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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2019

Entrevista al filsofo francs Frdric Lordon
El capitalismo no se ir amablemente

Joseph Andras
Observatorio de la crisis


Vivre sans? (Vivir sin?): tal es el ttulo del ltimo libro del filsofo y economista Frdric Lordon (*), publicado por la editorial La Fabrique. Pero vivir sin qu? Sin instituciones, gobierno, trabajo, dinero, Estado o polica. Esta reivindicacin general, compartida por una parte considerable de la izquierda radical, es la que el autor aborda y a la que, a pesar de las evidentes simpatas, pretende contrarrestar.

*

Pregunta: Usted se considera a contrasentido de [su] poca. Moviliza, en realidad, un cuarteto que ha dejado de tener buena prensa en la izquierda: Lenin, Trotsky, la dictadura del proletariado y el Grand Soir [1]. En un momento en que el ideal de una democracia directa horizontal se impone con fuerza, por qu esta resurreccin?

Frdric Lordon: Por un encadenamiento lgico. Si los distintos datos del desastre desastre social, humano, existencial, ecolgico son causados, como lo creo, por el capitalismo, entonces, la nica manera de evitar el desastre es abandonando el capitalismo. Sin embargo, creo que las maneras locales de desertar del capitalismo son solo formas parciales de hacerlo.

Esto porque esas formas locales no pueden internalizar toda la divisin del trabajo y siguen dependiendo, de hecho, del exterior capitalista para una parte de su reproduccin material. Esto que digo no le quita nada al valor de esos experimentos. Por lo dems, tampoco creo que esas experiencias se consideren a s mismas como triunfadoras del capitalismo. Como experimentos, precisamente, nutren el deseo colectivo de ganar la batalla, y eso ya es considerable.

Pero para triunfar de verdad sobre el capitalismo ser necesaria, por fuerza, una fase de otro tipo. La fase de una confrontacin global y decisiva. No podemos pedirle al capital que piense amablemente en irse, cuando ya ha quedado manifiesto que va a agotar hasta el ltimo gramo de mineral, que har un vertedero con el ltimo metro cuadrado disponible y que ensuciar el ltimo curso de agua para conseguir el ltimo euro de ganancia. Esas personas han perdido cualquier atisbo de razn y no escuchan nada.

La alarma climtica, de hecho, lejos de agotarse en la cuestin ecolgica, puede ayudar quizs a incorporar la idea de que frente al capital, en este momento, se trata de ellos o nosotros. Pero si el problema se establece en esos trminos hay que sacar las conclusiones oportunas. El capital es una potencia macroscpica y solo podr ser vencida oponindole una fuerza de la misma magnitud. De ah que, lgicamente, me haya dedicado a buscar en la historia las categoras homogneas a un enfrentamiento de esta escala.

Esos nombres y esas palabras que cito, y que usted menciona, ya sabemos con qu terrible estigma estn marcados lo que explica su radical ausencia de herederos. Lo que intento hacer, analticamente, es una separacin para conservar la ecuacin estratgica que, segn mi punto de vista, estas palabras circunscribieron adecuadamente, pero sin obviar nada de las abominaciones que acompaaron la solucin. Esta situacin es la que explica, por supuesto, que hayan desaparecido a tal punto del paisaje ideolgico y que su lugar lo hayan ocupado la horizontalidad, la democracia directa y las comunas [2].

Creo, no obstante, que, a pesar de la validez de esas ideas, estas estn ms vinculadas al proyecto de sustraerse del capitalismo que al de derrocarlo. La ecuacin contempornea resultante es, por lo tanto: cmo mantenerlas, porque hay que mantenerlas, pero en un horizonte de derrocamiento? Ello supone volver a esos nombres, esos que usted dice que ya no tienen muy buena prensa, pero dndole una nueva forma a su contenido.

P: Un espectro habita su libro: el nmero. Las masas. Sin embargo usted reconoce que el neocapitalismo captur nuestros cuerpos, a los que ha sometido seducindolos. La mayora quiere realmente extraerse del espacio de confort liberal y tecnolgico?

Frdric Lordon: Esa es la cuestin decisiva. En realidad nos topamos siempre con lo mismo: dnde se sita el deseo mayoritario? Podemos opinar cualquier cosa sobre el freudomarxismo, pero Reich comprendi al menos que en Alemania no solo cay una losa de plomo totalitaria desde arriba, sino que tambin hubo, abajo, un deseo de fascismo.

De la misma manera se puede decir que existe un deseo de capitalismo y que el objetivo es vencerlo. Pero sabemos lo poderoso que es. De hecho, no solo nos domina con las baratijas mercantiles, sino, de una manera ms profunda, a travs del cuerpo mismo: el cuerpo consentido, reconfortado, mimado por todas las atenciones materiales de las que es capaz el capitalismo.

No hay que engaarse: la fuerza de atraccin del capitalismo desde el cuerpo es muy grande. Esto nos confronta a las tautologas del deseo: para salir del capitalismo tiene que formarse un deseo de abandono del capitalismo ms grande que el deseo de capitalismo. Todo depende de las soluciones que sern propuestas para esa ecuacin. La solucin ZAD [3] es admirable en s misma, pero su exigencia es tal que es difcilmente generalizable. Es una solucin para virtuosos, no para la mayora.

Es evidente, y debemos admitirlo, que tendremos que reducir nuestras condiciones materiales de existencia al salir del capitalismo, pero en proporciones en que hacerlo sea razonablemente practicable. Una trayectoria poscapitalista que se base en una hiptesis de des-divisin del trabajo masivo no me parece viable.

Nuestro problema, por lo tanto, es el de conservar la divisin del trabajo, digamos, en sus rdenes de magnitud actuales digo esto sin perjuicio de todas las reducciones que pudiramos y deberamos infligirle, pero bajo la forma de relaciones sociales de produccin completamente nuevas. Por ejemplo, aboliendo la propiedad lucrativa de los medios de produccin para reemplazarla por una propiedad de uso, como dice Friot.

Esta transformacin supone, por supuesto, ni ms ni menos que una revolucin jurdica. Es decir, puesto que se trata del punto neurlgico sobre el que se sostiene todo el capitalismo, una revolucin sin ms. Una vuelta a los nombres malditos

P: Las masas, seran, despus de la revolucin, el nico antdoto al desenfreno capitalista. Allende gan con 36,6% de los votos y, hecho inhabitual, despus de dos aos en el poder obtuvo un resultado de 44% en las elecciones legislativas.

Frdric Lordon: Iba a decir que esa es la diferencia entre una condicin necesaria y una condicin suficiente. Pero en realidad, aqu usted me habla de un apoyo manifestado bajo una forma exclusivamente electoral, cuyo terrible lmite histrico ya ha sido demostrado.

Despus de todo, que conspiradores no respeten el veredicto de las urnas, como se dice, no es nada nuevo. De lo que estoy hablando, por mi parte, es de una movilizacin lo suficientemente poderosa como para ocupar fsicamente el espacio pblico, y eventualmente las armas, para defender aquello que se propone. En Chile, los militares fueron los que salieron a la calle. Al final es siempre el mismo cuestionamiento: quin pasa a la accin? Y con qu intensidad?

P: Usted asegura que al titn (el capital) hay que oponerle un gigante (las masas). Gulliver, en la isla de los Liliput, fue derribado y luego encadenado por insectos humanos: por qu no podra hacerlo una federacin de comunas swiftiana?

Frdric Lordon: No excluyo, por principio, que lo pueda lograr, con tal que el acento sea puesto donde debe estar puesto: en federacin. Es decir, en coordinacin. En realidad, primero es coordinacin la palabra importante: la amable federacin de comunas viene despus; es lo que sigue al derrocamiento simplemente porque no creo que los poderes estato-capitalistas dejen prosperar con magnanimidad la formacin de una federacin de comunas cuyo objetivo confeso sea derrocarlos ese es un escenario a lo Bookchin, en el que no creo ni un segundo. La federacin de comunas tiene que ser para despus. En cuanto a lo que opera el derrocamiento, creo que ser, en los hechos, de otro tipo. Cul?, no lo s.

Pero ser coordinado, y muy fuertemente, de una manera u otra, o no ser. Hace poco me presentaron el ejemplo de los Chalecos Amarillos como un caso de espontaneidad de las masas. Es verdad: con todas sus caractersticas apasionantes y todas sus limitaciones estratgicas. Y no creo de ninguna manera que el movimiento de los Chalecos Amarillos pertenezca al pasado, al contrario!, pero su primera fase, precisamente, mostr los lmites de lo que puede conseguir la espontaneidad.

Sin embargo, en el enfrentamiento de bloques, nosotros somos infinitamente ms numerosos que ellos, que estn al frente. Pero ellos estn infinitamente mejor coordinados que nosotros. La oligarqua es una clase consciente y organizada. Cuenta para s con un aparato de fuerza que funciona claramente bajo coordinacin militar. La disimetra en la capacidad de coordinacin logra que pueda superar con facilidad la disimetra numrica en su contra. En algn momento habr que pensar en eso.

No podemos quedarnos con la deduccin de que bastara con replicar su forma de coordinacin, incluida la militar! Tenemos que encontrar una o varias, por lo dems, pero mnimamente articuladas. Salvo un milagro, la espontaneidad significa la dispersin y no llega a nada. Sin embargo, me dirn, Chile, Lbano, Ecuador S, de acuerdo, esperemos un poco para hacer el balance. Y es probable que este no sea realmente distinto de lo sucedido despus de la Primavera rabe[4].

Esos semifracasos se explican porque se dieron coordinaciones de acciones suficientes para producir algo pero sin una verdadera coordinacin del objetivo: qu hacer cuando hemos ganado?, qu poner en el lugar de lo que hemos derrocado? Imaginemos, por puro gusto, un acto 2 o 3 de los Chalecos Amarillos que llegan al Elyse y sacan a Macron manu militari. Y despus qu? Es tan incierto que es difcilmente figurable. O las instituciones, intactas, terminaran por acomodarse a la conmocin a cambio de transformaciones superficiales o, como siempre, seran grupos ya organizados los que se quedaran con el botn.

El problema es que en la izquierda radical, en especial la intelectual, toda una corriente de pensamiento se opone a la idea de objetivo, de orientacin estratgica, entendida, digmoslo con su nombre, como una captura bolchevique. En su lugar se cultiva la idea del movimiento por el movimiento, la idea de la intransitividad, se dicen cosas bonitas, que se hace camino al andar y que lo que cuenta son los devenires. No desconozco el riesgo inherente que hay detrs de aquellos que pretenden mostrar la direccin. No es una casualidad que se trate de la misma palabra: cualquier propuesta de indicar una direccin encierra una candidatura a asumirla.

Pero creo que nuestra nica eleccin es la de correr ese riesgo, la de encontrar cmo contenerlo habindolo analizado antes, porque si no sabemos hacia dnde vamos con seguridad no llegaremos a ninguna parte. De hecho, por eso tenemos que estar organizados y saber hacia dnde dirigirnos: porque otros estn organizados y saben hacia dnde van.

P:Ruptura global o [] nada, resume usted. Chiapas se sita en un intermedio: ni un islote zadista (los zapatistas tienen decenas de miles de seguidores, un ejrcito y un gobierno) ni el Palacio Nacional de Mxico. Y funciona, no?

Frdric Lordon: Yo no lo dira as en un intermedio. En su permetro, tanto Chiapas como Rojava[5] establecen una ruptura global, completa. Pero su caracterstica comn es la de inscribir su ruptura en una coyuntura especial, y particularmente favorable, en la que, sin embargo, ninguno de los dos domina completamente esas condiciones externas de viabilidad, las cuales permanecen contingentes. Es por el status quo ms o menos negociado con el Mxico circundante que Chiapas no tiene que concentrar toda su energa poltica en una guerra por la sobrevivencia pura y simple como tuvo que sostenerla el poder bolchevique a partir de 1918.

El estatus de enclave es, por lo tanto, precario y en gran medida dependiente de una contingencia externa. Si esta contingencia degenera, ya no podr sostenerse. Esa es la amenaza que pesa en este momento sobre Rojava. Fuera de esas circunstancias milagrosamente favorables, en las que la hostilidad externa se mantiene moderada, una prueba de movilizacin total, militar, marca la formacin poltica naciente con un primer pliegue doloroso. Y la cuestin es la de saber si podr continuar a pesar de ello. Chiapas y Rojava se sostienen ms por las circunstancias exteriores que por haber sobrepasado esa prueba.

P: Usted recuerda, al igual que los anarquistas, que el aplastamiento de Kronstadt [6] por parte de los bolcheviques signific un pare democrtico. Pero si se toma en cuenta la concepcin autoritaria, vertical y militar que tena Lenin de la revolucin, no sera posible afirmar que esta ya traa el mal en s misma?

Frdric Lordon: S, ya estaba en ella. Y ese es el problema. En este libro lo nico que hago es plantear problemas. Es decir, exponer contradicciones a propsito de las cuales tendremos que encontrar una manera de mantener los dos polos sin ninguna esperanza de resolucin o de superacin no soy hegeliano.

No derrocaremos el capital sin pasar por un punto de gigantomaquia, pero en el momento mismo en que ese paso nos libere del capitalismo nos dejar entre las manos un aparato formado en el calor de la convulsin revolucionaria y sin duda de la guerra civil. Un aparato de Estado originariamente militarizado. O una verticalidad policial, consagrada a lo peor. Una vez ms hay que mirar la diferencia, abismal, de configuracin entre la experiencia rusa y las experiencias de tipo Chiapas-Rojava, y las presiones que cada una de ellas impone, o alivia. Chiapas y Rojava se constituyen como enclaves homogneos: los individuos se han puesto de acuerdo de entrada en torno a una manera comn de vivir.

La revolucin en un pas capitalista desarrollado se plantea completamente en otras coordenadas: con la perspectiva inevitable de tener que reducir una reaccin interna ultradecidida, poderosa, y fuertemente sostenida por un exterior capitalista que tambin quiere, a todo precio, hacer fracasar una experiencia comunista. Estas son condiciones de hostilidad muy diferentes, sin comparacin posible.

La situacin de 1917 impuso sus requisitos y estos fueron terribles. Es muy fcil retroceder cien aos atrs y decir ah, habra que haber hecho esto y no haber hecho esto. Tanto los cuerpos colectivos como los cuerpos individuales hacen lo que pueden en las circunstancias de vida o muerte que les tocan. Qu hacer al vernos confrontados a ese problema objetivo y cmo arreglrnoslas despus? Ese es el problema que planteo y sobre el cual no tengo ni un principio de solucin. Pero mantengo, al menos, que si los problemas no son convenientemente planteados, las soluciones sern absurdas.

La gnesis de Chiapas o de Rojava est al opuesto de esto: responde a un modelo de fuga nos largamos, los dejamos, vamos a hacerlo a nuestro modo en otra parte. Es muy hermoso ese modelo de la fuga colectiva. Pero hasta qu grado es generalizable? Imaginen en Francia una masa bastante considerable que ocupe una porcin consecuente del territorio equivalente a Rojava. Y creen que el Estado francs, centralista, jacobino, dejar que algo as suceda? Ni siquiera toler una ZAD que deba ser diez veces menor que Larzac[7]. Y en el caso ejemplificado estaramos hablando de captar el equivalente de una regin. El tiempo ha pasado, el capital se ha desplazado, se ha vuelto (an ms) malo, y con l, tambin el Estado del capital, una posibilidad como la Larzac de hace 40 aos es hoy impensable.

P: Hay en sus pginas una preocupacin por el hombre ordinario por la gente comn, diran los zapatistas. Usted rehabilita la cotidianidad cuando otros apuestan todo al Acontecimiento: romper con el orden establecido supondra ms bien una carrera de fondo?

Frdric Lordon: No rechazo de ninguna manera la categora de acontecimiento, en todo caso en su sentido comn el acontecimiento en el sentido de Badiou o Deleuze es otra cosa. Hay que reconocer que descartar el acontecimiento, en cualquier sentido que sea, al mismo tiempo que se rehabilita el Grand Soir resultara singularmente incoherente. No, tomando prestado el ttulo a Ludivine Bantigny, dira ms bien que, despus de sucedido el Gran Soir, habr que pensar en los despertares cotidianos menos emocionantes.

La efervescencia del momento insurreccional es por definicin transitoria. El error sera tomar esas intensidades particulares por un factor permanente. Desconfo de las frmulas polticas que apuestan como fundamento a una fuerte movilizacin cotidiana. Es pedir demasiado: el deseo de la gente es vivir su vida. Por supuesto, esta antinomia de la poltica y la vida tiene su lmite, y podramos decir que la ZAD, Chiapas o Rojava implican vivir de una manera que es inmediatamente poltica, que vivir ah es intrnsecamente hacer poltica. En esos casos la separacin de la poltica y la vida es reabsorbida. Pero se tiene que haber alcanzado ese estado de reabsorcin para que la idea misma de movilizacin cotidiana se disuelva y que, sencillamente, vivir sea de hecho estar movilizado.

Por el momento, nosotros, que contemplamos la perspectiva de una superacin del capitalismo, no estamos en esa situacin, al menos no de forma mayoritaria. Hay que encontrar, por lo tanto, vas polticas revolucionarias que acompaen a la gente comn tal como esta es hoy en da, sin minimizar los desplazamientos considerables de los que es capaz, pero sin presuponerla tampoco como virtuosos de la poltica que ya han absorbido todo, cruzado todos los lmites, capaces por aadidura de actuaciones ticas ms all del simple hecho de vivir polticamente sin presuponer, por lo tanto, que todo lo que hay que hacer ya est realizado.

Finalmente, una de mis preocupaciones en este libro es esa: seguir pensando en una poltica que no est reservada ni a los momentos excepcionales (los acontecimientos) ni a individuos excepcionales (los virtuosos).

P: Usted evocaba, al comenzar, el desastre ecolgico. El ensayista marxista Andreas Malm asegura que la ecologa es la cuestin central que engloba a todas las otras. Lo aprueba?

Frdric Lordon: De ninguna manera. Para m, la cuestin primera siempre ha sido la suerte de los humanos. Lo que le hacemos a la Tierra es una cuestin secundaria, es decir: que solo cobra sentido como declinacin de la primera, de lo que le hacemos a los seres humanos y s, a fuerza de destruir la Tierra, estos se vern afectados Cules seres humanos, por lo dems? Conforme a la lgica, el riesgo es grande de que se vean afectados de maneras bastante distintas. Salvo quizs al final, por supuesto, cuando todo se haya quemado o est inundado, no lo s, pero eso no es para maana y entre tanto las desigualdades medioambientales prometen volverse salvajes.

Confieso que el repentino despertar de conciencia poltica de ciertas clases sociales urbanas educadas en el motivo del planeta me provoca sensaciones violentamente contrastadas. Para salvar la Tierra ahora estamos dispuestos a pensar en oponernos al libre comercio internacional.

Pero cuando se trataba de salvar a las clases obreras de la demolicin econmica, una posicin proteccionista implicaba prcticamente la antesala del fascismo. Que el planeta se pueda convertir en ese poderoso legitimador ah donde las clases obreras no bastaron nunca para justificar nada y no contaron, finalmente, para nada, es asqueroso y me parece un efecto tpico de la jerarquizacin de las cuestiones primordiales y secundarias. Ahora, hay que acomodarse con las formaciones pasionales que nos ofrece la historia. Visiblemente se est configurando una disposicin afectiva climtica poderosa. Y puesto que lo dems sigue igual, encontremos entonces una manera de usarla.

Para empezar, veamos cmo pensar lo que sigue de manera lgica y consecuente, el problema en su conjunto, remontando a la causa primera. An existe mucha distancia entre la angustia climtica y la nominacin clara y especfica de su causa: el capitalismo. Y de la aceptacin de la consecuencia que por lgica esta conlleva: para salvar la Tierra, con el fin de salvar a la humanidad, hay que abandonar el capitalismo. Quizs sea una parte ma irracionalmente optimista, pero me gusta creer, sobre este tema en todo caso, que la lgica se impondr, a pesar de todo.

Notas:

[1] Le Grand Soir (en francs La Gran Noche) es una nocin comunista y teleologista que designa y/o anuncia un gran acontecimiento social principalmente orientado a la eliminacin del sistema capitalista, o a impactar enormemente sobre las propias estructuras sociales y poltico-institucionales, con la finalidad ltima de obtener una nueva y mejorada sociedad.

[2] Alude a las comunas como formas de autogobierno revolucionario local, en referencia a la Revolucin Francesa y la Comuna de Pars (N. de la T.).

[3] Zona a Defender. Se trata de un espacio de vida autogestionado, a menudo ilegal, conformado en reaccin a un proyecto de desarrollo capitalista o antiecolgico. Puede ser no violento o asumir la confrontacin con las fuerzas del orden. El caso emblemtico en Francia es el de la ZAD de Notre Dames de Landes (N. de la T.).

[4] La Primavera rabe fue una serie de manifestaciones populares que se dieron en la mayora de los pases rabes entre 2010 y 2013 en reclamo de mayor democracia y derechos sociales (N. de la T.).

[5] Nombre dado al norte de Siria, mayoritariamente kurdo. Desde 2012 tiene lugar ah una revolucin en torno a un gobierno autnomo y un confederalismo democrtico (un corpus ideolgico elaborado por el Partido de los Trabajadores de Kurdistn, PKK, que promueve la emancipacin de las mujeres, el socialismo y el ecologismo) (N. de la T.).

[6] La Rebelin de Kronstadt (1-18 de marzo de 1921) fue un alzamiento fracasado de los marinos soviticos en la isla de Kotlin, donde se encuentra la fortaleza de Kronstadt, contra el gobierno de la Repblica Socialista Federativa Sovitica Rusa. Fue la ltima gran rebelin en contra del dominio bolchevique dentro del territorio ruso durante la guerra civil rusa.

[7] Altiplano del Macizo Central, regin de Francia situada en el centro-sur del pas, donde se desarroll entre 1971 y 1981 un importante movimiento de desobediencia civil no violento contra la extensin de un campamento militar.

* Frdric Lordon es economista y filsofo y una figura importante del pensamiento anticapitalista francs. El autor de la entrevista es el escritor Joseph Andras

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2019/11/14/f-lordon-filosofo-frances-el-capitalismo-no-se-ira-amablemente/



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