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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2019

Peronismo, neoliberalismo y pueblo, determinaciones en nuevos escenarios
Macri ya fue, si vos quers, el neoliberalismo tambin?

Sergio Zeta
Rebelin


Macri ya fue. Es difcil no empatizar con lo dicho por un joven del gran Buenos Aires que, entrevistado en el bunker del Frente de Todos, respondi estoy feliz porque Macri se va, nunca la pas tan mal como con este gobierno, ahora Alberto va a tener que cumplir. Tras las elecciones se vivi una necesaria alegra y celebracin, pero el pueblo no emiti ningn cheque en blanco.

Desde este punto de partida necesitamos comprender lo que se expres en las elecciones y trazar hiptesis sobre los tiempos que se aproximan, para esbozar puntos de apoyo para transformar esta realidad.

Hay interrogantes que se revelan centrales y requieren mayores precisiones: el sorpresivo 40% que alcanz el macrismo, el peronismo que viene, el difuso fin del neoliberalismo y, por ltimo, las izquierdas y las perspectivas para los sectores populares.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

Si en la PASO sorprendi la enorme diferencia con que perdi el oficialismo, en octubre lo que pareci incomprensible fue que el macrismo alcanzara casi el 41% de los votos. La confusin se acrecienta con las interpretaciones preocupadas por mantener el statu quo. Negocio redondo tanto para quienes aspiran a una nueva vuelta de las derechas ms desembozadas, como para quienes necesiten un espantajo a su derecha para embellecer su propio rostro.

Pero por s solas estas cifras no son novedad ni adquieren significacin poltica ms all del contexto de la lucha de clases. Basta recordar que, en las elecciones del 2003, poco despus de la inmensa rebelin popular, sorprendi que el repudiado Carlos Menem saliera primero con un 24,45% de los votos y Lpez Murphy, ala derecha del gobierno de la Alianza, obtuviera un 16,37%, sumando entre ambos un 40,82%, exactamente la cantidad alcanzada por el macrismo. Y no sumamos como derecha al 14% que sacaron respectivamente Rodrguez Saa y Elisa Carri, por entonces consideradas variantes populares o de centroizquierda. Sin embargo, esos electores de derecha no incidieron en el rumbo del pas con los gobiernos de Nstor Kirchner y luego Cristina Fernndez, hasta que la relacin de fuerzas entre las clases que dej la rebelin popular del 2001 no cambi de signo.

Hasta entonces, el poder econmico aterrorizado por la rebelin y esta masa de ciudadanos aceptaron -con agrado o a regaadientes- cada medida tomada para canalizar la furia popular y recomponer la autoridad estatal. Otras polticas, como la represiva que haba intentado Duhalde junto a Felipe Sol (por entonces gobernador de Buenos Aires), se haban mostrado ineficaces para cambiar la relacin de fuerzas entre las clases. El pueblo, con la movilizacin, haba logrado disciplinar a los sectores patronales y financieros y confin a ese 40% -que exista an entonces- al silencio y la pasividad en el seno de sus grises hogares.

Pero su persistencia no es una mera cuestin de economa ni de heladera, ya que el neoliberalismo -como fase actual del capitalismo- construye una subjetividad acorde con los puntos de vista del capital, que solo puede contrarrestarse con una activa poltica de organizacin popular, metas societales y reconstruccin de lazos comunitarios.

La apelacin al consumismo y la profundizacin del extractivismo, junto a la ausencia de soluciones participativas, sociales y comunitarias, el progresivo agravamiento de los problemas de inseguridad y corrupcin -as como los inicios de la crisis econmica ya desde el 2011-, fueron caldo de cultivo para la articulacin de las derechas en una alternativa unificada.

Todas estas cuestiones se subestimaron y opacaron por el sentido comn progresista, que sac el eje de la lucha de las clases para colocarlo en personalidad proverbiales y en el juego institucional. Con ese sentido comn, todo sorprende, nada se comprende.

Explicaciones que sobrevaloran el poder de los medios o insisten en una supuesta imbecilidad popular, son versiones interesadas en evitar autocrticas o en relegar a la lucha de clases al arcn de los recuerdos.

En la campaa electoral fue crucial la persistente orientacin del progresismo de obturar el protagonismo popular. Las multitudinarias movilizaciones que ataron las manos y desgastaron al macrismo hasta diciembre del 2017, fueron desactivadas canalizndolas hacia misas y procesiones primero, y luego hacia la nada misma, porque hay 2019. Tras las PASO se incrementaron los llamados a dejar las calles y levantar huelgas. La prioridad fue garantizar la gobernabilidad y tranquilizar y acordar con las cmaras empresariales y el FMI.

Fue el macrismo el que pudo entonces ganar las calles, logrando que 1.303.000 personas de ese sector conservador y pasivo, que ni siquiera haba votado en las PASO o lo haba hecho en blanco o nulo, esta vez se sintieran convocadas. El voto de formaciones de derecha que no haban pasado las PASO o aparecan sin perspectivas, junto al desinters de sectores del PJ que ya haban asegurado sus feudos provinciales, aport el resto.

De fondo, la consolidacin y avance del complejo agro-sojero -poltica de Estado de todos los gobiernos- es la base de sustentacin de este importante sector conservador de la poblacin, explicando votaciones como la de la provincia de Crdoba y la regin central de la Argentina.

La novedad y el peligro no es el 40% que vot al macrismo, sino que se imponga y consolide la poltica de abandonar las calles en nombre de una supuesta prudencia y postergar reivindicaciones, dejando libre las calles para estas derechas. O peor an, que su mera existencia -que no es nueva- sirva como excusa o argumento para no movilizar o no tomar medidas imprescindibles, para no hacerle el juego.

Asume el peronismo cul peronismo?

Una primera aproximacin podra aseverar que, sea lo que sea el peronismo, se espera que de mnima sea algo mejor que un gobierno de chetos millonarios, lookeados por publicistas y estimulados por el odio al pueblo y la sed de ganancias. Pero esto lo hace un gobierno del pueblo?

Lo primero a decir del nuevo gobierno es que no vuelve la dcada ganada. No regresa porque ya no es factible gestionar el Estado y la sociedad bajo parmetros progresistas, repartiendo un poco mejor las cartas del mazo. Los dlares no sobran sino faltan y los capitales exigen mayores niveles de explotacin en vsperas de una nueva crisis mundial. No casualmente, Jos Natanson, director del progresista Le Monde, recomienda, en su nota La ESMA de Alberto, producir muchos hechos simblicos porque poco y nada se dar en otros terrenos.

Aunque la postulacin de Alberto Fernndez fue una iniciativa de Cristina, no ser el kirchnerismo el que asuma el gobierno sino ser, en palabras del electo presidente, un gobierno de un presidente y 24 gobernadores, es decir, del peronismo reunificado.

Pero el peronismo sufri tantas transformaciones a travs del tiempo que se hace necesario preguntarse qu cosa es. Peronistas fueron Cooke, Cmpora, Lpez Rega, Herminio Iglesias, Menem, Kirchner y un largo etctera que habilita que cada cual asuma como verdadero peronista al que prefiera, en una especie de elige tu propia aventura. Como retrat el genial Osvaldo Soriano en su novela No habr ms penas ni olvido, tanto el asesino como su vctima gritan al unsono, uno al morir y el otro al apretar el gatillo, Viva Pern!!.

A vuelo de pjaro, existi el peronismo de los primeros gobiernos de Pern que, si bien nunca pretendi trascender al capitalismo, tuvo fuertes roces con el imperialismo yanqui, defendi la industria (deformada) nacional y coloc al movimiento obrero como la columna vertebral del movimiento. De este primer peronismo queda el recuerdo de que no slo mejor la vida, sino creo condiciones para la entrada a la escena poltica nacional de los trabajadores. Fue durante este primer peronismo tambin, que las clases dominantes lograron sedimente un componente del sentido comn -que perdura, aunque perdi toda vigencia y realidad si es que alguna vez la tuvo- sobre una alianza virtuosa entre el capital y el trabajo.

Pero fue recin con la resistencia peronista a la revolucin fusiladora, que un sector del peronismo despleg su potencialidad clasista -que se radicaliz ms an bajo los influjos de la revolucin cubana del 59- por la que sectores masivos construyeron su conciencia de clase desde este peronismo de los trabajadores. Este peronismo, de clase, acab definitivamente con el aplastamiento y exterminio, primero a manos de la Triple A creada por el propio Pern y luego, de la feroz dictadura cvico-militar.

Fue con la renovacin peronista de mediados de la dcada de los 80 que el peronismo adquiri su fisonoma actual, semejante a la de cualquier partido liberal. Con un desarrollado aparato clientelar en manos de caudillos locales, una simbologa de otros tiempos y un manejo del mismo lenguaje que los sectores populares, el peronismo se convirti en un aceitado partido de poder de las clases dominantes, cuya prctica ya no se asent en las clases populares, sino en el aparato del Estado. Al punto que, como escribi el compaero Guillermo Cieza, existe una identidad Peronismo-Estado, semejante a la del PRI mexicano.

Ya en tiempos ms recientes, los gobiernos kirchneristas consolidaron ese carcter de Partido de Estado, ahora apoyados esencialmente en sectores plebeyos de las clases medias urbanas. Su mensaje poltico y su prctica ya no hacan alusin a las clases subalternas como actoras de la realidad -apenas como espectadoras o receptoras de algunos bienes derramados desde arriba-, sino a la reconstruccin del Estado como factor y actor de cambio. Si el viejo peronismo se ubicaba desde el antagonismo pueblo / oligarqua, el kirchnerismo se par desde un supuesto antagonismo Estado / mercado. Corporaciones y oligarcas (como Chevrn, Monsanto, Grobocopatel y tantos otros) podan ya estar indistintamente de uno u otro lado de esta lnea divisoria. La patria liberada se devalu como objetivo en el Estado reconstruido.

Medidas progresistas e imprescindibles -por las que el pueblo luch por dcadas-, como el castigo a los genocidas o la ley de identidad de gnero entre otras, dieron soporte ideolgico a la alianza con los sectores medios. Su base material es que la principal esperanza de movilidad social de las clases medias pasa por el Estado y su aparato administrativo.

Asimismo, acerc a los sectores dirigentes de gran parte de los movimientos sociales, apoyndose en que El programa neoliberal progresista para alcanzar un orden justo de estatus no apunta a abolir la jerarqua social, sino a diversificarla mediante el empoderamiento de las mujeres, las personas de color y los integrantes de minoras sexuales talentosos para que llegaran a la cima. Con un aura de emancipacin que lo envolva todo, el nuevo espritu aport a la actividad econmica neoliberal un entusiasmo nico (Nancy Fraser Contrahegemona ya!, 2019).

Con tantas capas identitarias superpuestas, sectores de las izquierdas se arriman al peronismo creyendo se aproximan a las clases populares, sin percatarse que ya slo se arriman al Estado. De un Estado que, como un enorme agujero negro, termina deglutiendo a miles de compaerxs imprescindibles de nuestro pueblo, que acaban convencidxs y convenciendo de que algo se puede hacer desde ese Estado, an sin acabar con el sistema del capital.

Si cuando en el peronismo emergan grandes potencialidades populares, hubo izquierdas que no supieron verlas, hoy, cuando stas ya no son tales, algunas se colocan bajo su ala. Paradojas de la izquierda que no supo comprender, en su mayora, al peronismo y llega a la estacin cuando el tren ya ha partido. Como seala Miguel Mazzeo: Es de una enorme candidez suponer que el peronismo se ha regenerado y ha retornado la senda histrica, dejando atrs las mutaciones de los aos 80 y 90, y el accidente menemista. Es injustificable sostener que el peronismo se ha recuperado de su final inglorioso, como deca Cooke. Es peronismo es hoy, de arriba a abajo, una realidad de elites autoreferenciales y competitivas; una realidad de opresin, desposesin y alienacin que padecen las clases subalternas; una realidad caracterizada por la fragmentacin, la falta de identidades liberadoras y de proyectos que les asignen protagonismo histrico. (Reflexiones sobre algunos modos de no entender al peronismo, 2008)

El Frente de Todos ha recolectado a diestra y siniestra. Pero la bolsa de gatos (con perdn de la palabra) que gobernar, ser la de los antiderechos como Manzur, socios de la megaminera como Gioja, hombres de Clarn y de la embajada yanqui como Massa, represores antiobreros como Arcioni, asesinos de nuestros compaeros como Sol y una larga lista de testaferros de los grupos econmicos y sus dirigentes sindicales adictos.

Pero no todos son lo mismo dentro del Frente de Todos. Hay tambin muchxs valiosxs compaeros y compaeras de lucha dentro de l. Pero esto no lo transformar en un gobierno en disputa. Por el contrario, mantener la independencia ser imprescindible para las clases populares y las organizaciones que pelean por una vida digna en una patria grande liberada.

Derrota macrista = posneoliberalismo?

La derrota macrista se asimila al fin del neoliberalismo. Pero alcanza con la victoria del Frente de Todos -ms all de sus intenciones que queremos suponer como las mejores- para iniciar un rumbo posneoliberal? Responder a esta cuestin marca la diferencia entre dar por hecha una tarea o prepararse para encararla.

La historia oficial de la Argentina progresista supone que todo sucede segn la ideologa del gobierno de turno y da cuenta de una lnea del tiempo en la que el neoliberalismo va y viene al ritmo que cambian los gobiernos. Se tratara, por ende, de un modelo que puede ser cambiado con solo reemplazar al gobierno. Desde esta mirada, la Argentina se asegur un rumbo posneoliberal ya desde diciembre.

Pero el neoliberalismo no es slo un modelo econmico ni un plan de ajuste particularmente feroz. Mucho menos describe a un Estado supuestamente ausente o que no desarrolla poltica social. Basta comprobar que durante el gobierno macrista y ms all de la retrica antichoriplanera, se entregaron ms planes sociales que durante el kirchnerismo. O la cantidad de decretos de necesidad y urgencia con que desde el Estado se intervino en la economa y la sociedad.

Ral Z ibechi lo plante con claridad, Entre muchos profesionales de la poltica y del pensamiento se ha difundido una idea que asocia al neoliberalismo a un tipo de gobierno fundamentalista de mercado, cuando su acepcin debera apuntar en una direccin estructural: es el capitalismo en el perodo en el que la acumulacin por desposesin se ha convertido en hegemnica (Las vueltas del neoliberalismo, 2019).

Acumulacin por desposesin -saqueo, para decirlo en criollo- que, si a veces prioriza la privatizacin de las empresas pbicas, como durante el menemismo, en otras se concentra en el extractivismo como apropiacin de los bienes de la naturaleza para el mercado global, como sucedi en forma creciente desde los gobiernos kirchneristas en adelante. Hoy se proyecta hacia el pas de Vacas Muertas que ansa Alberto, al punto que su fomento ser uno de sus primeros proyectos de Ley, aunque esa actividad acabe de prohibirse en Inglaterra por generar sismos y sea la que llev nuestras tarifas a las nubes, para crear condiciones similares a los yacimientos de los EE. UU.

En Nuestra Amrica se suceden gobiernos ideolgicamente muy diferentes, que comparten similar racionalidad poltica que prioriza las lgicas del capitalismo colonial y dependiente en su fase neoliberal, y que llegan en su implementacin hasta donde permiten los pueblos.

Una racionalidad poltica para la que los deseos, ideas y prcticas populares no merecen valorarse como polticas, por estar fuera de los procedimientos rutinizados llamados democracia. Cuando se considera al 2003 como el regreso de la poltica -olvidando o enterrando la productividad poltica de la rebelin popular del 2001- se avala relegar a lo social como terreno librado al mercado o a una mera conflictividad que la poltica debiera regular.

Esta racionalidad, esta forma de proyectar el pas y la sociedad, se expresa en los de arriba, pero tambin en cada unx de nosotrxs, al punto que no lo vemos siquiera. Cuando el FMI nos ata con sus prstamos, no est slo preparando ajustes y pagos eternos. Est tambin consolidando una lgica que recorre todo el cuerpo social, por el cual resulta aceptable, incluso progresista y nacional, toda actividad que genere dlares genuinos para pagarle al FMI y mover la economa. Con esa lgica, nos alegra ms una Pyme que logra exportar en dlares, que la construccin de un hospital en una barriada pobre, cuyos beneficios no podrn medirse en esa moneda. O que se abran nuevos mercados para la exportacin agro-sojera a expensas de familias productoras que dejan de producir alimentos. O que millones de jvenes -como proyecta el nuevo gobierno- se empleen en grandes empresas privadas, con sueldos miserables pagados por el Estado, para que aprendan a insertarse en el mercado.

La misma lgica y racionalidad que justifica un pacto social que necesita guardar en el freezer las urgentes necesidades populares, para generar las condiciones para esa entrada genuina de dlares. Cualquier similitud semntica entre dlares y dolores no es pura coincidencia.

Ms que la apertura de un rumbo posneoliberal, lo probable es que con el gobierno de Fernndez se profundicen importantes tensiones, antagonismos y confrontaciones.

Uno de ellos ser entre las necesidades del capital que emergern como prioridad del pacto social que se prepara, con las necesidades populares que ser necesario levantar y defender. Conspirarn contra estos ltimos los aparatos que, como la CGT y la Iglesia, ya se van posicionando del lado del capital y plantean bajar expectativas y dar tiempo. Pero tambin conspirar la desunin popular y el sentido comn por el que al pas lo levantamos entre todos o no lo levanta nadie. A este pas slo puede levantarlo su pueblo, organizado y disputando de forma colectiva y autnoma contra las lgicas del mercado. La situacin actual de Amrica Latina demuestra que no es pueblo lo que falta, sino unidad y alternativa poltica independiente.

Si se mantendrn como prioritarias las lgicas y necesidades del capital en su fase neoliberal, esto no significa que nada cambie. Probablemente ya no se intente satisfacer esas lgicas desde la pura imposicin autoritaria del macrismo. Ya se anunci que no habr ley de reforma laboral sino se aplicar, negociando convenio por convenio. La represin, que seguir existiendo, ya no ser con la doctrina Chocobar en mano (aunque la presencia de Massa o de Sol en el prximo gobierno no permite asegurar esto) sino legalmente y tercerizndola, como sucedi en Chubut con la represin a los docentes a manos de la polica y de patotas de la cpula del sindicato petrolero. La creacin de un Ministerio de la Mujer y gnero, parece sealar que coexistirn anuncios de algunas medidas favorables junto a decididos intentos de institucionalizar, canalizar y fragmentar la potencia de este masivo movimiento de lucha que conmueve los lmites y lgicas del capital.

Lo que se crey era una derecha moderna que en Amrica Latina gobernara largo tiempo, revel su real rostro y lo efmero de su fuerza ante las embestidas populares. Cuanta ms fuerza muestran los pueblos, como en Chile, Ecuador, Hait, Panam, Honduras y tambin la Argentina, no slo retroceden las derechas, tambin los progresismos se vuelven ms timoratos. Articulados en el grupo de Puebla, esta vez sin Cuba ni Venezuela para no molestar a Trump, ya no se plantea siquiera frenar los planes yanquis, como en su momento el ALCA, sino encarar con el imperialismo una relacin madura. Si el macrismo imagina angustia al momento de pelear por la independencia de Espaa, los progresismos actuales integraron al grupo de Puebla a Jos Luis Rodrguez Zapatero, del PSOE, expresidente neoliberal de Espaa.

Cantitos muy escuchado estos das fueron Chau gato y se van, se van, y nunca volvern. Pero sin terminar con el neoliberalismo e iniciar un real rumbo poscapitalista, nada permite suponer que no regresarn, en el crculo infernal de las degradas democracias liberales y el mal menor.

Una red grande al final de tnel

Una constante del pueblo argentino es que no slo lucha, sino continuamente est pariendo nuevos actores. Piqueterxs, empresas recuperadas, trabajadores combativxs, movimientos socioambientales, pueblos originarios y los masivos movimientos de mujeres y disidencias sexuales y de gnero, son parte de una cronologa que no se pretende exacta ni completa.

Otra constante es que esos nuevos actores nunca se articulan, ms all de tmidos intentos. Marzo del 2017 fue una drstica constatacin, con tres multitudinarias marchas los das 6, 7 y 8 de dicho mes. La primera por la educacin, la segunda sindical -dnde surgi el pon la fecha-, la tercera de las mujeres contra las violencias y por el derecho al aborto. Cientos de miles de personas cada da, inexistentes articulaciones. La consecuencia es la prdida de fuerza y, principalmente, la nula politicidad alternativa, lo que deja el poder y la iniciativa en manos de los de siempre.

La izquierda electoral encuentra su techo en que su construccin poltica transcurre ajena y por encima de las complejidades y riqueza del sujeto popular, al que concibe como mera lucha, an su militancia participe a fondo de las mismas. Como resultado, tampoco puede articular entre s, logrando apenas un frente que no trasciende lo electoral y que ha encontrado su techo, como pareceran indicar las recientes elecciones. Sealar como responsable a la gran polarizacin, es decir, a lo que vot el pueblo, no aportar a repensarse.

Valorar la productividad poltica del pueblo -no creerla una virtud encerrada en los muros del propio Partido- podra enriquecer las propuestas de izquierda, que no van mucho ms all de proponerse obtener ms diputaciones para luchar contra. Contra el ajuste, contra el FMI, contra el gobierno. Se deja a las derechas proponerle al pueblo otros horizontes sociales y nacionales.

La falta de propuestas se va haciendo aguda en las izquierdas. Frente al hambre que azota a nuestro pueblo, no alcanza ni sirve la abstencin parlamentaria. Tampoco el seguidismo al progresismo que se conforma con alguna ley de emergencia alimentaria. Bienvenidas las leyes que aporten a calmar siquiera en algo el hambre que hace estragos. Pero no habr salida sin transformar de fondo la estructura agraria, alimentaria, econmica de la Argentina. Es necesario ir por ms, sin las miras corporativas que alientan mezquindades. Y eso no est en los horizontes de la derecha, del peronismo o de los progresismos. Solo podr estar en nuestrxs campesinxs, en nuestros pueblos originarixs, en las mujeres y hombres de la agricultura familiar, en lxs trabajadorxs, en las izquierdas que creamos en nuestro pueblo y en construir poltica desde all.

Es posible romper los techos (y muros que nos aprisionan) si tomamos seriamente en cuenta las palabras de Marichuy, vocera de los pueblos originarios en las ltimas elecciones mexicanas, si tenemos los mismos dolores podemos construir un espacio grande donde vayamos pensando juntos cmo vamos a ir acabando con este monstruo y que de eso se trata, de eso se trat el camino en el recorrer de ir invitando a que si no nos juntamos y nos ponemos de acuerdo para acabar el capitalismo ste nos va acabando de manera separada. Juntemos para ser ms fuertes y que les cueste ms trabajo que no tan fcil nos acaben. Da trabajo, pero es el llamado y el reto. Que juntos construyamos algo diferente y de muchos lados para que juntos vayamos tejiendo y haciendo una red grande.

Una red grande que no est en los horizontes de nuestra izquierda. La lucha contra el neoliberalismo de los 90 pari una nueva izquierda en la Argentina, como parte de las luchas de los pueblos de la Amrica Latina. Inmadura, joven, se fue desgranando tras viejos cantos de sirena y ms viejas organizaciones polticas. La nueva oleada de luchas en nuestro continente promete nuevas pariciones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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