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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2019

Hacia un nuevo espacio neofascista global

Pedro Ramiro y Juan Hernndez Zubizarreta
El Salto Diario

El neofascismo actual se diferencia del fascismo clsico en que puede convivir, al menos por el momento, con las instituciones representativas del modelo liberal y con las instituciones jurdicas del Estado de Derecho. Eso s, vaciadas de contenido y reenviadas a la esfera estrictamente formal.


La globalizacin ha precarizado a grupos sociales que se han visto brutalmente excluidos, generando el bloqueo de la movilidad ascendente y la descualificacin de estrato social. Ante el colapso de las sociedades occidentales basadas en el consumo a crdito y en el mito de las clases medias, en el transcurso de una crisis civilizatoria que desarticula las mediaciones poltico-institucionales, se est produciendo un avance del neofascismo a escala global. Un nuevo rgimen vinculado a la profunda crisis que padecemos y que Boaventura de Sousa ha calificado como fascismo social. As trata de apuntalarse la arquitectura poltico-econmica generada desde el poder corporativo, con el Estado jugando un papel que se balancea entre la complacencia y la complicidad. Desposesin y neofascismo En las ltimas dcadas, ante las dificultades para impulsar otro ciclo largo de crecimiento econmico, las grandes corporaciones han puesto en marcha una ambiciosa estrategia de reduccin de costes y expansin a nuevos sectores y nichos de negocio. Dado que el sistema econmico corre riesgo de colapsar si no crece de forma continua y que las grandes empresas, en el marco de la competencia en los mercados capitalistas, necesitan aumentar los beneficios ao tras ao para no quebrar o ser absorbidas por otras, resulta fundamental incorporar constantemente nuevas reas de negocio a la lgica mercantil. Lo cual se lleva a cabo mediante la expropiacin a las mayoras sociales de sus derechos, del acceso a los recursos y de sus medios de vida. Prioridad al valor de cambio frente al valor de uso.

En el neoliberalismo, la mercantilizacin, la privatizacin y la financiarizacin se han convertido en los ejes centrales de la acumulacin por desposesin. Lejos de los preceptos de los tericos neoliberales que preconizan el laissez-faire, se ha aplicado de forma rigurosa la doctrina de privatizar los beneficios y socializar las prdidas.

En el neoliberalismo, la mercantilizacin, la privatizacin y la financiarizacin se han convertido en los ejes centrales de la acumulacin por desposesin

A escala europea, Grecia y Espaa constituyen ejemplos de manual. En ambos casos, despus del enorme trasvase de fondos desde las arcas del Estado a las entidades financieras para evitar su bancarrota, vinieron las recetas neoliberales y los programas de austeridad para hacer viable el pago de las deudas. La crisis econmica se convirti en una excusa perfecta para avanzar sin apenas cortapisas sociales ni jurdicas en la privatizacin de servicios pblicos que hasta entonces parecan vedados para el capital. Con el patrocinio de la Unin Europea y las instituciones econmico-financieras internacionales, las empresas transnacionales y los fondos de inversin aprovecharon la reapertura de puertas en sectores como el agua, las pensiones, los transportes, las infraestructuras, la educacin, la sanidad.

La receta ha sido tan efectiva como poco novedosa; de hecho, apenas ha cambiado desde los inicios del neoliberalismo. Es un guin que se ha venido repitiendo a lo largo de los ltimos cuarenta aos: flexibilizacin laboral, privatizaciones de compaas pblicas, descenso del tipo efectivo del impuesto de sociedades y de la presin fiscal para las grandes fortunas, disminucin del gasto social. En resumen, una gigantesca transferencia de recursos desde las mayoras sociales a las lites poltico-empresariales.

En este marco, las personas se han convertido en una mercanca ms. Se han vuelto prescindibles quienes no participen de la sociedad de consumo o no aporten valorizacin al proceso de reproduccin del capital. En un capitalismo que parece que se desmorona sin encontrar solucin a sus crisis sucesivas, y que hace de hombres, mujeres y nios simple material de desecho, como recuerda Emmanuel Rodrguez, la violencia se utiliza para distinguir quin puede ser sustituible y quin no. Una suerte de guerra social que no pretende lograr una victoria definitiva, sino que se asienta como un periodo de larga duracin. No se trata de una amenaza futura, es la condicin sistmica del modelo capitalista y patriarcal del presente.

Constitucin econmica La democracia liberal-representativa y sus instituciones transitan por espacios cada vez ms alejados de los verdaderos conflictos globales que se mueven entre la vida y la muerte. El capital y las empresas transnacionales se han lanzado a la destruccin de cualquier derecho que impida la mercantilizacin a escala global. Si las lites quieren mantener y seguir aumentando sus beneficios, las prcticas contra las personas, las comunidades y la naturaleza se van a ir extremando. El capitalismo, que ha rebasado con creces los lmites biofsicos del planeta, se transforma en puro expolio territorial. A la vez, el sistema financiero especula con la propia existencia y dispone de un poder que le permite expropiar lo que ya existe.

Como dice Yayo Herrero, la economa globalizada asienta el fascismo territorial a partir de la ingeniera social y la racionalidad econmica que considera que las vidas y los territorios importan solo en funcin del valor aadido que produzcan. Eso implica situar la mercantilizacin de la vida en el vrtice de la jerarqua de valores, procedimientos institucionales y normas jurdicas. Y ah los derechos humanos se van vaciando como categora sustantiva al perder espacio normativo. Esta tendencia se desarrolla y evoluciona de manera diferente segn los pases, tiempos, territorios y formas concretas de llevarse a cabo. Pero, nos preguntamos, es solo una mera desviacin temporal y coyuntural del sistema democrtico con tintes autoritarios? O, por el contrario, se est apuntalando un nuevo espacio neofascista cada vez ms institucionalizado y generalizado?

Si las lites quieren mantener y seguir aumentando sus beneficios, las prcticas contra las personas, las comunidades y la naturaleza se van a ir extremando

No hay duda de que este espacio no es el mismo de los aos treinta o cuarenta del siglo pasado, ya que ahora se vincula con la crisis civilizatoria que atravesamos. En 1933 el Partido Nazi alcanz el poder por la va electoral y en apenas dos meses construy una dictadura. Mussolini pas de un sistema democrtico a una dictadura de una manera ms lenta, pero igual de rotunda desde el punto de vista de la creacin de un rgimen autoritario. El neofascismo actual se diferencia del fascismo clsico en que puede convivir, al menos por el momento, con las instituciones representativas del modelo liberal y con las instituciones jurdicas del Estado de Derecho. Eso s, vaciadas de contenido y reenviadas a la esfera estrictamente formal. No se necesita sacrificar las contiendas electorales para ir construyendo una arquitectura poltica sostenida en ideas neofascistas, ya que se genera desde entes privados y desde el poder corporativo.

Es una nueva dimensin que convive con los llamados Estados democrticos liberales. Tras el crash de 2008 se ha ido consolidando la tendencia por la que los gobiernos deben acatar normas inviolables que sustraen las reglas del mercado al control de la democracia representativa. Se trata de aprobar y constitucionalizar una serie de lmites no negociables por la soberana popular. De esta manera la democracia se convierte en un procedimiento de designacin de gobernantes, cuyas decisiones quedan constreidas por una armadura jurdica infranqueable al margen de la alternancia electoral. Son normas que permiten al mercado actuar sin lmites y garantizar la acumulacin de riqueza por parte de las grandes corporaciones transnacionales.

Desde esta perspectiva, se ha instaurado una constitucin econmica que se ha impuesto en la mayora de las ocasiones, sin apenas oposicin por parte de los gobiernos a los poderes ejecutivo y legislativo, sometiendo la voluntad popular al sistema econmico capitalista. Por su parte, el poder judicial queda vinculado a la interpretacin de esta constitucin y, a su vez, va transitando de garante de los derechos de la ciudadana a censor de la soberana popular. Con todo ello, las instituciones que emanan de la democracia liberal ya no resultan funcionales a los intereses de las lites, y eso abre nuevos espacios de poder y arquitecturas institucionales muy alejadas de los principios democrticos.

La crisis civilizatoria actual conlleva un endurecimiento en la manera de ejercer el poder, pero no puede calificarse automticamente como fascismo. Son mltiples los ejemplos de endurecimiento de los modelos formalmente democrticos, como es el caso del Estado espaol con Catalunya o con el encarcelamiento de los vecinos de Altsasu. En Estados Unidos, donde tambin son habituales los abusos autoritarios, destaca el milln de personas migrantes detenidas en la frontera sur en el ltimo ao, lo que genera serias dudas sobre si estas detenciones racistas y a personas pobres son un mero exceso antidemocrtico o caminan hacia algo mucho ms complejo.

Lo que resulta relevante es relacionar y contextualizar, en el marco de una nueva dinmica global, hechos que el poder poltico-econmico califica como supuestamente aislados y excepcionales. La poltica de exterminio del Estado de Israel contra el pueblo palestino. El genocidio contra el pueblo rohiny a manos del ejrcito y la polica birmana. La estrategia de integracin social que el gobierno blgaro quiere aprobar para limitar los embarazos de las mujeres gitanas y cambiar la denominacin de las personas romanes por europeas no nativas. La destruccin social que en Mxico ha provocado la muerte de 400.000 personas, entre 1997 y 2018, a raz de la violencia que compromete al crimen organizado con la complicidad del gobierno. La existencia de graves vulneraciones de derechos humanos llevadas a cabo en el centro de detencin de Guantnamo, en un mbito institucional. Las periferias urbanas que llegan a convertirse en verdaderos campos de concentracin, donde no existe ningn servicio pblico, ni tan siquiera agua, donde las personas armadas forman parte del paisaje cotidiano. Las violaciones de los derechos de las nias y nios indocumentados en los centros de detencin de EEUU. Las 35.000 personas muertas y desaparecidas en el Mediterrneo en los ltimos 25 aos otras fuentes hablan del doble y el cementerio clandestino de personas migrantes en el desierto del Shara de dimensiones incalculables. No son hechos aislados, se cruzan y responden a una lgica global que se configura como un nuevo espacio neofascista, que destaca por su institucionalidad y su construccin escalonada y cada vez ms articulada.

Necrocapitalismo En este marco, tolerar lo ticamente intolerable pasa a formar parte de los ncleos centrales de la prctica poltica. A la vez que la soberana popular se difumina ante la armadura institucional, el necrocapitalismo situar la muerte en el centro de la gestin econmica y poltica, no exclusivamente en sus efectos aparece como categora global que lo justifica. En una versin clsica del fascismo estaramos hablando de una supresin total de los derechos y libertades, y de un ataque generalizado a la disidencia. Estaramos hablando de guerra civil contra la clase trabajadora y las libertades democrticas. Y de la industria de la muerte, las cmaras de gas, los campos de exterminio, etc. En estos momentos no estamos en ese escenario, pero no resulta extrao sostener que el autoritarismo extremo est dando paso a un nuevo espacio neofascista donde determinadas prcticas se convierten en regla y no en excepcin.
No resulta extrao sostener que el autoritarismo extremo est dando paso a un nuevo espacio neofascista donde determinadas prcticas se convierten en regla y no en excepcin

Algunas prcticas afectan a la propia configuracin de los derechos humanos, como la necropoltica: dejar morir a miles de personas racializadas y pobres. Tambin la fragmentacin de derechos segn las categoras de personas, las prcticas racistas y heteropatriarcales, los tratamientos excepcionales a determinados colectivos, las polticas migratorias con su muros y fronteras, la trata de seres humanos, las deportaciones en masa, la criminalizacin de la solidaridad y de la desobediencia civil, la divisin de la sociedad entre asimilables y exterminables.

Otras destruyen en bloque los derechos de las personas, los pueblos y la naturaleza. Es el caso de la crisis climtica y la destruccin de los ecosistemas, los feminicidios de mujeres y disidentes de gnero, el hambre de millones de personas, los nuevos campos de concentracin de pueblos, la persecucin y eliminacin de la disidencia, el endurecimiento de usos coloniales y guerras de destruccin masiva.

Estn, por ltimo, las que afectan al ncleo central de los derechos colectivos. Como la apropiacin de los bienes comunes, la explotacin laboral, la consolidacin de la precariedad en el ncleo constituyente de las relaciones laborales, el trabajo infantil y el trabajo esclavo, la reorganizacin neoliberal de la produccin y la reproduccin, las expropiaciones colectivas por medio del pago de la deuda externa, las expulsiones de millones de personas de sus territorios porque las grandes corporaciones se apropian de sus tierras y bienes naturales.

Las lites, los gobiernos y las instituciones econmico-financieras no slo estn eliminando y suspendiendo derechos, tambin estn reconfigurando quines son sujetos de derecho y quines quedan fuera de la categora de seres humanos. Estamos ante una nueva etapa en la destruccin del sistema internacional de los derechos humanos y en la propia definicin de la democracia. Una confluencia entre la necropoltica y las prcticas totalitarias, que van transitando hacia un nuevo modelo neofascista. Esto va ms all de la consolidacin de la extrema derecha en trminos electorales, ya que la feudalizacin de las relaciones econmicas, polticas y jurdicas est colonizando la arquitectura institucional de las democracias representativas. Y, lo que es ms preocupante, ha llegado para quedarse.

Pedro Ramiro y Juan Hernndez Zubizarreta. Observatorio de Multinacionales en Amrica Latina (OMAL)

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/fascismo/hacia-un-nuevo-espacio-neofascista-global



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