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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2019

Gabriel Jackson en mi recuerdo

ngel Vias
Blog personal


La noticia del fallecimiento del profesor Gabriel Jackson me la dio por whatsap Carmen Esteban, que lo conoci perfectamente en los largos aos en que vivi en Barcelona. Fue hacia las diez de la noche del mircoles 6 de noviembre. No me sorprendi porque hace meses me haba escrito su hija de que no exista esperanza alguna de recuperacin. En aquel momento ya haba anunciado el bito el corresponsal de EL PAIS en Washington, aprovechando la diferencia de horario. Por lo que he visto, la prensa espaola se ha hecho eco del luctuoso suceso y el mismo peridico public el jueves una sentida necrolgica de Julin Casanova, felizmente de regreso entre nosotros. Tambin lo ha hecho Jos Antonio Martnez Soler, un periodista gran amigo de ambos que lo conoci bien. Con l ha desaparecido el tercero de los mejores hispanistas que en los aos sesenta del pasado siglo dieron a conocer a los espaoles su propia historia frente a los mitos, camelos, medias verdades y distorsiones propagadas por los publicistas a sueldo de la dictadura. No este el lugar, creo, de hacer un repaso a la bibliografa jacksoniana. S lo es, en consonancia con la orientacin de este blog, de plasmar un mero recuerdo personal.

 

En este sentido no olvidar nunca el momento en que por primera vez le la obra de Jackson que lo hizo instantneamente famoso: La Repblica espaola y la guerra civil. La public Princeton University Press en 1965. La compr en Glasgow en la primavera del ao siguiente. La le de un tirn mientras convaleca de una hepatitis que me dej postrado y que me hizo abandonar el curso que all segua. Me encant. Era algo diferente a lo que conoca hasta entonces.

Desde 1958, aproximadamente, haba ido reuniendo una pequea coleccin de libros sobre la guerra, casi todos prohibidos en Espaa. Eran, en general, de autores alemanes, franceses y de europeos orientales que haban estado en las Brigadas. En mi mochilita haba tambin ensayos historiogrficos. Entre ellos el primero fue, en 1961, el que surgi de la tesis doctoral de Manfred Merkes. El segundo el de Hugh Thomas en el mismo ao y el tercero, dos aos despus, el mtico Mito de la Cruzada de Franco de Southworth. No era mucho, pero tampoco era nada. Yo era un jovenzuelo que quera especializarse en la historia y el funcionamiento de las economas de planificacin central, algo que como el futuro se encargara de demostrar no tena demasiado porvenir.

En aquella convalecencia el libro de Jackson fue una revelacin. En l apareca con mayor claridad que en el de Thomas el esfuerzo reformador de la Segunda Repblica y el autor, comprometido con l, no disimulaba sus simpatas.

De nuevo en el extranjero, esta vez en Estados Unidos, fui posiblemente uno de los primeros lectores espaoles en sumergirse en las pginas de otro libro de Jackson, aparecido en 1969, en el que narraba sus peripecias en Espaa para conseguir documentacin primaria con la cual desentraar el pasado. Este libro, Historians Quest, dibuj unas dificultades con las que no me top aos ms tarde gracias al apoyo y los contactos del profesor Enrique Fuentes Quintana.

Lo que no recuerdo es cundo me encontr con Jackson personalmente. Quiz fuese por mediacin de Southworth. Tal vez en alguna de las reuniones de una sociedad de hispanistas norteamericanos. Cuando este present su Mito en Barcelona fueron Jackson y servidor quienes lo escoltamos y presentamos. Ambos eran muy amigos y cuando Jackson se traslad a Barcelona no dej de visitar a Southworth, que viva en el pleno centro geogrfico de Francia. Al fallecer, en 2001, Jackson no falt a su entierro. Yo no pude ir pero s acudi mi mujer.

En Espaa nos vimos con frecuencia. Vena a Madrid. A veces se qued en mi casa. Otras se fue a la de alguna conocida. Siempre me achuch (como tambin lo hizo Manuel Tun de Lara) para que no dejase de escribir sobre los aos oscuros.

Aunque cambiamos cartas (no muchas, siempre he sido reacio a mantener larga correspondencia excepto con Southworth) la relacin no se estableci sobre una base muy fluida hasta que dej la Comisin Europea. Invitamos a Jackson a pasar con nosotros las fiestas de Navidad. Era un excelente flautista y sola indicar a mi hija los errores que cometa cuando aprenda a tocarla. En los fines de semana solamos llevarlo a visitar algunas de las bellas ciudades prximas a Bruselas.

Cuando se plante la posibilidad de hacer un curso sobre la guerra civil en torno al Centro Pablo Iglesias naturalmente ech mano de l (y de Gabriel Cardona, Paul Preston y algn otro) para que vinieran a enriquecerlo con sus experiencias y comentarios. Fue entonces cuando me cont que estaba pensando en solicitar la nacionalidad espaola. Le haba animado el que ya se hubiese concedido a Ian Gibson. l llevaba muchos aos en Barcelona, se senta muy a gusto en Espaa pero no se decida, pero me parece que incluso haba consultado con algn abogado.

Acud a un colega en la REPER, Luis Luengo, consejero para Asuntos de Interior y que espero se acuerde de este episodio mejor que servidor. Almorzamos con Gabriel y le animamos. Luis sorte, si mi memoria no me es infiel, algunos escollos y el Consejo de Ministros termin aprobando su solicitud. Creo que me dijo que el entonces ministro de Justicia, el profesor Juan Fernando Lpez-Aguilar, aceler el procedimiento. Con lo que ninguno contaba es con que el juez ante el cual Gabriel deba jurar o prometer la Constitucin se eterniz en convocarlo. Al final, no tuvo ms remedio que hacerlo. Siempre supuse, pero puedo equivocarme, que no le haca mucha gracia que un ciudadano norteamericano, de izquierdas, pro-republicano y con claras simpatas por Azaa, pudiera contaminar ms an a los ciudadanos de pro al ponerse en igualdad de condiciones cvicas con ellos.

No escribir mucho acerca de la obra de Gabriel. No es este el lugar. S un pequeo apunte. Jubilado en Barcelona, donde se senta como el pez en el agua, no se durmi en los laureles, pero tampoco se someti al ritmo trepidante del publica o perece tan en boga en las Universidades norteamericanas y, a lo que parece, hoy tambin en las nuestras. CRITICA, y en particular el duo Gonzalo Pontn/Carmen Esteban, lo acogieron siempre con inmenso cario y le atendieron esplndidamente. Pas aos escribiendo una obra de sntesis, Civilizacin y barbarie en la Europa del siglo XX; se adentr por la novela; hizo obras de resumen sobre historia de Espaa (no hay que olvidar el librito que escribi sobre la Espaa medieval, ricamente ilustrado) y sobre la propia Repblica y la guerra civil; escribi numerosas recensiones; colabor con artculos en EL PAIS durante largos aos. Siempre acudi adonde se le llamara.

Sospecho que esta actividad mltiple debi de dejarle algo insatisfecho porque, ya entrado en aos, empez a pensar en escribir una biografa, aunque no al uso, de Juan Negrn, por quien senta (como servidor) una gran admiracin. Quiz recordando su experiencia de joven doctorando, ni corto ni perezoso entr en contacto con Carmen Negrn y consigui permiso para bucear en los fondos negrinistas que ella conservaba. El resultado fue una biografa diferente de las dems al uso (como, por ejemplo, las excelentes de Ricardo Miralles y Enrique Moradiellos). Cuando se public en 2008, si no recuerdo mal, Gabriel haba alcanzado la provecta edad de 87 aitos. Me pidi que la presentase en Barcelona. Haba escrito una obra de extrema madurez. Haba penetrado en la mente y en el corazn de un personaje nada fcil de comprender y lo haba hecho con solo esa agudeza que da -aunque a veces no- el paso de los aos.

Han tenido que pasar otros diez y empezar yo mismo a acercarme peligrosamente a la edad en que Gabriel nadaba de nuevo en los remolinos de la Repblica y de la guerra civil para comprender el inmenso esfuerzo que invirti en su ltima obra. Y ahora, cuando vuelvo a pensar en la Repblica que no pudo ser, de quien ms me he acordado en estos dos ltimos aos ha sido de Gabriel Jackson y de Herbert Southworth.

Descansa, Gabriel, en paz en tu propio pas. En Espaa muchos amigos y dos generaciones de historiadores, jvenes y menos jvenes, te echaremos siempre de menos.

Fuente: http://www.angelvinas.es/?p=1925



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