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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2019

El misterioso Chile de Vargas Llosa

Atilio A. Boron
Rebelin


El trgico golpe de Estado en Bolivia me apart momentneamente del cuidadoso seguimiento que vena haciendo de la heroica lucha del pueblo chileno por darse una constitucin democrtica y decididamente pospinochetista y por construir una sociedad justa e igualitaria. Prosegu pese a ello consultando las fuentes y conversando y chateando con muchas compaeras y compaeros de Chile, pero la masacre en curso en Bolivia y la escandalosa defeccin de una parte significativa de la intelectualidad progre de ese pas y de Latinoamrica -que con su silencio o con su explcitas declaraciones respald el golpe de Estado de los lacayos del imperio- absorbieron gran parte de mi tiempo y de mis energas. Hoy, prximo a cumplirse un mes del inicio de las grandes movilizaciones populares que abrieron para siempre las grandes alamedas con las que soara Salvador Allende retomo ese escrito a medio terminar y que tiene por objeto examinar la perplejidad de la derecha, en la pluma de su vocero mayor, Mario Vargas Llosa, ante el furioso despertar del pueblo chileno[1]. Y, de paso, hacer pblicas las dudas que me genera el acuerdo logrado, a puertas cerradas entre el Gobierno y la partidocracia, para poner fin a las protestas populares, restablecer la paz social (es decir, desmovilizar a la poblacin) y avanzar hacia la creacin de una nueva constitucin.

En relacin al estallido social chileno hay que comenzar sealando su carcter realmente excepcional (por lo inesperado y arrollador) y ante el cual un maestro consumado en el manejo del lenguaje como el novelista peruano se qued sin palabras, estupefacto, atnito. A la hora de caracterizar lo ocurrido slo atina a confesar que est en presencia de un hecho misterioso, enigmtico, sorprendente. Es comprensible: la sbita toma de conciencia y la extraordinaria movilizacin de chilenas y chilenos fue un caonazo poltico mortal que destruy los vistosos artificios propagandsticos del modelo chileno y del cual Vargas Llosa fue su principal y ms eficaz apologista durante dcadas. Pero ahora no encuentra palabras para explicar lo que para l es un enigma sorprendente. No debera llamarnos la atencin tamaa perplejidad cuando se observa el rudimentario instrumental terico y metodolgico del que dispone y que slo le permite acceder a una comprensin muy superficial de los procesos histricos. A diferencia de los notables recursos con que cuenta para sus ficciones, a la hora de internarse en el anlisis de la realidad sus herramientas conceptuales son un revoltijo de los clichs ms convencionales del pensamiento burgus, forjados y difundidos masivamente desde la segunda posguerra hasta nuestros das.

Un pensamiento conservador y colonial, fervorosamente capitalista, rabiosamente anticomunista y crtico de cualquier proceso social que se aparte de la defensa irrestricta del orden social burgus o que insine una crtica a la sociedad norteamericana, sus instituciones, valores y polticas. Vctima de esta obtusa cosmovisin el capitalismo es concebido como el remate virtuoso de la naturaleza esencialmente egosta y adquisitiva del ser humano, y por lo tanto someterlo a discusin es tan ftil como insensato sera tratar de persuadir a un pez de que demasiada agua podra ser lesiva para su salud. El imperialismo es una palabra prohibida y su existencia negada apriorsticamente: lo que hay es un mundo globalizado en el cual, al decir de Henry Kissinger, Honduras depende de las computadoras de Estados Unidos tanto como ste de las bananas hondureas. Huelgan los comentarios sobre este clebre aforismo del criminal de guerra. Y de la lucha de clases y su papel como fuerza motriz de la historia no se puede ni hablar, como tampoco se admitira considerar la naturaleza clasista del Estado. Cmo comprender la realidad sin contar con estas categoras tericas?

Vctima de estas insanables limitaciones la lectura que el novelista peruano hace de la insurreccin popular chilena -que ya se prolonga por cuatro semanas- tena que resultar lo que fue: una torpe simplificacin en donde un pueblo, y no slo las capas medias como l dice, se rebela y enfrenta un feroz aparato represivo que al momento de escribir estas lneas haba ya ocasionado veintitrs muertos. Segn el Instituto Nacional de Derechos Humanos de ese pas al da de hoy, 17 de Noviembre, los detenidos por los Carabineros ascienden a 6.362 (759 de los cuales son nios o adolescentes), 2.381 heridos de los cuales 866 fueron alcanzados por disparos de perdigones y 407 por arma de fuego no identificada. Se estima que unas 250 personas perdieron un ojo durante los incidentes [2]. Agrguense a lo anterior decenas de desaparecidos, de hombres y mujeres violados por las fuerzas de seguridad y el ensaamiento con que los represores les disparaban perdigones y bombas de gases lacrimgenos a la cara y todo esto, supuestamente porque el rgimen de Sebastin Piera haba decretado un aumento de 30 pesos (unos 5 centavos de dlares) en la tarifa del metro de Santiago! Revuelta absolutamente desproporcionada ante la nimiedad del factor precipitante y an ms incomprensible en la medida en que Vargas Llosa imagina a Chile como un pas casi desarrollado, con un elevado ingreso per cpita, una poblacin que disfruta del pleno empleo y que ha sido bendecida por la afluencia de inversiones extranjeras. Todo este cmulo de bondades se tradujo, segn el novelista, en un desarrollo extraordinario" y un rpido crecimiento del nivel de vida general de la poblacin. Cmo explicar pues este estallido social? Se trata de un hecho misterioso, nos dice, que nada tiene que ver con otros acontecimientos que signaron una catastrfica quincena en la cual se produjo la derrota de Mauricio Macri y el retorno de Cristina en la poltica argentina, el fraude escandaloso en las elecciones bolivianas que permitirn al demagogo Evo Morales eternizarse en el poder (otra calumnia imperdonable) y, poco antes, las agitaciones revolucionarias de los indgenas en Ecuador. S se emparenta, en cambio, con la protesta de los chalecos amarillos en Francia: una reaccin de una sociedad inclusiva pero cuyo Estado no logra impedir el aumento de la desigualdad econmica y social. Por eso plantea, errneamente, que lo de Chile es una movilizacin de clases medias ajena a las rebeliones latinoamericanas protagonizadas por quienes se sienten excluidos del sistema (no lo estn, acaso, con independencia de que adoctrinados por la ideologa dominante no caigan en cuenta de ello?). En Chile, contina el novelista, nadie est excluido del sistema, aunque, desde luego, la disparidad entre los que tienen y los que apenas comienzan a tener algo sea grande. Pero esta distancia se ha reducido mucho en los ltimos aos. Es obvio que la afirmacin anterior slo es concebible en alguien que no tiene la ms plida idea de lo que realmente ha venido ocurriendo en Chile desde el derrocamiento de Salvador Allende hasta nuestros das. Decir que en ese pas nadie est excluido del sistema revela o bien un notable desconocimiento de los datos ms elementales disponibles en infinidad de estudios y publicaciones que retratan con elocuencia los alcances de la exclusin econmica y social y del gran aumento de la desigualdad experimentado por Chile, o bien un empecinamiento ideolgico que le impide tomar contacto con el mundo real. Excluidos son los millones que no tienen acceso a la salud y la educacin pblicas o a la seguridad social porque estos antiguos derechos se convirtieron en costosas mercancas gracias a las polticas inauguradas por la dictadura del General Pinochet y profundizadas -s, profundizadas!- por gobiernos como los de la Concertacin o de la Nueva Mayora que el autor de La Casa Verde considera a de izquierda. Asegura y se equivoca al decir que en 29 aos de democracia la derecha apenas ha gobernado cinco aos y la izquierda -es decir, la Concertacin- 24.

Es increble la fuerza que tiene la ideologa para ofuscar la mente de un intelecto privilegiado como el de nuestro autor y llevarlo a creer que una serie de gobiernos que, repito, mantuvieron y profundizaron las polticas de Pinochet, puedan ser caracterizados como de izquierda. As como no percibe los alcances de la exclusin econmica y social existente en Chile y evidente para todos sus habitantes, que por eso salieron en masivas manifestaciones de protesta da tras da, tampoco cae en la cuenta de que gobiernos que privatizaron todo -desde el agua en sus fuentes de origen hasta el litoral chileno pasando por la salud, la educacin, la seguridad social y el transporte- y que convirtieron al mercado en el rbitro inapelable de la distribucin de la riqueza y que hicieron de su sometimiento a los dictados de la Casa Blanca la estrella polar de su poltica exterior slo pueden ser caracterizados como de izquierda por un aficionado. Gobiernos que privatizaron buena parte de la produccin del cobre, que estaba en su totalidad en manos del Estado durante el gobierno de Salvador Allende y en la actualidad apenas resta el 31 por ciento; que convirtieron a Chile en uno de los ocho pases ms desiguales del mundo, compartiendo ese poco honorable lugar con Ruanda; que produjeron un fenomenal endeudamiento de los hogares chilenos obligados a pagar por servicios que antes eran parte constitutiva del contrato social en su condicin de ciudadanos. La mayora de quienes apoyan la protesta son familias trabajadoras para las cuales la vida se ha vuelto cada vez ms cara observa un calificado analista de la realidad chilena- y que deben soportar vivir en barrios inseguros, trasladarse horas en condiciones de ganado para llegar al trabajo, usar crditos de consumo para llegar a fin de mes y hacerse cargo de abuelos con jubilaciones miserables [3].

Frente a este demoledor diagnstico el consejo del novelista es tan rotundo como absurdo: redoblar la medicina, aunque est matando al paciente. Por eso dice que lo peor sera dar marcha atrs -como piden algunos enloquecidos que quisieran que Chile retrocediera hasta volverse una segunda Venezuela- en sus polticas econmicas, sino completar estas y enriquecerlas con reformas en la educacin pblica, la salud y las pensiones. Y esto como se lograra? Apelando a la sensibilidad, al altruismo de quienes han saqueado al pas y su gente durante medio siglo, sbitamente convertidos en buenas almas democrticas deseosas de establecer la justicia social en la sociedad que ha cado bajo sus garras? Podrn los lamentos y exhortaciones de Vargas Llosa obrar el milagro de ablandar el corazn de quienes conforman el 1 por ciento ms rico del pas, que se apropia del 26 por ciento del ingreso nacional? La complaciente partidocracia que ha regentado y coparticipado de este saqueo, abrazar ahora la causa de una real democratizacin de la vida chilena abriendo el paso a una Asamblea Constituyente que siente las bases de un rgimen poltico genuinamente postpinochetista? Y qu decir de los medios hegemnicos, que han venido destilando un veneno paralizante y embotador de las conciencias durante dcadas? Se convertirn todos ellos en fervientes demcratas, ansiosos por fundar un orden basado en la recuperacin de los derechos ciudadanos y en la desmercantilizacin de la salud, la educacin y la seguridad social, por mencionar tan slo lo ms elemental? Las respuestas son obvias. Pero es preciso tener en cuenta que la gran movilizacin popular est lejos de haber triunfado por completo. Los reflejos conservadores de una partidocracia que hace dcadas usufructa del poder a su antojo y de un Gobierno y una institucionalidad estatal diseados para frustrar el protagonismo ciudadano si bien se vieron superados por la crisis fueron capaces en los ltimos das de pergear una respuesta tramposa que en apariencia recoge el clamor de la calle pero que, en su esencia, contiene un Caballo de Troya que amenaza con frustrar las heroicas jornadas de lucha y hacer que tanta muerte, dolor y vejaciones puedan haber sido en vano. En primer lugar, porque se posterga hasta abril del prximo ao una elementalsima consulta popular con dos papeletas (quiere usted una nueva constitucin? Qu tipo de rgano debiera redactar la nueva Constitucin: Convencin Mixta Constitucional o Convencin Constitucional?) que podra realizarse en pocas semanas si existiera la voluntad poltica de recoger el mensaje de las multitudinarias y heterclitas protestas.

Ante esto varios comentarios: primero, ntese que la expresin Asamblea Constituyente es eliminada de la comunicacin oficial, y esto no por casualidad. La expresin siempre fue considerada peligrossima por la dirigencia poltica chilena desde hace ms de un siglo, y lo actuado por el Gobierno de Piera y sus compinches se inscribe en esa misma tradicin. Segundo, que tampoco es casual que se proponga una frmula mixta en donde la Asamblea Constituyente podra estar compuesta por partes iguales por representantes del voto popular y por los personeros de la corrupta partidocracia gobernante, causante de la crisis, con lo cual toda tentativa de cambio profundo sera abortada de inmediato; tercero, que para una tan elemental consulta ciudadana deba esperarse nada menos que cinco meses!, haciendo posible que en el intertanto el oficialismo y sus aliados puedan poner en prctica toda clase de tramoyas tendientes a burlar la voluntad popular. Es en razn de lo anterior, as como del hecho de que este arreglo pomposamente bautizado como Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitucin haya sido plasmado de espaldas al pueblo, que el mismo haya sido enfticamente rechazado por la Unidad Social, entidad que agrupa a ms de 200 organizaciones de base que estuvieron en las calles y plazas y cuya voz, previsiblemente, no fue escuchada por el Gobierno y los partidos cmplices de su accionar. Es preciso reconocer, no obstante, que hubo unos pocos partidos o lneas dentro de las fuerzas de izquierda (el Partido Comunista, algunas fracciones del Partido Socialista y del Frente Amplio) que se oponen a ese arreglo y que, por eso mismo, gozan de un reconocimiento social que las otras tiendas polticas no tienen. En el documento que fundamenta su rechazo categrico a aquel engendro gatopardista, donde algo cambia para que todo siga igual, la Unidad Social denuncia el qurum elevado que perpeta el veto de las minoras; la discriminacin de menores de 18 aos, protagonistas notables de las luchas; no se contempla mecanismo alguno de participacin plurinacional y de paridad de gnero y, por ltimo, establece un mecanismo de representacin y eleccin que es funcional a los partidos polticos, que han sido responsables de la actual crisis poltica y social. Por ello no sorprende el llamado de ese enorme conglomerado de movimientos sociales a proseguir la lucha con huelgas y jornadas de protesta para hacer realidad las consignas que movilizaron durante semanas a millones de chilenas y chilenos. Sin duda que se ha abierto una ventana de oportunidad, que sera imprudente despreciar. Es cierto que lo viejo no termina de morir, aunque su muerte ser inevitable ms pronto que tarde. El tan afamado modelo chileno, alabado por todo el pensamiento neoliberal y sus agentes (FMI, Banco Mundial, los grandes medios de comunicacin, una abrumadora mayora de la colonizada academia, etctera) como la nica va correcta para salir del desarrollo y la dictadura yace en ruinas y no habr poder humano capaz de resucitarlo. Resta por ver qu es lo que la creatividad, la conciencia, la capacidad de organizacin y de lucha de las grandes mayoras nacionales sern capaces de inventar para dejar definitivamente atrs una oscura pgina de la historia chilena.

[1] El enigma Chileno, en El Pas (Madrid) 3 de Noviembre de 2019.

[2] https://www.lagaceta.com.ar/nota/825316/actualidad/chile-muertos-ya-son-23.html El diario chileno La Nacin informa asimismo que Departamento de Ingeniera Civil Mecnica de la Universidad de Chile determin que el material de los perdigones de Carabineros se compone solo de 20% de caucho y que el resto son minerales o metales de alta dureza, lo que explica la proliferacin de lesiones oculares.

[3] Pablo Ortzar, Quieren todo gratis! (Diario Financiero), 8 de Noviembre de 2019.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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