Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2019

El dilema de Vladimir Lenin

Chris Hedges
Truthdig

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez



Vladimir Lenin tiene dos legados. El primero como brillante estratega revolucionario. El segundo como Lenin, el nuevo zar. Irnicamente, fue el campen ms ferviente en Rusia de lo que logr erradicar: la anarqua revolucionaria. Su opsculo El Estado y la Revolucin era un manifiesto anarquista inequvoco, con Lenin escribiendo que mientras haya Estado, no habr libertad; cuando haya libertad, no habr Estado. Pero Lenin en el poder, al igual que Leon Trotsky, fue un oportunista que hizo una serie de promesas, como todo el poder a los soviets, que no tena intencin de cumplir. Emple el terror poltico, arrestos generalizados y ejecuciones para aplastar a los comits autnomos de soviets y trabajadores. Dirigi una elite gobernante centralizada y autocrtica. Criminaliz la disidencia, prohibi la competencia entre los partidos polticos, sofoc la prensa e instituy un sistema de capitalismo de Estado que despoj a los trabajadores de su autonoma y derechos. l, como Maximilien Robespierre, puede haber pensado en s mismo como un idealista, pero una de sus camaradas apartadas, Anglica Balabanova, citando una lnea de Goethe, declar que deseaba el bien... pero cre el mal. El estalinismo no fue una aberracin. Fue el heredero natural del leninismo.

Una vez en el poder, como Rosa Luxemburg seal en La revolucin rusa y en Leninismo o marxismo?, Lenin se convirti en el enemigo del socialismo democrtico. Se volvi hacia el fantico Felix Dzerzhinsky, jefe de la recin formada Checa, que durante el primer ao de la revolucin ejecut oficialmente a 6.300 personas, cifra que sospecho est muy subestimada. Fue el mismo Lenin el que en noviembre de 1917 dijo: No aplicamos el terror como hicieron los revolucionarios franceses que guillotinaron a personas desarmadas, y confo en que no lo aplicaremos. El anarquista Mijal Bakunin advirti de forma clarividente que los marxistas se proponan reemplazar al capitalista por el burcrata. La sociedad marxista, dijo, no era ms que el capitalismo bajo una administracin estatal centralizada y, segn l, sera an ms opresiva. Es por eso que Noam Chomsky, correctamente, llama a Lenin dictador, desviacin a la derecha y contrarrevolucionario.

Pero no se puede negar la brillantez de Lenin. Redefini el panorama poltico del siglo XX. Dcadas despus de la Revolucin Rusa, en Espaa, China, Cuba, Vietnam y Sudfrica, los pueblos oprimidos buscaron inspiracin en Lenin y en la revolucin. La desigualdad social y la destruccin de las instituciones democrticas llevadas a cabo por el neoliberalismo y la toma del poder por las corporaciones en nuestra poca dan relevancia a Lenin, quien examin muchas de las mismas cuestiones relativas al despotismo, el imperialismo y el capitalismo. Lenin el revolucionario tiene mucho que ensearnos. l, como John Dewey, comprendi que mientras la clase capitalista controle los medios de produccin, nunca ser posible una democracia real.

Lenin era muy consciente de que las revoluciones se producen a causa de explosiones espontneas que nadie, incluidos los revolucionarios, puede predecir. La revolucin de febrero de 1917 fue, como la toma de la Bastilla, una erupcin popular inesperada y no planificada. Como seal el desventurado Alexander Kerensky, la Revolucin Rusa surge espontneamente, sin la ingeniera de nadie, nacida en el caos del colapso del Zarato ruso. Esto es as en todas las revoluciones. La yesca est ah. Qu la prende es un misterio.

La clave del xito -esto tambin sirve para todas las revoluciones- es la negativa de la polica y del ejrcito, como ocurri en Petrogrado, a restablecer el orden y defender el antiguo rgimen. Trotsky afirm que los regmenes en decadencia inevitablemente promueven a lderes de sorprendente incompetencia, corrupcin e imbecilidad, figuras como el zar Nicols II y Donald Trump. Incluso las lites, al final, no quieren defenderlos. Los sistemas de gobernanza anquilosados, puestos en evidencia en Estados Unidos en nuestras elecciones gestionadas por las corporaciones, por nuestro Congreso disfuncional, por nuestra prensa comercializada y por nuestro poder judicial fallido que acaba de legalizar el fraude electoral (una versin actualizada del sistema britnico del burgo podrido del siglo XIX), son todos ellos claras marionetas de la camarilla gobernante. Es imposible reformar nada a travs de estas estructuras. Este entendimiento crea una gran divisin entre los liberales, que mantienen la esperanza en las reformas pueden verlos una vez ms invirtiendo tontamente su tiempo y energa en el Partido Demcrata, y los revolucionarios, que no buscan apaciguar el sistema o trabajar desde dentro de l sino destruirlo.

Lenin, como Marx, entendi que las revoluciones no las haca el lumpenproletariat. El lumpenproletariat es muy a menudo el enemigo de la revolucin y el aliado natural de los fascistas. Se siente atrado hacia grupos reaccionarios de vigilantes armados, captados por la intoxicacin de la violencia y construye su deformada ideologa en torno a tericos de la conspiracin y la supremaca blanca. Vemos esto entre algunos partidarios de Trump y entre las milicias blancas y los grupos xenfobos que promueven el odio. Por una cuestin de temperamento, a Lenin le disgustaban los intelectuales, pero saba que no haba otra clase que pudiera formar y liderar un movimiento revolucionario. Esta es la razn por la que confi tanto en intelectuales como Trotsky y Lev Kamenev, ambos liquidados por Josef Stalin.

Los revolucionarios, dijo Lenin, deben ser constantemente autocrticos y reflexivos. Deben examinar cuidadosamente y aprender de los fracasos y las derrotas. Deben estar inmersos en la historia, la filosofa y el estudio de la economa y la cultura. Deben sentir una devocin decidida por la causa, un desdn por la seguridad personal, una disciplina frrea y adhesin a la jerarqua del partido, una devocin servil al deber y la capacidad de sumergir sus personalidades en el grupo. Los revolucionarios, por utpicos que sean sus ideales, deben ser tambin realistas a nivel poltico. Lenin despreciaba la pureza doctrinal, recordando a sus seguidores que la teora es una gua, no las Sagradas Escrituras. Saba, sin embargo, que la mayora de los intelectuales -l y Trotsky eran excepciones- carecan de la capacidad de actuar rpida y decisivamente. Esto explicara por qu Lenin, una vez en el poder, recurri cada vez ms a matones como Stalin y Yakov Sverdlov, quienes supervisaron la ejecucin del zar depuesto y su familia. Trotsky, a pesar de su brillantez como orador y de ser comandante del Ejrcito Rojo, tena poco inters en la mecnica cotidiana del gobierno, una deficiencia que facilit que Stalin le expulsara del poder, le forzara al exilio y, finalmente, enviara un agente secreto a Mxico a hundirle un picahielos en la cabeza.

Las revoluciones son invariablemente dirigidas por lderes mesinicos como Cromwell y Robespierre, que tienen la extraa combinacin de altos ideales y, como escribe Crane Brinton, un desprecio total por las inhibiciones y principios que sirven a la mayora de los hombres como ideales. Estos lderes revolucionarios no son, seala Brinton, los reyes filsofos de Platn, sino los asesinos filsofos. Estas cualidades les permiten apartar a los moderados, a quienes se otorga poder nominal despus de una revolucin, y convertir los partidos revolucionarios en maquinarias eficaces. Estas cualidades les permiten aplastar a las fuerzas de reaccin que inevitablemente surgen para destruir el orden revolucionario. Lenin y Trotsky tuvieron que movilizarse rpidamente para luchar contra los ejrcitos blancos zaristas y sus aliados extranjeros en una docena de frentes poco despus de tomar el poder.

Segn entenda Lenin, los levantamientos masivos proporcionan momentos fugaces que, si no son atrapados por el revolucionario, nunca ms volvern a presentarse. En esos momentos, el revolucionario debe explotar hbilmente los delirios autodestructivos que ciegan y paralizan a las lites gobernantes y llevan la ola de agitacin al poder. El tiempo lo es todo, repeta Lenin montonamente. En aquel momento, Lenin era un maestro. Hay dcadas en las que no pasa nada y hay semanas en las que pasan dcadas, escribi.

Lenin aborreca la violencia anarquista, la propaganda de los hechos. Los asesinatos anarquistas de zares, prncipes, emperatrices, presidentes y primeros ministros, que l desestim como actos de autocomplacencia neurtica, nunca consiguieron y nunca conseguirn, seal, instigar un levantamiento popular. El terrorismo, escribi, desmoraliza rpidamente a quienes lo practican y destruye al grupo revolucionario que recurre a l. Hubiera condenado el vandalismo adolescente y la falta de organizacin coherente e ideas que definen al bloque negro y al antifascista. Lenin llam a esos anarquistas renegados liberales con bombas porque, como los liberales, crean que la propaganda sola, de la accin y la palabra, provocara un cambio radical. Como seal Lenin, el terrorismo y la violencia solo asustaron a la poblacin, demonizaron y aislaron a los revolucionarios y legitimaron la represin estatal. La violencia nunca fue un sustituto de la movilizacin masiva. Nunca fue un sustituto del largo y tedioso trabajo de construir un partido poltico revolucionario. Y sin un partido revolucionario, adverta Lenin acertadamente, la revolucin era imposible.

La inutilidad absoluta del terror queda claramente demostrada en la experiencia del movimiento revolucionario ruso, escribi Lenin, aunque su propio hermano fue ejecutado en un complot fallido para asesinar al zar. ... Los actos de terrorismo... solo crean una sensacin efmera y conducen a la larga a la apata y a la espera pasiva de otra sensacin.

Las minoras militantes pueden hacer revoluciones, pero su poder proviene de articular las aspiraciones conscientes de la mayor parte de la sociedad. La obsesin con figuras gobernantes especficas, en lugar de con las estructuras de poder represivo, desvan la atencin de los objetivos ms importantes. Lenin se refiri al zar como el idiota Romanov y le dijo a sus compaeros bolcheviques que era una persona insignificante. Habra desdeado nuestra preocupacin por Donald Trump. El totalitarismo corporativo con su vigilancia generalizada, guerras interminables, polica militarizada, transferencia de riqueza al alza, programas de austeridad, colapso de infraestructuras y servicios sociales bsicos -desde la educacin hasta la salud-, ecocidio, castigo del peonaje de la deuda y desempoderamiento y empobrecimiento de los trabajadores, todo ello ha precedido a Trump. Mike Davis en Prisoners of the American Dream ilustra cmo las oleadas de violencia estatal y represin contra la clase trabajadora y la izquierda por parte de las administraciones demcratas y republicanas han impedido eficazmente el surgimiento del socialismo.

Lenin advirti que cuando el capitalismo se ve seriamente amenazado, el fascismo es siempre la opcin predeterminada no solo para las lites gobernantes sino tambin para la clase liberal. Los liberales que temen a la izquierda radical se convierten en un momento revolucionario en enemigos de la revolucin. Lenin, como Trotsky, estudi de cerca la Revolucin Francesa y la Comuna de Pars. Cuando las lites francesas no lograron que los prusianos invasores destruyeran la Comuna, lo hicieron ellos mismos, dejando 30.000 muertos, de los cuales 14.000 haban sido ejecutados, tanto hombres como mujeres. Despus de la Primera Guerra Mundial, el ministro de defensa alemn, Gustav Noske, miembro del Partido Socialdemcrata, organiz a los veteranos de guerra en los Freikorps, una milicia de derechas. Noske utiliz la milicia, el antecedente del Partido Nazi, para aplastar la Revolucin alemana de 1918-19 y el levantamiento de la Liga Espartaquista, de ideologa marxista. Al hacerlo, los Freikorps secuestraron y asesinaron a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg el 15 de enero de 1919. Durante la Segunda Guerra Mundial en Francia, el mariscal Philippe Ptain y los colaboradores de Vichy se aliaron con los ocupantes nazis para frustrar lo que teman poda ser un levantamiento comunista.

Lenin argument que la forma ms efectiva de debilitar la determinacin de la lite gobernante era decirle exactamente qu es lo que les espera. Esta audacia y descaro atrae la atencin de la seguridad del Estado, pero no provoca hostilidad pblica hacia el movimiento revolucionario; de hecho, le da al movimiento atractivo y prestigio. El revolucionario, escribi, debe hacer demandas inequvocas que, de cumplirse, significaran la destruccin de la estructura del poder actual. Y el revolucionario nunca debe ceder en estas demandas. La exposicin pblica de los centros de poder corruptos, incluidos los militares, mina la confianza y la credibilidad en las lites gobernantes. A medida que una fuerza revolucionaria gana impulso, las lites gobernantes intentan hacer concesiones que debilitan an ms su credibilidad y fortaleza.

Vio que las potencias imperiales eran especialmente vulnerables y frgiles. No eran independientes, sino que dependan de la explotacin de recursos extranjeros y mano de obra extranjera, as como de inmensas maquinarias militares que drenaban los recursos del Estado. El imperialismo trae consigo monopolios corporativos, una caracterstica de la ltima etapa del capitalismo. Desva el poder de la clase manufacturera a una clase parasitaria de financieros, los rentistas, cuya profesin, escribi Lenin, es la ociosidad. La etapa tarda del capitalismo invierte la economa clsica. Lo que se consideraba improductivo el parasitismo de la clase rentista se convierte en la economa real. Y lo que se consideraba el sector productivo de la economa trabajo e industria es tratado como un parsito. La supremaca de los especuladores globales es mortal para el sistema capitalista, que se consume a s mismo.

Luxemburg, tal vez la nica marxista contempornea que era la igual intelectual de Lenin, previ el peligro del gobierno de hierro de Lenin sobre el partido y, finalmente, sobre la propia Rusia. Se opona al orden capitalista y al imperialismo tan ferozmente como Lenin, pero se opuso a la autoridad centralizada y castig el desdn implcito de Lenin hacia la clase trabajadora. Cualquier revolucin que justificara, como hizo Lenin, una dictadura, incluso insistiendo en que era temporal, era peligrosa. La nica forma de proteger el socialismo revolucionario de la autocracia y el anquilosamiento era empoderar a la poblacin a travs de las instituciones democrticas y la libertad de expresin.

Rosa escribi:

La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido por muy numerosos que sean-, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad tambin para quien piensa de manera diferente. No por un concepto fantico de justicia, sino porque todo lo que es instructivo, saludable y purificador en la libertad poltica depende de esta caracterstica esencial y su efectividad desaparece cuando la libertad se convierte en un privilegio especial.

Luxemburg, en este sentido, fue una verdadera revolucionaria. Una revolucin socialista no deba construirse a travs de una vanguardia ungida que dominara todos los aspectos de la sociedad y la cultura, sino a travs de una interminable experimentacin, creatividad, disensin, debate abierto, retrocesos y avances. El socialismo por su propia naturaleza no puede ser introducido por ukaz [edicto]... Solo la vida efervescente y sin obstculos cae en miles de nuevas formas e improvisaciones, saca a la luz la fuerza creativa, corrige por s misma todos los intentos equivocados.

Continuaba diciendo:

Pero con la represin de la vida poltica en la tierra como un todo, la vida en los soviets va tambin a paralizarse cada vez ms. Sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunin sin restricciones, sin una lucha libre de opiniones, la vida muere en todas las instituciones pblicas, se convierte en una mera apariencia de vida, en la que solo la burocracia permanece como elemento activo. La vida pblica se debilita gradualmente, unas pocas docenas de lderes del partido de energa inagotable y experiencia ilimitada dirigen y gobiernan. Entre ellos, en realidad, solo gobierna una docena de jefes sobresalientes y una lite de la clase trabajadora es invitada de vez en cuando a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los lderes y aprobar las propuestas de resolucin por unanimidad -en definitiva, una cuestin de camarillas-, una dictadura, sin duda, pero no del proletariado, sino solo de un puado de polticos... Tales condiciones inevitablemente deben causar un embrutecimiento de la vida pblica: intentos de asesinato, disparos de rehenes, etc.

Los leninistas, por supuesto, argumentarn que las herramientas autoritarias que Lenin y Trotsky utilizaron para construir y proteger el Estado sovitico eran esenciales, que sin ellas la revolucin habra sido destruida. No podemos descartar a la ligera este anlisis, dadas las amenazas existenciales muy reales que enfrenta el nuevo orden revolucionario y la multiplicidad de fuerzas dispuestas contra l. Bakunin y los anarquistas pueden haber estado en lo correcto en su anlisis de los peligros inherentes a un Estado bolchevique centralizado, pero entonces qu? No ofrecen, para m, soluciones convincentes, sino que presentan tpicos de ensueo sobre la cooperacin voluntaria y el federalismo de las comunas.

La historia ha ilustrado ampliamente que si no hay un partido revolucionario, o si se destruye un partido revolucionario, las fuerzas de la reaccin triunfan. Solo necesitamos mirar el ascenso al poder del general francs Louis-Eugne Cavaignac, que aplast el levantamiento de 1848 en Pars; de Louis Napoleon; del general alemn Wilhelm Groener, que sofoc brutalmente los levantamientos populares despus de la derrota del pas en la Primera Guerra Mundial; de Benito Mussolini; de Adolf Hitler; y, en nuestra propia poca, de Suharto y Augusto Pinochet. Los viejos generales zaristas, comenzando con Lavr Kornilov, quien, segn un compaero general, era un hombre con el corazn de un len y el cerebro de una oveja, se estaban preparando, respaldados por sus aliados occidentales, para lanzarse sobre el nuevo orden revolucionario, y punto final.

Pero podemos preguntar si el coste que Lenin impuso merece la pena. Si debemos crear imgenes especulares de autocracia y terror para resistir, entonces no somos mejores que los monstruos que pretendemos matar. Luxemburg tena razn: los fines nunca justifican los medios. Aquellos que siguen ese camino, que dejan a un lado toda moralidad, como hizo Lenin, no regresan, y hay algunas pruebas de que a medida que Lenin se acercaba al final de su vida, su creacin le revolvi. Crees que ests manejando la mquina, sin embargo, ella est manejndote a ti y, de repente, otras manos que no son las tuyas van al volante se lament.

Quizs el mayor legado de Lenin sea su realismo poltico, su odio a los dogmatismos y su meticuloso estudio del poder. Si no entendemos el poder y cmo funciona, estamos condenados. La creencia del Che Guevara en su propia propaganda, la doctrina del foquismo, que argumenta que la revolucin se inicia con pequeas bandas rebeldes armadas, no solo condujo a su propia muerte en Bolivia, sino a una serie de levantamientos fallidos en Amrica Latina y frica y a la decisin insensata de los lderes de Estudiantes para una Sociedad Democrtica, o SDS (siglas en ingls), el mayor movimiento contra la guerra en Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, de implosionarse a s mismo para formar su propio foco, el Weather Underground. Podemos aprender mucho de Lenin, el revolucionario, sobre qu hacer, y mucho de Lenin, el dictador, sobre qu no hacer. Lenin habra insistido en que as lo hiciramos.

(Charla ofrecida por Chris Hedges en Left Forum en la ciudad de Nueva York.)

Chris Hedges fue corresponsal extranjero en Centroamrica, Oriente Medio, frica y los Balcanes durante casi dos dcadas. Ha informado desde ms de cincuenta pases y ha trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times, para el que estuvo escribiendo durante quince aos. Gan el Premio Pulitzer en 2002. Ha sido profesor en las Universidades de Columbia, Princeton, Nueva York y Toronto.

 

Fuente: https://www.truthdig.com/articles/the-dilemma-of-vladimir-lenin/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter