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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2019

Hay que elegir entre franquismo y democracia

Albert Camus
TopoExpress

Discurso pronunciado por Albert Camus en el acto celebrado el da 22 de febrero de 1952 en la Sala Wagram de Pars, en favor de los sindicalistas espaoles condenados a muerte por los tribunales de Sevilla y Barcelona.


Nota de edicin: Tal da como hoy [7 de noviembre] naca en Argelia el gran novelista, dramaturgo y filsofo Albert Camus. Intelectual comprometido, lo recordamos con este emotivo discurso en Pars en favor de unos condenados a muerte por los tribunales franquistas en 1952.

Nota de Jordi Torrent Bestit: Manuel lleva razn, el nombre correcto de la sala es, en efecto, "Wagram", no "Wagran". Aprovecho para hacer un par de apuntes complementarios. Los sindicalistas espaoles a los que se refiere el texto eran de la CNT. El acto fue organizado por la Federacin de Deportados, bajo el patrocinio de la Liga Francesa de los Derechos del Hombre. Junto a Camus, intervinieron Jean-Paul Sartre, Andr Breton, Ignacio Silone, Albert Bguin, Gerges Allman, Reb Char y Daniel Mayer.

PS El discurso, junto a otras muchas intervenciones solidarias del escritor, est recogido en Albert Camus, La Espaa Libre!, La Linterna Sorda, Madrid, 2014

Un diario de Pars anuncia hoy a sus lectores incondicionales un estudio sobre las grandes directivas de la poltica franquista. Desgraciadamente esta noche estamos obligados a limitarnos al examen de una sola de las directivas de esa poltica que est indicada en el punto de mira de los fusiles de ejecucin y mantenida de una manera constante y obstinada. En efecto, hace quince aos que el franquismo apunta al mismo objetivo; el pecho y el rostro de los espaoles libres. Reconozcamos que frecuentemente ha dado en el blanco y que, si a pesar de tantos disparos no ha logrado desfigurar ese rostro que renace sin cesar, ahora tiene la esperanza de lograrlo gracias a la complicidad inesperada de un mundo que se llama libre.

Pues bien!, nosotros nos negamos a estar comprendidos en esa complicidad. Una vez ms estamos aqu situados ante el intolerable escndalo de la conciencia europea. Una vez ms lo denunciaremos infatigablemente. Esas nuevas vctimas, despus de tantas otras; nos gritan desde el fondo de sus celdas que la mistificacin, al menos sobre este problema, no puede prolongarse por ms tiempo.

Hay que elegir entre el franquismo y democracia, pues entre esas dos concepciones no puede haber trmino medio. El trmino medio representa justamente esta inmunda confusin en que nos encontramos en que las democracias practican el cinismo, mientras que el franquismo, por cortesa, ensaya de convertirse en respetuoso de las leyes, ofreciendo cuatro abogados a once procesados que una banda de jefes y oficiales militares juzgan en un abrir y cerrar de ojos, antes de que los abogados hayan podido intervenir, en virtud de una ley especial que tambin dispone que no puede condenarse a muerte a un nio de diecisis aos, pero lo guardan en celda hasta su mayora de edad para poder fusilarle en toda regla. Ya va siendo hora de que los representantes de las democracias rechacen esa caricatura y renieguen en pblico, definitivamente, de la curiosa teora que consiste en decir. Vamos a entregar armas a un dictador para que se convierta en democracia. No, no. Si se le entregan armas disparar a quemarropa, como es su costumbre, al corazn de la libertad.

Hay que elegir entre Cristo y el asesino. Ya va siendo hora de que la Jerarqua catlica denuncie en pblico, definitivamente, ese atroz maridaje. Se le ha podido reprochar a Felipe II su tendencia a creer que Dios era espaol. Pero comparado a Franco, Felipe II result modesto, pues Franco al sonar de los disparos de las ejecuciones no cesa de repetir que Dios es falangista. S, qu se espera para condenar esta extraa religin que desde hace quince aos se entrega a bendecir horribles comuniones donde son distribuidas hostias de plomo ardiente para consagrar la sangre de los justos?

Si esta denuncia no se hace inmediatamente no veo la razn que habra para elegir entre la hipocresa y el terror, ya que la hipocresa se habr convertido en la sirvienta del terror. De esta forma la unidad del mundo se habra consagrado efectivamente, pero en la infamia. No obstante nosotros, en medio de este cambalache repugnante, seguiremos firmes, sabiendo muy bien lo que nos corresponde salvar, hoy como ayer. Y lo que tenemos que salvar es la vida, la frgil, la preciosa vida de los hombres libres. Si permitimos que se mate a esos hombres, no tendremos disculpa, pues esos hombres van a hacernos mucha falta, ya que no somos tan numerosos. Nosotros nos asfixiamos en una Europa en que la personalidad humana es degradada cada da ms. Por cada hombre libre que cae nacen diez esclavos y el porvenir se ensombrece un poco ms; ese porvenir que debemos garantizar porque es la vida humana y sus posibilidades de grandeza. Y el grito que provoca en nosotros esas matanzas, multiplicadas, es una protesta indignada contra la destruccin sistemtica de unos valores, cuya existencia salva todava a este mundo del deshonor. Se ha podido decir que el pueblo espaol representaba la aristocracia de Europa. Quin dudar de ello al contemplar todo lo que nos rodea? Por desgracia esta aristocracia es hoy la sacrificada. Es una lite que se extermina y que tenemos necesidad que viva para que nos ayude a vivir. Por ello hay que actuar con urgencia, pues cada da y cada hora cuenta para todos.

Que cada uno de ustedes haga lo que pueda. No nos durmamos en la melancola y en el desaliento fcil. No nos consideremos simplemente mrtires con el sacrificio de los otros. No cedamos a la tentacin de pensar que ese martirio no ser intil, pues si ese martirio slo puede contar para ser til con la memoria de los hombres sacrificados, hay el peligro de que sea intil. Hay tantas vctimas hoy de todos los horizontes, que la memoria no puede retenerlas todas. No hay necesidad de la muerte de esos hombres. Sus vidas nos son necesarias. No les dejemos morir. El ejemplo de esos hombres no es tan seguro, en tanto que sus vidas son seguras, el calor de su sangre, su orgullo de hombres libres. Es todo ello que debemos guardar entre nosotros. Pero para lograrlo hay que arrancar esos hombres a los verdugos, a las misas de sangre, a los clculos irrisorios de las cancilleras, a los jefes de Estado que saludan a los presidentes demcratas, despus de haber decorado a los dueos de la Gestapo. Hay que arrancarlos sobre todo a la indiferencia del mundo. Por cada hombre libre que salvemos, diez futuros esclavos desaparecen y un futuro favorable es todava posible. Ese es el sentido de nuestra accin esta noche: frente a los verdugos de Espaa, y frente a todas las tiranas. Ese es el significado de nuestra esperanza.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/hay-que-elegir-entre-el-franquismo-y-la-democracia/

 



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