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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2019

La Intifada libanesa: comentarios y reflexiones en tiempos revolucionarios

Jeffrey G. Karam y Sana Tannury Karam
Jadaliyya

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn Hijs.


El jueves 17 de octubre de 2019, miles de ciudadanos y ciudadanas libanesas indignadas tomaron las calles de Beirut para protestar. La chispa la provoc la decisin del gobierno de aplicar impuestos a la popular aplicacin gratuita de WhatsApp. Pero en realidad las protestas no eran sino el desenlace de una serie de crisis permanentes e interconectadas: crisis fiscal por el dficit de ingresos, crisis por la deuda, crisis por la merma de divisas, crisis de desarrollo por el estancamiento del crecimiento, agravada por el incremento del desempleo y del coste de la vida. A esta lista se puede aadir una crisis de infraestructuras que aunque se populariz con las protestas por las basuras de 2015 forma parte de la vida cotidiana de la gente en lo tocante al difcil suministro de electricidad, agua, etc. Tales crisis tienen en su mayora un origen nacional, en el sentido de que son el resultado de dcadas de mala gestin de los fondos pblicos, de la corrupcin rampante y de la polarizacin poltica. Pero se intensifican por la intervencin de actores regionales e internacionales.

La atmsfera de las semanas previas al 17 de octubre ya dej patente la profundidad y el alcance de la ignominia de un gobierno incapaz de extinguir los incendios forestales que estuvieron quemando pueblos y bosques libaneses durante das poniendo en grave riesgo a decenas de personas. Tampoco supo el gobierno apaciguar la preocupacin por la escasez de combustible y trigo, y por la falta la disponibilidad de divisas y liquidez de capital para quienes necesitaran convertir liras libanesas en dlares estadounidenses. Lo cierto es que son varios los sectores sociales y econmicos que en los ltimos aos venan convocando protestas y huelgas puntuales, incluidos palestinos y palestinas de los campamentos de refugiados. En menos de tres das, la chispa inesperada del 17 de octubre moviliz a ms de dos millones de personas en las calles de Beirut y en otras grandes ciudades y regiones en un levantamiento espontneo y sin liderazgo. Entre ellos, Beirut, Yebeil, Nabatiyeh, Saida, Sur y Trpoli, as como diferentes barrios fuera de la capital, como Furn el Chebbak, Corniche al Mazra'a, Yal el Dib y otros.

En el momento de escribir este artculo han transcurrido veintisis das de levantamiento popular: veintisis das de manifestaciones, sentadas, huelgas y bloqueos de carreteras por toda la geografa libanesa. Durante unos catorce das consecutivos, casi todas las escuelas, institutos y universidades pblicos o privados han suspendido las clases. Aunque el Ministerio de Educacin ya ha decretado el fin del cierre de las escuelas muchos y muchas estudiantes de secundaria y universitarias se han declarado en huelga. El sector bancario tambin ha estado cerrado durante casi dos semanas. El perodo de cierre de bancos ha durado ms que cualquiera de los que se produjeron durante los quince aos de guerra civil. Gentes de toda condicin social inundaron las plazas de sus ciudades y pueblos y ocuparon calles y carreteras para bloquearlas. En la fase actual, los y las manifestantes han pasado de bloquear las carreteras a presionar ante los ministerios del gobierno y otros edificios smbolo del sistema poltico-econmico. En algunas ciudades se ha organizado la retirada de todas las pancartas y carteles de propaganda de polticos. Las tcticas son variadas y van cambiando a medida que los y las manifestantes tratan de mantenerse en las calles y a la vez aumentar la presin sobre la clase poltica.

Este conjunto de acciones ha operado como expresin de protesta pblica contra la corrupcin, el nepotismo, el paternalismo, el sectarismo y el racismo. Lenta pero firmemente, los y las manifestantes empezaron de manera espontnea por viejas reclamaciones y acabaron llamando a la cada del rgimen poltico y econmico que ha gobernado Lbano desde el final de la guerra civil en 1990. Es importante destacar que entre quienes se manifiestan se aglutinan puntos de vista diferentes sobre cuestiones relativas a la transicin a un Estado laico y democrtico o a la superacin de las polticas econmicas neoliberales. Sin embargo, el trabajo en red y la solidaridad entre los y las manifestantes contra la clase poltica corrupta han eclipsado hasta ahora las divergencias sobre diversos temas econmicos y sociopolticos y sobre los pasos a seguir.

Desde el 17 de octubre hasta la fecha el rgimen poltico actual ha conseguido aislarse de la creciente presin mediante una poltica de doble filo. La lite poltica ha ofrecido ciertas concesiones, como el compromiso de introducir y aplicar reformas econmicas serias. Una prevista sesin parlamentaria tiene en su agenda la introduccin de leyes para combatir la corrupcin y la malversacin de fondos pblicos. Sin embargo, incluye tambin una ley de amnista que beneficia a cargos pblicos que han abusado de su poder, del despilfarro de fondos pblicos y de delitos medioambientales. En resumen, el rgimen actual y varios de sus partidos polticos intentan subirse a la ola revolucionaria afirmando que sus propias demandas complementan las de los y las manifestantes, negndose a la vez a rendir cuentas. Los actores regionales e internacionales continan observando la situacin y sealando sus preferencias con la esperanza de mantener o mejorar la posicin de sus aliados locales.

La dimisin del primer Ministro Saad al Hariri (y, por tanto, de su gobierno) el 29 de octubre supuso una cesin importante. Su renuncia fue la consecuencia de la presin sostenida de las acciones de los y las manifestantes por todo Lbano durante doce das consecutivos, lo que demuestra claramente la determinacin y el poder emergente de la gente. Sin embargo, no deja de ser tambin una concesin de la clase dominante para aliviar la presin y desgastar la solidaridad que ha emergido entre manifestantes inicialmente divididos sobre si la renuncia del gobierno es el paso principal o solo el primer paso hacia la reforma de todo el sistema poltico. La renuncia ha servido a Hariri y a otros actores polticos para intentar mejorar su menguada popularidad al aceptar las reclamaciones de los manifestantes como propias.

La lite poltica tambin est utilizando el aparato coercitivo del rgimen principalmente las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL), las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI) y otros cuerpos de seguridad para reprimir a los y las manifestantes que bloquean activa y pacficamente las carreteras. El aparato coercitivo, que sigue siendo leal a la clase poltica dominante, es una de las principales fuerzas que apuntalan al rgimen. Las Fuerzas Armadas de Lbano y la Fuerza Internacional ya han hecho un uso excesivo de la fuerza en varias reas, especialmente en la carretera de circunvalacin que conecta varias zonas del centro de Beirut y otros barrios de la capital con la parte septentrional de Lbano, como en Yal el Dib y Zuk. Abogados voluntarios estn participando activamente en el seguimiento de las detenciones y arrestos proporcionando asesoramiento jurdico a los y las manifestantes. El actual gobierno libans no ha dudado en ordenar a los diferentes cuerpos de seguridad que tomen medidas enrgicas contra quienes bloqueen las carreteras que atraviesan el pas. Tambin se han producido ataques violentos contra manifestantes en Beirut por parte de partidarios de partidos polticos asentados, en particular del Movimiento Amal y de Hizbol.

Este artculo no trata de lo que pueda venir despus. Es ms bien un reflejo de lo que ha ocurrido hasta ahora; se trata de poner de relieve las voces de la Revolucin de Octubre, del pueblo en las calles, y de evaluar algunos de sus resultados y logros.

De levantamiento a revolucin

Desde los primeros das del levantamiento mucha gente que sali a las calles defini el desarrollo de los acontecimientos como una revolucin. Pero habida cuenta de que los acontecimientos an no han derivado y puede que no lo hagan en una revolucin conforme a la definicin tradicional del concepto, podemos calificarlos como tal? La solucin de posguerra que inaugur el Acuerdo de Ta'if [1989] institucionaliz y sacraliz para Lbano el sistema poltico sectario fundado durante el mandato francs [1922-1946] formalizado en el Pacto Nacional de 1943. El rgimen de posguerra adopt tambin unan poltica neoliberal de endeudamiento pblico que fortaleci la supremaca del sector bancario.

Por primera vez en la historia de Lbano el pueblo se ha levantado contra este sistema poltico y econmico, y contra los partidos polticos que lo sustentan, y no siguiendo sus consignas. Aunque los perodos anteriores de la historia moderna de Lbano, incluida la crisis poltica de 1958 convertida en guerra civil, tuvieron tintes revolucionarios, las reivindicaciones fundamentales se centraban en la redistribucin del poder entre la lite y las sectas y no en la reclamacin de un sistema poltico nuevo e integrador. Otras movilizaciones en 2011, 2013 y 2015 estuvieron dirigidas contra el gobierno con reivindicaciones concretas, como la abolicin del sectarismo poltico o el fin de la crisis de la basura. Estas experiencias anteriores se limitaron prcticamente a Beirut y estuvieron protagonizadas por sectores concretos de la sociedad. A pesar de que para unos fueron momentos de politizacin determinantes y para otros de construccin de bloques, esas movilizaciones no contaron con la extensin geogrfica, con la naturaleza interclasista, ni con la implantacin de las exigencias generales de transformacin estructural que estn caracterizando a las protestas actuales.

Quienes se manifiestan ahora parecen haber superado de momento el regionalismo y el faccionalismo propios de la ltima guerra civil que el acuerdo de posguerra institucionaliz e incentiv. Al tender en las calles un puente entre lneas sectarias, polticas, ideolgicas, regionales y partidistas, la gente ha experimentado algo parecido a un verdadero fin, un carpetazo, por as decirlo, de la guerra civil. Este impulso consciente en pos de la lucha contra el discurso sectario como herramienta sociopoltica es el comienzo de una larga lucha contra el orden de la posguerra y la primera amenaza real en su contra. Incluso aunque este levantamiento no consiguiera acabar por completo con este sistema poltico y econmico, la experiencia generacional colectiva ni puede negarse ni invertirse, y crear un hito en el calendario de la historia libanesa.

Se trata cuando menos de una revolucin contra la conciencia de la ltima guerra civil, contra la conspiracin de todo un rgimen para mantener las divisiones de esa guerra, para impedir su superacin y la posibilidad de reconciliacin. Es una revolucin contra la complicidad que ha paralizado a la gente en las ltimas dcadas, una complicidad que ocult el poder popular para lograr el cambio. La gente en las calles ya no se imagina cmo debera ser su pas o cmo cambiar el status quo. Lo que estn haciendo es crear la alternativa y luchar contra las penurias surrealistas y abismales que afectan a todos. En sus consignas, reclamaciones, debates y acciones pblicas, la gente ha exigido que se reemplace el sistema de gobierno poltico y econmico sectario por un sistema civil, laico, democrtico y socialmente justo.

Clase e interconexin de las luchas

Los llamamientos a la solidaridad que se han hecho desde Trpoli a los manifestantes en Dahiya, y desde Nabatiye a Saida, y entre varias regiones de Lbano histricamente divididas, no apuntan solo a la solidaridad intersectaria. Hay que destacar el componente de clase. En las protestas participan diferentes grupos socioeconmicos aunque sea en diferentes grados a lo largo del paisaje geogrfico. El desarrollo desigual caracterstico de la divisin urbano/rural ha formado parte integral del subdesarrollo de las reas rurales en el orden de posguerra, incluyendo las desigualdades creadas por el Estado entre Beirut y otras ciudades. Por lo tanto, por un lado, las regiones rurales y las ciudades a parte de Beirut, incluidos los suburbios, han protagonizado protestas de las clases socioeconmicas ms bajas. Por otro lado, la composicin de clase entre los y las manifestantes de Beirut est siendo mixta y variada, y estn siendo los manifestantes de bajos ingresos quienes se oponen a que las plazas se transformen en espacios revolucionarios elitistas.

El componente de clase est asimismo presente en la forma en que los y las trabajadoras y las diferentes profesiones estn reconfigurando la organizacin de clase. Los sindicatos han estado durante aos corrompidos por la poltica sectaria y controlados por partidos polticos, y con la excepcin de muy pocos, como el Sindicato de Mdicos de Trpoli, han mantenido silencio o se han opuesto al levantamiento. Ahora son las y los trabajadores y profesionales quienes han roto con estos sindicatos tradicionales y se organizan al margen de ellos formando nuevas alianzas de trabajadores y profesionales que son un producto directo del levantamiento que se est formando y movilizando cada da. Profesionales independientes de los partidos polticos de mltiples sectores profesores, abogados, ingenieros, mdicos, farmacuticos, periodistas, actores, trabajadores sociales, cineastas y escritores han formado una coalicin (y subcoaliciones dentro de cada profesin) que se est movilizando contra el Banco Central de Lbano y contra los diversos ministerios que han deteriorado el trabajo de sus profesiones y corrompido sus sectores.

Las calles y los muros de las ciudades libanesas de hoy se cubren con reclamaciones por el fin del capitalismo, de rechazo al racismo, y de exigencias de los derechos de las mujeres a la ciudadana de sus hijos. Por lo tanto, hay un nicho dentro del levantamiento que por muy limitado que se pueda argumentar que sea, ha demostrado creer en la interconexin de las diferentes cuestiones sociopolticas en lugar de privilegiar una sola. Este nicho en particular, ruidoso y coral particularmente en las manifestaciones dirigidas por los estudiantes en Beirut, entiende que la mayora de los asuntos sociales, econmicos y polticos, incluyendo la justicia social, la igualdad de gnero, los derechos LGBTQ, los derechos de los y las trabajadoras migrantes, y los derechos y la proteccin de las personas refugiadas, son luchas interconectadas. Frente al discurso contra las personas refugiadas y contra el otro que el rgimen haba agudizado recientemente ante los pobres, los manifestantes apuntan directamente a los vicios del rgimen como los responsables de la escasez de pan y de combustible que la gente ha sufrido recientemente.

Los y las manifestantes son cada vez ms conscientes de esta interconexin de las cuestiones dentro del sistema libans, pero tambin de las similitudes de sus luchas con las de otros pases rabes y con las del resto del sur global contra las polticas neoliberales de sus lites. La gente en las calles de Beirut canta lemas en solidaridad con Bagdad, los manifestantes en las plazas de Trpoli ondean banderas argelinas y las plataformas on line muestran la imagen de Malak pateando al guardaespaldas de un poltico junto con la del sudans Ala' Salah.

Desacralizar lo sagrado

Los lemas que unen a miles de personas son una crtica generalizada a la clase poltica libanesa bien ejemplificada en el lema: Killun ya'neh killun [todos ellos significa todos ellos]. A pesar de que los polticos, la prensa del rgimen y las autoridades religiosas han intentado controlar el levantamiento, los y las manifestantes han proclamado que se ha acabado el acatamiento a la lite poltica y religiosa. Han derrocado todo carcter sagrado de la poltica al incluir y corear lemas procaces dirigidos contra polticos y lderes sectarios concretos, principalmente, aunque no solo, contra el Ministro Gibran Bassil. El himno popular hela hela ho constituye por s mismo una revolucin contra el monopolio sobre la obscenidad y la moralidad que el particular orden patriarcal del presidente Michel Aoun haba creado y controlado en los ltimos tres aos de su gobierno como padre de todos. Invirtiendo esa imagen patriarcal contra el autoproclamado patriarca, los manifestantes exigen el cumplimiento de los deberes 'paternales' del presidente como padre de todos. Otras manifestantes, en particular los grupos feministas que participan en el levantamiento, responden con lemas de rechazo a ese paternalismo: T no eres nuestro padre (Mannak bayy al kill). Aunque no todos los manifestantes hayan adoptado las voces feministas cada vez se escuchan ms y no se pueden ignorar: han creado espacios para que los grupos marginados puedan existir y protestar en el levantamiento. Las feministas han modificado incluso el propio himno de hela hela ho, cuya letra original consideran turbia por su referencia al cuerpo femenino como una maldicin contra la persona a la que va dirigido, y lo han convertido en una maldicin directa contra Bassil y contra el presidente, reducido en el lema alternativo a su suegro.

Tambin se han derribado otras cuestiones sagradas en esta revolucin. Desde el comienzo de los levantamientos, las universidades han suspendido las clases a la espera de la evolucin de la situacin, y se han cerrado buena parte si no todas las escuelas libanesas. Mientras se eliminan o se reduce el poder de los centros y espacios tradicionales de autoridad, las calles se han convertido en aulas. Los centros tradicionales del saber, escuelas y universidades, ya no son los que monopolizan la produccin de conocimientos. Las calles estn decidiendo quin habla y a quin se escucha; el aprendizaje se est democratizando.

La interrupcin de los movimientos y actividades cotidianas, y la presencia constante de la gente en calles y plazas, tambin las ha transformado en lugares de culto; la gente reza y escucha misa en el espacio pblico. Igualmente, la exigencia de una ley sobre el estado civil, y los graffiti de las calles de Lbano pidiendo la cada de las autoridades religiosas contribuyen a una transicin que va de la autoridad de los centros de conocimiento y de las instituciones religiosas tradicionales a las calles.

Una de las desacralizaciones ms evidentes y a la vez ms celebradas ha sido la recuperacin de los espacios pblicos por parte de la gente. Tras el final de la guerra civil en 1990, los sucesivos gobiernos libaneses han transformado sistemticamente Beirut, que pas de ser una ciudad relativamente integradora y abierta que acoga a los libaneses de todas las clases sociales, a una zona elegante y exclusiva solo para los ricos. La mayora de los libaneses no pueden cenar de restaurante ni pasar una noche en un hotel, ni comprar ropa o joyas en ninguna tienda y ni siquiera imaginar el antiguo encanto pasado de Beirut, cuando floreca como un espacio para todos los libaneses. Los y las manifestantes estn reclamando las propiedades robadas a Beirut, los inmuebles de los que se apropi ilegalmente la empresa Solidere en el centro de la ciudad, y los bienes pblicos costeros que tambin han ocupado ilegalmente las empresas conectadas con la lite poltica y econmica corrupta. Los manifestantes rompen las barreras fsicas y psicolgicas al reclamar los muchos espacios vacos literal y figuradamente para ocupar inmuebles vacos de la Plaza de los Mrtires, celebrar debates pblicos en el edificio del Huevo y cenar con vendedores ambulantes recin establecidos. Los artistas del graffiti tambin reclaman el espacio pblico y convierten los muros de cemento de Beirut en sus lienzos.

Una nueva esperanza

El esplendor del levantamiento sin lderes convertido en revolucin en Lbano no deriva solo de su espontaneidad sino ms bien de la contundente exposicin, trascendental y colectiva, de voces mltiples y superpuestas que, a pesar de existir previamente, se escuchan ahora unas a otras en las principales calles y plazas del pas. Son las voces de las mujeres y de los derechos de las mujeres, las voces a favor de un Estado laico e integrador, las voces a favor de un desarrollo econmico justo e igualitario y las voces a favor de un sistema poltico democrtico y representativo.

El grado de compromiso y conciencia poltica que atraviesa todas las lneas sectarias, ideolgicas, de gnero y socioeconmicas infunde nuevas esperanzas en Lbano. Las barreras del miedo y de lo sagrado que la lite poltica y religiosa han impuesto para gobernar entre facciones se rompen pieza a pieza en las raves, en los foros pblicos de deliberacin y en las aulas, en el trabajo colectivo entre sindicatos y universidades, en los conciertos de msica y en los festivales gastronmicos.

Las consecuencias ms amplias de la Intifada libanesa convertida en revolucin son difciles de esbozar y podran no traducirse en acciones que reordenen de inmediato el arcaico sistema poltico, patriarcal y sectario infestado de sectas. Pero sabemos que las revoluciones son procesos complicados que requieren paciencia, resistencia y determinacin. Este momento revolucionario que estall el 17 de octubre de 2019 marca verdaderamente el comienzo de un nuevo captulo en la historia moderna de Lbano. Lo est escribiendo la gente en las calles para las generaciones venideras. Pase lo que pase, no hay vuelta atrs a lo que haba antes del jueves 17 de octubre de 2019.
 

Fuente:https://www.jadaliyya.com/Details/40218/The-Lebanese-Intifada-Observations-and-Reflections-on-Revolutionary-Times



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