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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2019

Estado de Florida no da tregua a los inmigrantes

lvaro Guzmn Bastida
Ctxt

Una nueva ley convierte a las autoridades locales en una extensin de facto de la polica migratoria


Dentro de su Hyundai, Melvin espera inquieto la llegada de su amigo mecnico. Ha amainado la lluvia, y empiezan a volverse a ver coches circulando por la carretera. Debe estar de camino, susurra, ajustando el cargador de su telfono en el enchufe sobre del mechero. Vuelve a consultar la hora y niega con la cabeza. No va a llegar a la reunin del incipiente sindicato.

Ahora tenemos un nuevo tipo de trabajador, arenga a los asistentes el cabecilla sindical Saket Soni. El menudo indio hace una pausa efectista e interpela a su audiencia con la mirada. En la trastienda del caf reina la curiosidad, que se abre paso entre los bostezos de un colectivo agotado tras otro da en el tajo. El trabajador que reconstruye ciudades despus de los desastres naturales. Esa nueva fuerza de trabajo necesita una voz. Y estamos aqu para ayudarles a encontrar esa voz, para que se haga or alta y clara.

El lder sindical cede la palabra a sus lugartenientes Cynthia Hernndez y Daniel Castellanos. Este, siempre fulgurante, abunda en el alegato de su jefe antes de abordar el asunto que le tocaba, la logstica de la entrega de las credenciales con los que la organizacin pretende proteger a sus miembros de las andanadas policiales. Estamos aqu precisamente para informarles de que s tienen derechos, tengan o no documentos tienen derechos ac. Que sepan que al final de la reunin vamos a repartir los carnets. A los que ya les tomamos fotos los tendrn hoy. El resto, qudense para que se las saquemos y podamos entregrselos pronto.

Para qu nos van a servir esos carnets si nosotros somos ilegales?, interrumpe un joven salvadoreo impaciente, entre los gestos de aprobacin del resto de asistentes. Eso les vamos a explicar, tercia Cynthia Hernndez, que haba tomado el micrfono de su compaero. Hernndez, que apenas supera el metro sesenta de altura, tiene una mirada difana y penetrante y se comporta con una seguridad que le ha hecho ganarse el respeto del hipermasculinizado colectivo de trabajadores migrantes. Antes de apearse, presenta a Omn Matutes, el chopo hondureo que cay en una trampa policial hace medio ao, y que ahora, libre pero herido en el alma, con una espada de Damocles colgada en forma orden de deportacin, exorciza sus demonios repitiendo una y otra vez el relato de lo que le pas ante decenas de camaradas en potencia. Su historia les va ayudar a entender por qu es bueno que tengan los carnets.

No hice dao a nadie. Nadie Osmn cuenta cmo, en el otoo de 2018, recin llegado a Panam City en busca de trabajo en la reconstruccin posterior al huracn, recibi una llamada que le cambiara la vida. No s quin les dio mi telfono. Pero yo atend y me dijeron que buscaban alguien para hacer roofing. Yo le dije que s s de roofing y acced a ir al lugar. Osmn anot la direccin y se puso en camino hacia una casa a escasos veinte minutos del aparcamiento de encuentro de los temporeros. Claro que saba reponer tejados. Para eso haba viajado a Florida desde Nueva Orleans. Cuando yo llegu se pararon unos hombres ah detrs y me dijeron: Tienes licencia? Pero, de qu estn hablando? Yo no tengo licencia. Soy un trabajador. Y entonces me dijeron: Quedas arrestado. Yo les dije: Bueno, si ustedes piensan que estn haciendo lo correcto. Ya de ah llamaron a la migra.

En Panam City la polica le hace el trabajo sucio a las autoridades migratorias. Para que una agencia que, como Immigration and Customs Enforcement (ICE en sus siglas en ingls), cuenta con apenas veinte mil empleados pueda acercarse remotamente a su mandato de deportar a once millones de personas, necesita colaborar con otras fuerzas armadas. En Estados Unidos, con excepciones contadas como el FBI y la CIA, no hay cuerpos de seguridad federales. De modo que el eslabn que une a las policas local y los estados federados con las autoridades que se deben a Washington resulta fundamental. Para deportar a un indocumentado es preciso arrestarlo primero. ICE no cuenta con los recursos suficientes para determinar dnde vive todos y cada uno de los indocumentados. Es ah donde entra en juego la polica: si cada da, en cada uno de los cincuenta y un estados de la unin, cada vez que se detiene a alguien con la piel oscura por girar con su coche sin usar el intermitente o por beber en la calle se le piden los papeles y se alerta a ICE en caso de que no los tenga, de pronto 20.000 contra once millones no parece una quimera.

Pero ese engarce no resulta fcil. Dentro de la tradicin estadounidense, la descentralizacin (para bien y para mal) del poder tiende a redundar en la reticencia de los cuerpos policiales regionales o municipales a colaborar con sus homlogos federales. Y en un clima de resistencia civil masiva a la accin de ICE, los cuerpos de polica de todo el pas han ido deshaciendo sus lazos con la migra, que el gobierno de Obama haba fortalecido mediante un sinfn de programas de colaboracin. (Las grandes empresas tecnolgicas, como Dell, Microsoft, HP, Thompson Reuters, Amazon o Motorola cubren de una manera cada ms sustantiva ese hueco al nutrir a ICE de datos obtenidos mediante la vigilancia de sus usuarios, y venderle software para que localice a sus objetivos. No en vano las campaas de presin desde afuera y la organizacin sindical desde adentro para frenar dichas colaboracioneshan cobrado fuerza en los ltimos meses como punta de lanza de la defensa de los derechos de los inmigrantes).

No as en Panam City, donde el sheriff Tommy Ford, quiz para abundar en la larga historia de homlogos suyos que, desde los tiempos del apogeo del Ku Klux Klan se empea en demostrar que tienen la bandera supremacista ms blanca y ms gorda, se apresur en alistarse, en enero de 2018, en un programa piloto que fortaleca an ms el nexo entre ICE y la polica de su condado. Desde entonces, ICE toma custodia de cualquier detenido del que se sospeche sin necesidad de pruebas que no tiene papeles durante hasta cuarenta y ocho horas, para facilitar as su detencin y ulterior deportacin.

La veda se abri pues en enero, pero la temporada de caza despeg, cmo si no, con el Huracn Michael. Muy lejos de estar solo, Osmn fue uno de los cientos de trabajadores inmigrantes que cayeron en las sucesivas trampas que les tenda la polica para servrselos en bandeja a las autoridades migratorias. El mismo da que Osmn, respondiendo al mismo seuelo policial, acudieron a la misma casa dispuestos a trabajar una veintena de trabajadores. Todos fueron arrestados. Todos puestos a disposicin de las autoridades migratorias, para regocijos de policas y agentes de ICE, que celebraban el trasvase en emails cruzados. Desde que el huracn azot la ciudad, el nmero de inmigrantes detenidos y automticamente entregados a ICE se ha disparado en Panama City un 700%. Son datos emails incriminatorios incluidos que han llegado al sindicato en ciernes Resilience Force mediante el concienzudo uso de las leyes de transparencia del Estado de Florida. Un rato antes de la reunin, Saket Soni y sus compaeros mostraban a Osmn la montaa de papeles que haban sonsacado a la polica del condado. Esto sucede en un momento en el que el condado y esta parte del pas necesita a los inmigrantes ms que nunca, le explicaba Soni a l y a media docena de trabajadores atnitos. Meticulosamente, repasaban junto a l las estadsticas de detenciones, los emails que celebraban su captura y la de cientos de trabajadores. Emerga pues un patrn. As que no fui yo slo, mascullaba Osmn.

En esos documentos se va a basar la defensa legal que Resilience Force prepara para Osmn. El joven hondureo se enfrenta a una orden de deportacin inminente despus de que, para poder salir del centro de detencin en el que pas cuatro meses tras estar en la crcel otros dos, firmara una declaracin de no impugnacin a los cargos de operar sin licencia. (Osmn y el sindicato disputan dicho cargo, que da por hecho que el trabajador se haca pasar por un contratista o pequeo empresario, en cuyo caso s hubiera requerido licencia para trabajar. Osmn es un obrero raso). La defensa alegar, pues, discriminacin racial e induccin dolosa por parte de la polica y de coaccin por parte de los agentes migratorios que le hicieron firmar la declaracin en la que se declaraba culpable e, implcitamente, deportable. Por mucho que les asista la razn moral, y salvo milagro judicial, las horas de Osmn en el pas en el que ha pasado toda su vida adulta estn contadas.

De las asambleas de la Fuerza Resiliente surge algo ms que soluciones audaces a problemas concretos: la puesta en comn de las experiencias de trabajo y explotacin tiene un efecto de catarsis en los asistentes, que se sienten valorados por primera vez en su trabajo. Sus vivencias, su orgullo y problemas se colectivizan y, por tanto, se politizan: haberse lesionado al caer de un andamio deja de ser motivo de vergenza al conocer que hay un problema extendido de inseguridad laboral. Uno deja de verse como un apestado por dormir en su coche cuando comprende que se puede interpelar al ayuntamiento para que ataje el problema de la falta de vivienda de los trabajadores de la reconstruccin. No haber cobrado por el trabajo hecho pasa de ser una fuente de frustracin por haber pecado de pardillo o, como mucho, una cuita del David proletario contra el Goliat patrn para convertirse en un asunto de enjundia poltica.

Esos tres la falta de vivienda, la ausencia de condiciones mnimas de seguridad en la obra y el robo de salarios son junto con la presin policial y las deportaciones los problemas endmicos que devastan a los trabajadores migrantes de Panama City. Estremece lo extendida que es la prctica del robo de salarios, un problema tan ubicuo como difcil de medir, y sin duda acuciado por la desproteccin legal y el creciente miedo a denunciar de los trabajadores migrantes. En 2017, un estudio del Economic Policy Insititue cifraba el volumen de salarios no pagados en Estados Unidos en quince mil millones de dlares anuales. En Panama City es difcil encontrar un solo trabajador que no haya sufrido este abuso varias veces. Muchos muestran mensajes de texto con chantajes de los contratistas, que les amenazan con acudir a la polica migratoria a delatarles si se les ocurre abrir la boca.

Terminado el relato de Osmn, un silencio pesado y sombro se ha apoderado de la trastienda del caf. Qu podra haber ayudado a Osmn en una situacin as?, tercia el delegado sindical Daniel Castellanos. Ante la falta de respuestas, prosigue: Le perjudic mucho no haber llevado encima ningn documento. Como saben, en Estados Unidos no hay un documento nacional, o DNI, como en muchos de sus pases. En los carnets que les vamos a entregar aparecer su foto, un sello distintivo de nuestra organizacin y el telfono de nuestros abogados.

Antes de que terminar su intervencin, Castellanos observa contrariado cmo arrecian los murmullos en la sala. Alza la voz para abrirse paso entre ellos. Proliferan los gestos de desaprobacin. Adems, contina, en la parte de atrs, tendrn una breve declaracin explicndole al guardia que no tienen nada que decir y relatando sus derechos.

Qu derechos ni qu derechos, espeta un mulato fornido. Aqu lo que pasa es que son unos racistas y vienen a por nosotros.

Calla! Que esta gente nos quiere ayudar, reclama otro trabajador.

As que, si les paran, termina apresurado Castellanos, entrguenles eso. Puede que an as les detengan, pero tienen la obligacin de llamar al nmero de nuestros abogados.

En la orilla de un aparcamiento a escasos seis kilmetros de distancia, Melvin se llena la boca de oxgeno, lmpido tras la tormenta. De reojo, observa cmo su compatriota se pelea con la buja de su desvencijado Hyundai. De pronto, el mecnico se yergue y niega con la cabeza. Esto no da ms, Melvin. Te voy a tener que cambiar la biela.

Pero, dnde la tienes?, pregunta inquieto Melvin. Si t aqu no tienes un taller como en Honduras.

Voy a ver si encuentro algo al Home Depot, responde el mecnico. Pero tienes que cambiar de carro. Este trasto te va a dejar tirado cualquier da de estos.

Melvin asiente, con su media sonrisa enigmtica de sufridor empedernido.

En el caf, Osmn y Mario, el obrero mexicano con la pierna rota, lideran la siguiente seccin de la reunin fundacional del sindicato. En ella, simulan una conversacin entre un polica y un trabajador inmigrante, convenientemente provisto del carnet del sindicato. Qu hace usted aqu?, prorrumpe . Nada. Yo no tengo nada que decirle, agente. Aqu tiene mi documentacin. Los lderes del sindicato corrigen los tics de la interaccin. No te tienes que adelantar y ofrecerle el documento, indica uno de ellos. Dselo slo si te lo pide. El juego de roles se sucede, invitndose a participar a todos los asistentes.

Esto no es as, se le oye terciar a uno. A nosotros nos discriminan. No podemos andar dndole un papelito a la polica. Si nos paran, ya nos van a llevar presos.

Lo importante es que entiendan de qu trata esta nueva ley, interrumpe la cabecilla Cynthia Hernndez. Ahora que la aprobaron, todo se va a poner an ms feo.

El Estado de Florida no da tregua a los inmigrantes. Por si tener un sheriff ms papista que el Pap Trump fuera poco, los legisladores estatales han dado en los ltimos meses otra vuelta de tuerca a su codificacin legal de la guerra contra el migrante. Bien pudiera ser la definitiva. Al fin y al cabo, programas como el que engrasan la colaboracin entre la polica de Panama City y ICE funcionan por invitacin. No dejan de estar sujetos a la connivencia de las autoridades locales y, en ltimo trmino, a la voluntad popular. Basta con elegir a un sheriff que no est por la labor de servir en bandeja deportaciones masivas, como viene ocurriendo por todo el pas, y se acab el problema.

Quiz por eso en Tallahassee, la capital de Florida, quieren curarse en salud, dejarlo todo atado y bien atado, a prueba de bombas democrticas. La nueva ley, de inocuo nombre SB 168, obliga a todos los municipios y condados a colaborar con ICE. Pero no se detiene ah. La norma convierte a las autoridades locales en una extensin de facto de la polica migratoria. La ley, el sueo hmedo de los nativistas ms rbidos, destila los postulados que teoriz en los aos noventa Kris Kobach, figura pretrumpiana donde las haya. Kobach es un fascista con mansin y corbata. Educado en Harvard y Yale, navega en poltica a trompicones, de fracaso electoral a nombramiento a dedo y tiro porque me toca. Cuando todava poda engaar a alguien con credenciales de lite acadmica, puso negro sobre blanco una teora legal segn la cual los gobiernos locales y regionales podan ser mucho ms efectivos a la hora de reducir la inmigracin de manera duradera que la Administracin Central. La frmula? Apretarles las clavijas a los inmigrantes en todas las esferas de la vida, desde las ms mundanas a las ms esenciales. Los inmigrantes, teoriz Kobach, terminaran autodeportndose ante el clima de hostilidad para su existencia.

La SB 168 obliga a cualquier funcionario que se encuentre en el desempeo de sus funciones pblicas a delatar a las autoridades a los inmigrantes simpapeles. No se trata ya de la polica, que tendr que ocuparse de detener a trabajadoras del hogar mexicanas o cocineros somales en lugar (no hay tiempo ni recursos para todo) de hacer frente a asesinos o violadores. La norma obliga tambin a los servicios de emergencia, los profesores de los colegios, los trabajadores sociales, el personal de los hospitales o los psiclogos de las universidades a entregar a ICE a cualquier inmigrante del que sospechen que no tiene papeles. Si la maestra de una escuela tiene indicios de que los padres de uno de sus alumnos no tienen papeles, cometer un delito si no llama a la migra. Cuando una funcionaria se entreviste con una mujer maltratada y esta le cuente que no denuncia a su marido por miedo a que la deporten, estar obligada a ser ella quien la delate a ICE. Si el conductor de una ambulancia sospecha del estado irregular de la vctima de un accidente, deber descolgar el telfono de la American Gestapo. Primero vinieron a por los inmigrantes

En la trastienda del caf devenida en zulo de conspiracin sindical para indocumentados, va apagndose la performance tragicmica, en la que los desencuentros han dejado paso a la risa teraputica. Disipada la algaraba, vuelve a reinar el silencio. Lo interrumpe, solemne, una madre guatemalteca, con su beb recin nacido en brazos: Todo esto de los abogados y la polica est muy bien. Pero aqu el problema es que no nos pagan.

Fuente: http://ctxt.es/es/20191023/Politica/29128/Hasta-el-cuello-Alvaro-Guzman-Bastida-Florida-policia-migratoria.htm


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