombre: el gnero es una de las reglas del juego, pero existen otras.

Clase social, color de piel, idioma, religin, sexualidad, todo esto tambin reparte posiciones y limita movimientos. Analizar la complejidad de ese tablero es lo que hace el enfoque de la interseccionalidad. Pero no nos podemos parar a analizar todos esos ejes aqu hoy, as que profundicemos solo en el de gnero. Como en el caso de las mujeres, los hombres tambin viven un cambio social importante: la crisis de la masculinidad hegemnica hizo que ya perdiesen inters relatos de cmo ser hombre del tipo Rambo, James Bond o El Fari. Esos modelos ya nos causan ms risa que otra cosa.

La norma ya no est ah. Ahora el asunto es ms complicado, porque comienzan a aceptarse cuotas de cuidado, de autocuidado y de emocionalidad en el hombre. El hombre ahora intenta ser un padre presente, intenta cuidar su imagen y ya no tiene tanto miedo a mostrar emociones.

Pero eso no genera igualdad per s. Decamos que el cambio individual no es suficiente sin cambios culturales. Y en este caso, la difusin de modelos individuales de hombres ms comunicativos, ms emocionales y que cocinan pizza los sbados por la noche no se traduce necesariamente en sociedades ms justas.

La sociloga Cheri J. Pascoe denomina a estos nuevos discursos sobre ser hombre las masculinidades hbridas. Se trata de cambios en los relatos sobre cmo son los hombres integrando nuevos elementos de sensibilidad, esttica y cuidados sin que cambien necesariamente las desigualdades estructurales que reparten posiciones en el tablero.

Desigualdades camalenicas

Si cambian los hombres individualmente pero no cambian las reglas del juego, lo que podra estar pasando es que las desigualdades se camuflen. Ahora los hombres son ms sensibles y ms colaborativos, y las mujeres tienen ms acceso al trabajo y tienen a sus maridos haciendo pizza los sbados por la noche.

En principio, ese cambio anuncia alegra e igualdad. Pero resulta que las reglas de gnero no cambian: el hombre sigue sin limpiar el bao (seguro que hay algn lector indignado diciendo yo limpio el bao; le felicito, pero tambin le invito a ver estadsticas para saber cuntos hay como usted) y sigue sin cogerse el mximo posible de permiso de paternidad.

La mujer sigue teniendo una carga doble de cuidados o sigue teniendo que renunciar a trayectorias laborales por la familia, por nombrar solamente algunas desigualdades que persisten en el mbito laboral. En resumidas cuentas, aunque haya habido avances de gnero en la dimensin individual de representacin esttica del cuerpo, siguen existiendo estructuras de desigualdad que hacen que esos cambios, individuales, muchas veces supongan meramente desadaptacin.

Que cambie lo individual sin que lo acompae lo estructural desacompasa. El gnero no va de individuos, va de sistemas: sistemas de repartos de poder, de opciones y de posiciones en un tablero que siempre es social.

Plantear la igualdad de gnero como una lucha para que los individuos consigan libertades individualmente es una trampa que minimiza la importancia de los cambios culturales, econmicos, polticos y sociales. Ya basta de individualizar el trabajo y de depositar en la persona la carga del cambio.

Necesitamos ambientes que nos acompaen, porque solos y solas no siempre podemos.


Foto de Irene Daz

Fuente: https://elasombrario.com/mujer-fatigada-y-hombre-camaleon/


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