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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2019

Acuerdo de la Cocina, anatoma de la traicin

Francisco Herreros
Red Digital


Pareca que la pesadilla se repeta no ya por segunda, sino por tercera o cuarta ocasin; pero la vigoroza protesta de ese da, y las que han segudo, muestran que, en esta oportunidad, las mayoras movilizadas no se van a dejar pasar fcilmente por la cola del pavo.

Por de pronto, con esa reaccin, entablaron al punto un inapelable recurso de legitimidad.

Uno de los peores errores de las aristocracias, elites y oligarquas, que a menudo conduce a que dejen de serlo, consiste en medir la realidad en funcin de los parmetros que construyen para dominarla.

La jubilosas escenas de la cocina, en la sede del Senado, la madrugada del 15 de noviembre, empalman de inmediato en la memoria con la foto de las manitos alzadas en el acuerdo nacional por la educacin que escamote la lucha de los pinginos y permiti reemplazar la LOCE por la CGE, en noviembre de 2007, una de las tpicas comedias de la repblica neoliberal.

La lnea del tiempo retrotrae a la pomposa reforma constitucional de Lagos, en 2005, que hizo suya la constitucin neoliberal de Pinochet, a cambio de alpiste; al plebiscito de 1989, que consagr el pacto binominal que estall el 18-O; al fraudulento plebiscito de 1980 que le otorg creedenciales constitucionales al sistema neoliberal; e incluso, o principalmente, a la conspiracin que acab con la democracia en Chile, en 1973.

La matriz es la misma:

La concentracin de la economa y el poder poltico en una minora reducida pero poderosa, que soborna a la clase poltica, seduce a las capas medias y excluye -e intoxica- al creciente nmero del baile de los que sobran.

Aparentemente, la clase poltica no entendi que las condiciones cambiaron, o bien puede suceder que lo comprendi tan bien, que se apresur a dar un golpe de mano, tanto para proyectar una seal de estabilidad institucional, como para arrebatar la iniciativa de la portentosa insurreccin plebeya que no cede desde hace ya un mes.

Por cualquiera de las dos razones, el hecho es que, conmocionados por las telricas proporciones de la huelga general de la mesa de unidad social, el 12 de noviembre, y tras 36 horas de febriles negociaciones, eufricos y afnicos congresistas de derecha, la concertacin y una parte del Frente Amplio, suscribieron entre cuatro paredes, por s y ante s, un odioso acuerdo que insulta la inteligencia del pueblo en rebelda, toda vez que reproduce el origen del problema: el poder de veto de la derecha, que impide los cambios que Chile exige en la calle.

Para la derecha, todo coser y cantar: en la crisis social ms aguda de la historia del pas, el acuerdo le garantiza uno de sus ms irritantes privilegios: el cerrojo del poder de veto; un universo sui gensis, regido por unas extraas matemticas, donde se puede ganar perdiendo.

Para los opositores que participaron en esas sudorosas y palpitantes reuniones, un baldn histrico imperdonable.

Nada nuevo tratndose de partidos que integraron la concertacin y participaron de la poltica de los consensos.

En cambio, lo es la presencia de sectores no menores del Frenta Amplio, que de esa manera, y en este momento, mostraron la hilacha.

Es la reediccin de lo que en historia se denomina gobiernos de salvacin nacional o pactos de superestructura, que suelen ser efmeros e ineficaces, puesto que los vetos cruzados los condenan a una parlisis que deja los problemas donde mismo.

Lo que hizo ese tropel de parlamentarios es un golpe palaciego que busca comprar tiempo, por medio de una negociacin interminable, que adems coincide con el ciclo electoral de los dos prximos aos.

Con qu derecho, legitimidad y moral administran el espacio que se gan la gente en la calle, luchando, con muertos, con heridos y mutilados por miles, con una claridad, valenta y decisin que han asombrado al mundo?

Pero esta vez se equivocaron.

Se trata de la mayor insurreccin popular contra el peor gobierno en la historia del pas

A ttulo de qu corrieron a salvarlo?

Se comenta, se dice, se rumorea que por temor al regreso de los militares al control del orden pblico.

De ser as, los opositores y progresistas que firmaron el acuerdo aceptan implcitamente el rol tutelar de las fuerzas armadas, y eventuales operaciones de guerra interna para garantizar el orden pblico, elevado por Piera a principal razn de Estado.

De manera deliberada, o de inconsciente ignorancia, se someten al chantaje del uso de la fuerza, en defensa de intereses y privilegios de una minora corrupta, incompetente e insaciable, encubiertos bajo las nociones de orden pblico y paz social.

El siguiente prrafo de un posteo del peridico electrnico de ultraderecha, El Lbero, muestra para dnde quieren llevar la micro:

El presidente de la Comisin de Seguridad de la Cmara, Miguel ngel Calisto, pone las cosas de este modo: La nica manera de tener una agenda social agresiva es garantizando la paz. Es decir, lo que toca ahora es simplemente asegurar el orden. Hay varios caminos para eso que operan en paralelo. Uno es perseguir a los idelogos y a los ejecutores de la violencia. En ese grupo califican desde los que llamaron a derrocar al gobierno hasta los que realizaron la perversa prctica (heredada de los nazis) de obligar a los automovilistas a detenerse y bailar para poder continuar su trnsito. Hay un equipo de reconocidos abogados penalistas que trabajan en eso, porque si la paz no se restaura de verdad, ahora mismo, ni la agenda social ni el proceso de elaborar una nueva constitucin, que tomar dos aos, sern viables ni tendrn sentido. (17/11/19).

De ser as, los parlamentarios del Frente Amplio se haran cmplices de operaciones de represin selectiva, contra idelogos y ejecutores de la violencia, que atentan contra esa paz.

Parece que los polticos que firmaron el acuerdo no se dan cuenta de que frustrar, una vez ms, legtimas demandas y expectativas de un pueblo que ha sido paciente como pocos, puede llegar a ser un asunto muy peligroso.

Tampoco, de que no se puede impunemente, ni para siempre, utilizar el poder armado del Estado en operaciones de guerra interna, menos an cuando se trata de aplastar demandas legtimas, largamente postergadas.

Tanto va el cntaro, que bien puede suceder, un buen da, que el poder destituyente del pueblo le cancele el monopolio de las armas.

Evidentemente, el sentido ltimo de la maniobra apunta al cauce de salida institucional de la crisis.

Acaso no se dan cuenta de que esa institucionalidad es la que, precisamente, est en el centro de la ira popular?

No es improbable que lo logre, pero tampoco lo tiene garantizado.

Depender de la resistencia del movimiento popular; que muestra seales de desgaste, como es apenas natural.

Bomba de tiempo

La improvisacin y precipitacin del acuerdo dejan implantadas bombas de racimo, con el reloj corriendo, cuyo estallido puede hacer que el actual parezca juego de nios.

Supngase, por ejemplo, que el mentado plebiscito de entrada se hace.

Supngase, como es probable, que la opcin Apruebo y Convencin Constitucional, ganen con una mayora consistente, de entre el 55 y 60 por ciento.

Al no alcanzar el 66,6 por ciento, significa que pierden?

En ese caso gana la opcin Convencin Mixta Constitucional?

Y con qu ropa, si tampoco tiene los dos tercios?

Alguien puede suponer que un fraude de esa estofa va a ser permitido por el Chile que despert?

Qu poder vinculante puede tener un acuerdo espurio contra la voluntad mayoritaria que exige Asamblea Constituyente abierta, democrtica y sin trampa ni poderes de vetos?

Es una demanda maximalista?

Llegado el caso supuesto con qu lgica y legitimidad la minora le impone condiciones a la mayora, en un pas donde el modelo de desarrollo se desmorona a pedazos?

Con la fuerza?

Han pensado en este tipo de consideraciones los firmantes del acuerdo?

El veto gratuito concedido a la derecha ser tanto ms gravitante, cuanto mayores sean los intereses en juego, y se discutan los nudos del neoliberalismo estratgico: los derechos sociales -educacin salud y previsin-; derechos laborales; derechos de minoras; fin al estado subsidiario; proteccin del medio ambiente, recuperacin de los recursos naturales; nacionalizacin de los servicios estratgicos, como agua, energa y telecomunicaciones; equidad tributaria y un largo etctera.

Esos nveles frenteamplistas, creern, por ventura, que una derecha arrogante, marullera y mentirosa va a entregar esos privilegios a ttulo gracioso, o que en aras de la paz social, se va a inhibir en el uso del poder de veto, o que no van a tratar de trancar la pelota y exacerbar los nimos, con miras a la intervencin militar?

En una pobrsima defensa de la inanidad del acuerdo, el diputado Giorgio Jackson, de Revolucin Democrtica, impetra una y otra vez la hoja en blanco.

Pero qu necesidad haba de hoja de color alguno, cuando, en los hechos, el poder destituyente del pueblo derog la tramposa e ilegtima constitucin de Pinochet?

Luego, defiende la impresentable tesis del veto cruzado:

Podemos decir que, por ejemplo, la redaccin del Estado subsidiario (art19 n21) no estar en la prxima Constitucin si hay un 34% de delegados que lo impida.

Lo rebate con lucidez el acadmico y economista Gonzalo Martner, ex Secretario General del Partido Socialista:

El qurum de dos tercios para una asamblea que redacte una nueva Constitucin le da un poder de veto a la derecha inaceptable, y tambin se lo da al resto. Si somos todos buenitos habr una pulcra Constitucin de mnimos.

Si se expresan los conflictos de intereses existentes en la sociedad, habr veto mutuo y por tanto colapsar la asamblea y no habr proceso constituyente. O un acuerdo de madrugada con cualquier cosa para salvar los muebles. Por eso el mecanismo concordado es un error histrico.

El derrumbe del sistema neoliberal al que, sin gnero de dudas, asiste el pas, exige un proyecto de recambio.

Por ahora, parece no estar entre las prioridades, ni en las capacidades del movimiento popular; aunque en algn momento tiene que hacerse cargo, y mientras antes, mejor.

El poder de veto de la derecha dificultar, sin gnero de duda -y en grado extremo- el reordenamiento de la economa, hacia una reconversin productiva, redistribucin del producto y democracia social.

Que ese poder de veto se lo haya transferido la concertacin, no tiene misterio, toda vez que de larga data comparten la misma comparsa.

Pero, qu fumaron los frenteamplistas para no entender cuestiones tan bsicas?

La historia nos juzgar, dice Gabriel Boric.

No cae en cuenta que el pueblo movilizado ya los conden.

http://reddigital.cl/2019/11/18/acuerdo-la-cocina-anatomia-la-traicion/



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