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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2019

Fue Mosc quien despert a las sociedades para el histrico cambio del 89 en el Este de Europa
La apertura del Muro fue resultado de Gorbachov (II)

Rafael Poch de Feliu
Blog personal


Si el Muro y la divisin alemana fueron resultado de Hitler, la cada del Muro y la reunificacin fueron resultado de Gorbachov. Cuantas cosas se han dicho sobre el hundimiento del socialismo real, olvidando lo ms obvio. La autora de aquel derrumbe ha sido atribuida a todo tipo de personajes, desde aquel presidente de pocas luces que era Ronald Reagan hasta un Papa polaco, pero si se trata de personas fue Gorbachov.

Entre agosto y diciembre de 1989, en cuatro meses, cayeron o abdicaron los regmenes de Polonia, Hungra, Checoslovaquia, Alemania del Este, Rumana y Bulgaria. En verano se produjo la victoria de Solidarnosc en las elecciones polacas. En Hungra el partido de Estado se disolvi y dio lugar a un sistema pluralista. En octubre comenzaba la revolucin de terciopelo en Checoslovaquia. En noviembre caan Teodor Zhivkov en Bulgaria y el muro de Berln. En diciembre comenzaban las violencias en Rumana, que acaban con la cada de Ceaucescu.

Los movimientos sociales jugaron un gran papel en aquel cambio. Desde la revuelta de 1953 en Berln Este, hasta la Polonia de 1980, pasando por el 68 checo y el 56 hngaro, la Europa del Este haba conocido, durante ms de treinta aos, revueltas, movimientos y revoluciones, algunas armadas, otras pacficas, mucho ms poderosas que lo de 1989, sin alcanzar resultados. Todo se estrellaba contra Mosc. Por qu no ocurri eso en 1989? La respuesta estndar es: la sociedad civil. En realidad lo determinante fue la actitud de Mosc y en concreto su Doctrina Sinatra.

En los cinco aos anteriores a 1989, fui, seguramente, el nico free lance espaol en ocuparse intensivamente de la sociedad civil del Este, viajando por toda la regin desde Berln Oeste con documentos de identidad de camuflaje y alojndome en casa de la oposicin. Me interesaba ms la gente corriente, los trabajadores, los estudiantes y los intelectuales que las personalidades, pero conoc a muchas de ellas, y a otras desconocidas que luego lo fueron.

Repasar las notas y recuerdos de aquella poca, matiza bastante la lrica sobre las revoluciones del Este. Cuando se produjeron, ya me encontraba en Mosc, de donde partan los impulsos determinantes del gran cambio europeo. Mis impresiones, atrapadas en la vorgine de los propios hundimientos soviticos, fueron muy particulares, pero seguramente ms realistas que las de quienes, por as decirlo, no descubrieron la existencia de Europa Oriental hasta 1989, cuando la regin se convirti en un volcn en erupcin social.

La Doctrina Sinatra

Mientras en Occidente se afirmaba que el mundo libre haba vencido la guerra fra, en Mosc se constataba un matiz importante: que Occidente venca por retirada voluntaria del contrincante. Algo extraordinario que nadie tena previsto, y de lo que la historia apenas ofrece precedentes: una retirada imperial pacfica y prcticamente incondicional. Eso fue la Doctrina Sinatra.

El trmino lo acu el portavoz de exteriores sovitico Gennadi Gersimov, un liberal al que le encantaba el whisky y que haba estado destinado en Washington muchos aos. En contraste con el derecho a intervenir con los tanques cuando el gallinero del Este se le revolucionaba, lo que se conoca como Doctrina Brezhnev, Mosc anunci con Gersimov el derecho de cada pas a gobernarse como quisiera, as de simple, y lo llam Doctrina Sinatra, por la cancin My Way (A mi manera) de aquel autor. A los antiguos vasallos se les deca que hicieran lo que quisieran. A su manera.

El mensaje dio alas a los regmenes potencialmente reformistas (Hungra, Polonia), desconcert y tumb a los que no queran reformas y cuyo principal apoyo era el tradicional inmovilismo moscovita (Checoslovaquia, Alemania del Este), y derrib mediante un golpe, con la complicidad de Mosc, a los que eran autnomos y dictatoriales, como Ceaucescu. La Doctrina Sinatra dio tambin alas a la sociedad civil del bloque. Sin ella el bloque del Este habra seguido languideciendo, como era el caso en los cinco aos anteriores al cambio cuando yo lo conoc y recorr de punta a punta.

Sociedades dormidas y deprimidas

El escepticismo, la pasividad y el cinismo poltico se han instalado en esta sociedad, escriba en mi primer informe sobre la sociedad civil checa de diciembre de 1984. Los disidentes solo podan salir de sus pases si eran expulsados para siempre-jams. Cruzar la frontera es siempre posible, me deca irnicamente Petr Uhl, 43 aos, entonces el ex preso poltico ms conocido del pas, recin salido de su segundo encarcelamiento de cinco aos, sumados a los cuatro anteriores, lo malo es que sera para la eternidad.

Doscientos de los mil signatarios de la Carta 77 haban emigrado a Occidente. Uhl, que era ingeniero, se ganaba la vida revisando calderas de calefaccin en empleos precarios. Aleksandr Dubcek, el secretario general comunista de la Primavera de Praga, era jardinero, otros ex ministros y acadmicos, trabajaban de fontaneros o taxistas por motivos polticos.

En Praga el equipo dirigente estaba compuesto por la gente que haba desmontado la primavera de 1968 por orden de Mosc y con Gorbachov estaban descolocados, me explic Jiri Hajek, el ex Ministro de Exteriores de la poca de Dubcek. En su piso modernista del centro de Praga, otro interlocutor, Vaclav Havel, que ya entonces era un liberal de derechas admirador de Thatcher y Reagan, consideraba lo de Gorbachov un cuento. El brillante ex ministro Hajek, fallecido en 1993, fue el nico interlocutor que expres esperanzas concretas en la conferencia que el Partido Comunista de la URSS deba celebrar en junio de 1988, la XIX Conferencia del PCUS, el gran evento que abri la puerta al pluralismo en Mosc y al gran cambio en el Este. Cuando Hajek me lo dijo, para eso faltaban slo seis meses, pero su opinin era minoritaria.

No creo que Gorbachov nos arregle las cosas, me dijo en diciembre de 1988 Ana Marvnova, ex periodista y metida a limpiadora de letrinas por haber firmado la Carta-77, en una entrevista en la que tuvo todo el rato el televisor a todo volumen por si haba micrfonos en su propia casa. Todo eso de Mosc es un show, un Gorbashow, dijo su compaero el cartista Jiri Gruntorad.

Lejanas expectativas (en el mejor de los casos)

En Berln Este, donde los dirigentes estaban aun ms contrariados con Gorbachov que sus colegas checos, el escritor Stephan Heym, me deca en julio de 1986 que pese a que la mayora de la poblacin era crtica hacia el rgimen, no creo que en los prximos tiempos estallen conflictos en la RDA, sino que espero ms bien que con el desarrollo de la tcnica y los imperativos exigidos por una sociedad moderna, se produzcan tambin cambios en el espectro social del pas. Su perspectiva era la siguiente; si se iniciara una fase de distensin entre las dos superpotencias, habra tambin ms distensin entre los dos estados alemanes. Si el asedio se levantara, eso dara ms libertades aqu, y se podra cancelar la mentalidad de pas asediado que tiene la RDA.

Tres aos antes de 1989 ni se soaba en la reunificacin alemana. En Berln Este era uno de los temas sobre los que daba apuro preguntar porque te tomaban por excntrico. La escritora Christa Wolf, autora de un clebre libro llamado Der Geteilte Himmel (El Cielo dividido, 1963) me dijo en 1986; La reunificacin es absolutamente irreal, porque ninguno de los vecinos de ambos estados alemanes la desea, ni ningn poderoso quiere que vuelva a haber una gran Alemania. Wolf tampoco la deseaba, defenda la especifica tradicin cultural de la RDA de Bertold Brecht y Anna Seghers, que daba acentos diferentes a la literatura germano oriental respecto a su hermana del Oeste. No quiero renunciar a eso, ni que esa tradicin sucumba a cambio de una gran ampliacin del mercado, deca.

En la reformista y abierta Hungra de 1983 a 1986, mis interlocutores, escritores, estudiantes, activistas, expresaban un enorme bostezo. En la filosofa nacional, no haba rastro de Gyrgy Lukcs, el gran autor de Historia y conciencia de clase del que se acaba de celebrar el centenario. Sus discpulos Gyrgy Markus, Mihaly Vadjda, Agnes Heller y otros, haban emigrado a Occidente en los setenta. Heller calificaba a Gorbachov de maquiavlico y no esperaba nada de l. Recuerdo haber interrogado a un filsofo local sobre la vigencia de Lukcs. No mostr el menor inters, y me hizo un apasionado elogio de la obra deOrtega y Gasset.

Janos Kis, uno de los animadores de la revista clandestina/tolerada Beszlő (Locutorio), que luego sera lder de los liberales hngaros, no vea grandes posibilidades de evolucin en el rgimen y se confesaba pesimista en lo que Gorbachov poda aportar a la situacin de estancamiento del Este, igual que su compaero Mikls Haraszti, entonces un melenudo inconformista. El ms optimista de todos result ser el escritor Gyrgy Konrad que hablaba de una finlandizacin de Europa del Este. Si se restableciera la soberana en Europa Central y se retirasen las tropas extranjeras, se producira una democratizacin en el interior de los pases con relaciones de buena vecindad hacia la URSS, deca.

La afirmacin ms esperanzadora la encontr en Viena, donde Zdenek Mlynar, me dijo, en octubre de 1985, que la llegada de Gorbachov al poder en Mosc poda dar lugar a un desarrollo dinmico de la situacin en el Este, que abriera nuevas posibilidades. Mlynar, haba sido uno de los dirigentes de la Primavera de Praga en 1968 y antes haba sido compaero de estudios de Gorbachov en la Facultad de derecho del Mosc de los cincuenta. Fallecido en 1997, Mlynar, era un animal poltico. Su diagnstico fue el ms certero, pero llevaba diez aos viviendo en el exilio viens. Era un observador agudo, pero exterior.

En junio y julio de 1986 haba recorrido Rumana en un viaje de mil kilmetros en bicicleta que concluy con una inslita radiografa de aquel pas, pobre, triste, desgraciado, pero bellsimo en su naturaleza, que luego se public con seudnimo en Letra Internacional y por entregas en La Vanguardia. Aquel periplo acab un mes despus con mi detencin a cargo de la clebre Securitate -que me llev amablemente en coche de vuelta a la frontera hngara- y con la interpelacin de casi todos mis interlocutores, afortunadamente, despus de que hubiera enviado el cuaderno con las notas de viaje a Berln, a travs de la embajada alemana en Bucarest. Era el ao de Chernobyl, la gente estaba bastante asustada por las consecuencias del accidente. El pronstico ms interesante que recib fue el de un intelectual que me hablaba en susurros en su propia casa, iluminada por una bombilla de cuarenta vatios, y que se refera temerosamente a Ceaucescu como l. La libertad llegar cuando el imperio sovitico se derrumbe, dijo. Dos aos despus, aquel imperio se autodesmontaba y un ao y medio despus, los rumanos se liaban a tiros en la calle.

No esperamos que Mosc nos entregue a Occidente

Y Polonia? Segua siendo aquella inconfundible gran nacin inquieta, la Italia del Este, simptica, clerical y conservadora, pero el tpico romanticismo suicida polaco se haba replegado. Liberada desde 1983 del estado de sitio impuesto por el General Jaruzelski y con apenas una veintena de presos polticos, nada se mova all. Un realismo fro y paralizador pareca haberse apoderado de sus gentes, refugiadas en la solucin de los problemas prcticos de la vida cotidiana. Jvenes estudiantes veinteaeros me decan que Solidarnosc haba tenido razn, pero que su proyecto era geopolticamente inviable.

El gran movimiento de Solidarnosc perteneca al pasado. Jacek Kuron, seguramente una de las mentes ms preclaras de la disidencia del Este, luego ministro, fallecido en 2004, me explicaba as el estancamiento polaco en su casa de Varsovia, donde estaba recluido con una violenta bronquitis que no le impeda seguir fumando; tenemos un poder que no reconoce a la sociedad porque no reconoce su voluntad, su organizacin y su pluralismo interno. Por otro lado tenemos una sociedad que no reconoce el poder, pero ni el gobierno puede procurarse otra sociedad, ni la sociedad puede elegir otro gobierno.

La solucin a nuestros problemas est fuera de nuestras fronteras, era la conclusin que mencionaban varios de mis interlocutores, en Varsovia, Gdansk y Cracovia, aquel invierno de 1986, entre ellos el simptico y brillante Adam Michnik y el campechano Lech Walesa. La clave era la URSS, pero nadie se haca ilusiones. Al hablar de las perspectivas que poda abrir Gorbachov, Michnik me dijo que sus reformas eran una estrategia preventiva contra la crisis del estancamiento. Kuron, que admita ciertos cambios, concluy diciendo, pero, naturalmente, no esperamos lo imposible, como por ejemplo que la URSS nos entregue a Occidente. Pero eso fue precisamente lo que pas.

Nadie contaba con la Doctrina Sinatra. Fue Mosc quien despert a las sociedades para el histrico cambio del 89 en el Este de Europa. Han pasado treinta aos, una generacin, pero este simple y claro hecho histrico ya parece borroso. En 1989, el muro no cay: lo abrieron desde Mosc.

(Publicado en Ctxt)

Fuente: https://rafaelpoch.com/2019/11/07/la-apertura-del-muro-fue-resultado-de-gorbachov-ii/#more-359



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