Portada :: Chile :: Chile: Rebelin antineoliberal
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2019

Balance poltico de la rebelin social ciudadana y popular

Juan Carlos Gmez Leyton
Rebelin


El pueblo chileno lucha sin

ms armamento que sus puos y gritos.

Una juventud consciente

formada y autoorganizada

es peligrosa para el Estado.

Somos la rebelda que se levanta

en Ecuador, Hong Kong, Hait, Barcelona

y en todos los rincones del mundo.

Vamos por todo y no tenemos miedo.

A las y los cados y heridos en combate para

hacer posible una sociedad ms humana.


 

Introduccin

Al inicio del estallido social del 18-0 establecimos tres posibles escenarios polticos. Transcurrido el primer mes del estallido, tenemos la certeza que uno de ellos se ha ido consolidando y encauzando la protesta social hacia un objetivo radicalmente distinto, tal vez, al planteado o propuesto o deseado por los sujetos y actores de la rebelin.

Los tres escenarios polticos diseados fueron los siguientes: (a) una salida poltica-militar-autoritaria (que la caracterizamos como una dictadura fujimorista peruana); (b) negociacin poltica entre el gobierno y la oposicin poltica destinada a configurar una va poltica institucional para sofocar la rebelin y (c) la radicalizacin de la rebelin social en la perspectiva de la destitucin va renuncia- del Presidente de la Repblica a travs de un golpe de estado ciudadano.

De estos tres escenarios el que ha sido impuesto por el poder estatal y, al parecer, domina la escena poltica, hasta hoy 19 de noviembre, es el (b). O sea, el de la negociacin poltica. Es decir, la va poltica institucional destinada a resolver la crisis poltica como encauzar la rebelda social por los caminos propios del sistema poltico y con ello desmovilizar a la ciudadana en rebelda.

En este artculo analizaremos poltica y socialmente el desarrollo de la rebelin social estallada el 18-O y que a partir del 15N ha iniciado una segunda fase de su desenvolvimiento. La primera fase el protagonismo lo tuvieron las y los ciudadanos movilizados y en la segunda, son los partidos polticos, los que han tomado la iniciativa abriendo una nueva estructura poltica de oportunidades para producir el cambio poltico institucional en la sociedad neoliberal chilena. Segn lo que se perfila, este no ser un cambio social profundo que afecte directamente la estructura del poder social neoliberal, o sea, su base material, sino, ms bien, ser un cambio poltico concentrado en la estructura jurdica-poltica del Estado.

Nuestra exposicin ser ir delineando lo ocurrido en cada uno de los escenarios sealados y al mismo tiempo iremos dibujando lo que podra ocurrir en el futuro inmediato. Este es un proceso histrico abierto y en desarrollo. Pero, que tiene una hoja de ruta y un cronograma semi estructurado la interrogante que se impone: sera los sujetos y actores de la rebelin estallada el 18-O, pero iniciada los primeros das del mes de octubre, se sometern o lo alterarn. Ese es el dilema del periodo que se inicia.

I.- El fracaso poltico de la salida poltico-autoritaria-militar. 

La suspensin, por el momento, de la estrategia poltica militar-autoritaria propuesta por parte del Ejecutivo como tambin de los sectores ms duros del Chile Vamos, la UDI, por ejemplo; se explica, fundamentalmente, por la falta de apoyo poltico y logstico de parte del principal actor de ella: las Fuerzas Armadas. En efecto, el principal obstculo que tuvo esta estrategia su estuvo -dado las seales que se han emitido desde el gobierno y de la institucionalidad armada- en la debilidad logstica para su implementacin, expresada en la ausencia de contingente militar. En otras palabras, las Fuerzas Armadas, no tenan hombres y mujeres, o sea, tropa, para ocupar militarmente al pas. No obstante, tambin son posibles otras interpretaciones que nos llevaran haca otros derroteros. Lo concreto, es que el Ejecutivo, el presidente Piera, en dos oportunidades no fue apoyado en su intento de ejecutar una salida poltico militar. Por eso debi, impulsar a regaadientes, con bastante desagrado, disgusto la solucin poltico institucional de la negociacin poltica. Ella, como veremos, implicaba aceptar algo ms que un aspecto mnimo de la principal demanda ciudadana expresada masivamente en las calles relativa al cambio constitucional. Si bien, luego del 25-O el presidente, se abra a impulsar un conjunto de reformas constitucionales e incluso se habl de un Congreso Constituyente, para esos efectos. Sin embargo, la huelga general, lo oblig a dar un paso mayor. Aceptar la posibilidad de reemplazar integralmente la Constitucin Poltica de 1980. Esta decisin, sin lugar a dudas, es una gran decisin poltica. Pues desde su aprobacin en 1980, la Constitucin de la dictadura, ha sido uno de los principales pilares que sostienen la estructura jurdica-poltica de la dominacin neoliberal. Y, en 39 aos de existencia, la derecha, solo en dos ocasiones, 1989 y 2005, haban aceptado y concordado realizar especficas y puntuales reformas a la Carta Magna. Reformas o cambios constitucionales que dejaban intactas las bases estructurales de ella. Sin embargo, la Rebelin social y la huelga general ciudadana y popular haban logrado vencer la frrea defensa poltico institucional de la Constitucin. As, el 12 de noviembre un acongojado e ido presidente: convoco a la ciudadana y a sus actores polticos a un acuerdo por la paz, la justicia y, sobre todo, por una nueva Constitucin Poltica. Cerrando de esa manera, vuelvo a decir, momentneamente la salida poltico-militar a la crisis social y poltica que afecta directamente a su gobierno.

2.- La apertura de la va poltico institucional para una Nueva Constitucin

2.1 El rol poltico de la Huelga General y de la Mesa de Unidad Social 

El llamado a la paz y por una nueva constitucin, realizado por parte del ejecutivo no fue solo una reaccin desesperada ante el no apoyo poltico de las FF. AA como tambin de los otros poderes del Estado, expresado en la fracasada convocatoria al CONSENA, del da 11 de noviembre, sino, fundamentalmente, al xito de la huelga general convocada por la mesa de Unidad Social, el da 12N.

La Huelga General que, si bien, no paralizo en un 100% las actividades productivas, comerciales, bancarias y otras del pas, lo hizo en un 70%. Esta fue una contundente y poderosa demostracin de fuerza social y poltica de parte de la ciudadana nacional. La ocupacin callejera de miles y miles de ciudadanas y ciudadanos rebeldes con importantes hechos de accin directa contra los smbolos del capital, remeci con fuerza las estructuras no solo del sistema poltico sino del poder social de la sociedad neoliberal chilena. Segn el Centro de Investigacin Poltico Social del Trabajo, CIPSTRA, que realizo un detallado anlisis de la huelga general, concluy que esta ha sido la paralizacin con mayor masividad y repercusin econmica que se haya realizado en el pas desde el retorno de la democracia en 1990, y posiblemente desde el golpe de Estado de 1973.

Su extraordinario xito social, exiga poltica y socialmente de pasar a la ofensiva y haber decretado, luego de los anuncios de Piera, la huelga general indefinida, demando la renuncia del Presidente. Sin embargo, ocurri todo lo contrario, tengo la impresin, que la mesa de Unidad Social, se paralizo ante el xito de su convocatoria.

En poltica el manejo y el control del tiempo poltico es central y sus actores deben saber manejarlo en funcin de sus estrategias. La mesa de Unidad Social, no fue sensible al tiempo poltico. Por esa razn, perdi, durante tarde-noche del da 12N, la oportunidad de transformarse en la plataforma dirigente de una movilizacin que, hasta ese da, no tena una conduccin poltica clara y estructurada. En vez, de convertirse en los dirigentes de la rebelin, optaron por esperar, o sea, dejar pasar el tiempo. Y, hoy a siete das del exitoso paro nacional, es vlido preguntarse que estaban esperando. La correlacin de fuerzas sociales estaba ntegramente intactas al interior de la rebelin. Era cuestin de apretar el acelerador para empujar el carro de la sublevacin e insurreccin ciudadana directa solicitando la renuncia del gobierno. Por ende, producir, la cada del sistema poltico, para iniciar la construccin del nuevo orden social, poltico y econmico nacional. En otras palabras, el escenario tres previsto para la radicalidad de la movilizacin estaban dadas tanto objetivas como subjetivas, pero Unidad Social, absurdamente, se congelo.

Por consiguiente, aquellos que haban llamado a la huelga general no supieron qu hacer ante el xito de ella. Y, en vez, de avanzar, se detuvieron. Mostraron debilidad poltica, falta de coraje y, sobre todo, carecieron de audacia y astucia tctica para ir sobre un adversario poltico que estaba a punto de ser derrotado. Tengo la impresin que Unidad Social tuvo miedo, temor, de asumir la responsabilidad poltica de realizar aquello que los movimientos sociales de Ecuador, Bolivia, Argentina y otros pases de la regin han realizado: botar al mal gobierno y destituir al presidente de la Repblica en ejercicio. La renuncia del Presidente Piera, permitira abrir la estructura poltica de oportunidades para la expresin del poder ciudadano constituyente originario, democrtico y revolucionario.

Sin embargo, esa posibilidad se esfum. Pienso, que ser muy difcil que, en los prximos das y semanas, se vuelva constituir una coyuntura poltica semejante. Fundamentalmente, porque el gobierno y el sistema poltico, en otros, trminos la institucionalidad poltica estatal, ha tomada la iniciativa y la ofensiva y quien se encuentra, ahora, relativamente desconcertada es la ciudadana movilizada, especialmente, los sectores ciudadanos polticos tradicionales, es decir, aquellos que hacen poltica al interior del sistema poltico y que esperan que sean los dirigentes polticos o sociales los que los conduzcan y dirijan polticamente.

Esta ciudadana hoy tiene que decidir entre continuar participando activamente en la rebelin social o ingresar a la va poltico-institucional propuesta por el orden neoliberal y sobre todo se apoya y sigue el Acuerdo Poltico por la Paz acordado por los partidos polticos. Por lo tanto, de ir ganando la guerra la rebelin social paso, en menos de 48 horas, a estar asediada por sus dos principales adversarios el gobierno y la clase poltica. La rebelin social est a punto de ser derrotada. Esta afirmacin puede ser fuerte, pero polticamente realista e incluso, acertada. La principal responsabilidad de esa posible derrota recaera en la Mesa de Unidad Social. Lamentablemente, sus dirigencias no han estado a la altura de los acontecimientos.

2.2 De la guerra a la paz 

El discurso realizado por un nervioso, desencajado, extraviado y desorientado primer Mandatario al filo de la medianoche del da 12 N, fue amplificado y multiplicado por los medios de comunicacin oficialista. A pesar del estupor y desconcierto inicial, expresado pblicamente por el conductor de CNN, Fernando Paulsen, quien abri su programa Ultima Mirada, con las siguientes interrogantes: Qu no quiero decir un garabato, pero qu cresta fue lo que pas? De qu se trat esta intervencin del Presidente Piera?. Sin embargo, con el correr de las horas la nueva estrategia gubernamental comenz a delinearse de manera clara y a concitar diversas y variadas adhesiones polticas.

La locucin, la corporalidad y la gesticulacin del Presidente en aquella ocasin era, inequvocamente, la expresin manifiesta de un hombre derrotado y fracasado. l haba apostado por una nueva intervencin militar. Pero, no cont con el apoyo al interior de su sector. Y, lo ms probable que fue obligado a proponer la salida poltico institucional que implicaba acceder no solo el cambio constitucional sino, algo mayor, proponer la elaboracin de una nueva constitucin poltica que reemplazara a la autoritaria e ilegtima Constitucin Poltica de 1980. Ello explicaba su desconcertado discurso por la paz, la justicia y, especialmente, por una nueva Constitucin.

Ahora bien, para que su propuesta fuera viable y exitosa requera del apoyo de todos los actores polticos y sociales del establishment y defensores del orden neoliberal. Era urgente que se pronunciaran los principales actores del mercado (gremios empresariales, comerciales, financieros, las PYMES, etctera), de la sociedad civil (universidades, organizaciones sociales, sindicales, universitarias, secundarias, medios de comunicacin, entre otros) y de la sociedad poltica (partidos polticos). Los das 13, 14 y 15, las adhesiones a la propuesta provinieron de todos los rincones de la sociedad neoliberal, tanto partidarios del presidente como sus opositores se pronunciaron a favor de ella. En medio de la conmemoracin del primer ao del vil asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca y de nuevas acciones de violencia social de parte de los grupos radicales de la Rebelin, se iniciaron las conversaciones entre los agentes polticos de todos los sectores para lograr consensuar un acuerdo poltico que detuviera, frenara o morigerara, por un lado, el desmoronamiento del gobierno y sostuviera en su pedestal al presidente Piera y, por otro, a la Rebelin. Deba ser un acuerdo poltico que tuviera esa doble dimensin. De no tenerla, el gobierno caera y el triunfo de la Rebelin podra ser inminente.

Ante la gigantesca manifestacin de fuerza social y poltica de la huelga general apoyada con una activa movilizacin callejera y de numerosas acciones directas de violencia social en contra de los smbolos de la opresin capitalista y estatal. La apelacin directa a la condena de la violencia social y poltica ciudadana constitua, por cierto, un requisito indispensable para instituir la paz. Obviamente, todas las fuerzas sociales y polticas vinculadas con el orden neoliberal como tambin los sectores moderados de la ciudadana movilizada, asumieron la cruzada por la paz, como una misin fundamental y central para restaurar la convivencia social y ciudadana. De esa forma el pas, podra volver a funcionar con normalidad.

Sin embargo la paz, como he dicho, requera de un acuerdo poltico. Obviamente, ha este, por cierto, no iban a concurrir la ciudadana movilizada ni, tampoco, Unidad Social, pues, el presidente Piera, ambos los haba ignorado abiertamente. Por esa razn, no los haba ni convocado ni invitado a sentarse a conversar la pipa de la paz. Su llamado estuvo dirigido a los partidos polticos integrantes del orden neoliberal y, sobre todo, con representacin parlamentario. Ellos eran actores estratgicos e interlocutores vlidos para concertar la paz.

2.3 Los walking dead: los partidos polticos y ciudadanos polticos tradicionales. 

Como lo sealamos en un artculo anterior los partidos polticos del orden neoliberal fueron obsecuentes con los acuerdos establecidos por el presidente Piera. Con matices, pero, sin mayores diferencias aceptaron los dos primeros. No obstante, las diferencias fuertes y las divergencias radicales se situaron y se manifestaron en torno al tercero, es decir, la mayora estaban de acuerdo en acordar que se requera una Nueva Constitucin Poltica del Estado. Salvo la UDI.

Sin el concurso y activa participacin de la UDI, ningn acuerdo poltico entre estos actores es polticamente viable y posible. De producirse algn acuerdo, sin su participacin, es un acuerdo fallido y sin destino. Incluso, si en l, por ejemplo, no participaran otros partidos polticos oficialistas o de oposicin, el acuerdo podra implementarse. Como qued demostrado, luego del 15N. Pero, sin la UDI, no hay acuerdo posible, especialmente, para avanzar hacia el cambio constitucional, sea ya, menor, reformas a la Constitucin actual, o, mayor, su total reemplazo. La UDI es, jugador, un partido poltico, que posee un gran poder de veto. Tanto al interior de su sector como en el sistema partidos vigente. Es, un actor poltico estratgico, o sea, tiene la capacidad de movilizar diversos recursos sociales y polticos con el objeto de tanto de defender como para imponer sus objetivos polticos y, sobre todo, para preservar la institucionalidad pinochetista.

Ningn otro partido poltico del orden neoliberal actual tiene y posee, ese poder de veto. Ni siquiera la Democracia Cristiana. Ni tampoco el Partido Socialista de Chile. Los primeros pueden frenar iniciativas como, por ejemplo, la Acusacin Presidencial patrocinada por algunos parlamentarios de oposicin. Pero, ellos, por s mismos, no paralizan la actividad poltica de la oposicin ni frenan acuerdos generales. La UDI, tiene ese poder. Fundamentalmente, porque, la UDI, posee poder infraestructural partidario, o sea, capacidad de estar presente en los principales poderes fcticos de la sociedad civil neoliberal,

Por esa razn, vencer la resistencia y oposicin de la UDI a la idea de cambiar total y completamente la Constitucin de 1980 fue una tarea altamente tenaz y compleja. El haberlo logrado constituye un gran xito para todas y todos los que presionaron a su dura presidenta J acqueline van Rysselberghe.

La firma de la UDI en el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitucin, el denominado acuerdo poltico histrico, abri una nueva estructura poltica de oportunidades para que la clase poltica del orden neoliberal y el gobierno de Sebastin Piera, lograran salir bailando del rincn y atolladero que los tena la Rebelin social y ciudadana del 18-0. En un rpido contraataque recuperaron la iniciativa poltica.

Los partidos polticos del orden tanto los que representan a los sectores dominantes del gran capital empresarial como tambin de importantes sectores de la mediana y pequea burguesa empresarial, mercantil, financiera y productiva (UDI, Renovacin Nacional, EVOPOLI) como aquellos que hablan y expresan los intereses de las capas medias de las PYMES, de los profesionales liberales y comerciales, y la clase media asalariada (PDC, PDD, PRSD, PSCH, FA, entre otros) y los tradicionales partidos que expresan a los sectores populares y trabajadores (PCCH, principalmente), atraviesan por una profunda crisis de credibilidad, confianza y de representacin.

En efecto, en la sociedad neoliberal no hay espacio ni lugar para los partidos polticos. Ellos sobreviven artificialmente, gracias a un rgimen poltico que los sostiene y que le atribuye la condicin de primordiales. Si bien, son las normas y reglas institucionales de la democracia representativa, los que los mantiene vivo. Como he sostenido en otros lugares son verdaderos walking dead, o sea, muertos vivientes.

Esta condicin es, por cierto, valida sin ningn distingo para todos los partidos polticos actuales con o sin representacin parlamentaria como tambin para aquellos partidos que tienen militantes ocupando un cargo de pblico en el espacio comunal ya sea, como Alcalde o concejal. En otras palabras, los partidos polticos no representan a las y los ciudadanos neoliberales. Tan solo a los ciudadanos neoliberales que he llamado como ciudadanos tradicionales. Y, estos son cada da menos. E, incluso estos se muestran crticos con ellos. Pero, no los invalidan ni los rechazan como si lo hacen los ciudadanos neoliberales no polticos y los ciudadanos subpolticos. Los cuales integran el denominado partido de las y los no electores. Siendo este grupo el partido mayoritario en la sociedad neoliberal.

2.4 Los actores principales de la rebelin: los ciudadanos subpolticos

La rebelin social en curso ha estado protagonizada masiva y mayoritariamente por los ciudadanos subpolticos. Por esa razn, ha sido una movilizacin social y poltica cuyos principales adversarios polticos es el Parlamento como el Gobierno. Espacios de la representacin poltica partidista. De all que su objetivo central no es el acuerdo ni la negociacin poltica con ellos sino, ms bien, la destitucin tanto del poder gubernamental (Presidente) como del poder parlamentario (Senadores y Diputados). Pero, tambin, de Alcaldes y concejales. Es decir, de toda autoridad electa. Los cuales, para las y los ciudadanos subpolticos carecen de representatividad y de legitimidad tanto social como poltica. Ellos expresan el poder neoliberal establecido, la opresin, la corrupcin y el amparo al abuso, y, sobre todo, sostienen y son agentes que permiten la reproduccin permanente y continua del sistema capitalista neoliberal, que destruye tanto la vida humana como la naturaleza. Son cmplices de la explotacin, de las pobrezas materiales de las ciudadanas como responsables directos de la desigualdad social, econmica y cultural. Adems, de garantes de las transnacionales que extraen los bienes comunes de la sociedad nacional. Para los ciudadanos subpolticos la clase poltica esta coludida estrechamente con la clase empresarial mercantil-financiera, productiva y comunicacional tanto nacional como internacional.

Todo lo anterior explica el rechazo total y completo de los sectores movilizados a los partidos polticos. Por ello, en sus acciones y ocupaciones masivas de las calles de la ciudad, de las comunas y sus territorios, no flamean las banderas partidistas. Su objetivo poltico central terminar con la democracia representativa d lugar a otra democracia, la social y directa. Tanto a nivel comunal regional y nacional. Obviamente, con otro rgimen econmico, social y cultural. Una sociedad descolonizada, comunitaria, solidaria y democrtica.

La lucha abierta el 18-0 es contra el sistema poltico. Por esa razn, la ciudadana movilizada, especialmente, la subpoltica no espera nada de la clase poltica parlamentaria ni gubernamental ni local. Pero tampoco y este es un detalle importante, de la clase poltica social. Ello explica que los dirigentes sociales que integran Unidad Social no pueden ni representar ni dirigir ni liderar los movimientos ni las acciones de la rebelin. Las y los ciudadanos sub-polticos tienen total autonoma poltica y social de las orgnicas sociales o poltica que organiza la ciudadana tradicional. Esta es una caracterstica sustantiva y esencial tenerla en cuenta al momento de analizar como tambin dibujar a grandes rasgos el futuro que tendr la nueva etapa iniciado el 15M, da de la firma del Acuerdo por parte de los partidos polticos del orden neoliberal.

2.5 El Acuerdo, los partidos y el rol de las ciudadanas

Este Acuerdo implic la resurreccin poltica de los partidos polticos. Y, una tabla de salvacin para el gobierno de Piera. Es, muy evidente, por lo dicho anteriormente, que el Acuerdo tendr escasa o ninguna importancia para los grupos polticos en que se organizan las y los ciudadanos subpolticos.

Sin embargo, el Acuerdo afectara directamente el comportamiento poltico y participacin social de las y los ciudadanos neoliberales tradicionales en la Rebelin como tambin en amplio contingente plural y diverso de ciudadanos neoliberales no polticos, posibilitando que estos recuperen su ansiada normalidad. Estas ciudadanas, por distintas razones sociales y polticas apoyarn el Acuerdo. Unos porque el abre la posibilidad de poner fin a la Constitucin Poltica de 1980/2005 y, los otros, porque el proceso constituyente ordenado y dirigido por el Estado, reestablecer la paz, la tranquilidad y la seguridad social. En otras palabras, con l, la sociedad neoliberal volver a funcionar. O sea, al neoliberalismo ser normal.

El Acuerdo podra ser el comienzo del fin de la rebelin ciudadana amplia y multifactica que observamos desde el 18-O hasta la huelga general del da. Como, tambin, de la masiva movilizacin callejera. Lentamente, se va ir instalando la va poltica institucional. Los partidos polticos firmantes sern los principales agentes en dirigir y conducir el proceso constituyente que se abri en los hechos concretos el 15N, desplazando y reemplazando el proceso iniciado en los territorios comunales y barriales directamente por la ciudadana, en los cientos Cabildos auto-organizados. 

2.6 Todo para lo constituyente oficial nada para la ciudadana 

Desde ahora en adelante todo lo concerniente a lo constituyente ser canalizado en la institucionalidad que el Legislativo va producir a travs de la Comisin Tcnica que se encargara de elaborar y operacionalizar los distintos puntos del Acuerdo. En esta Comisin, por cierto, se excluye desde ya, la presencia directa de la ciudadana. Puesto, que los miembros que la integrarn, sern personajes designados en forma paritaria por los partidos polticos de la oposicin y el oficialismo. En otros trminos, hombres o mujeres militantes de partidos.

Los partidos polticos carentes de legitimidad, profundamente descreditados y con bajas tazas de confianza ciudadana no solo se apropiaron de la demanda por una nueva Constitucin, sino, tambin desecharon de un plumazo la realizacin de una Asamblea Constituyente. Manteniendo la tradicin histrica en la sociedad chilena las constituciones polticas la redactan los hombres sabios. Y, son elaboradas, poder constituyente derivado con el apoyo del poder Ejecutivo, o sea, se excluye una vez, el poder constituyente originario y directo de la ciudadana. El principal actor del proceso constituyente no ser la ciudadana sino el poder constituido. De la misma forma como se hizo en 1833, 1925 y 1980.

La erradicacin de la palabra Asamblea en el documento redactado por los partidos polticos refleja el miedo atvico que la clase poltica ha tenido a la democracia, entendida como el involucramiento directo y activo del pueblo en los asuntos de la comunidad, de la nacin y el Estado.

2.7 El miedo poltico a la Asamblea unifica

Este miedo poltico ha estado presente entre los miembros de la clase dominante como de sus dirigentes polticos desde los inicios de la Repblica. El terror al pueblo movilizado, a los ciudadanos ejerciendo su soberana, ha sido ampliamente registrado por la historiografa democrtica nacional. Es el miedo de Piera invocando la Ley de Seguridad del Estado para frenar la movilizacin de las y los estudiantes evadiendo el pasaje del Metro. Fue el terror que se apodero del gobierno, lo hizo sacar a los militares a la calle para castigar a las y los desobedientes. Fue el pavor a la accin ciudadana llevo al presidente rodearse de soldados y anunciar al pas que estbamos en guerra. El propio General Director de Carabineros reconoci ante su tropa que estaba cagado de miedo.

El miedo poltico tiene la virtud de producir la unin de todos aquellos que temen al enemigo poderoso, como el presidente haba calificado a las y los ciudadanos movilizados. Efectivamente, entre los actores polticos, comunicacionales y empresariales como tambin entre las clases medias asalariadas, profesionales liberales, patrimoniales, pequeos y medianos comerciantes, y entre los sectores populares neoliberalizados, cundi el pnico. Incluso el nefasto exministro del Interior Andrs Chadwick como la alcaldesa de la comuna de Providencia, Evelyn Matthei avalaron con sus dichos a que la ciudadana se armara para defenderse de los posibles ataques de los violentistas.

Estos ciudadano manejados y manipulados por los medios de comunicacin, especficamente, por la televisin pblica y privada concentrados en transmitir por sus pantallas los actos vandlicos, saqueos, incendios, destrozos y enfrentamientos entre los manifestantes con las Fuerzas Especiales de Carabineros. Se organizaron para defenderse de los imaginarios e inexistentes ataques a sus propiedades. La concertada campaa del terror fue generando entre las audiencias ciudadanas el temor y el miedo a la protesta social. Sobre todo, la fue abiertamente criminalizada.

2.8 La criminalizacin de la justicia popular 

La criminalizacin de la protesta y de la accin directa contra los smbolos del capital y del Estado. Dividi a los protestantes entre los pacifistas y los violentistas. Los primeros eran respetuosos del orden pblico y de la propiedad pblica y privada. En otras palabras, protestantes civilizados. Mientras que los violentistas, todo lo contrario. Y, eran los que ensuciaban, distorsionaban y perturban negativamente la movilizacin poltica y la protesta social. Los ciudadanos calificados como violentistas fueron tipificados tanto por el gobierno como por los medios de comunicacin como delincuentes, antisociales, lumpen, etctera.

Los distintos actos de violencia social realizados por los distintos grupos radicales que participan activamente en la Rebelin y que tienen como objetivos aquellas instituciones que son identificados como los espacios prcticos y directos del abuso mercantil, de la explotacin laboral, generadores de pobreza y de desigualdad, como son las farmacias, los supermercados, los centros bancarios, las iglesias, monumentos y estatuas, etctera. Estn muy lejos de la antojadiza interpretacin que realiza la prensa oficialista como los medios de comunicacin vinculados al capital neoliberal.

Ahora estos actos catalogados con vandlicos por la prensa oficialista y el gobierno son para los grupos radicales que los realizan actos justicieros de justicia popular que tienen como objetivo poltico conseguir la cada del gobierno de Piera y su mafia familiar. De ninguna manera se trata de actos vandlicos realizados o perpetrados por delincuentes o por lumpen o narcos sino son parte de una lucha frontal de castigo a las instituciones de comercio, transporte y represin. As, las expropiaciones y recuperaciones (saqueos) a los grandes centros comerciales como supermercados, Retail o empresas de comida rpida multinacional se multiplicaron en los primeros das de la revuelta, y se convirtieron en una noticia criminalizada por la TV y por la ciudadana neoliberal tradicional, ya sea de la mediana y pequea burguesa y, sobre todo, por la ciudadana neoliberal no poltica, pero altamente legitimada por el pueblo que est en las calles, en las poblaciones populares y perifricas de la ciudad de Santiago y de otras ciudades del pas.

La accin directa de los rebeldes anticapitalistas y antineoliberales es tambin una rebelda anticolonial. Es la manifestacin de un descontento y de la ira histrica acumulada de siglos de dominacin colonial, patriarcal y estatal. Simblicamente esta rabia histrica se ha expresado en el desmontaje de las estatuas erigidas para recordar a los conquistadores y de los hroes militares de la patria. Ms de 70 monumentos y esculturas han sido desmontadas de sus pedestales y destruidas por la accin descolonizadora. No se trata de acciones espontaneas si no que ellas responden a una profunda consciencia histrica y poltica descolonizadora.

Esta consciencia ha sido obtenida y trabajada al interior de estos grupos radicales de ciudadanos subpolticos desde hace ya dcadas. Especialmente, desde los aos noventa del siglo pasado, con la emergencia y levantamientos de los pueblos originarios de Nuestra Amrica, de la rebelda histrica del pueblo mapuche y del levantamiento del Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional, EZLN, en la desconocida, hasta 1994, Selva de Lacandona, en Chiapas, al sur de Mxico. Adems, unido al pensamiento crtico decolonial de los ltimos aos enseados y aprendido en cientos de escuelas populares que han educado y formado cientos de miles de jvenes a lo largo de todo el pas, hacen que esos actos de ninguna manera sean actos vandlicos realizados por violentistas, sino por ciudadanos polticos e informados, que poseen tanto una memoria histrica larga duracin, de mediana duracin y de reciente. Son ciudadanos con una consciencia histrica profunda y espesa. Por esa razn, no son ciudadanos neoliberales, como los son los ciudadanos tradicionales como los no polticos, sino que son otro tipo de ciudadanos polticos, histricos, sociales y culturales que habitan una sociedad que no les hace sentido. Por esa razn, la combaten. Ellos son la contra-hegemona.

Conjuntamente con dichas acciones justicieras y descolonizadoras las y los ciudadanos subpolticos en estado de rebelda y subversin pusieron en marcha en sus espacios territoriales la auto-organizacin ciudadana popular. Impulsando por doquier de manera autnoma e independiente las asambleas territoriales y barriales, no solo para deliberar en torno a una futura Asamblea Constituyente sino tambin para coordinar y evaluar la revuelta. La seriedad y profundidad poltica con que estos grupos asumen la accin se revela en la necesidad y la urgencia que tienen de comunicar lo que est pasando, [el] levantamiento de informes serios que den cuenta de la magnitud y caractersticas que va adquiriendo este momento poltico, y sobre todo fortalecer la autoorganizacin y autonoma de la revuelta. Todo lo anterior para evitar que la Rebelin sea encauzada y dirigida por los embaucadores de siempre. Rechazando abiertamente las migajas que el sistema poltico ofrece.

Para estos sectores es ms que claro que la Rebelin social continuara, a pesar, de los llamados realizados por las autoridades. La Revuelta no parara, continuara y crecer da a da, pues el presidente ya no tiene respaldo social, la multitud exige su renuncia, y honestamente, es bien difcil que todo esto termine sin el descabezamiento del actual gobierno, si Piera no renuncia ser una derrota, porque de promesas estamos llenos y aburridos , dicen, sus voceros. 

2.9. El Acuerdo el principio del fin

No obstante, el Acuerdo logrado por los partidos polticos el 15N como deca ms arriba dividir irremediablemente, la Rebelin social. Por un lado, los ciudadanos tradicionales de manera lenta pero sistemticamente comenzaran alejarse y a vaciar las manifestaciones sociales. La salida a la calle del da lunes 18, tres das despus del Acuerdo y conmemorativa del primer mes del estallido del 18-O, no tuvo la masividad semejante a las registradas en las dos primeras semanas de la revuelta.

Desde la invasin popular de la zona oriente de Santiago, por ejemplo, las manifestaciones de los sectores medios acomodados han comenzado disminuir significativamente. El miedo a lo popular hizo replegarse a estos sectores. Los cuales aplaudieron abiertamente el Acuerdo firmado por los partidos polticos. Y, desde ya se preparan para participar ordenada y disciplinadamente en el proceso constituyente diseado por la clase poltica y celebrado por el poder Ejecutivo.

Lo ms probable que estos sectores, los ciudadanos neoliberales tradicionales, que durante 28 das fueron aliados sociales y polticos de las y los ciudadanos subpolticos en rebelda, los abandonen y los dejen solos en su lucha. El pueblo rebelde ya estar unido.

La clase poltica ha logrado a pesar de todo su desprestigio provocar una momentnea detencin poltica a la Rebelin social. Los embaucadores de siempre. Han logrado embaucar a los ciudadanos polticos tradicionales. Bajo el espejismo o la ilusin constituyente han logrado que estos abandonen la movilizacin concentrndose en discutir, argumentar aspectos generales como particulares de la propuesta. Cuestiones tcnicas, leguleyas, en voz de los expertos. Obviando, como siempre la voz de la ciudadana.

Se ha entrado en el cretinismo constituyente.

Sin embargo, estamos seguros que la rebelin social impulsada por los sectores radicales est vigente. E, inicia una nueva fase de lucha, en condiciones menos favorables de las abierta el 18-O. Sern ellos que seguirn agitando como siempre la transformacin revolucionaria de la vida, pero ya no con los papeles, ahora en la calle y queda mucho por hacer.

Por ltimo, estamos en el escenario dos de los tres previstos. Pero, an queda rebelda. La resistencia que la derecha ha realizado en estos das para boicotear el Acuerdo, podra dar lugar a la activacin del escenario uno como posibilitar el escenario tres. Nada est dicho an. La historia se sigue escribiendo.

Da 32 de la Rebelin social

Santiago Centro

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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