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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2006

Subtitulado Alfaguara, Planeta y la novela basura
Prlogo de M. Garca Vi a su libro "La gran estafa"

M. Garca Vi
Rebelin


Entre finales de la dcada de los 70 y mediados de la de los noventa del siglo pasado, afanado en el de otro tipo de materias, estuve apartado de los estudios literarios que, especialmente los referentes al gnero narrativo, haban constituido mi mxima preocupacin intelectual anteriormente y lo han continuado constituyendo despus. Cuando volv a mirar con inters el fenmeno novelstico en Espaa, me encontr con una serie de nombres, para m completamente nuevos, que los crticos aseguraban corresponder a novelistas magnficos, integrantes de un grupo renovador del gnero, sobre todo a partir de la llamada transicin a la democracia. Acostumbrado al rigor y a la forma de producirse profesionalmente de los crticos de los aos 50 y 60, ni me plante dudar de que tal fuera la verdad. Fue mi hija Mnica, profesora en el Instituto Cervantes de El Cairo, a finales de 1994 o principios de 1995, quien me alert: por fin he ledo una novela de ese chico del que tanto hablan, Javier Maras. No sabe ni expresarse. Se muestra incapaz de decir lo que quiere decir. Pero lo peor es cuando el pobrecito quiere tener gracia y no lo consigue, que es en todas las ocasiones. Hay una escena en un comedor universitario, de la que el editor dice que es hilarante, que a m me hizo casi llorar de pena.

Compr inmediatamente Todas las almas, a la que mi hija se refera, y, apenas le unas pocas pginas, comprend que estaba en el camino adecuado para alcanzar el tipo de situacin en que ms disfruto de la vida: la de enfrentarme desde la total independencia, y provisto de ideas personales, al adocenamiento de lo oficioso y al conformismo de lo establecido. Aquello no solamente era la peor novela en rigor, no era novela- de todos los tiempos y lugares, sino tambin un libro ridculo, irrisorio. A continuacin, le otras cinco obras del autor -Travesa del horizonte, El hombre sentimental, Corazn tan blanco, Maana en la batalla piensa en m, Negra espalda del tiempo-, de las cuales, slo a dos me refiero aqu. Que las cinco mostrasen por igual la misma incompetencia en todos los terrenos, idntica pobreza de ideas y tan completa carencia de valores estticos, no me extra demasiado, despus de haber ledo la primera. Pero cuando, al seguir mis lecturas, comprob que casi al mismo bajo nivel se situaba el resto de los autores ms favorecidos por la crtica y la publicidad directa e indirecta de la que forman parte los premios ms sonoros y, por supuesto, amaados-; la relacin de estos autores con ciertos medios de comunicacin, con el Ministerio de Cultura y con la Real Academia, comprend que, como dira Jean Sendy, la novia se haba vuelto demasiado bella: me encontraba ante un colosal engao, como nunca se haba producido otro en el mbito de la literatura espaola. Un engao en el que participaban todas las instancias por las que pasa, en su vida social, desde las agencias a las libreras, el libro, ahora convertido en simple mercanca.

Redact un extenso comentario a Todas las almas, siguiendo el procedimiento que haba empleado para el trabajo de base de mi crtica a Ms all del jardn, de Antonio Gala, que se public en el suplemento Papel Literario, del Diario de Mlaga, el 6 de octubre de 1996. Descubr entonces que llevar a cabo el comentario de una novela, mediante anotaciones hechas al comps de su lectura, no como tarea previa, sino definitiva, poda suponer un excelente mtodo crtico, tan cientfico como escasamente impresionista, en todos los rdenes en los cuales se mueve una crtica literaria: gramatical, formal, estilstico, lgico, contenutista, temtico, psicolgico, ideolgico, etc. As qued configurado el procedimiento que, en el Centro de Documentacin de la Novela Espaola, se termin llamando de la crtica acompasada, de cuya consistencia me ocupo ms adelante. Mi trabajo sobre Todas las almas Una novela de Javier Maras: Proceso a la crtica y la Academia Espaolas- apareci en la revista Heterodoxia, Trimestral de Pensamiento Crtico y Extravagante, ocupando un nmero completo, el 23, correspondiente a julio-agosto-setiembre de 1995.
Aquel trabajo provoc algunas reacciones: desde varias airadas cartas de Javier Maras, que me llamaba de venado para arriba y me auguraba un negro porvenir como crtico, y otras de Fernando Savater, quien me deca ignorante y motejaba de maestro Ciruela, al tiempo que comparaba a su amigo con Cervantes y Dostoievsky, pasando por las dos docenas- de una lectora de Breda (Gerona), quien aseguraba no conocer de nada al autor por m ultrajado, de crticas de cuyas obras, sin embargo, aparecidas en Espaa y en el extranjero, me envi ciento veinticinco fotocopias!, amn de un comentario suyo de veinte folios, que, por su desgarbada sintaxis, su imprecisin terminolgica y sus repetidos fracasos al intentar expresarse con irona, era sin duda obra de Maras. Desde stas, digo, hasta, por ejemplo, una nota en el citado Papel Literario, que resuma en buena medida la posicin adoptada por otras publicaciones literarias: Garca Vi dice esto, esto y aquello. Nosotros, ni entramos ni salimos del fondo del asunto. Por qu no entrar? Acaso no eran entendidos en literatura? No podan decidir, mediante un simple cotejo de mi trabajo, en el que sealaba las pginas casi todas- en las que haba encontrado fallos, con el libro, a ver si llevaba razn? Se conoce que les resultaba difcil como a otros, ya digo- digerir el total destrozo de una obra del haca tiempo con el asentimiento unnime- declarado genio, premiada por la Real Academia. Fue en un par de docenas de cartas privadas donde encontr un total acuerdo con mis juicios, que con el tiempo han encontrado todava mayor aceptacin.
Durante la composicin de este libro, y de otros dos que vendrn muy pronto, me he preguntado ms de una vez acerca de la para m incomprensible actitud de los ms poderosos grupos meditico-editoriales, que no son slo los que figuran en el susbttulo de ste, sino tambin Tusquets, Espasa Calpe, Plaza&Jans, Seix Barral, Destino, Anagrama y otras. Si se han autodemostrado de sobra que, con un adecuado marketing, y contando con la escasa preparacin de los reporteros y del pblico espaol, ms la complicidad de la Academia y el Ministerio de Cultura, podran ganar dinero, que es lo que evidente y nicamente persiguen, con productos dignos, por qu se empean en engaar y ganarlo con basura?

En este punto, debo decir que el excelente crtico que firma Clandestino Menndez, como yo perteneciente al Crculo de Fuencarral, ha practicado tambin este tipo de crtica, y que el lector interesado en conocer sus juicios sobre las novelas/basura de Clara Snchez, Juan Jos Mills, Rosa Regs, Espido Freire, Luca Etxeberra, Juana Salabert, y tambin de Dan Brown, Paulo Coelho y Matthew Pearl, pueden acudir a su libro Cuadernos Crticos, Literaturas Comunicacin S.L. (Parador del Sol, 9 28019), Madrid, 2005, que puede solicitarse tambin en www.literaturas.com. Sobre la incalificable La Rusa, de Juan Luis Cebrin, sin duda la persona que, en toda la historia de la institucin, con menos mritos para ello ha ingresado en la Real Academia Espaola, y sobre otras novelas de stos y otros autores se han publicado Cuadernos de Crtica monogrficos, que el lector interesado puede encontrar relacionados al final de este libro. En el momento en que escribo mediados de 2005-, se encuentran en las mesas de trabajo del Centro de Documentacin de la Novela Espaola, en manos de diversos crticos, obras de Juan Manuel de Prada, Andrs Trapiello, Eduardo Mendoza, Eduardo Mendicutti, Arturo Prez Reverte, Savater, Carmen Posada, Javier Cercas, Soledad Purtolas Y, a la espera de una primera lectura, diversos autores que suenan menos, pero suenan mucho, y algunos de los cuales incluso han ingresado en la RAE. Aunque el ingreso en una Academia -tanto la de Lzaro Carreter como la de Garca de la Concha- olvidada de la filologa, convertida en club social y en negocio editorial, a la que han accedido personas como el citado Cebrin, Muoz Molina, Fernn Gmez y Prez Reverte, mientras se le ha negado la entrada a Jos Luis Castillo Puche, uno de los ms grandes novelistas espaoles de nuestro tiempo, y al profesor Antonio Quilis!, quien ms ha sabido nuestra lengua, quiere decir muy poco.

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Nunca he entendido del todo bien por qu se suele considerar la novela el ms joven de los gneros literarios. Al teatro, a la poesa, se les hace hincar sus races en antiguos e indudables antecedentes. Podra hacerse lo mismo con la novela, que, para Menndez Pelayo, inicia su andadura con la fbula oral. En todo caso, lo que me interesa resaltar ahora es que la novela, en su evolucin fbula oral, fbula escrita, poema pico, novela de aventuras, psicolgica, de sentimientos, etc.-, desemboc, en el siglo XX, y simplificando un tanto un desarrollo que admiti diversas combinaciones de subgneros, en dos grandes tipos: la novela intelectual y la novela de valores estticos, que rara vez, aunque algunas, se manifiesta en puridad. Para m, como puede verse en mi Teora de la novela (Anthropos, Barcelona, 2005; para una mejor comprensin de lo aqu digo puede consultarse tambien mi La novela espaola del siglo XX, Endymin, Madrid, 2004), para m, digo, la meta de toda esta evolucin, y sin querer decir que deba desaparecer jams, ni mucho menos, la novela metafsica ni la novela que el profesor Garca Trevijano considera complemento de la historia, por cuanto explicita las causas de los acontecimientos tipo que abund en los siglos XIX y primera mitad del XX y que ahora est ausente de la literatura universal-, es la novela-obra-de-arte-literario. Y me apresuro a decir que, en este orden de ideas, no me quedo en los productos de un esteticismo puro como el del nouveau roman, sino con esas novelas mecla de los logros formales de esta escuela y la novela intelectual, de la que constituyen ejemplos cimeros El empleo del tiempo, de Michel Butor, y La ruta de Flandes, de Claude Simon.

Este filn no ha sido, ni mucho menos, completamente explotado. En consecuncia, tampoco se ha aprovechado su material, como no sea en obras que hayan discurrido subterrneamente. La irrupcin en el mundo editorial de la que se ha llamado industria cultural, que no es otra cosa que la aplicacin a la literatura de los postulados del capitalismo neoliberal, ha impedido el natural desenvolvimiento de un gnero que iba camino de adelantar a todos los dems incluido el cine- en posibilidades ticas y estticas.

La industria del libro ya no funciona como en anteriores y mejores tiempos, en que los editores actuaban como consideraba Einaudi que deban hacerlo: primero, descubrir un buen libro; despus, sacarle provecho econmico. Ahora se buscan lectores, amplias masas de lectores, que, para que rindan en la medida en que la economa de mercado exige, hay que buscar entre los menos preparados, entre los que nunca, antes, haban ledo, entre los que hablan y entienden necio, como deca Lope de Vega, fabricndoles obras a su medida. A ello se dedican con afn los escritores analizados en este libro y en el de Menndez, as como otros nombrados en este prlogo. Nietzsche consideraba el de escritor un estado, y despreciaba a quienes lo consideraban una profesin, como es el caso de los aludidos, que, para colmo, lo hacen con el beneplcito de la crtica, del Ministerio de Cultura, de la Academia y de los medios de comunicacin.

LA GRAN ESTAFA ALFAGUARA, PLANETA Y LA NOVELA BASURA, Ediciones Vosa SL, Madrid (28021) Cacereos, 54, local 4.- e-mail: [email protected]


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