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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2019

Algunas lecciones desde Bolivia

Iaki Etaio y Ren Behoteguy
Rebelin


Consumado el golpe de Estado, Bolivia se encuentra en una situacin de excepcionalidad, en la que la brutal represin contra los sectores que estn haciendo frente al golpismo y la persecucin contra dirigentes polticos, sociales y medios de comunicacin se est intensificando, ms ahora, con la va libre dada a la polica y las Fuerzas Armadas para que puedan asesinar sin temor a enjuiciamiento. Aunque el conflicto seguir evolucionando y aunque se convoquen nuevas elecciones que legitimen un nuevo gobierno, se pueden extraer una serie de enseanzas de lo sucedido en el Estado Plurinacional de Bolivia (veremos cunto tardan en quitar lo de plurinacional). Enseanzas que, por lo dems, tampoco descubren nada nuevo, aunque s que corroboran una vez ms, hechos, intereses, factores inseparables de la confrontacin entre pueblos y capital (tanto nacional como internacional). Ms all de la lluvia de informaciones, declaraciones, videos y mensajes en redes sociales, es imprescindible ser conscientes de qu hay detrs de lo que est pasando, del accionar de los agentes del capital y de la necesaria organizacin y respuesta de los sectores populares para avanzar en su liberacin. El proceso boliviano, con sus dificultades, aciertos, defectos y errores (que no han sido pocos) no puede ser caracterizado sino como un proceso paulatino de liberacin de las mayoras de Bolivia, histricamente marginadas, despreciadas y explotadas por una lite econmica local blanca de origen europeo y por los intereses del imperialismo yanqui. Imperialismo que es real, aunque no se cite en los medios masivos de difusin y aunque muchas/os, desde la falta de conocimiento, recurran al Ya estn stos/as con el imperialismo a vueltas.

De forma abreviada y con la debida distancia, stas son algunas de las constataciones tras el golpe de Estado:

- La amenaza es real. Aunque una parte importante de los sectores de izquierda puedan acomodarse a una situacin de relativa paz social y no mantener la suficiente tensin en la organizacin, la formacin y la preparacin para defenderse frente a los ataques que vendrn, las contradicciones en las sociedades siguen presentes, siendo este choque de intereses mucho ms perceptible en el caso de los procesos de transformacin. Incluso en el caso de lograr la izquierda una hegemona social y discursiva, los enemigos del proceso de cambio continan esperando su momento y maquinando en la sombra para acelerar ese momento.

- La respuesta no se puede demorar. Tras la renuncia obligada del gobierno legtimo boliviano (bajo amenaza de una intervencin militar y ante la posibilidad real de ser asesinados) y tras los hechos de persecucin, racismo y vejacin (quema de wiphala incluida), multitudinarias movilizaciones en contra del golpe han tomado las calles y carreteras bolivianas. Miles y miles de aymaras han bajado de El Alto a La Paz, el movimiento cocalero ha bloqueado carreteras y ha desfilado por Cochabamba, y otras marchas de pueblos originarios, mineros y otros sectores se han hecho presentes en muchas partes de Bolivia (en Santa Cruz, territorio camba, dominado sociolgica y paramilitarmente por la oligarqua agroindustrial no ha sido posible). En multitud de videos se puede comprobar cmo estos sectores populares han ocupado el espacio que capitalizaron quienes denunciaban fraude electoral (presencia, por cierto, magnificada por los medios proclives al golpe). La respuesta ha llegado, sin embargo, demasiado tarde. Cuando todava Evo Morales detentaba la presidencia hizo reiterados llamados a la paz y al dilogo, y se evit disputar la calle a los sectores de derecha (clase media en su mayor parte) intentando evitar un choque que se ha transmutado tras el golpe en una confrontacin en la que policas y militares disparan a poblacin humilde desarmada (o armada con palos).

- Las concesiones al monstruo llevan hasta el revanchismo. Si bien el escenario postelectoral, en caso de no ganar las elecciones, haba sido previamente planificado, la situacin de debilidad del gobierno y las progresivas concesiones a la derecha no hicieron sino envalentonarla y mostrarle que poda seguir apretando y llegar hasta el final. El amotinamiento policial y el alineamiento de las Fuerzas Armadas con el golpismo fueron el toque de gracia. La aceptacin por el Gobierno de Evo de la auditora vinculante de la OEA (arriesgadsima decisin conociendo los antecedentes y naturaleza de la misma; no se puede confiar en el imperialismo ni tantito as que dira el Che), el anunci de nuevas elecciones, la renuncia a la presidencia no fueron suficientes para evitar el desastre, ni para detener la represin. Se ha evitado un enfrentamiento en las calles entre sectores opuestos (aunque es muy probable que los indignadsimos protestantes de las clases medias se hubieran retirado rpidamente ante el avance de las organizaciones de masas populares), pero los muertos los siguen poniendo quienes se manifiestan contra el golpe. La cacera (trmino literal del ilegtimo Ministro de Interior) de cargos del MAS y militantes de organizaciones sociales y el hostigamiento contra periodistas y medios de comunicacin contina. La revancha, la humillacin, el pisotear al derrotado, es una de las caractersticas de la ultraderecha cuando recupera el poder. En Venezuela tambin lo saben; lo vivieron durante 3 intensos das en 2002. Por eso el chavismo est dispuesto a defender con todo su proceso ante las constantes agresiones.

- Papel reaccionario y racista de la clase media. Como muy bien describe lvaro Garca Linera en su artculo El odio al indio, la incorporacin de grandes sectores populares (en su mayora pueblos originarios) al acceso a los servicios pblicos y, especialmente, a los puestos en administracin y otras instancias, histricamente ocupadas por personas blancas y criollas, ha afectado de forma notable la posicin privilegiada de la denominada clase media urbana, reavivando un sentimiento de racismo y supremacismo frente al indio que osa optar a ocupar tambin ese espacio. Adems de ello, desde el gobierno y el movimiento de transformacin se descuid de forma bastante ingenua la necesidad de ideologizar a esos sectores pobres que, fruto de la mejora de las condiciones econmicas con el gobierno del MAS, fueron incorporndose a la clase media. Ese vaco en las construcciones mentales fue ocupado por la ideologa reaccionaria hegemnica en los medios de comunicacin y entretenimiento.

En palabras de Garca Linera, la clase social en Bolivia se visibiliza bajo la forma de jerarquas raciales, en lo que es claramente la construccin de un Estado colonial. Ese supremacismo frente al indio se aprecia tambin en la contraposicin de la Biblia a los incivilizados indios de brbaras creencias y prcticas. Los y las golpistas han cambiado la espada y los trabucos de los colonizadores espaoles por fusiles y ametralladoras, pero han llegado de nuevo con la Biblia en la otra mano. Esos sentimientos, donde se mezcla el prejuicio, el racismo y el integrismo religioso, se han desatado estas semanas en el seno de unos sectores con estudios universitarios, con cierta posicin social y con un nivel de consumo medio/alto, pero manipulados de forma grotesca por los medios privados, sin un mnimo de conciencia de clase e incapaces de comprender el verdadero trasfondo econmico y geopoltico tras los movimientos de la oligarqua boliviana. Se han desatado, adems, con una importante carga de odio e irracionalidad. Si bien en las movilizaciones de El Alto se peda la cabeza de Mesa y Camacho, el lema estrella en las turbas pidiendo la renuncia de Evo en diferentes partes de Bolivia (puede verse en internet) era Evo, Evo cabrn, sos un hijo de puta, la puta madre que te pari. Toda una demostracin de crtica poltica...

A partir de esta instauracin de un discurso racista y colonizado, queda claro que el proyecto que se nos intenta vender como un gobierno de transicin democrtico, no es otra cosa que el intento de restauracin del Estado colonial y el modelo neoliberal.

- Polica y militares, nada nuevo. Sin una polica y unas fuerzas armadas formadas en la defensa del pueblo y del territorio frente a agresiones externas, sin un control efectivo desde dentro mediante mandos verdaderamente comprometidos con el proceso, sin una estructura de milicias en las que se haga a todo el pueblo partcipe de la defensa, es realmente complicado asegurar la obediencia de las instituciones que detentan el monopolio de la violencia en los momentos crticos en que se decide la confrontacin entre los sectores populares y la burguesa. Que se cuadren delante del presidente no asegura que maana no se vuelvan en su contra. Los militares golpistas chilenos juraron fidelidad a Allende el da anterior al sangriento golpe. Existen excepciones como la de Cuba (donde se hizo una revolucin en toda regla y las fuerzas armadas se constituyeron a partir del Ejrcito Rebelde) o la de Venezuela, donde el protagonismo de numerosos dirigentes chavistas militares y autnticamente patriotas (Chvez, Diosdado Cabello, gran cantidad de ministros y gobernadores) y el desarrollo de la unin cvico-militar (que incluye la estructuracin de milicias) dificultan enormemente los intentos de la derecha y la inteligencia yanqui por organizar grupos golpistas entre los militares.

- Gobiernos y partidos europeos, tampoco nada nuevo. Los diferentes agentes del capital van dosificando la necesaria cobertura al golpe reconociendo el gobierno de la autoproclamada, tal y como hicieron algunos gobiernos con Guaid. La Eurocmara rechaz calificarlo de golpe y muchos gobiernos y partidos europeos han aceptado explcitamente o de facto el gobierno surgido del mismo. Tras mostrar preocupacin por las muertes y abogar por una nueva convocatoria de elecciones (habr que ver en qu condiciones, ya que la burguesa no va a arriesgarse a perder lo que le ha costado 13 aos recuperar), celebran en privado de la interrupcin de un proceso de empoderamiento popular y exploran las oportunidades de negocio en una nueva situacin donde ser posible recibir una parte de pastel boliviano mucho mayor. Aunque haya realidades claramente reprobables, no es de recibo pedir a un agente empresarial lo que mandatarios o la propia diplomacia poltica no es capaz de resolver manifest recientemente Arantxa Tapia en relacin a las peticiones para que CAF no participe en la construccin del tranva en territorios ocupados de Jerusalem. Entre negocio y derechos humanos y de los pueblos, las prioridades estn claras para los representantes y gestores del capital.

-El golpe, la situacin geoestratgica y los recursos naturales. La articulacin gradual del golpe, que primero instala en la clase media la idea de un fraude para luego convertir sus manifestaciones de repudio en verdaderas guarimbas, el relevo en el liderazgo de las protestas de sectores ms moderados como el de Carlos Mesa por aquellos ms violentos y oligrquicos encarnados en Camacho (presidente del Comit Pro Santa Cruz) y en Aez (la autonombrada presidenta), la fina sincronizacin entre el motn policial, la filtracin del informe preliminar de la OEA y la sugerencia de renuncia al presidente Morales por parte de las Fuerzas Armadas (que han pasado de prometer no disparar contra el pueblo a, tras la renuncia, reprimir con brutalidad ocasionando ms de una veintena de muertos), dan certeza de un golpe de Estado, orquestado y planificado milimtricamente por el Departamento de Estado norteamericano; ms an si tomamos en cuenta dos elementos clave:

El primero, la necesidad de Estados Unidos de recuperar paulatinamente el control de las riquezas econmicas de un continente que tradicionalmente ha considerado su patio trasero, en el contexto de su pugna con China y Rusia por la hegemona mundial en las prximas dcadas. En el caso de Bolivia cobran especial relevancia las reservas de gas natural, pero fundamentalmente las grandes reservas de Litio del Salar de Uyuni.

El segundo, estrechamente relacionado con el anterior, el escenario convulso de la regin en la que las rebeliones populares contra el modelo neoliberal en Ecuador y Chile, la derrota de Macri en Argentina y la liberacin de Lula en Brasil ponen en cuestin la hegemona imperialista norteamericana.

- Slo la organizacin puede parar el golpismo. Si algo tienen los pueblos que habitan territorio boliviano y, especialmente, pueblos como el aymara, el quechua o el guaran, es una historia de lucha y resistencia. Contra el Imperio espaol, contra las dictaduras del siglo XX, en el movimiento minero y cocalero o contra los intentos de privatizar el agua o el gas a principios del siglo XXI. Esa historia de lucha es inseparable de una extensa organizacin de base. Ello ha permitido salvaguardar en gran medida su modo de vida y ello posibilit llevar a un sindicalista cocalero aymara que no concluy la educacin primaria a la presidencia de Bolivia. Ese sentido de la colectividad, esa tradicin organizativa y ese espritu aguerrido apegado a la Pachamama y a su cosmovisin constituyen la esperanza de que, a pesar de enfrentarse a la violencia estatal, a la oligarqua boliviana y a los intereses de EEUU por apropiarse de los recursos naturales bolivianos, se pueda presentar resistencia e intentar dar la vuelta a esta dramtica situacin.

En sntesis, lo que los golpistas deberan tener en cuenta es que, ms all del gobierno de Evo con sus innegables avances y sus claras contradicciones, estn los pueblos originarios y las clases trabajadoras a las que pertenecen que, despus de ms de quinientos aos de resistencia, han dicho basta! y echado a andar. Y esa marcha no se detendr hasta conquistar la verdadera libertad, poltica, social y econmica del Abya Yala.

Iaki Etaio y Ren Behoteguy, militantes de Askapena

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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