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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2019

La explotacin asola Almera, donde los trabajadores emigrantes cobran un salario inferior al mnimo y viven en la miseria
Los consumidores no saben que somos esclavos dentro del invernadero

James Rippingaleby
Al Jazeera

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Maruf Osman, un ghans de 23 aos de edad, hace un gesto hacia el asentamiento de hormign y lona situado detrs de l, en una rida zona bald a a las afueras de la pequea ciudad de San Isidro, en Almera, la provincia del sur de Espaa que alberga la mayor concentracin de invernaderos del mundo. Ni siquiera en mi pas viv nunca en un sitio como este.

Un hedor impregna el ambiente, por el suelo se ve papel higinico usado, plsticos gastados y hechos pedazos. Unos gatitos callejeros husmean los restos. Un poco ms lejos un emigrante ataviado con una camiseta del Liverpool FC se agacha detrs de unos arbustos.

A ambos lados del asentamiento la extensin blanca de los invernaderos de fruta y verdura de Almera domina el paisaje que se extiende desde las estribaciones de Sierra Nevada hasta el mar Mediterrneo. El mar de plstico de Almera, que abarca 31.000 hectreas y se puede ver desde el espacio, produce aproximadamente 3.5 millones de toneladas de fruta y verdura al ao.

Segn la empresa distribuidora regional Agrosol, un 61 % de lo producido en Almera se exporta, un 99.8 % a Europa, cuyos principales mercados son Holanda (13.55 %), Francia (13.5 %) y Reino Unido (11.4 %).

Con la inminencia del Brexit los agricultores se preparan para unos altos impuestos britnicos a la exportacin que harn aumentar los costes de produccin y bajar los precios de los productos en un mercado especulativo de materias primas que genera unos ingresos anuales de 274 millones de euros (300 millones de dlares).

Vista desde arriba, la sorprendente geometra de los invernaderos almerienses se parece a una obra de ciencia ficcin: un futurista y descontrolado modelo de agricultura de simetra estructural que cultiva los productos por toneladas mtricas en una tierra en la que escasea el agua, la tierra est abrasada y el sol es cegador.

En realidad, lo que los economistas espaoles denominan milagro econmico de Almera depende casi exclusivamente de personas trabajadoras emigrantes invisibles, prescindibles y a menudo empleadas de forma ilegal, como Maruf, que trabajan duramente a 40 grados de temperatura y con una humedad extrema.

Foto: El mar de plstico de Almera, que es visible desde el espacio y abarca ms de 31.000 hectreas, produce aproximadamente 3.5 millones de toneladas de fruta y verdura al ao [Guillem Trius/Al Jazeera].

Los das que Maruf encuentra trabajo pasa ocho horas inmerso entre cultivos llenos de pesticidas sin equipo de proteccin. Por la noche duerme hacinado en habitaciones abarrotadas, como los miles de otras personas trabajadoras emigrantes que se hacinan en lgubres campamentos como San Isidro que hay por toda la regin, sin electricidad ni instalaciones sanitarias.

Maruf lleg a Almera hace seis meses tras llegar a Europa en patera va Lampedusa. Como en Italia hay pocas oportunidades de trabajo, viaj por tierra a Valencia para recoger naranjas y despus a Almera para buscar trabajo en los invernaderos. En Almera vive en una estructura de hormign sin puertas o ventanas que comparte con otras cinco personas. En el mejor de los casos encuentra trabajo uno o dos das a la semana durante la cosecha. Cuando sus padres le llaman por telfono desde Ghana se siente avergonzado y miente acerca de su vida en Europa. No quiero que me vean en un entorno como este, dice. Lloraran y me preguntaran por qu vivo de esta manera.

Foto: Familias y nios viven en asentamientos cerca de los invernaderos, con unas psimas condiciones de vida, sin agua corriente, electricidad o instalaciones sanitarias [Guillem Trius/Al Jazeera].

Mientras habla otros dos ghaneses salen de una edificacin anexa de hormign. Se lavan los brazos con una olla ennegrecida que cuelga sobre un fuego. Sumergen una taza de lata en la olla y comparten sorbos de agua.

En un invernadero cercano alguien ha escrito en castellano Derechos para los trabajadores.

Un nio marroqu deambula solo por el pramo junto a un montn de botellas rotas. Cerca, un emigrante se balancea adelante y atrs, y parece borracho. Tenemos muchos problemas con el alcoholismo aqu, dice Jos Garca, del Sindicato de Obreros del Campo (SOC-SAT), un sindicato independiente de personas trabajadoras y grupo de presin de Almera que ofrece asesoramiento legal a las personas emigrantes y lucha contra las empresas agrcolas locales para conseguir unos salarios bsicos y protocolos de seguridad. El aburrimiento y la depresin pasan factura, afirma mirando al hombre que ahora se apoya contra un rbol.

Segn Garca, en el campamento de San Isidro viven unas 300 personas, incluidos cinco nios, y en la regin hay 62 campamentos similares. Calculamos que debe de haber unas 100.000 personas trabajadoras en el campo Un 93 % de las personas que trabajan en el campo, (personas trabajadoras asalariadas) estn en condiciones precarias.

En 2013 el SOC negoci un salario diario mnimo de 46,72 euros (51,21 dlares) para las personas trabajadoras, pero los propietarios de invernaderos todava no lo aplican.

Segn la ley, aqu es ilegal el empleo sin contrato. Pero a menudo se emplea extraoficialmente a la mano de obra y a las personas emigrantes de Almera, a las que se paga en mano en efectivo sobre una base ad hoc de unos 35 euros (38,36 dlares) al da.

Aqu hay mucho sufrimiento, afirma Abdul Wahjid, otro residente marroqu en el campamento y que tiene 23 aos. Nos gustara vivir en otro sitio, pero no tenemos papeles [de trabajo] ni tenemos dinero para trasladarnos.

Foto: el asentamiento situado a las afueras de San Isidro en el que viven ms de 200 personas trabajadoras. [Guillem Trius/Al Jazeera]

Un portavoz del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentacin espaol declar a Al Jazeera que el gobierno aplica las normas de salud y seguridad, y lleva a cabo regularmente inspecciones de trabajo. Se deben denunciar las irregularidades, aunque no se puede tener en cuenta algn caso aislado, afirm el portavoz .

Por lo que se refiere al uso de pesticidas, el Ministerio afirm que por ley se deben aplicar la normas de seguridad y que se debe utilizar un equipo de proteccin cuando se trabaja con pesticidas. Pero en la regin se ven pocas pruebas de esta ley.

Tambin se afirma que el visto bueno del gobierno espaol a una subida del 22.3% del salario mnimo para 2019 beneficia a unos 2.5 millones de personas trabajadoras de todos los sectores, incluida la industria agrcola, y contribuye a prevenir la pobreza en el trabajo, a aumentar el nivel de vida de las personas con salarios ms bajos, afirm el portavoz. Sin embargo, todava no se aplica a la utilizacin de personas emigrantes indocumentadas de Almera a las que se paga por debajo del salario mnimo ni a las miserables condiciones en las que viven muchas personas que trabajan en los invernaderos en Almera.

El camino al empleo legal es duro. Spitou Mendy, un senegals de 56 aos, presidente del sindicato SOC, traductor y trabajador en los invernaderos, conoce bien el proceso. En Senegal era maestro, estaba muy implicado en la coordinacin sindical y lleg a Almera en 2001. Hoy vive solo en un piso pequeo y con pocos muebles en la ciudad de Almera. Es ltima hora de la tarde y acaba de terminar su turno en el invernadero. Se frota los ojos cansados y baja las persianas de la sala para evitar el sol que hay fuera. Cuando una persona emigrante llega a Espaa, tiene que esperar tres aos para solicitar un permiso de trabajo, explica. Sin ese permiso no hay nada, no son visibles. Las personas trabajadoras son como un objeto que hay que esconder. Este periodo de espera se denomina arraigo social y su finalidad es demostrar a las autoridades de emigracin que la persona ha empezado a crearse una vida en Espaa con vistas a asentarse de forma permanente. El empleo legal tambin requiere el aval de un permiso de trabajo previo de un jefe de empresa dispuesto a hacerlo.

Las personas emigrantes corren mucho peligro porque si pasa algo en el invernadero mientras estn trabajando, no tienen acceso al sistema sanitario. Tambin pueden tener muchos problemas porque no trabajan legalmente y se supone que deberan hacerlo. Estamos expuestos a peligros como los pesticidas. Respiramos los productos que se utilizan para matar los insectos que hay en los invernaderos. Nadie nos dice que es peligroso. La gente tiene miedo, pero tiene ms miedo a que el jefe los eche. La gente muere en los invernaderos porque no tienen proteccin.... Al final, se sacrifica a la persona trabajadora para que un producto bien empaquetado llegue a los supermercados.

Un estudio independiente sobre intoxicacin por pesticida anticolinesterasa en Almera elaborado por el Departamento de Medicina Legal y Toxicologa de la Universidad de Granada revel que entre enero de 2000 y diciembre de 2006 hubo 597 casos de exposicin a plaguicidas.

No se dispone de la cifra exacta de la cantidad de personas que han muerto por causas relacionadas con el trabajo, aunque el SOC ha contribuido a sacar a la luz un caso reciente. Un trabajador marroqu de 27 aos identificado como MEB muri el 18 de enero de 2019 despus de padecer dolores de estmago durante una semana. La autopsia que hizo el Instituto de Medicina Legal (IML) de Almera confirm que la causa de la muerte haba sido un envenenamiento. Los propietarios de los invernaderos Kop Agro se negaron a hacer comentarios en aquel momento alegando la falta de informacin en el momento de su muerte y desde entonces no han hecho ninguna declaracin.

Para las personas emigrantes sin contrato que buscan trabajo la jornada empieza sobre las 4 de la madrugada. Las calles y bares que hay en la calle principal estn cerrados. Un viento fro proveniente de la costa barre el interior.

Grupos pequeos de personas marroques y africanas occidentales ataviadas con chalecos reflectantes se renen en las rotondas y las esquinas de las calles mientras por ellas pasan lentamente furgonetas blancas pequeas y coches. Se aprietan rpidamente dentro de los vehculos que desaparecen en el ddalo de caminos que llevan a los invernaderos.

Varias personas trabajadoras emigrantes a las que entrevist Al Jazeera afirmaron que no ven a los jefes para los que trabajan, slo a los encargados que los recogen en sus coches, supervisan las tareas del da y luego los devuelven al mismo lugar. Los encargados rara vez contratan a personas nuevas, ya que dan prioridad a grupos pequeos a los que conocen de antes. Para las personas recin llegadas a Almera eso puede significar semanas o meses sin hacer nada.

Hacia las 9:30 vuelve a la vida La Mojonera, otro somnoliento pueblo costero. Un grupo de hombres jvenes de Mal y Costa de Marfil se han quedado hasta el amanecer en la rotonda principal del pueblo con la esperanza de encontrar trabajo. Pronto deciden dejarlo para otro da y caminan penosamente de vuelta al alojamiento que han alquilado: un piso de tres habitaciones sin ventanas que comparten 10 personas, con paredes agrietadas y una pesada puerta de acero situada enfrente de una fbrica de pesticidas. Dentro de la casa el aire est cargado.

Los hombres estn exhaustos. Se desploman en sofs y sillas desgastados mientras en una televisin resuena un partido de ftbol pixelado, con imgenes vacilantes y paralizadas. Cerca del medioda, aparecen otros, con cara de sueo y aturdidos.

Daouda Diabete, de 24 aos y procedente de Costa de Marfil, lleg hace cuatro meses a Almera desde Italia. Va vestido elegantemente, con unas zapatillas perfectamente blancas, y se agita nervioso en el sof al hablar. Algunos jefes pueden darte dos o tres das de trabajo sin papeles, depende. Pero despus, te dejan ir. Si tienes papeles puedes conseguir un pequeo contrato y as te las puedes arreglar. Te levantas a las 4 de la madrugada y vas a buscar trabajo. No debes quedarte en casa, si te quedas en casa, no consigues trabajo.

Martin Caraher, profesor de poltica alimentaria y sanitaria de la City University de Londres, afirm que los trabajadores como Diabete son vulnerables por partida doble. Son vulnerables debido a los bajos salarios y son vulnerables por ser emigrantes. La gente en Reino Unido ni siquiera es consciente de ello. Actualmente la gente est muy centrada en la sostenibilidad y con toda razn. Pero respecto a algunos productos como el caf tienen cierto sentido de justicia en la cadena alimenticia y en cambio asumen que todo est bien en el caso del resto de alimentos, pero no lo est.

Como ocurre en el caso de las personas trabajadoras emigrantes, la vida tambin es imprevisible para algunos de los agricultores de Almera. Avelino Mana, de 56 aos, es propietario de su invernadero desde hace 30 aos, 23 de los cuales ha estado cultivando calabacines. Ahora es el momento de la cosecha, que se destina en su totalidad a Inglaterra a travs de la empresa de exportacin y distribucin Mayes Exportation, la cual abastece al supermercado britnico Sainsbury's.

El aire est cargado el interior de su vasto invernadero. La densa vegetacin llega hasta la cintura y cubre 30.000 metros cuadrados. A pesar de las dimensiones del invernadero Mana afirma que para trabajarlo solo necesita, adems de l mismo, a sus tres empleados marroques contratados, uno de los cuales lleva 22 aos trabajado para l.

El aumento gradual de los costes de produccin ha afectado duramente a su negocio y el Brexit le va a afectar an ms, aunque no puede decir hasta qu punto. Mayes, la empresa distribuidora, ya nos ha dicho que va a importar menos calabacines. Me dijeron que se va a encarecer el transporte a Inglaterra, explica. La cuestin es que costes como el plstico, la tierra, los trabajadores, la luz son ms caros, todo lo es, pero el precio de los productos sigue siendo el mismo de hace 30 aos.

Mana nunca sabe exactamente a qu precio se va a vender su cosecha. Los precios los imponen las seis principales empresas de distribucin de Almera, que compran productos por kilo a los proveedores locales y despus los venden a los supermercados, que a menudo se encargan del transporte y la logstica necesarios para que lleguen a los estantes de las tiendas europeas. Cuando el margen de beneficio de los distribuidores se reduce debido al aumento de los costes logsticos, el precio de los productos baja. Pero sin estas empresas la mayora de los propietarios de invernaderos, que suelen estar en aprietos, carecen del capital o de las instalaciones necesarias para comercializar los productos solos. Nos tienen agarrados por las pelotas, se mofa Mana.

Actualmente Mayes compra sus calabacines por 35 cntimos de euro el kilo (0.38 dlares). En un supermercado de Reino Unido se venden por aproximadamente un euro cada pieza (1.10 dlares), es decir, unos 8 euros el kilo (8.79 dlares). Es un precio justo para un buen producto, afirma Mana. Aunque l nunca lo ver.

Una furgoneta pequea de Mayes espera su carga a la entrada de su invernadero. Dentro del invernadero Mana y sus trabajadores van de cultivo en cultivo cortando calabacines por el tallo con navajas y cargndolos en carros que empujan a mano.

En la cercana localidad de El Ejido, situada en la carretera que une Almera con el norte de Espaa, hay almacenes de muchas de las principales empresas distribuidoras de la regin: Gngora Export S L, Gonzalez Bonilla S L, Ica, Mr Roger, Agroponiente y La Unin.

Las seis principales empresas de distribucin de Almera declinaron ser entrevistadas para este artculo.

El almacn de La Unin es un centro industrial: asptico, en l se trabaja con movimientos rpidos y supone todo un mundo aparte respecto a las terribles condiciones en las que estn las personas trabajadoras emigrantes de Almera. Las mquinas braman mientras las carretillas elevadoras se desplazan de un sitio a otro por el almacn. Trabajadores espaoles uniformados gritan instrucciones mientras se cargan cajas brillantes de tomates, pimientos, calabacines y melones en los camiones alineados a la entrada del almacn.

A ms de 2.200 km de distancia, en la seccin de verduras de un supermercado Sainsbury's en Kingsland Road de Londres hay cajas llenas hasta los topes de calabacines empaquetados en bolsas de malla verde cuando los compradores llenan sus cestas en la hora de mayor afluencia. En cada bolsa hay una etiqueta que dice: Cultivado por Mayes, Espaa.

En los productos almerienses situados en los estantes adyacentes solo se indica el pas y la regin en la que se cultivan. No hay ninguna referencia a los deteriorados invernaderos independientes como el de Mana en los que fueron adquiridos a un precio extremadamente bajo. Se ha eliminado toda huella de la empobrecida fuerza de trabajo emigrante de la regin y de los miseros asentamientos en los que duerme.

Un portavoz de Sainsbury's no nos explic por qu las etiquetas de los productos no indican el punto exacto de origen, aunque seal a Al Jazeera que desde 2015 la empresa y otros minoristas financian y apoyan los Foros de Comercio tico de Espaa. El portavoz aadi que los equipos de Sainsbury's visitan a los proveedores cada pocas semanas para controlar que cumplen con los principios del cdigo de conducta de comercio tico de la empresa. Los proveedores tambin deben demostrar una mejora continua del bienestar de las personas trabajadoras e informarnos de sus progresos en el cumplimiento de su propio cdigo de conducta.

Los supermercados britnicos siguen siendo muy opacos en lo que se refiere al volumen de las importaciones, el origen de los productos, los ingresos y las estrategias de distribucin del mercado. Tesco ha declarado que es una informacin comercialmente sensible.

En 2015 Sainsbury's fue amonestado por el organismo regulador de Reino Unido, The Financial Reporting Council, por negarse a declarar los ingresos de los proveedores.

Un portavoz de Tesco afirm que la empresa era consciente de los riesgos que implica emplear a personas trabajadoras inmigrantes en el sur de Espaa, pero que trabaja con cultivadores, proveedores y los Foros de Comercio tico de Espaa para garantizar unos buenos estndares. El portavoz aadi que Tesco utiliza una lista de proveedores aprobada, que anualmente auditan partes independientes, y que regularmente visita las instalaciones de los proveedores. Sin embargo, Tesco tambin omite la informacin especfica acerca del proveedor en las etiquetas, de modo que quienes son consumidores conscientes no pueden tomar decisiones informadas acerca de lo que compran.

Esta falta de transparencia en el paso del producto del invernadero a la mesa es, segn lder sindical senegals Spitou Mendy, esencial para el xito de las empresas distribuidoras. Define el modelo econmico de Almera, as como la constante prosperidad de los supermercados a los que abastecen. Las personas consumidoras no saben que somos esclavos dentro del invernadero", afirma.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/features/aware-slaves-greenhouses-191015093821140.html

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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