Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2019

Entrevista a Jeffery R. Webber, profesor titular en Goldsmiths, Universidad de Londres
Rebelin, reformismo y reaccin en Amrica Latina

Ashley Smith
Verso

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez y Beatriz Morales Bastos


Una oleada de revueltas contra la poltica de austeridad neoliberal barre Amrica Latina desde Chile a Ecuador. Las elecciones han devuelto a los peronistas al poder en Argentina y la crisis poltica ha vuelto a Bolivia bajo Evo Morales. Brasil contina a la sombra de Jair Bolsonaro, pero, hasta qu punto es duradera su poltica de extrema derecha y qu nos ensea el auge de la derecha por toda la regin? Ashley Smith habl con Jeffrey R. Webber acerca de los orgenes, la poltica y las trayectorias de estas luchas.

Webber es autor de varios libros sobre Amrica Latina, como Red October, From Rebellion to Reform in Bolivia yThe Last Day of Oppression and the First Day of the Same. Actualmente es profesor titular en Goldsmiths, Universidad de Londres, y en enero de 2020 empezar a ejercer como profesor asociado en el Departamento de Poltica de la Universidad de York, Toronto. Webber trabaja en estos momentos en su nuevo libro, The Latin American Crucible: Politics and Power in the New Era, que va a publicar Verso.

Una nueva serie de revueltas de masas ha conmocionado al mundo. En Amrica Latina y el Caribe han estallado protestas en Hait, Ecuador, Per, Argentina y Chile, por nombrar solo unas cuantas. Cules son las races econmicas y polticas de estos levantamientos?

Cada caso tiene unas dinmicas polticas particulares que hay que estudiar detalladamente, pero el origen de todas ellas est en las repercusiones regionales que ha tenido la crisis global del capitalismo que empez en 2008. Mientras que la crisis afect inmediatamente a Mxico, Amrica Central y el Caribe debido a su profunda integracin en el mercado estadounidense de diferentes maneras, el impacto en Amrica del Sur se produjo ms tarde.

En esta subregin de Amrica Latina el crecimiento se mantuvo gracias a que tiene unos vnculos ms profundos con el nuevo centro de acumulacin global, China, lo que contribuy a mantener altos los precios de las materias primas en el caso de productos de exportacin clave de Amrica del Sur (especialmente los minerales mineros, los productos agroindustriales y el gas natural y el petrleo), al menos hasta que la economa china tambin empez a tambalearse. Puesto que en aquel momento todava no se haba producido una verdadera recuperacin en Estados Unidos o en la Eurozona, no haba una nueva fuente de dinamismo en el mercado mundial para recuperar la inactividad provocada por la relativa desaceleracin de China.

As, para 2012 la mayor parte de Amrica Latina estaba profundamente sumida en la crisis y economas dependientes del petrleo como Venezuela y Ecuador se vieron entonces duramente afectadas por la cada de los precios del petrleo a mediados de 2014. Entre 2009 y 2018 la tasa de crecimiento anual de toda Amrica Latina y el Caribe (que obviamente oculta importantes desigualdades entre pases y subregiones) fue la siguiente: -1.8 (2009), 6.2 (2010), 4.5 (2011), 2.8 (2012), 2.9 (2013), 1.2 (2014), -0.2 (2015), -1.0 (2016), 1.3 (2017), 0.9 (2018).

As, desde 2012 ha habido un empeoramiento econmico continuo en diferentes formas, con dos aos de clara contraccin, y esta situacin ha ido acompaada de una nueva era de austeridad generalizada, ya sea administrada por gobiernos que supuestamente son de izquierda o por gobiernos que son claramente de derecha. Este es el teln de fondo material del fin del ciclo" de la marea rosa: una inestabilidad cada vez mayor, la insurgencia de la derecha y nuevas oleadas de protesta.

Incluso economistas de la corriente dominante reconocen ahora que estamos en medio de un nuevo perodo de estancamiento a escala mundial, atravesado por el recrudecimiento del conflicto geopoltico entre China y Estados Unidos, y los incendios literales en todo el mundo vinculados al actual desastre ecolgico. Hay que entender el actual escenario latinoamericano en este contexto ms amplio.

Del mismo modo que cada uno de los pronsticos econmicos mundiales para 2019 publicado por el Fondo Monetario Internacional ha tenido que rebajar sus expectativas para la economa mundial en comparacin con pronsticos anteriores, el ltimo informe de la Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe de la ONU predice una tasa de crecimiento agregado anual para 2019 de solo el 0,5 % para toda Amrica Latina y el Caribe, frente al 0,9 % en 2018. Tambin estn disminuyendo las inversiones, las exportaciones, el gasto pblico y el consumo privado. Y en toda la regin este fenmeno es mucho ms generalizado que en el pasado reciente, ya que hay 21 de 33 pases en desaceleracin (si se excluye el Caribe, se prev que 17 de 20 pases latinoamericanos pierdan fuerza este ao).

Obviamente, es difcil hablar de todas estas luchas que han surgido al tiempo que esta desaceleracin econmica. Pero, cules son algunas de sus caractersticas comunes? Cul es su composicin de clase y social?

Puede que lo mejor sea tratar de ofrecer unos comentarios relativamente detallados y contextualizados acerca de solo tres de los casos que ha mencionado, Argentina, Ecuador y Chile. Cada uno tiene sus dinmicas particulares pero tambin hay algunos aspectos cuya importancia se puede generalizar.

A diferencia de Ecuador y Chile lo dominante ltimamente en Argentina ha sido la temporalidad de las elecciones en vez de los ritmos de la lucha callejera. Por supuesto, lo primero que debemos sealar es la victoria de Alberto Fernndez en las elecciones del mes pasado. Se present por los peronistas junto con la expresidenta Cristina Fernndez de Kirchner (CFK) como su vicepresidenta.

Fernndez, un conocido peronista moderado de centro, ejerci como funcionario de alto nivel entre bastidores en el gobierno de Nstor Kirchner (2003-2007). Nstor Kirchner era el difunto esposo de CFK que, en vez de postularse a s misma, ungi a Fernndez como candidato presidencial del peronismo a principios de este ao en un intento de unificar lo que se haba convertido en un fragmentado campo peronista. Este paso tambin supuso un giro al centro del tipo de peronismo de izquierda populista que haba representado CFK si se hubiera presentado ella misma.

Fernndez gan las elecciones con el 48 % del voto popular frente a Mauricio Macri, el actual candidato del partido gobernante de centro-derecha Cambiemos, que obtuvo el 40 % del apoyo del electorado, un logro poltico nada desdeable teniendo en cuenta el contexto de un desastre socioeconmico sin paliativos sobre el que Macri presidi como presidente.

Qu opina de la respuesta de la izquierda internacional a la victoria peronista? Es correcto considerarlo, como han argumentado algunas personas, un cambio de rumbo del declive de la marea rosa?

Parte de la izquierda internacional han saludado la vuelta del peronismo al gobierno en Argentina como una prueba de que nunca hubo realmente un fin del ciclo de la marea rosa, como habamos afirmado varios de nosotros. Afirman que no cabe duda de que los buenos tiempos han vuelto despus de lo que ellos consideran una breve pausa.

Por supuesto, la realidad es mucho ms ambigua, tanto por los lmites del proyecto kirchnerista original que oculta esta respuesta optimista como, especialmente, por las tensiones que van a sacudir al nuevo gobierno mientras navega por las traicioneras aguas de un feroz colapso econmico, la oposicin de una clase capitalista nacional descontenta y la disciplina del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La derrota electoral de Macri era absolutamente necesaria y la lista electoral de Fernndez-CFK era el nico camino viable para lograr dicha derrota. Al menos en el presente inmediato la derrota de Macri significa un revs para las muchas fuerzas de derecha que operan en la regin: el FMI, Donald Trump, Jair Bolsonaro en Brasil y Sebastin Piera en Chile, etc.

Todo esto es para bien. En cierto modo, tambin es una victoria popular en la medida en que es probable que la clase trabajadora argentina salga de estas elecciones con unas expectativas sociales y una confianza ms elevadas de las que habra tenido si Macri hubiera permanecido en el cargo. Ahora se ha hecho responsable a Macri de su papel en la crisis socioeconmica.

As, como afirma Martn Mosquera, la eleccin de Fernndez es una expresin refractada del ciclo de movilizaciones sociales forjadas durante gran parte del gobierno de Macri. Pero es una victoria popular muy contradictoria y ambigua que se podra transformar rpidamente en una derrota popular si no se vuelve de forma inmediata y generalizada a la lucha social desde abajo.

En que sentido la victoria de Fernndez es una victoria con dos caras?

Si la victoria de Fernndez es una expresin del ciclo de movilizaciones anti-Macri, tambin es, como seala Mosquera, un indicio de las debilidades de dicho ciclo. A falta de victorias sociales importantes en forma la derrota del programa de austeridad de Macri por medio de la protesta extraparlamentaria y a falta de un proyecto poltico independiente de las clases populares con un programa radical (el trotskista FIT-Unidad fue marginado electoralmente y debilitado tanto por el sectarismo como por las controversias internas de algunas de las organizaciones que lo conforman), el generalizado sentimiento anti-Macri se acab encauzando, en un sentido distorsionado, hacia una agenda electoral definida por el peronismo centrista.

Por consiguiente, aunque es cierto que es probable que la conciencia popular de la clase trabajadora gane ms confianza tras la victoria de Fernndez que si Macri hubiera permanecido en el poder, la conciencia de la clase trabajadora siempre est mezclada, nunca se mueve en una sola direccin. Por consiguiente, tambin es cierto que lo que Mosquera denomina el realismo minimalista del programa de Fernndez ya contiene hasta cierto punto esa conciencia.

Tambin es importante el hecho de que el partido de Macri, Cambiemos, que obtuvo el 40 % de los votos, retuviera su base pequeoburguesa y de clase media clave, por lo que el fracaso electoral del hombre no se debe equiparar a la derrota del ms amplio fenmeno popular del macrismo y los sentimientos reaccionarios que dicho movimiento aglutina cada vez ms. Los seguidores de Macri no han perdido la fe e insisten en pedir que se responda a la crisis restaurando el orden por medio de la represin estatal del crimen y de la protesta social.

Esta situacin es muy distinta del escenario que haba inmediatamente despus de 2001 (el ltimo perodo explosivo de crisis econmica y de movilizacin popular en Argentina), cuando la clase media se radicaliz y se movi hacia la izquierda abandonando su hogar poltico tradicional en el partido de la Unin Cvica Radical (UCR). La derecha, pues, sigue siendo un peligro inmediato y presente.

Teniendo todo esto en cuenta, qu prev acerca del futuro inmediato de la poltica argentina?

Para entender las direcciones que podra seguir la poltica argentina en el escenario postelectoral conviene reflexionar brevemente acerca de los modelos de movilizacin social desarrollados bajo Macri. Como han afirmado Adrin Piva y Martn Mosquera, Macri lleg al poder en un contexto que no era obviamente favorable a una ofensiva capitalista contra el trabajo.

El proyecto kirchnerista saliente no haba implosionado en ningn sentido profundo ni haba habido una derrota social a gran escala de las clases populares y su capacidad organizativa. El equilibrio de fuerzas sociales reinante segua estando muy determinado por el resultado de las insurrecciones sociales posteriores a 2001 y su contencin e institucionalizacin parciales en el modelo peronista de Kirchner.

As, desde el inicio de su gobierno en 2015 se recibi a Macri con amplias movilizaciones contra la austeridad, lo que explica el llamado enfoque gradualista de la reestructuracin econmica que adopt el rgimen en el periodo 2016-2017. Tras las elecciones de medio mandato de octubre de 2017 en las que Cambiemos obtuvo la victoria con el 40 % de los votos debido en parte a la enorme fragmentacin del peronismo, el gobierno trat de cambiar hacia un programa de austeridad permanente y a una ofensiva legislativa contra la clase trabajadora.

Pero el enorme nivel de resistencia contribuy a retrasar la planeada reforma laboral y, en particular, la reforma de las pensiones, que fue recibida con unas protestas multitudinarias en la plaza situada frente al Congreso y con batallas con las fuerzas de seguridad en las calles en diciembre de 2017. Esta resistencia provoc una prdida constante del apoyo a Macri, el aislamiento cada vez mayor del presidente y la paralizacin parcial de las medidas de reforma.

Con todo, en 2018 hubo un descenso relativo de los movimientos sociales, un modelo que continu hasta 2019 como indica parcialmente la disminucin de los das perdidos por huelgas en comparacin con 2017 a pesar de que caan los ingresos reales, ms trabajadores perdan su trabajo en el sector privado y se aceleraban los recortes al gasto pblico. En efecto, como sugieren Piva y Mosquera, esas caractersticas de la crisis econmica unidas al rpido aumento de la inflacin en realidad haban intensificado los efectos disciplinarios sobre la resistencia de la clase trabajadora.

Estos elementos econmicos funcionaron conjuntamente con un giro cada vez mayor de la poltica hacia el terreno electoral y el llamamiento de los kirchneristas a que sus bases en los movimientos sociales y sindicatos se desmovilizaran para no poner en peligro el xito peronista en las elecciones de octubre de 2019. En una potencial seal de en qu se va a convertir el comportamiento del movimiento bajo el gobierno de Fernndez, la mayor parte por las organizaciones sociales y de los sindicatos peronistas respondieron a ese llamamiento a la calma.

Hubo alguna tendencia contraria a la desmovilizacin social?

S, el movimiento feminista argentino. Desafi el modelo de relativa desmovilizacin social que se haba fijado para 2018. Es con mucho el elemento ms importante de la lucha popular en el pas desde 2015, cuando estallaron las primeras movilizaciones masivas del movimiento Ni Una Menos contra la violencia de gnero.

En 2018 el movimiento feminista fue responsable de una de las mayores movilizaciones de la historia argentina (aproximadamente dos millones de personas solo en Buenos Aires) con motivo del debate en el Congreso de una ley sobre un aborto legal, seguro y gratuito. Este ao [2019], a pesar de una fuerte disminucin de la lucha social en el perodo previo a las elecciones, la participacin argentina en la Huelga Feminista Internacional del 8 de marzo fue masiva, lo mismo que la quinta marcha de Ni Una Menos el 3 de junio.

Desde 1986 se celebra en Buenos Aires un foro denominado Encuentro Nacional de Mujeres. Otra seal de la profundidad y radicalizacin del movimiento feminista en los ltimos aos ha sido el hecho de que estos encuentros renen ahora anualmente a 50.000 mujeres, lesbianas, travestis, trans, transexuales y personas no binarias. Tambin ha habido un cambio en el nombre de estos encuentros nacionales que refleja una apertura hacia identidades ms feministas y se vincula con las luchas indgenas y con el internacionalismo. Ahora se llama el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis y no Binaries.

Como han destacado Gabi Mitidieri y Cami Baron, es un movimiento feminista transversal, que rene miles de elementos de lucha y que presagia un obstculo de resistencia a la implementacin del programa econmico de Macri. Por transversal entienden que se trata de un feminismo que rene a sindicatos, activismo estudiantil, personas trabajadoras informales y una enorme variedad de colectivos de personas activistas partidistas y no partidistas.

Ideolgica y polticamente este movimiento ha unido diferentes componentes de la crisis multidimensional a la que se enfrenta la sociedad argentina: econmica, ecolgica, poltica, cultural, sexual y afectiva. A la hora de movilizar a las masas su cuadro organizativo incluye a trotskistas del FIT-Unidad, activistas kirchneristas que trabajan dentro y fuera de las instituciones estatales, y anticapitalistas autnomos.

Este movimiento feminista que resurge con fuerza ha visibilizado a personas trabajadoras que durante mucho tiempo han estado ausentes de las concepciones obreras tradicionales de la clase trabajadora: mujeres, trans, queers, trabajadoras domsticas no remuneradas, personas trabajadoras informales y personas trabajadoras precarias racializadas y feminizadas. Mitidieri y Barn afirman que con todas las alianzas y redes entroncadas en sus luchas el nuevo feminismo argentino es hoy en da el hilo conductor central de la lucha de clases en el pas.

Es el vector ms probable a travs del cual se podra consolidar una conciencia anticapitalista, una conciencia lo suficientemente capaz de hacer frente a la crisis multidimensional de la sociedad, la ecologa y la poltica. De todos los movimientos de masas activos hoy en da en el pas el movimiento feminista es tanto el ms plural, horizontal, participativo y democrtico, como el ms radical y con mayor alcance en su desafo a los sistemas polticos tradicionales de representacin, al movimiento sindical oficial, a la estigmatizacin de determinados trabajos desempeados por personas trabajadoras feminizadas y al poder de la Iglesia Catlica en el Estado y la sociedad argentinos, entre otras cuestiones y mbitos.

Qu perspectivas tiene el movimiento popular argentino en el prximo periodo con la toma de poder oficial de Fernndez a primeros de diciembre?

El contexto econmico es importante. Existe un paro de dos dgitos y la inflacin ms alta en casi 30 aos. Tras una disminucin del PIB del 2.1 % en 2016 y una ligera recuperacin del crecimiento del 2,7 % en positivo en 2017, el ao 2018 fue testigo de una disminucin an mayor del 2,5 %.

En 2018 Macri acept un prstamo del FMI de 57.000 millones de dlares, el mayor prstamo concedido a cualquier pas en la historia de la institucin. El FMI y el gobierno de Trump hicieron una fuerte apuesta para mantener a la derecha en el poder y en este sentido han perdido mucho. Pero como sugera un reciente artculo de opinin del Financial Times, Alberto Fernndez ya ha prometido respetar todos los contratos y hacer un esfuerzo para pagar todas las obligaciones de Argentina. No parece apropiado caracterizar al nuevo gobierno de irresponsable. Segn algunos informes, Argentina debe pagar 30.000 millones de dlares de su deuda a finales de este ao, es decir, cuando Fernndez slo lleve un mes en el gobierno, y otros 50.000 millones de dlares ms a lo largo de 2020.

La caracterstica ms clara del intencionadamente opaco programa de campaa de Fernndez fue la propuesta de un "pacto social" segn el cual se pide a cada parte de la relacin capital-trabajo que sea razonable. Los sindicatos no deben exigir ms de lo que sea posible y los capitalistas no deben esperar ms de lo que se pueda dar razonablemente dada la difcil situacin poltico-econmica a la que se enfrenta el nuevo gobierno. Fernndez parece querer esperar que en el futuro inmediato haya los menores contratiempos posibles y contener las expectativas populares mientras renegocia la deuda con el FMI con la esperanza de que llegue pronto un nuevo ciclo de expansin, lo que parece poco posible. Final del formulario

Cules son las trayectorias posibles de los movimientos sociales y de la izquierda en esta situacin?

Piva y Mosquera sugieren dos, cada una con unas probabilidades razonables de hacerse realidad. En el primer y peor escenario hipottico el gobierno peronista entrante introducira por medio de un proceso de pacificacin social apoyndose sobre todo en la integracin peronista tradicional y en la cooperacin de la burocracia sindical una versin modificada y negociada de las reformas estructurales que Macri no pudo introducir. Si empeorara la crisis econmica, en particular su componente hiperinflacionista, mejoraran las posibilidades de esta va "mnimamente realista" de la crisis actual.

En un segundo escenario, que es preferible, el nuevo gobierno peronista sera incapaz de contener el descontento social debido a una combinacin de demandas excesivamente austeras por parte de las clases dominantes y del FMI que no podran obtener legitimidad poltica, y/o porque la derrota de Macri habra generado un nuevo clima poltico en el que las expectativas socioeconmicas y polticas de las clases populares se habran vuelto lo suficiente altas como para militar en contra de las tendencias hacia la integracin y la pacificacin y presionar por una nueva movilizacin social. De nuevo, el hecho de que el movimiento feminista se haya convertido en un vector transversal de la lucha de clases contra la austeridad, de que siga movilizado y siendo relativamente libre de la institucionalizacin tradicional significa que ser un componente fundamental de todos los esfuerzos para que el segundo escenario se convierta en realidad en los prximos meses.

Las grandes crisis de la historia reciente de la economa argentina (1975, 1981-82, 1989, 2001-02 y la actual) han puesto de manifiesto en un grado u otro caractersticas comunes de devaluaciones extremas, alta inflacin, colapso de los salarios de las personas trabajadoras y deterioro de las condiciones laborales. Cada una de ellas tambin se caracteriz por unas situaciones de crisis poltica muy inciertas e inestables cuyo resultado final fue todo menos planificado previamente.

Como indica Mosquera, las luchas populares de 1975 derrotaron un programa reaccionario solo para ser derribadas un ao despus por la instauracin de una criminal dictadura militar. De forma similar 2001 empez con un nuevo ciclo de luchas que en parte impidi que se realizaran los intereses y planes de las clases dominantes. La crisis de 1989-1991, en cambio, marc el inicio de una dcada de contrarreforma neoliberal en la forma del peronismo de derecha de Carlos Menem.

Como las anteriores la crisis actual es t llena de fluctuaciones y de una incertidumbre poltica y econmica radical . Para que la segunda salida hipottica a la crisis llegue a buen trmino los movimientos sociales y los sindicatos tendrn que proteger su independencia y autonoma de clase, y resistir a l a s previsibles declaraciones de Fernndez de que se necesita la pacificacin social y la cooperacin sindical con las reformas austeras para garantizar la "gobernabilidad" de un "gobierno popular" en un contexto de inestabilidad econmica. A l os argentinos les podra ir an peor en caso de repetir lo ocurrido recientemente en E cua dor y C hile si Fernndez intentara un programa de austeridad propio, por muy diluido que estuviera en comparacin con el de Macri.

Cul es la situacin en Ecuador y Chile?

Empecemos por Ecuador. El pasado mes de marzo el Fondo Monetario Internacional accedi a prestar a Ecuador 4.200 millones de dlares como parte de un amplio paquete de 10.200 millones de dlares en el que el Banco de Desarrollo de Amrica Latina (CAF) tambin solt 1.800 millones de dlares, el Banco Mundial 1.700 millones de dlares y el Banco Interamericano de Desarrollo 1.700 millones de dlares, mientras que varias organizaciones multilaterales ms pequeas cubrieron el resto.

Como suele ocurrir en estos acuerdos, los prstamos iba estaban condicionados a la aplicacin de unas "reformas estructurales" centradas principalmente en reducir el dficit fiscal, la reforma laboral, aumentar las reservas de divisas y crear las condiciones para hacer an ms atractiva la inversin corporativa transnacional en los sectores extractivos de la economa ecuatoriana. Aunque el FMI se ha centrado en el dficit, en el sentido ms inmediato el verdadero problema es la dolarizacin de la economa ecuatoriana, que ha privado al pas de toda capacidad normal de poltica monetaria y que ha hecho que las importaciones sean exageradamente baratas y la produccin de bienes industriales para la exportacin sea imposiblemente cara de sostener.

Aunque Ecuador solo produce el 0.5 % de la produccin mundial de petrleo, su economa depende fuertemente de este producto de exportacin para obtener divisas. El desplome de los precios del petrleo a mediados de 2014 fue el mecanismo clave a travs del cual lleg a Ecuador la crisis econmica mundial. El PIB creci a un nivel regional relativamente alto para la media regional, al 3,5, 7,9, 5,6 y 4,9 % en 2010, 2011, 2012 y 2013 respectivamente, antes de desacelerarse drsticamente al 3,8 (2014), 0,1 (2015), -1,2 (2016), 2,4 (2017) y 1,4 (2018). Adems del petrleo los ingresos de exportacin de los sectores de la banana, las gambas y el cacao tambin se vieron afectados por el fin del auge de los productos bsicos.

Por consiguiente, la primera mitad de la dcada de la presidencia de Rafael Correa (2007-2017) se caracteriz por un crecimiento casi frentico segn los parmetros ecuatorianos, con unas rentas petroleras que permitieron importantes aumentos en el gasto pblico y social. Al mismo tiempo la intensificacin del capitalismo extractivo en los sectores minero y petrolero, bajo el control del capital multinacional, supuso una confrontacin cada vez mayor entre Correa y los movimientos indgenas y socioecolgicos. Simultneamente Correa se opuso brutalmente a los sindicatos y luch ferozmente contra el movimiento laboral en el sector pblico en sus dos legislaturas.

Por lo tanto, la era de Correa se caracteriz por un proyecto extractivo de modernizacin capitalista, una orientacin exagerada hacia la gobernanza tecnocrtica de arriba hacia abajo, la distribucin dirigida de parte de la renta petrolera a capas de las clases populares y una actitud desmovilizadora, cada vez ms represiva y criminalizadora respecto a las luchas socioecolgicas, el movimiento trabajador organizado y el movimiento indgena, especialmente su organizacin principal, la Confederacin de Nacionalidades Indgenas del Ecuador (CONAIE). Una vez que el componente distributivo de la base de desarrollo de Correa comenz a decaer en el contexto del estancamiento econmico, los siempre presentes elementos reaccionarios de su rgimen se endurecieron an ms y la popularidad de Correa empez a flaquear.

Lenn Moreno, que haba sido vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013, fue su sucesor como candidato del partido Alianza Pas en las elecciones de 2017. Moreno gan la segunda vuelta en aquellas elecciones en abril y asumi la presidencia en mayo. Casi inmediatamente Moreno se volvi claramente contra su predecesor al abrir una investigacin por corrupcin contra Correa relacionada con el proceso judicial de Lava Jato en Brasil y los tristemente clebres escndalos asociados a la empresa brasilea de ingeniera y construccin Odebrecht en varios pases de la regin, incluido Ecuador.

El proceso anticorrupcin tambin implic rpidamente a Jorge Glas, vicepresidente de Moreno, que tambin haba sido vicepresidente de Correa entre 2013 y 2017. Moreno separ a Glas de la vicepresidencia en agosto de 2017 y posteriormente Glas fue condenado a seis aos de prisin por aceptar 13,5 millones de dlares en sobornos relacionados con el escndalo de Odebrecht.

Con la gran rivalidad geopoltica entre China y Estados Unidos Moreno tambin se apart de los vnculos relativamente estrechos de Correa con China y dej clara su lealtad a Estados Unidos. Puso fin al asilo de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres, volvi a abrir Ecuador para las tropas estadounidenses (al norte y en las islas Galpagos) y apoy la iniciativa de integracin regional respaldada por Estados Unidos (el Foro para el Progreso de Amrica del Sur, Prosur) creada para sustituir a la ms independiente Unin de Naciones Sudamericanas (UNASUR), de la que estn excluidos Canad y Estados Unidos.

En resumen, el rgimen de Moreno se puede definir clara e inquivocamente como de derecha independientemente del papel que desempe en el primer gobierno de Correa y de cmo caractericemos en ltima instancia el ms complicado periodo de Correa. Una figura presidencial en cierto modo comparable a la de Moreno podra ser la de Daniel Ortega en Nicaragua.

A diferencia de Correa, Moreno cuenta con la aprobacin incondicional de la televisin privada y medios impresos dominantes. Tanto los crculos oficiales del gobierno como los de los medios de comunicacin privados se haban aislado tan eficazmente de cualquier conciencia de las realidades y sentimientos cotidianos de la mayora de la poblacin que llegaron a confundir su propia unanimidad respecto a la necesidad de una reestructuracin neoliberal y de un acuerdo con el FMI con un consenso social ms amplio. Cuando se produjo un levantamiento popular instantneo en respuesta al paquete de medidas de ajuste de Moreno, que se anunci el 1 de octubre, estaban genuinamente desconcertados y en desventaja.

Qu medidas desencadenaron esta revuelta?

El catalizador inmediato fue una reduccin de los subsidios de la gasolina y el disel, lo que provoc un fuerte aumento de precio de la gasolina y dobl el precio del disel de la noche a la maana, lo que caus el mayor malestar social en el pas desde finales de la dcada de 1990 y principios de la dcada de 2000 (un perodo en el se derroc a varios gobiernos).

Como suele ocurrir en el caso de las cuestiones polticas y econmicas del Ecuador, el mejor anlisis de coyuntura hasta ahora ha sido el del socilogo Pablo Ospina Peralta. Seala que los propios datos del gobierno afirman que los recortes de los subsidios de la gasolina y al petrleo generarn 1.500 millones de dlares de los 2.000 millones de dlares en ahorros anuales que espera lograr con todo el paquete de reestructuracin. Tanto los vehculos de transporte pesado encargados de llevar las mercancas a los mercados como por los vehculos de transporte pblico son los que suelen utilizar disel.

Segn el programa del gobierno, los recortes de los subsidios del disel generarn 1.170 millones de dlares de los 1.500 millones de dlares de ahorros en el sector de la energa subvencionada. A diferencia de disel, en este pas la gasolina la utilizan los dueos de coches particulares, aproximadamente el 25 % de la poblacin. Los recortes de los subsidios de la gasolina generarn los 330 millones de dlares restantes de ahorros.

Como seala Peralta, dado que la subida del disel provocar tanto un aumento de la tarifa del transporte pblico como un aumento de los precios de los productos bsicos en los mercados puesto que el aumento del coste de transporte se carga a los consumidores, el 75 % ms pobre de la poblacin asumir el 78 % del costo del recorte de los subsidios, mientras que el 25 % ms rico de los propietarios de automviles asumir la carga restante del 22 %. Al margen de la cuestin de la racionalidad de los propios recortes, la formulacin poltica especfica de su ejecucin supone una guerra de clases manifiesta contra las personas pobres.

Las protestas que se produjeron en todo el pas durante 11 das a partir del 3 de octubre sacaron a la luz el carcter represivo, dbil e inepto del rgimen de Moreno. Aunque fueron los transportistas quienes hicieron el llamamiento inicial, una CONAIE rejuvenecida asumi el liderazgo de las protestas, lo que supone un acontecimiento emocionante para las perspectivas de las luchas indgenas de izquierda en otras partes de la regin dada la postura ejemplar de la CONAIE en esa mbito desde la dcada de 1960.

Varias marchas militantes indgenas convergieron en Quito desde algunas de las provincias ms empobrecidas y ms indgenas, como Esmeraldas, Napo, Chimborazo y Morona, lo que no es casual. Como ocurre con las feministas en Argentina, las militantes indgenas ataviadas con ponchos se han convertido una vez ms en el hilo conductor transversal de la lucha de clases en Ecuador. Lo reflejaba bien una de las pancartas populares de las marchas indgenas: IMF fuera de Ecuador.

A las protestas indgenas que se dirigan a la capital, Quito, desde diferentes partes del pas se unieron personas estudiantes, desempleadas, trabajadoras precarias y activistas laborales que se enfrentaron con las fuerzas armadas y la polica. Los siguientes das Quito se llen de barricadas y coches quemados. Hubo que desplazar temporalmente la sede del gobierno a la ciudad costera de Guayaquil. Moreno declar el estado de emergencia que suspenda los derechos constitucionales de movimiento y asociacin, y con 30 minutos de anticipacin se declar un toque de queda en Quito a las 3 de la tarde. Al menos cinco personas murieron y 2.000 fueron detenidas.

La ONU y la Iglesia Catlica facilitaron las negociaciones entre los lderes indgenas y el gobierno que terminaron con la retirada de los recortes de los subsidios del disel y el gas. Lo que es ms importante es que la militancia de los movimientos indgenas y sus aliados del sector popular han demostrado una vez ms ser un enemigo poderoso de la austeridad, el dominio de clase, la devastacin ecolgica, el racismo y la arrogancia imperialista del FMI. En la dcada de 1990 y principios de la de 2000 Ecuador, junto con Bolivia, haba asumido una posicin de vanguardia en Amrica Latina debido a la profundidad y difusin de las variadas formas de movimientos radicales desde abajo autoorganizados y estrechamente conectados en red. El pueblo de Ecuador ha asumido una vez ms su responsabilidad.

Qu nos puede decir del levantamiento en Chile que probablemente sea el acontecimiento ms importante? Qu lo desencaden y cmo se est desarrollando en estos momentos?

La historia y la dinmica de la rebelin en Chile son diferentes de las de los otros pases. Chile no estuvo en sintona con las tendencias regionales de radicalizacin popular de finales de la dcada de 1990 y principios de la de 2000. En parte se debe a que la dictadura militar de Augusto Pinochet desde 1973 hasta 1990 aniquil a gran parte de la izquierda organizada de modo que la lite se enfrent a una muy mermada oposicin a su transicin controlada a la democracia liberal, que mantuvo la base neoliberal de la economa introducida por primera vez por Pinochet con la ayuda de los Chicago Boys a mediados de la dcada de 1970.

Todos los gobiernos entre 1990 y 2010 estuvieron formados por una coalicin de centro izquierda llamada Concertacin [de Partidos por la Democracia] que inclua al Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demcrata Cristiano. El reinado de Concertacin termin con la formacin en 2010 del gobierno de Sebastin Piera perteneciente al partido Chile Vamos, una coalicin de partidos de centro derecha y derecha. La coalicin que sucedi a Concertacin, Nueva Mayora, regres despus al poder con la segunda presidencia de Michelle Bachelet (2014-2018), a la que sigui la vuelta de Piera a la presidencia en marzo de este ao.

Durante todo el perodo posterior a la dictadura Chile fue considerado en un modelo de crecimiento neoliberal y de estabilidad poltica. Aunque con varias enmiendas, contina vigente la constitucin promulgada en 1980 bajo la dictadura. En los aos inmediatamente posteriores a la crisis mundial de 2008 el producto interior bruto creci a unos niveles razonablemente altos segn los criterios regionales (5,8 en 2010, 6,1 en 2011, 5,3 en 2012 y 4,0 en 2013) antes de disminuir tras el final del auge de los productos bsicos y llegar a unas tasas de crecimiento del 1,8, 2,3, 1,7 y 1,3 % entre 2014 y 2017. Con todo, la acumulacin se recuper en 2018 con un crecimiento del PIB del 4,0 %, aunque en 2019 est disminuyendo de nuevo a medida que se deteriora la economa mundial.

La ideologa dominante, que comparten tanto el centro izquierda como el centro derecha, se ha basado en el aislamiento tecnocrtico de los polticos y la despolitizacin de la sociedad, de modo que la tirana impersonal del mercado puede actuar libremente como rbitro supremo del conflicto social. Aunque el crecimiento ha sido comparativamente estable, la pobreza en Chile es escandalosa. Diez multimillonarios chilenos se jactan de que la suma de sus activos equivale al 16 % del PIB.

La columna Bello de la revista conservadora britnica The Economist ofreca esta semana una observacin reveladora: "Hace algunos aos su columnista asisti a una fiesta de unas 60 personas en Santiago. Un amigo le susurr al odo: 'Te das cuenta de que la mitad del PIB de Chile est en esta habitacin?.

Mientras tanto, las clases trabajadora y media viven del crdito, se endeudan para pagar los enormes costos de la vida debidos a la privatizacin de la educacin, la salud, las pensiones, las carreteras y los servicios de agua, y a los draconianos impuestos ocultos que se imponen a las personas pobres, como los altos precios del transporte pblico. La deuda de los hogares en Chile es la ms alta de Amrica Latina, un 45,4 % del PIB; como es sabido, el endeudamiento personal de la clase trabajadora es un enorme ltigo disciplinario en manos del capital, un ltigo que obliga a las personas trabajador a s a trabaj ar cada vez ms para mantenerse a flote . Una de las amargas ironas de la situacin actual es que Piera hizo gran parte de su riqueza, que se calcula en 2.800 millones de dlares, introduciendo la deuda de las tarjetas de crdito entre las clases populares chilenas.

La desigualdad tambin llega al sistema jurdico, en el que es un secreto a voces que todos los principales partidos polticos actan en connivencia ilegal con los grandes oligopolios del pas. Incluso en los raros casos en que salen a la luz y son acusados legalmente de culpabilidad, no se enva a los peces gordos a la crcel, sino que se les imponen pequeas multas que ni siquiera pretenden cubrir los beneficios obtenidos con sus transacciones corruptas.

Mientras tanto, los guardias de seguridad privados (y en los barrios ms pobres, la polica armada) vigilan a los usuarios de la clase trabajadora de las rutas de microbuses de las principales ciudades para detener a quienes no paguen el billete. Las multas pueden ser enormes, el equivalente a varios cientos de dlares e incuso la crcel. Como sin duda veremos en esta entrevista, los sentimientos solidarios de clase implican una simpata generalizada por quienes no pagan el billete y una antipata igualmente enorme por los evasores de impuestos corporativos y sus aliados polticos.

Cmo se ha cuestionado en las ltimas semanas esta austeridad neoliberal?

En una entrevista publicada en Financial Times el 17 de octubre y que puede que le atormente, Piera reflej el ethos del modelo chileno visto desde la perspectiva de la clase dirigente: Mire Amrica Latina, afirm Piera. Argentina y Paraguay estn en recesin, Mxico y Brasil estancados, Per y Ecuador en una profunda crisis poltica y en este contexto Chile parece un oasis porque tenemos una democracia estable, la economa est creciendo, estamos creando empleos, estamos mejorando los salarios y estamos manteniendo un equilibrio macroeconmico. [] es fcil? No, no lo es. Pero merece la pena luchar por ello.

Al da siguiente el pas explot y el "oasis" se convirti en un meme popular que ridiculizaba a Piera. Si el desencadenante en Ecuador haba sido el aumento de los precios del disel y la gasolina, en Chile fue el aumento de las tarifas del metro pblico de Santiago. Esta ciudad tiene uno de los sistemas de transporte pblico ms caros del mundo, que tiene una subida acumulada de las tarifas del 40 % entre 2010 y 2015.

El primer actor que se movi fue el movimiento estudiantil que organiz una manifestacin de "evasin masiva" en el metro en la que no se pag el billete en un acto colectivo de resistencia. La polica respondi con una represin estatal gratuita que aliment la ira popular y el apoyo a la accin de no pagar el billete.

Las fuerzas de seguridad del Estado emplearon an ms violencia, el presidente declar rpidamente un estado de emergencia que suspenda varios derechos constitucionales, impona el toque de queda primero en Santiago y despus en muchas ciudades del pas, y por primera vez desde 1990 enviaba a los militares a las calles con vehculos fuertemente blindados. En otro guio a la oscura era de Pinochet, Piera anunci que el rgimen estaba "en guerra" con un poderoso enemigo interno.

Se dispar el sentimiento antidictatorial mayoritario y la poblacin cobr vida, viol el toque de queda y los draconianos intentos del estado de emergencia de acabar con los derechos de reunin y movimiento. Una heterognea amalgama de clases populares y de la clase media endeudada de forma generalizada y en descenso social estall al unsono. Una dialctica de masificacin del movimiento y represin estatal barri el pas durante dos semanas. Se organiz un movimiento que trascenda con creces la subida de 30 pesos del precio del billete. Como dice una consigna viral, no es por 30 pesos, sino por 30 aos!.

Todo el modelo posterior a la dictadura de opresin neoliberal se ha puesto en tela de juicio. Prcticamente ninguna institucin poltica o estatal del pas tiene credibilidad alguna para la poblacin. Ha quedad expuesto el orden socioeconmico realmente existente del neoliberalismo chileno, todo el edificio se basa ahora abiertamente en la coercin militar y policial de la vasta mayor.

Quienes leyeron las encuestas elaboradas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sobre los sentimientos de la ciudadana acerca de las instituciones estatales en los ltimos aos deberan haber tenido la sensacin de que era inminente una implosin. En varios momentos entre 2017 y 2019, del 80 % al 95 % de las personas encuestadas sugirieron que no tenan confianza en el Estado, los partidos polticos o los polticos. La crisis de representacin haba llegado a ser total.

Las manifestaciones masivas y las caceroladas van de la mano de una insurreccin desenfrenada sin precedentes en la historia reciente de Chile. El objetivo de una lgica de clase eran las estaciones de metro, los supermercados, los centros comerciales, los puntos de venta de objetos de lujo y las sedes de compaas de energa para saquearlos y quemarlos, mientras que las tiendas pequeas se protegieron.

En las ciudades se levantaron barricadas y las refriegas con las fuerzas de seguridad sacaron a la luz una profunda ira desde abajo que contradeca la imagen oficialista de Chile. Se calcula que 1,2 millones de personas se manifestaron en Santiago en la que quizs fue la mayor manifestacin de la historia del pas y en todo el territorio nacional la sorprendente cantidad de dos millones de una poblacin total de 18 millones de personas acudi a las manifestaciones.

Fueron detenidas unas 3.000 personas y hubo denuncias generalizadas de tortura, violaciones y agresiones sexuales a las personas detenidas por parte de la polica y el ejrcito. Las autoridades estatales afirman que la cantidad de personas muertas es de 20, pero basndose en videos compartidos en las redes sociales y que muestran imgenes de una represin y unos crmenes estatales inmensos, las personas activistas del movimiento social calculan que la cifra real de personas muertas se cuenta por varias docenas y que la cantidad de personas heridas graves es muy alta debido al uso indiscriminado de balas de goma.

El director democristiano de l Instituto Nacional de Derechos Humanos ( INDH ) , la institucin estatal responsable de supervisar los compromisos del Estado en materia de derechos humanos, ha sido criticado por no cumplir intencionadamente con sus obligaciones . La violencia estatal coercitiva parece haber sido mayor y ms feroz en los barrios perifricos urbanos habitados por personas pobres, como los barrios trabajadores de Puente Alto y La Florida en Santiago, en los que viven un milln de personas trabajador a s, as como en Maip, al oeste de la ciudad, donde viven otras 500.000 personas.

Cmo estn las cosas en estos momentos a raz de la presente oleada de protestas y represin?

Parece que el polvo va asentndose, al menos en esta ronda de revueltas. Piera -cuyo ndice de aprobacin es ahora del 14 %, el ms bajo que ha tenido un presidente desde que se restableci la democracia liberal- ha suspendido el estado de emergencia y los toques de queda y ha retirado el aumento de tarifas. En vergonzosa contradiccin con la proyeccin internacional de Chile como paraso neoliberal, el gobierno se vio obligado a cancelar la cumbre de Cooperacin Econmica Asia-Pacfico (APEC), que estaba programada para noviembre, as como la Conferencia sobre Cambio Climtico de las Naciones Unidas, COP25, que tendra lugar en diciembre.

Piera ha sacrificado a dos de sus aliados ms cercanos en el gabinete, el ministro de Finanzas, Felipe Larran, y el ministro del Interior, Andrs Chadwick, cuyas manifestaciones pblicas de desprecio por el pueblo chileno en las ltimas dos semanas hicieron insostenible que permanecieran. Han sido reemplazados por Ignacio Briones y Gonzalo Blumel, respectivamente, dos caras ms centristas y moderadas del rgimen.

El presidente tambin ha anunciado un paquete social de 1.200 millones de dlares, dirigido a calmar el descontento popular. El Congreso tambin discutir la reforma progresiva de las pensiones y los salarios, y el presidente ha prometido que se introducirn impuestos ms altos a los ricos y que los precios de innumerables servicios sociales privados se fijarn a tasas ms asequibles. Tambin se debe tener en cuenta que la legislacin respaldada por el Partido Comunista para reducir la semana laboral chilena a 40 horas se aprob en la cmara baja del Congreso el 24 de octubre, en clara expresin del poder popular en las calles.

Qu organizaciones se involucraron en el levantamiento? Cunto tuvo de espontneo? Qu ideas y demandas polticas prevalecieron sobre otras en estos das de la ira?

Un recuento exacto requerir de un estudio mucho ms exhaustivo en los prximos meses. Pero puede arriesgarse una valoracin preliminar. Primero, las infraestructuras construidas del movimiento estudiantil en los ltimos aos fueron obviamente un elemento clave para su inicio. Hubo ya movimientos iniciales en 2001, con 50.000 estudiantes de secundaria en Santiago tomando las calles.

En 2006 la llamada revuelta de los pinginos -en referencia a los uniformes blancos y negros de los estudiantes de secundaria- involucr a 1,4 millones de estudiantes en todo el pas y constituy la mayor de las manifestaciones desde las movilizaciones a favor de la democracia en los ltimos aos de la dictadura. En 2011 las movilizaciones de estudiantes universitarios se hicieron an ms numerosas y se vincularon de diferentes maneras a las acciones incipientes de los trabajadores, las luchas de liberacin de los mapuches y otros indgenas y los movimientos socioecolgicos.

Las formas asamblestas de la democracia de masas fueron reintroducindose en la cultura poltica chilena, y las mujeres y los jvenes estuvieron a la vanguardia de un movimiento de masas que tena un enorme apoyo popular en la sociedad en general. Debe recordarse que Piera estaba en el poder en aquel momento. Su ndice de aprobacin en el apogeo de las protestas cay al 26 % -casi el doble de lo que es ahora- y marc un mnimo desde la dictadura.

Cuando dej el cargo de presidente en 2014, los miembros de su gabinete le regalaron el libro de Charles Tilly, Los movimientos sociales, 1768-2012, para que pudiera entender por qu su tiempo en el poder haba sido tan miserable. Hasta la fecha parece que no ha tenido la oportunidad de leer el libro. Los estudiantes organizaron la accin inicial de evasin y el edificio de la Federacin de Estudiantes en Santiago se convirti en una de las sedes de coordinacin de movilizaciones en la capital en los das y semanas siguientes.

Segundo, al igual que en Argentina, ha surgido recientemente en Chile un movimiento feminista de izquierdas militante, masivo y heterogneo. Y hay claras coincidencias con la radicalizacin estudiantil y las infraestructuras organizativas de los ltimos aos. Inspirados por los acontecimientos en la vecina Argentina en 2016 y 2017, hacia finales de 2017 las militantes estudiantiles chilenas comenzaron a organizarse con otros grupos para el contingente de su pas en la prevista huelga internacional feminista del 8 de marzo de 2018. Activistas feministas involucradas en agroecologa, vivienda, territorios, educacin, salud, trabajo, pensiones, lucha contra la violencia de gnero y a favor del aborto convergieron en la organizacin de la huelga feminista del 8 de marzo de 2018, asegurando la participacin de 28 ciudades chilenas y de 100.000 personas en la va pblica principal de Santiago.

A raz de ese xito empezaron de inmediato a organizarse para la huelga del 8 de marzo de 2019. En palabras de Alondra Carrillo Vidal, decidimos darnos un ao para prepararla, y desarrollar tres objetivos en el proceso: transversalizar el feminismo dentro del movimiento social, es decir, expandir una perspectiva feminista en la actividad de las organizaciones sociales y as ampliar el significado mismo del movimiento feminista; dinamizar las articulaciones entre organizaciones distintas y plantear una agenda comn de movilizaciones contra la precarizacin de la vida. Decidimos, para que nadie pudiera decirnos por qu estbamos luchando, redactar un programa y hacerlo en una Reunin Plurinacional de Mujeres en Lucha.

En mayo de 2018 se haba formado la organizacin paraguas 8M Coordinadora Feminista. En el evento la huelga feminista del 8 de mayo de 2019 en Chile fue una de las mayores manifestaciones en la historia chilena, al menos hasta la ola de actividad casi insurreccional de las ltimas semanas.

En medio de las ltimas luchas la Coordinadora Feminista de 8M fue la primera organizacin en convocar una huelga general, secundada por los sindicatos militantes de trabajadores portuarios, junto con algunos sindicatos de las minas del cobre. Los trabajadores portuarios acaban de poner fin a una exitosa huelga seccional de los puertos chilenos en noviembre-diciembre de 2018. Los trabajadores portuarios aseguraron que se disponan a cerrar 20 puertos.

Federaciones de estudiantes en todos los niveles garantizaran que las escuelas y universidades estuvieran cerradas. Bajo presin las confederaciones sindicales centrales ms moderadas, lideradas principalmente por el Partido Comunista, se vieron obligadas a respaldar la huelga. As pues, el 23 de octubre cerraron bancos y empresas, se suspendieron las clases y se paralizaron 20 puertos, cerr el 75 % del sector industrial y otras secciones de la industria funcionan solo a la mitad de su capacidad.

La Coordinadora Feminista del 8M, segn una de sus lderes, Karina Nohales, tambin estableci una comisin de investigacin en un intento por descubrir el nmero real de muertos, desaparecidos y heridos, as como para exponer el alcance de la violacin y el asalto sexual a las mujeres detenidas por parte de militares y policas, sobre lo cual los medios de comunicacin han guardado silencio.

Tercero, los partidos polticos fueron marginales en el desarrollo de la cuasi-insurreccin de Chile en octubre, incluidos los partidos de la izquierda. Los nicos dos partidos de izquierda con alguna credibilidad entre las clases populares son el tradicional Partido Comunista y la coalicin del Frente Amplio, mucho ms nueva, que agrupa a varias corrientes de la nueva izquierda de Chile; el Frente es en s mismo el resultado del proceso de movilizacin de 2011 iniciado por los estudiantes universitarios. Si bien los militantes de estos partidos estaban muy involucrados en los disturbios en s, el sentimiento antipartidista de las masas pareca extenderse tambin a ellos, aunque en menor grado, lo que imposibilitaba que cualquiera de ellos proporcionara liderazgo y coordinacin.

El mito del oasis neoliberal de Chile ha quedado roto. Si bien las movilizaciones parecen haberse calmado por el momento, enormes capas de la sociedad popular han perdido el miedo a la violencia estatal junto al respeto que tenan por la autoridad estatal. Y ha quedado claramente expuesta la violencia detrs del discurso tecnocrtico de mercado de los principales polticos chilenos. Existe una disposicin a favor de la lucha de clases militantes por parte de la heterognea clase trabajadora chilena, y las clases medias precariamente endeudadas se han radicalizado y estn movindose hacia la izquierda.

Pero la poltica en las calles carece de claridad y est cambiando constantemente. La poltica de calle en una atmsfera de clases mltiples y sentimientos indiscriminados antipoltica puede cambiar rpidamente. Mientras los trabajadores precarizados de la clase trabajadora con una poltica de izquierdas contra los aumentos de las tarifas dominaron las calles en junio de 2013 en Brasil, dos aos despus una poltica pequeo-burguesa de extrema derecha de anticorrupcin, seguridad y restauracin del orden tom el control de la calles y se convirti en la base masiva extraparlamentaria dominante de Bolsonaro.

Queda por ver si las mejores corrientes dentro del Frente Amplio podrn alejar a los partidos en su conjunto del nfasis en la poltica parlamentaria y a favor de una realineacin radical con los sentimientos antisistema de la calle. Existe la posibilidad de que el Frente, junto con organizaciones sociales clave como la Coordinadora Feminista de 8M, se convierta en un laboratorio a travs del cual una poltica anticapitalista radical, ms sistematizada y ms coherente, pueda cohesionar una especie de buen sentido gramsciano entre las capas de la clase trabajadora que participaron en este ciclo cuasi-insurreccional.

Como Noal Titelman ha sealado, pocos de los que estn en las calles en las ltimas semanas son miembros de sindicatos y mucho menos de partidos polticos. Muchos de los activistas son muy jvenes y muchos son mujeres. Puede perderse una gran oportunidad para el futuro de la izquierda chilena y sera peligroso en un escenario poltico cuyo resultado es todava increblemente indeterminado.

La ltima ronda de revueltas en la dcada de 1990 y principios de 2000 llev al poder en toda la regin a una oleada de gobiernos reformistas, desde Venezuela hasta Bolivia. Qu hicieron en realidad estos llamados gobiernos de la marea rosa cuando estaban en el poder y cules son las lecciones de esta experiencia?

Por supuesto, hay muchas diferencias importantes entre los casos, por lo que hay lmites estrictos para cualquier declaracin general. Pero creo que la nocin de un Estado compensatorio desarrollada por el eclogo poltico uruguayo Eduardo Gudynas evoca las experiencias de muchos pases de la marea rosa y sus amplios parmetros poltico-econmicos.

Los movimientos sociales masivos estallaron a finales de la dcada de 1990 y principios de la dcada de 2000 en medio de una crisis econmica regional muy aguda del neoliberalismo en gran parte de Amrica del Sur. Por el contrario, cuando los partidos de centro-izquierda y de izquierda de lo que se conoce como marea rosa llegaron al poder alrededor de 2003 a espaldas de esos movimientos sociales, se haba restablecido el dinamismo capitalista en la mayor parte de Amrica del Sur a travs del boom de productos impulsado por los chinos.

Importantes contradicciones de clase subyacentes a los nuevos gobiernos quedaron temporalmente ocultas solo para estallar ms tarde. Las rentas de recursos disponibles por la bonanza de los productos bsicos proporcionaron las bases materiales para los Estados compensatorios, que ganaron legitimidad poltica al lubricar programas redistributivos especficos con parte de las rentas captadas por el Estado a travs de mayores impuestos y regalas, junto con proyectos de infraestructura, extensin del crdito a las clases populares y esquemas de creacin de empleo. Niveles relativamente ms altos de gasto social, junto con el crecimiento econmico inducido por los productos bsicos, ayudaron a reducir la pobreza en varios pases, a veces a un nivel espectacular, como fue el caso, temporalmente, en Venezuela, y como todava sucede (por ahora) en Bolivia.

Sin embargo, los programas poltico-econmicos generales de estos Estados compensatorios no desafiaron las relaciones de propiedad social o las matrices productivas de las economas que heredaron de sus predecesores neoliberales ortodoxos. No se inici ninguna transicin fuera de la insercin subordinada de estos pases en la divisin internacional del trabajo como fuentes de materias primas y mano de obra barata. Las bases estructurales de la economa neoliberal se mantuvieron intactas en muchos sentidos, pero iban creciendo ms rpidamente.

Las premisas ecolgicas de los programas de desarrollo alineados con el capital multinacional y enraizados en la extraccin intensificada de minerales, la produccin agroindustrial de monocultivos, y la explotacin de gas natural y petrleo son obviamente insostenibles, por decirlo de manera extremadamente ligera. Los extraordinarios incendios en la Amazona de este verano no son ms que una expresin elocuente de este hecho. Las lgicas extractivistas tendieron tambin a poner a los Estados gobernados por partidos de izquierda y centro-izquierda en una trayectoria de colisin con los movimientos indgenas, campesinos y ecolgicos que se haban situado entre sus territorios y el capital extractor multinacional.

En trminos polticos e ideolgicos, caso tras caso, hubo un estatismo excesivo, una idolatra del Estado desarrollista y sus poderes mgicos. Fueron los nuevos partidos gobernantes quienes alentaron esto, tendiendo a fusionar sus propios partidos con los aparatos estatales que llegaron a ocupar. Los partidos tendan a considerar las actividades independientes y autnomas de los movimientos sociales y los sindicatos como sospechosas, incluso criminales o funcionales a los intereses de la derecha, e imperialistas cuando los intereses de los movimientos sociales y los sindicatos entraban en conflicto con los intereses del desarrollo capitalista liderado por el Estado, segn definicin de los administradores estatales.

Cuando la crisis global hizo su postergada llegada a Amrica del Sur a travs de la cada de las materias primas, las contradicciones de clase de los gobiernos de centro-izquierda y de izquierda que haban estado parcialmente ocultas salieron a la superficie. Estos gobiernos tendieron a moverse hacia la derecha, imponiendo mecanismos disfrazados de austeridad en diversos grados, y al hacerlo minaron sus bases de apoyo en las clases populares. Al mismo tiempo, el capital que haba aprendido a vivir con estos regmenes en tiempos de rentabilidad neta volvi a su hogar poltico natural en los movimientos polticos expresamente de derecha, antiguos o recin configurados.

El estancamiento inestable y fluctuante que result del agotamiento de los proyectos de la marea rosa y el resurgimiento simultneo de iniciativas derechistas seguras pero en ltima instancia sin rumbo, continan definiendo el momento actual. Todo esto, recuerden, en medio de una nueva era de estancamiento secular en el mercado mundial y crisis ecolgicas en desarrollo vertiginoso.

El gobierno de Evo Morales en Bolivia fue quizs el ejemplo paradigmtico de la marea rosa. Pero tambin ha entrado en una crisis poltica. Qu est pasando y por qu?

Las recientes elecciones presidenciales son un sntoma del estancamiento en el que se encuentra el gobierno de Morales. Los bolivianos acudieron a las urnas el domingo 20 de octubre de 2019. Segn el sistema electoral del pas, para evitar una segunda vuelta en las elecciones presidenciales, el candidato principal debe asegurarse ms del 50 % de los votos, o ms del 40 % de los votos y una ventaja del 10 % sobre el candidato que aparece en segundo lugar.

Con el 83.8 % de los votos escrutados en un recuento rpido, el sitio web del Tribunal Supremo Electoral (TSE) indic que Evo Morales, del Movimiento al Socialismo (MAS) iba liderndolo con el 45,3 %; mientras que Carlos Mesa, centro-derecha de la Comunidad Ciudadana, iba en segundo lugar con el 38,2 %. Pareca que tendra que haber una segunda ronda. En este punto, el TSE inexplicablemente cerr la transmisin en vivo de la tabulacin de recuento rpido de las papeletas electorales despus del recuento del 83 % de los votos. En los das siguientes hubo cuatro explicaciones distintas y contradictorias para el cierre impuesto por los representantes del TSE, y para empeorar las cosas, dimiti Antonio Costas, vicepresidente de TSE, diciendo que no le haban consultado el cierre de la transmisin y que haba sido una mala decisin, aunque enfatiz que crea que no se haba producido un recuento fraudulento.

Veintids horas ms tarde, el lunes por la noche, se reinici la transmisin de los resultados de recuento rpido, y el sitio web indicaba en esta ocasin el 95,63 % de los votos escrutados. La distancia entre Morales, el favorito, y Mesa, el segundo, haba crecido significativamente durante el perodo intermedio. Ahora se deca que la diferencia que separaba a los dos candidatos era del 10,12 % segn el recuento rpido, y esto despus de que Morales anunciara que una vez que se contabilizaran los votos rurales, estaba seguro de que no habra necesidad de una segunda vuelta.

Las protestas de la oposicin impugnando los resultados comenzaron ese lunes por la tarde en todo el pas, incluida la quema de varias oficinas departamentales del Tribunal Electoral, justo cuando los simpatizantes del MAS salan a las calles a celebrarlo. El recuento oficial de votos se concluy varios das despus, con los resultados de un 47,08 % para Morales y un 36,51 % para Carlos Mesa, es decir, una diferencia de 10,54 %, lo que lo convierte en una victoria en primera vuelta para Morales.

La oposicin, que inmediatamente tild de fraude ese resultado en lugar de pedir un recuento para determinar si se haba producido o no tal fraude, no ha aceptado los resultados y ha promovido una campaa intensificada de sus partidarios en las calles para destituir a Morales de la presidencia. El gobierno de Morales ha ofrecido permitir que la Organizacin de Estados Americanos (OEA) lleve a cabo una auditora y un recuento, lo que la OEA ha aceptado pero la oposicin ha rechazado. Una auditora es claramente una posibilidad, ya que los votos figuran con fotos adjuntas en el archivo de Internet. Y la OEA difcilmente puede enmarcarse como institucin que pueda ser parcial con Morales en contra de la oposicin.

Sin embargo, la situacin de Morales no se ve favorecida por el hecho de que perdi una considerable legitimidad en febrero de 2016, cuando simplemente ignor los resultados negativos de un referndum sobre si debera o no poder postularse para otro mandato. Tampoco la situacin se ve favorecida por el comportamiento extrao de los funcionarios del TSE, aunque no se haya demostrado el fraude. Una radicalizacin de la derecha y un endurecimiento de la autoridad del Estado bajo Morales son los posibles acontecimientos en el futuro cercano.

Teniendo en cuenta esta experiencia, cmo deberamos evaluar al gobierno de Morales?

Debajo de este drama procesal e institucional, lo que se ha perdido en los debates de la izquierda internacional es cualquier reflexin o evaluacin sostenida del proyecto del Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales desde 2006. Especialmente desde 2010, ha sido cada vez ms evidente que se trata de un proyecto de modernizacin capitalista dirigido por el Estado desde arriba: las nociones de xito socialista que circulan en partes de la izquierda anglfona son puras fantasas.

Su estrategia econmica ha dependido de acuerdos con el capital multinacional de hidrocarburos y el capital agroindustrial extranjero y nacional en las tierras bajas orientales. Y su base social central, con el paso del tiempo, se ha convertido en una capa indgena pequeo burguesa de vendedores ambulantes, pequeos extractivistas, productores industriales a pequea escala y productores industriales involucrados a mediana escala implicados en la agricultura comercial para la exportacin, una capa que creci de manera expansiva durante el primer perodo de Morales en el contexto del auge de las materias primas, modificando as la composicin de clase de su base popular central.

La lgica del capital extranjero a gran escala en los sectores extractivos va de la mano del poder legitimador de una pequea capa de la burguesa indgena. Adems de este ncleo, por supuesto, hay una capa ms amplia de partidarios electorales pasivos de las clases dominadas. Por debajo del mximo reciente del 6,8 % del PIB en 2013, la economa ha alcanzado un crecimiento promedio del 4,2 % en los ltimos tres aos. Los efectos del subsidio a las rentas extractivas distribuidos en diferentes circuitos del capital en otros sectores de la economa, el desempleo relativamente bajo y las transferencias de efectivo dirigidas a los ms pobres, han implicado mejoras muy significativas en los niveles de pobreza. Todo esto es importante para explicar la duradera popularidad de Morales, as como el hecho de que es el primer presidente indgena en un pas mayoritariamente indgena desde la fundacin de la repblica en 1825.

Al mismo tiempo, la economa boliviana apenas es inmune a las tendencias ms amplias del mercado mundial, y ha estado agotando sus ahorros en divisas y adquiriendo deuda en un esfuerzo por sostener el gasto pblico y disfrazar esta realidad en el ltimo ao, ms o menos, de preparativos electorales. Es muy probable que el propio Morales, si sobrevive a la actual agitacin en el cargo, como sospecho que sea el caso, implemente un paquete propio de austeridad. [*]

Poltica e ideolgicamente, es importante sealar que, bajo Morales, los movimientos sociales independientes y los sindicatos han sido decapitados y absorbidos por el aparato estatal, o difamados como agentes de la derecha, por lo tanto, actualmente son increblemente dbiles. Para una economa cada vez ms extractiva, las condiciones del decreciente mercado no implican una desaceleracin de la actividad extractiva, sino ms bien una carrera para mejorar las condiciones rentables del capital multinacional extractivo, como indicaron las prisas del gobierno de Morales respecto al derecho a una significativa consulta a las comunidades indgenas con anterioridad a los proyectos de desarrollo extractivo en sus territorios.

Asimismo, va a intensificarse la devastacin socioecolgica con el impulso actual de modernizacin capitalista. Los incendios tropicales de este verano no se limitaron al Brasil de Bolsonaro, sino que incluyeron 500.000 hectreas de territorio boliviano. Mientras los lazos del gobierno con la agroindustria en el este permanezcan intactos, las llamas continuarn extendindose.

En trminos electorales inmediatos, una victoria de Morales era el ms atractivo de los posibles resultados poco atractivos, pero restringir la poltica a este terreno institucional del Estado es una receta para una realpolitik conservadora, no para la emancipacin socialista e indgena. No deberan abrigarse ilusiones sobre la profundidad de las contradicciones bajo el gobierno de Morales en una nueva era de austeridad y estancamiento, y la necesidad de reconstruir movimientos populares independientes y sus articulaciones polticas radicales en los prximos aos es una prioridad, considerando sobre todo la distancia a la que han retrocedido desde los niveles de la poca 2000-2005 de las llamadas Guerras del Agua y Guerras del Gas. Tampoco deberamos apartar los ojos del crecimiento de un movimiento evanglico de extrema derecha que se puso seriamente de manifiesto por primera vez en la arena electoral, con casi el 9 % del electorado respaldando al doctor coreano-boliviano Chi Hyun Chung del Partido Demcrata Cristiano. En una contienda que finalmente se polariz en torno a Morales y Mesa, ese 9 % probablemente subestima la creciente fuerza sociopoltica del evangelismo de derechas en el pas. La poltica brasilea bajo Bolsonaro es un buen recordatorio de por qu debemos temer un mayor ascenso de esa fuerza.

Al otro lado del espectro poltico, cmo se ha aprovechado la derecha del impasse impuesto por estos gobiernos reformistas y qu han hecho en el poder? Cmo ha reaccionado el establishment poltico de la regin y sus partidos tradicionales ante esta polarizacin?

La implosin de los 14 aos de experimentacin del neodesarrollismo centrista bajo el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil y el ascenso del extremista de extrema derecha Jair Bolsonaro a la presidencia es seguramente el acontecimiento ms aterrador y peligroso.

La dinmica brasilea refleja mucho de lo que he dicho anteriormente. Despus de aos de crecimiento y reduccin de la pobreza, junto con beneficios sin precedentes para el sector financiero, la crisis global volvi a Brasil con mucha determinacin. Consideren el patrn de alta aceleracin a travs del estancamiento y la contraccin directa, y luego vuelvan al estancamiento en la tasa de PIB del pas durante los ltimos aos: 7,5 (2010), 4,0 (2011), 1,9 (2012), 3,0 (2013), 0,5 (2014), -3,5 (2015), -3,3 (2016), 1,1 (2017), 1,1 (2018).

En la poltica de calle la promesa de una rebelin del movimiento social de izquierdas en las revueltas de junio de 2013, que al igual que en Chile estall el mes pasado por las subidas de las tarifas del metro, se eclips durante varios aos a medida que cambiaban el maquillaje sociolgico y el liderazgo ideolgico de las protestas callejeras en 2015, 2016 y 2017, formando una base militante pequeoburguesa para el ascenso y consolidacin de Bolsonaro. El gobierno del PT de Dilma Rousseff respondi a las protestas de 2013 con desdn, incluso cuando la obligaron a organizar una campaa presidencial de izquierdas a fines de ese ao. Luego, al asumir el cargo en 2014 para su segundo mandato, Rousseff introdujo un paquete de austeridad e intent dar seales de credibilidad para financiar el capital nombrando al economista neoliberal Joaquim Levy, hasta entonces presidente de una divisin de Bradesco, el segundo banco privado ms grande de Brasil, como jefe del ministerio de Hacienda.

En los aos siguientes, bajo una bandera ideolgica de anticorrupcin y utilizando las fuerzas dentro del poder judicial que an controlaba, la derecha brasilea impugn ilegalmente a Rousseff en 2016 a travs de un golpe parlamentario, instalando la presidencia interina de Michel Temer hasta 2018, cuando fue elegido Bolsonaro tras el encarcelamiento de Lula, que haba liderado las encuestas decisivamente como candidato presidencial para el PT. Nadie remotamente serio puede considerar a Lula como algo ms que un preso poltico.

Sin entrar en detalles, Bolsonaro se asienta sobre un rgimen de extrema derecha dbil y dividido internamente, escindido entre lo que he llamado autoritarios culturales, militaristas y tecncratas neoliberales. Los ndices de aprobacin han ido bajando constantemente desde que asumi el cargo en enero de este ao. Si bien el capital respald a Bolsonaro como candidato externo en el ltimo minuto para salir de la crisis y evitar una victoria del PT, hasta hace muy poco el rgimen no haba cumplido sus promesas de una profunda reestructuracin econmica y los mercados estn perdiendo la fe. Pero el Congreso acaba de aprobar una reforma de pensiones muy odiada, considerada muy importante por el capital nacional e internacional como la cua a travs de la cual podra iniciarse una comercializacin de la sociedad mucho ms amplia.

No obstante, el gobierno sigue sin timn y es cada vez ms impopular. Hace unos meses se llev a cabo una huelga general y ha habido grandes manifestaciones en respuesta al papel del gobierno en la tragedia de la Amazona de este verano (invierno en Brasil).

Lo que no quiere decir que el rgimen no sea peligroso. Todo lo contrario. Si la fuerza ms prometedora en la izquierda latinoamericana en los ltimos aos ha sido el surgimiento del feminismo de masas de izquierda, la furiosa guerra de Bolsonaro contra la ideologa de gnero ha dado luz verde a las tensiones existentes de violencia de gnero en la sociedad brasilea, con alrededor de 175 violaciones por da, el doble que hace cinco aos.

En relacin con lo anterior, el pas mantiene su posicin como el lugar ms letal para las personas homosexuales de cualquier parte del mundo, con 455 asesinatos de odio de este tipo en 2017 y 50 ataques durante las elecciones presidenciales directamente vinculados con los partidarios de Bolsonaro. Entre esos 50 ataques, dos asesinatos de mujeres trans fueron perpetrados por hombres que invocaron el nombre de Bolsonaro.

La brutalidad racista desde hace mucho tiempo de la polica ha empeorado an ms con Bolsonaro. Segn el Informe Anual de Seguridad Pblica de Brasil, en 2017, las fuerzas policiales brasileas mataron a 14 personas al da, 5.144 en el transcurso del ao. En 2018, con las favelas de Ro de Janeiro bajo intervencin militar a instancias de Temer, hubo 1.532 asesinatos registrados oficialmente a manos de la polica. En 2019 las cifras han sido igualmente impresionantes: 170 muertos solo en enero. Esto constituye una ejecucin estatal y paramilitar racializada, principalmente de afrobrasileos de una intensidad espectacular.

Uno podra seguir fcilmente.

Creo que hay algunas caractersticas generalizables de la derecha brasilea a pesar de sus particularidades. La primera es que la derecha latinoamericana no tiene un programa ideolgico positivo como tena en la dcada de 1990 -neoliberalismo, globalizacin, etc.- alrededor del cual sus bases podran cohesionarse con entusiasmo, con una confianza de esperanza en el futuro. Esto se debe a que la derecha no sabe cmo salir localmente del estancamiento actual del capitalismo neoliberal a escala mundial. Los conservadores latinoamericanos no son los nicos en tal sentido.

La segunda, y como resultado del primer factor, cuando la derecha llega al poder tiene que administrar economas estancadas e introduce una impopular austeridad, lo que desanima el apoyo entre la poblacin, al tiempo que depende cada vez ms de la represin. Podemos ver esto en la ferocidad de las reacciones de Piera ante los recientes levantamientos, la peor represin desde Pinochet en ese pas. Podemos verlo en el estado de emergencia y en los toques de queda de Moreno en Ecuador. Podemos verlo en la deriva del acuerdo de paz en Colombia, en la dictadura bajo la apariencia de democracia en Honduras, en lo que algunos argentinos llamaron la bolsonarizacin del equipo de Macri en los ltimos meses de la campaa electoral de este ao, y as sucesivamente.

Tercero, el rencor de la derecha refuerza una cierta nostalgia por las configuraciones de centro-izquierda del pasado de la marea rosa. Piensen en el renacimiento de la popularidad de Lula en Brasil y en el regreso del peronismo en Argentina. Pero, como he sugerido, esta nostalgia, aunque es comprensible, tiende a influir en contra de un ajuste de cuentas con las formas en que las contradicciones de esos proyectos reformistas sentaron las bases para el resurgimiento de la derecha, por un lado, y el hecho de que si estas fuerzas polticas fueran a volver al poder, como harn en Argentina a principios de diciembre, se enfrentaran a enormes presiones internas y externas para desplazarse a la derecha en lugar de a la izquierda en un intento de gestionar el estancamiento capitalista, en el mejor de los casos, o la crisis en el peor.

Qu posicin han tomado las potencias imperiales, particularmente Estados Unidos, Canad y China, en esta voltil situacin?

En aras al espacio, permtanme dejar a un lado a Canad por el momento y dirigir a los lectores hacia el libro que Todd Gordon y yo escribimos sobre el tema, Blood of Extraction: Canadian Imperialism in Latin America.

Una de las caractersticas ms importantes de la fase neoliberal del imperialismo es el papel de la inversin extranjera directa (IED), de los agentes detrs de dicha inversin, de las corporaciones multinacionales y del apoyo prestado a las multinacionales por los Estados que albergan sus sedes. Como tal, el seguimiento de los flujos de la inversin extranjera directa es un lugar razonable para comenzar cualquier discusin sobre el imperialismo contemporneo. Si se incluyen fusiones y adquisiciones, Estados Unidos contina liderando la IED en Amrica Latina, seguido de la Unin Europea formando bloque, con Canad en tercer lugar y China en cuarto.

Estados Unidos se ha congratulado del fin del ciclo de la marea rosa con descarado deleite y ha utilizado la aparicin de nuevos aliados de derechas para tratar de rehabilitar organismos regionales como la Organizacin de Estados Americanos (OEA), en la que tiene un asiento e influencia decisiva entre bambalinas para reemplazar a las organizaciones formadas durante la era de la marea rosa, por ejemplo, la Comunidad de Naciones de Amrica Latina y el Caribe (CELAC), de la que estuvo excluido. Como se mencion anteriormente, este patrn puede verse tambin en la promocin de Prosur sobre UNASUR. La reanimacin del FMI, del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo en la regin tambin es una expresin indirecta del poder de Estados Unidos.

La guerra contra las drogas de Estados Unidos contina siendo una plataforma flexible a travs de la cual el ejrcito, los servicios de inteligencia, el cuerpo diplomtico y la polica de Estados Unidos pueden proyectar su poder, especialmente en Mxico, el Caribe, Amrica Central y Colombia. Las bases militares y la presencia de tropas continan expandindose all donde sea posible.

En el frente de la migracin Trump ha logrado utilizar la tremenda asimetra de poder entre Estados Unidos y Mxico para convencer u obligar al nuevo presidente populista de centro-izquierda de ese pas, Andrs Manuel Lpez Obrador, a llevar a cabo la labor policial sobre los migrantes de Centroamrica en Mxico en nombre del rgimen fronterizo estadounidense.

Bajo Trump Venezuela, en particular, ha sido de especial importancia para los clculos del imperio estadounidense en Amrica Latina, como se puso de manifiesto en el reconocimiento liderado por Estados Unidos de la autodeclaracin de Juan Guaid como presidente interino de Venezuela en enero de 2019 y el apoyo directo de Estados Unidos al intento golpista espectacularmente mal concebido de este opositor poltico conservador a finales de abril de 2019. Las sanciones estadounidenses impuestas a Venezuela por decreto presidencial en agosto de 2017 y enero de 2019 siguen vigentes, al igual que las restricciones econmicas de facto que enfrenta la administracin de Nicols Maduro a raz del reconocimiento por parte de Estados Unidos de un gobierno paralelo dirigido por Guaid.

Estados Unidos se ha apoderado tambin de los activos extranjeros de Venezuela por valor de miles de millones de dlares, como ha sucedido con la mayor empresa estatal de refinera y transporte de petrleo CITGO, con sede en Estados Unidos. Con la ayuda de instituciones aliadas como el Banco de Inglaterra, la iniciativa de Estados Unidos tambin ha conseguido congelar gran cantidad de las reservas extranjeras de 9.000 millones de dlares de Venezuela, que se mantienen parcialmente en oro.

Ahora le toca a China. La IED china entre 2005 y 2016 alcanz la modesta cifra de 90.000 millones de dlares, que representa aproximadamente el 5 % de la IED que fluye hacia la regin durante ese perodo. Sin embargo, hubo un aumento en 2017 y las cifras estimadas para ese ao llegaron a 25.000 millones de dlares, alrededor del 15 % del total. La IED china se concentra en los recursos naturales y en unos pocos pases, con el 81 % de la inversin del pas fluyendo hacia Brasil, Per y Argentina, con Brasil a la cabeza por un amplio margen del 55 % del total.

Junto con la IED el poder imperial emergente de China en la regin se basa en su papel de acreedor. Los compromisos totales de prstamos a los gobiernos de Amrica Latina y el Caribe entre 2005 y 2016 superaron los 141.000 millones de dlares, ms que las cifras totales de prstamos de cualquiera de las principales instituciones financieras de Estados Unidos en el mismo perodo. La mayora de estos prstamos estn vinculados a los hidrocarburos (sector de gas natural y petrleo), con una fuerte concentracin en Venezuela, pero tambin con importantes prstamos de este tipo en Brasil, Ecuador y Argentina.

Algunos son prstamos especiales para petrleo diseados para ser pagados en especie, es decir, a travs de envos directos garantizados de petrleo a China. Muchos prstamos chinos estn vinculados a proyectos de infraestructura, que a su vez estn vinculados a contratos de construccin. Por lo tanto, los bancos de desarrollo chinos obtienen prstamos para proyectos de infraestructura que se reciclan a travs de contratos de construccin otorgados a empresas chinas, que por lo general utilizan mano obra china, ms fcil de controlar para estas empresas. Estos contratos de construccin tienden a localizarse en el sector energtico, especialmente en la hidroelectricidad, as como en el transporte.

Todava no tiene sentido hablar de China como rival poltico-militar de Estados Unidos en Amrica Latina. Sin embargo, en trminos de IED, de contratos de prstamos, proyectos de infraestructura y flujos de energa garantizados a China, resulta obvio que hay una trayectoria ascendente hacia otros elementos de su poder imperial en la regin. En el primer Foro de CELAC y China en 2015 China proyect que el comercio con la regin alcanzara los 500.000 millones de dlares para 2025, mientras que los flujos de IED chinos ascenderan a 250.000 millones de dlares ese mismo ao. Obviamente, estas son proyecciones y a menudo las proyecciones chinas de este tipo no se han cumplido. Con todo, est indicando una estrategia.

Algn comentario final?

Solo reiterar que debemos posicionar los elementos coyunturales recientes del momento presente dentro de patrones ms prolongados del contradictorio desarrollo capitalista en la regin durante las ltimas dcadas y en cmo han interactuado con los ritmos del mercado mundial. En particular, la relacin especfica de la regin en la crisis global que comenz en 2008 se ha tratado en muchos de los relatos tan solo de forma superficial.

Frente a ese contexto general, y dentro del mismo, hemos cubierto algunas dinmicas polticas centrales del estancamiento de la regin: una marea rosa oficial, agotada y conservadora, que incluso cuando est en el poder, o al volver a l, se muestra ya dispuesta a gestionar la austeridad, aunque sea a travs de la negociacin y pacificacin social en vez de la fuerza bruta estatal absoluta.

El centro-derecha y la extrema derecha estn en el poder o alcanzndolo en otros pases, pero no tienen una estrella que los gue, como s tuvieron en la dcada neoliberal de 1990, y por lo general pierden apoyo popular rpidamente una vez en el gobierno, ya que el dinamismo capitalista fracasa al volver a estar bajo su mandato. Y cada vez se limitan ms a gobernar mediante la represin estatal agresiva, como atestiguan Chile, Brasil, Honduras, etc. Los movimientos de extrema derecha, vinculados e inspirados por la extrema derecha internacional y poderosamente protagonizados por pastiches ideolgicos de odio racial y de gnero, de antipata hacia el marxismo cultural, y los hilos culturalmente conservadores e infraestructuras organizativas de un creciente evangelismo de derecha en la regin son fenmenos que deben seguirse muy de cerca para resistir frente a ellos.

Estn cristalizando nuevas formas de lucha popular: sobre todo el movimiento feminista popular de izquierdas, que incluye importantes corrientes anticapitalistas. El movimiento indgena est recuperando coherencia y militancia en diferentes partes de la regin. Y la resistencia ecolgica y anticapitalista frente al capital extractivo continuar siendo una primera lnea de la lucha de clases y el antagonismo sociopoltico.

Es probable que surjan en otros lugares ms momentos explosivos como los debatidos, aunque sera absurdo predecir exactamente dnde. Es probable que chispas como el aumento del disel/gasolina en Ecuador y el aumento de las tarifas del metro en Chile hagan que ms sociedades se inflamen a medida que los gobiernos introducen paquetes de austeridad en medio del estancamiento secular del capitalismo global. La dinmica en Ecuador y Chile, como he tratado de argumentar, est llena de potencial aunque sus resultados siguen siendo muy indeterminados. No debe sobrestimarse la importancia de una intervencin abierta y audaz en el crecimiento y el desarrollo poltico de estos levantamientos por parte del movimiento social radical y los partidos de izquierda. Si bien las elecciones son ciertamente momentos de lucha de clases en las que debe actuarse, la determinacin decisiva de las posibilidades de emancipacin en el corto y medio plazo ser el equilibrio de fuerzas que se establezca a raz de batallas extraparlamentarias campales como las que se llevan a cabo en Chile y Ecuador en las ltimas semanas.

[*] Este artculo se public el 6 de noviembre, el 10 de noviembre se produjo el golpe de Estado, la dimisin de Evo Morales y su exilio en Mxico (N. de las T.).

Fuente: https://www.versobooks.com/blogs/4477-rebellion-reformism-and-reaction-in-latin-america-an-interview-with-jeffery-r-webber

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