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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2019

Cmo derrocaron a Evo?

Pablo Stefanoni y Fernando Molina
Revista Anfibia


El gobierno de Evo Morales fue una revolucin poltica antielitista. La situacin actual no estaba en el horizonte de nadie y habla de un movimiento contrarrevolucionario. El lder visible es Luis Fernando Camacho, un empresario de 40 aos que no particip en el proceso electoral y lleg al Palacio Quemado con una biblia y una escolta policial. Mientras festejaba en La Paz el derrocamiento del presidente, en la calle quemaban Whipalas y gritaban echamos al comunismo.

Empecemos por el final (o por el final provisorio de esta historia): el domingo en las ltimas horas de la noche, el lder cruceo Luis Fernando Camacho desfil arriba de un carro policial por las calles de La Paz, escoltado por policas amotinados y vivado por sectores de la poblacin opositores a Evo Morales. Se escenificaba as una contrarrevolucin cvica-policial que sac del poder al presidente boliviano. Morales se parapet en su territorio, la regin cocalera de El Chapare que lo vio nacer a la vida poltica y donde se refugi de los riesgos revanchistas. Es una parbola al menos transitoria en su vida poltica. De este modo, lo que comenz como un movimiento en demanda de una segunda vuelta electoral tras la polmica y confusa eleccin del 20 de octubre termin con el jefe de las Fuerzas Armadas sugiriendo la renuncia del presidente.

Una sublevacin contra Evo Morales no estaba en el horizonte de nadie. Pero en tres semanas, la oposicin se moviliz con ms firmeza que las bases evistas, que tras casi 14 aos en el poder fueron perdiendo potencia movilizadora mientras el Estado iba reemplazando a las organizaciones sociales como fuente de poder y burocratizando el apoyo al proceso de cambio. Y en pocas horas, lo que fue el gobierno ms fuerte del siglo XX en Bolivia pareci desmoronarse (hay varios ex funcionarios refugiados en embajadas). Ministros renunciaron denunciando que sus casas eran quemadas y los opositores mostraban a los tres muertos de los enfrentamientos entre grupos civiles como prenda de indignacin frente a lo que llaman la dictadura. Finalmente, el domingo Evo Morales y lvaro Garca Linera renunciaron y denunciaron un golpe en marcha.

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El Movimiento al Socialismo (MAS), formado en los aos 90, fue siempre un partido profundamente campesino ms que indgena y eso se traslad en muchos sentidos al gobierno de Evo Morales. El apoyo urbano fue siempre condicionado en 2005 una apuesta a un nuevo liderazgo indgena frente a la profunda crisis que viva en pas; luego porque Evo mantuvo muy buena performance econmica, pero los intentos de Morales de permanecer en la presidencia sumado a sustratos racistas de vieja data y la sensacin de exclusin del poder alentaron a las clases medias urbanas a salir a la calle contra Morales. Objetivamente hablando, el llamado proceso de cambio no favoreci a la clase media tradicional ni al estamento blancoide como se suele denominar a los blancos en Bolivia, y, en cambio, les quit poder. La de Morales fue revolucin poltica antielitista. Por esto choc contra las lites polticas anteriores y las sustituy por otras, ms plebeyas e indgenas. Este hecho desvaloriz hasta hacer desaparecer el capital simblico y educativo con que contaba la clase burocrtica que exista antes del MAS. Entretanto, sus victorias electorales con ms del 60 por ciento le permitieron copar todo el poder el Estado.

Morales pareci sellar una victoria de la poltica sobre la tcnica. Si el neoliberalismo crea en el derecho de los ms capaces a imponer sus visiones al conjunto, el proceso de cambio crea en el derecho de la Bolivia popular de imponerse sobre los ms capaces. Para actuar recurri a la poltica (igualitarismo) y al reparto corporativo de cargos entre diversos movimientos sociales antes que a la tcnica (elitismo). Por esta razn no llen de manera meritocrtica las vacantes dejadas por el repliegue de la burocracia neoliberal. Y tampoco recurri sistemtica y ampliamente a las universidades para proveerse de un capital cultural que, en cambio, consideraba prescindible. Esto agri a la clase media, especialmente a su segmento acadmico-profesional, cuya expectativa mxima era lograr un claro reconocimiento social y econmico de los saberes que posee.

Y finalmente, el MAS fue crecientemente estatista. El enfoque siempre estatista con que el gobierno abordaba los problemas y necesidades que iban surgiendo en el pas lo llev a ignorar y a menudo a chocar con los pequeos emprendimientos privados, esto es, con los emprendimientos de la clase media. Por esta razn haba roces entre el proceso de cambio y los sectores emprendedores no indgenas y no corporativos (los que s se beneficiaban de los aspectos polticos del cambio e indignaban a los clasemedieros). Es cierto que exista un pacto de no agresin y de apoyo tctico entre el proceso de cambio y la alta burguesa o clase alta, pero este se fundada en razones polticas antes que empresariales o econmicas.

Por otra parte, varias medidas adoptadas por Evo Morales desestabilizaron la dotacin de capitales tnicos, perjudicando a los blancos: si bien no hizo una reforma agraria, benefici a los pobres con la dotacin de tierras fiscales; hubo una redistribucin del capital econmico mediante infraestructuras y polticas sociales en favor de sectores ms cholos y populares; la poltica educativa implementada por el gobierno mejor la dotacin de capital simblico a los indgenas y los mestizos, mediante la revaloracin de su historia y su cultura pero, al mismo tiempo, el gobierno hizo muy poco para elevar el nivel de la educacin pblica y, por tanto, para arrebatar el actual monopolio blanco de la educacin (privada) de alta calidad. As, las lites anteriores perdieron espacios en el Estado, vieron debilitados de sus capitales simblicos y sus vas de influencia en el poder. En sntesis: el Club de Golf perdi cualquier relevancia como espacio de reproduccin de poder y estatus.

Diversas encuestas ya mostraban la desconfianza de los sectores medios respecto al presidente. No por la gestin, que aprobaban, sino por la duracin del dominio de la lite que Evo diriga. Tal era la cuestin que importaba a la clase media, una cuestin que la persistencia en la meta reeleccionista de Morales hicieron imposible de resolver, precipitando a la clase media a la sedicin. Y a esto se sum que el proceso de cambio no debilit los microdespotismos presentes en toda la estructura estatal boliviana. El uso de los empleados pblicos en las campaas electorales y, ms en general, en la poltica partidaria del MAS debilit el pluralismo ideolgico entre los funcionarios incluso de menor rango.

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Bolivia es un pas casi genticamente antirreeleccionista: ni Vctor Paz Estenssoro, conductor de la Revolucin Nacional de 1952, logr dos periodos consecutivos. En parte esta tendencia parece una suerte de reflejo republicano desde abajo y en parte la necesidad de una mayor rotacin del personal poltico. Y cuando alguien no se va limita el acceso de los aspirantes. Todos los partidos populares que llegan al poder tienen el mismo problema: hay ms militantes que cargos para repartir. El Estado es dbil pero es una de las pocas vas de ascenso social.

Bolivia es tambin el paraso de la lgica de las equivalencias de Laclau: apenas la situacin se sale del carril y se ve dbil al Estado todos se suman con sus demandas, indignaciones y frustraciones, que son siempre muchas dado que es un pas pobre y con muchas carencias. As tambin fue esta vez. Los motines policiales expresan enconos de viejo cuo de sectores bajos con los mandos ms altos, por temas de desigualdad econmica y abusos de poder entre las clases: sucedi en 2003, en el motn de 2012 y en el del fin de semana pasado. Potos, enfrentado con Evo desde hace aos por sentir que desde la Colonia sus riquezas ahora el litio se esfuman y ellos siguen siendo siempre pobres, tambin se sum a la rebelin. Y lo mismo pas con sectores disidentes de todas las organizaciones sociales (cocaleros Yungas, ponchos rojos, mineros, transportistas). Esto se suma a una cultura corporativa que hace que las demandas de regin o sector pesen ms que las posiciones ms universalistas, lo que habilita posibles alianzas inesperadas: en esta ltima asonada se aliaron Potos y Santa Cruz, impensable durante las crisis de 2008, cuando Potos fue un bastin evista.

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Luego de varios aos de impotencia poltica y electoral de la oposicin tradicional los viejos polticos como Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina o el propio Carlos Mesa aparece un liderazgo carismtico nuevo: el de Fernando Camacho. Este personaje desconocido hasta hace pocas semanas fuera de Santa Cruz se proyect primero ocupando un vaco en la dirigencia crucea, que desde su derrota frente a Evo en 2008 haba pactado cierta pax. Aupado en una nueva fase de radicalizacin juvenil el macho Camacho, un empresario de 40 aos, se erigi como lder del Comit Cvico de la regin que agrupa a las fuerzas vivas con hegemona empresaria y defiende los intereses regionalistas. Y ms recientemente, frente a la debilidad de la oposicin, Camacho esgrimi una mezcla de Biblia y pelotas para enfrentar al dictador. Primero escribi una carta de renuncia para que Evo la firme; luego fue a llevarla a La Paz y fue repelido por las movilizaciones oficialistas; pero volvi al da siguiente para finalmente entrar el domingo a un desierto Palacio Quemado el viejo edificio del poder hoy trasladado a la Casa Grande del Pueblo con su Biblia y su carta; all se arrodill en el piso para que Dios vuelva al Palacio.

Camacho sell pactos con ponchos rojos aymaras disidentes, se fotografi con cholas y cocaleros anti-Evo y jur no ser racista y diferenciarse de la imagen de una Santa Cruz blanca y separatista (Los cruceos somos blancos y hablamos ingls, haba dicho alguna vez una Miss). Y, en una productiva estrategia, Camacho se ali con Marco Pumari, el presidente del Comit Cvico de Potos, un hijo de minero que vena liderando la lucha en esa regin contra el ninguneo de Evo. As, el lder emergente e histrinico termin siendo el artfice de la revuelta cvica-policial. Para ello desplaz al ex presidente Carlos Mesa, segundo en las elecciones del 20 de octubre, quien al ritmo de la aceleracin de los acontecimientos se radicaliz sin conviccin ni grandes chances de ser aceptado en el club ms conservador por ser considerado un tibio.

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Ren Zavaleta deca que Bolivia era la Francia de Sudamrica: all la poltica se daba en su sentido clsico, es decir, como revolucin y contrarrevolucin. Pero el pas vivi ms de una dcada de estabilidad, un periodo que puso en duda la vigencia del pensamiento de Zavaleta. En 2008 Evo Morales resolvi su pulso con las viejas lites neoliberales y regionalistas que se haban opuesto a su asuncin al poder y comenz su ciclo hegemnico: una dcada de crecimiento econmico, de confianza del pblico en su porvenir, de aprobacin mayoritaria de la gestin gubernamental; un mercado interno con grandes inversiones financiadas a partir de ingresos extraordinarios en un tiempo de altos precios de las exportaciones; y una mejora en el bienestar social.

Pero la rebelin volvi y se articul con un movimiento conservador y contrarrevolucionario. A diferencia de Gonzalo Snchez de Lozada en 2003, Evo Morales no sac al ejrcito a la calle. Moviliz a los militantes del MAS, al tiempo que se expandi a travs de las redes sociales y los medios la imagen de las hordas masistas ya no se puede decir campesinas o indgenas. El informe de la OEA sobre el resultado electoral, alertando sobre alteraciones, min la autoconfianza del oficialismo: perdi la calle y las redes al mismo tiempo. Esta auditora, que podra haber pacificado la situacin, fue rechazada por la oposicin, que consideraba a Luis Almagro un aliado de Evo Morales por haber avalado su repostulacin. La organizacin acaba de pronunciarse para rechazar cualquier salida inconstitucional a la situacin.

Una de las razones del insurreccionalismo es el caudillismo, esto es, la ausencia de instituciones polticas consolidadas. No existe ms que una lgica inmediatista, de suma cero: se gana o se pierde todo, pero nunca se busca acumular victorias y derrotas parciales con la vista puesta en el futuro. Evo Morales no super esa cultura y por eso busc seguir en su cargo: pero la oposicin hasta ahora tampoco y emerge con otro caudillo de derecha como Camacho. No sabemos qu futuro poltico le aguarda pero ya cumpli una misin histrica: que las ciudades acaben con la excepcin histrica de un gobierno campesino en el pas. No casualmente tras el derrocamiento de Evo se quemaron Whipalas, bandera indgena transformada en una segunda bandera nacional bajo el gobierno del MAS. Y adicionalmente, sacar al nacionalismo de izquierda del poder: echamos al comunismo, repetan los movilizados en las calles, algunos con Cristos y Biblias.

Bolivia no es solo el pas de las insurrecciones, sino tambin de las refundaciones. Solo la idea de una refundacin permite cohesionar las fuerzas que requieren las salidas insurreccionales y anular la influencia social y poltica de quienes perdieron. Por otro lado, una refundacin, y la destruccin creativa de instituciones estatales y polticas que le es consustancial, permiten una movilizacin de promesas y prebendas con la dimensin que los nuevos ganadores requieren para ocupar (aprovechar) verdaderamente el poder. Pero la paradoja es que el pas cambia poco en cada refundacin. Sobre todo en trminos de cultura poltica.

Ahora el pndulo qued del lado conservador, veremos si la fragmentada oposicin a Evo Morales logra estructurar un nuevo bloque de poder. Pero las heridas tnicas y sociales del derrocamiento de Evo sern perdurables.

Pablo Stefanoni, es jefe de Redaccin de la revista Nueva Sociedad. Fernando Molina es periodista.

http://revistaanfibia.com/



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