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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2019

Cuando Venecia no sobreviva

David Torres
Pblico


Dos turistas orientales pasean muertas de risa por la plaza de San Marcos con el acqua alta hasta las rodillas y sendas bolsas de Louis Vuitton. Es una foto que resume bastante bien nuestra poca y que tambin podra resumir Venecia, esa lujosa embajada de occidente que lleva siglos hundindose a cmara lenta. Puede desaparecer Venecia bajo las aguas, puede arder Notre Dame hasta los cimientos, pero siempre habr tiempo para hacernos una foto antes del apocalipsis. En una pgina famosa de Radiaciones , sus diarios de la Segunda Guerra Mundial, Ernst Jnger, por aquel entonces un oficial del ejrcito alemn destinado en Pars, cuenta que subi a la azotea de un hotel para contemplar los fuegos de un bombardeo mientras se tomaba una copa de borgoa con fresas.

 

Por cosas as es por lo que Thomas Mann dijo que Jnger era un libertino de la barbarie, pero en una entrevista posterior, el escritor explic que no haba cinismo ni signo alguno de salvajismo en esa pose de estudiada tranquilidad ante la lluvia de bombas, sino una especie de distanciamiento esttico, una forma de enfrentar el miedo a morir. Jnger se senta tan lejos de los pilotos aliados como de los civiles franceses que corran indefensos por las calles, pero tambin de su propio uniforme, que tanto empezaba a repugnarlo despus de enterarse de lo que estaban haciendo su pas a los judos, a algunos de los cuales salv de una muerte segura.

A mediados de los ochenta, cuando estudiaba Filologa Hispnica en la Universidad Autnoma de Madrid, un profesor de crtica literaria repiti en teora la bravata de Jnger al sugerir que, si de repente supiramos que un artefacto nuclear iba a detonar sobre la capital, nos invitara a subir a una colina y disfrutar del espectculo. Tampoco es que, caso de producirse un holocausto atmico, pudiramos haber hecho mucho ms, pero yo dudo mucho de que cualquiera de nosotros hubiera encontrado la serenidad con que Jnger se sent a disfrutar de su borgoa entre el humo de las explosiones. Lo nuestro, ms que nada, es impotencia posmoderna, la seguridad de que poco ms se puede hacer, aparte de un comentario banal o un chiste frvolo, una vez que el rodillo de la historia nos haya pasado por encima. Como mucho, una foto.

Vemos la foto de Aylan Kurdi, el nio refugiado cuyo cadver depositaron las olas en una playa de Turqua, nos estremecemos un segundo y pasamos pgina en un mundo en que la muerte no es ms que un libro de fotografas empapado bajo el acqua alta . Hace ms de tres aos de esa foto y cientos, miles de nios, han seguido ahogndose bajo el bostezo aptico de Europa, esa seora adormilada. Ayer mismo, la diva mexicana Paulina Rubio declaraba que el lujo absoluto consista en estar desnuda en la playa, un deseo que obviamente traa incluidas la fortuna, la mansin a orillas del mar y la playa privada, puesto que montones de refugiadas han terminado sus das desnudas en una playa sin llegar a considerar que el lujo era otra cosa que estar vivas an.

Entre el sueo adnico de Paulina Rubio y la miseria absoluta de una buena parte de la poblacin mundial, andamos nosotros, caminando por la Plaza de San Marcos con el agua hasta las rodillas y posando con bolsas de Louis Vuitton para las fotos del fin del mundo. Contaba Flix de Aza que en Venecia todava pueden comprarse esos vasos y copas de color rojo sangre, un tipo de cristal que se consegua soplando oro fundido y cuyos vapores invadan los pulmones del artesano causndole la muerte; hace unos aos an podan comprarse bajo cuerda y costaban alrededor de seiscientas mil pesetas: el precio de la vida de un turco. lvaro Muoz Robledano escribi al respecto este poema, Cuando Venecia no sobreviva , unos veinte aos atrs, y hoy descubro en l la profeca de nuestra indiferencia intacta:

No hay por qu preocuparse.

Podemos encender nuestros cigarros,

servirnos otra copa.

Nada suceder esta noche salvo

un verso o la saliva

costra a costra dejada en nuestra piel,

o algn minuto ms

y ms tibio de msica

en este simulacro.

El dolor es un punto cardinal

y no nos pertenece.

como no es nuestro el viejo y oxidado

cuchillo de bailar que nos mostraba,

tan orgulloso, nuestro amado padre,

o el amado y desconocido padre

que silbaba boleros en un anuncio,

en otro tiempo, ajeno,

quizs cruel, codicioso, del que escapa

esta noche, este vino.

De l y de tanto Sur como se acerca

para ahogarnos, tan prximo

ya, rozando sus puertas

No. Venecia no sobrevivir.

Tambin se pudrir bajo una alfombra

de races y cscaras rodas,

bajo las mantas con que los mendigos

se cubren mientras tienden

la mano a otros mendigos,

llagas pidiendo llagas.

Pero no ocurrir esta noche. Hoy

la muerte slo es este vaso rojo.

 

Fuente: https://blogs.publico.es/davidtorres/2019/11/18/cuando-venecia-no-sobreviva/


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