Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2019

Habla Durruti

Agustn Guillamn
Portal libertario OACA


El 4 de noviembre de 1936 haba mucha expectacin por escuchar el imprevisto discurso de Durruti por Radio CNT-FAI, que sera trasmitido a toda Espaa por las emisoras barcelonesas. Ese mismo da la prensa daba fe de la toma de posesin del cargo de Ministro por cuatro anarquistas en el gobierno de Madrid: Federica Montseny, Juan Garca Oliver, Juan Lpez y Joan Peir. La Columna Durruti no haba conseguido tomar Zaragoza. Las dificultades de aprovisionamiento de armamento eran la principal dificultad del frente. Durruti haba recurrido a todos los mtodos a su alcance para conseguir armas. Incluso haba enviado un destacamento de milicianos, a principios de septiembre, en una expedicin punitiva sobre Sabadell, para obligar a que le entregaran las armas que haban sido almacenadas con vistas a la formacin de una Columna Sabadell que no haba llegado a constituirse. Adems, el 24 de octubre la Generalidad haba aprobado el Decreto de militarizacin de las Milicias, que pona en vigor el antiguo Cdigo de Justicia Militar a partir del uno de noviembre. Tanto amigos como enemigos esperaban con atencin qu iba a decir Durruti.

Ya antes de la alocucin la gente se aglomeraba en las proximidades de los altavoces instalados en los rboles de las Ramblas, que solan trasmitir canciones revolucionarias, msica y noticias. En cualquier lugar de la ciudad de Barcelona donde hubiera una radio se esperaba con impaciencia que el locutor anunciara: Habla Durruti.

El Decreto de militarizacin haba sido apasionadamente discutido en la Columna Durruti, que haba decidido no admitirlo, porque no poda mejorar las condiciones de lucha de los milicianos voluntarios del 19 de julio, ni resolver la crnica falta de armamento. Durruti firm, en nombre del Comit de Guerra, un escrito de rechazo a la militarizacin que dirigi al Consejo de la Generalidad, fechado significativamente en el Frente de Osera ese mismo uno de noviembre en el que se repona el odiado Cdigo Militar monrquico. La Columna negaba la necesidad de una disciplina de cuartel a la que oponan la superioridad de la disciplina revolucionaria: Milicianos s; soldados nunca.

Durruti, como delegado de la Columna, quiso hacerse eco de la indignacin y protesta de los milicianos del frente de Aragn ante el curso claramente contrarrevolucionario que se estaba abriendo paso en la retaguardia. A las nueve y media de la noche empez a radiarse el discurso de Durruti:

Trabajadores de Catalua: Me dirijo al pueblo cataln, a ese pueblo generoso que hace cuatro meses supo deshacer la barrera de los militarotes que queran someterle bajo sus botas. Os traigo un saludo de los hermanos y compaeros que luchan en el frente de Aragn a unos kilmetros de Zaragoza, y que estn viendo las torres de la Pilarica.

A pesar de la amenaza que se cierne sobre Madrid, hay que tener presente que hay un pueblo en pie, y por nada del mundo se le har retroceder. Resistiremos en el frente de Aragn, ante las hordas fascistas aragonesas, y nos dirigimos a los hermanos de Madrid para decirles que resistan, pues los milicianos de Catalua sabrn cumplir con su deber, como cuando se lanzaron a las calles de Barcelona para aplastar al fascismo. No han de olvidar las organizaciones obreras cul debe ser el deber imperioso de los momentos presentes. En el frente, como en las trincheras, hay un pensamiento, slo un objetivo. Se mira fijo, se mira adelante, con el slo propsito de aplastar al fascismo.

Pedimos al pueblo de Catalua que se terminen las intrigas, las luchas intestinas; que os pongis a la altura de las circunstancias; dejad las rencillas y la poltica y pensad en la guerra. El pueblo de Catalua tiene el deber de corresponder a los esfuerzos de los que luchan en el frente. No tendr ms remedio que movilizarse todo el mundo; y que no crean que se han de movilizar siempre los mismos. Si los trabajadores de Catalua han de asumir la responsabilidad de estar en el frente, ha llegado el momento de exigir del pueblo cataln el sacrificio tambin de los que viven en las ciudades. Es necesaria una movilizacin efectiva de todos los trabajadores de la retaguardia, porque los que ya estamos en el frente queremos saber con qu hombres contamos detrs de nosotros.

Me dirijo a las organizaciones y les pido que se dejen de rencillas y de zancadillas. Los del frente pedimos sinceridad, sobre todo a la Confederacin Nacional del Trabajo y FAI. Pedimos a los dirigentes que sean sinceros. No es suficiente con que nos enven cartas al frente alentndonos, y con que nos enven ropa, comida y cartuchos y fusiles. Es necesario tambin darse cuenta de las circunstancias, prever el avenir. Esta guerra tiene todos los agravantes de la guerra moderna y est costando mucho a Catalua. Se tienen que dar cuenta los dirigentes de que si esta guerra se prolonga mucho, hay que empezar por organizar la economa de Catalua, hay que establecer un Cdigo en el orden econmico. No estoy dispuesto a escribir ms cartas para que los compaeros o el hijo de un miliciano coma un trozo de pan o un vaso de leche ms, mientras existen consejeros que no tienen tasa para comer y gastar. Nos dirigimos a la CNT-FAI para decirles que si como organizacin controlan la economa de Catalua, deben organizarla como es debido. Y que no piense nadie ahora en aumentos de salarios y en reducciones de horas de trabajo. El deber de todos los trabajadores, especialmente los de la CNT es el de sacrificarse, el de trabajar lo que haga falta.

Si es verdad que se lucha por algo superior, os lo demostrarn los milicianos que se sonrojan cuando ven en la Prensa esas suscripciones a favor suyo, cuando ven esos pasquines pidiendo socorro para ellos. Los aviones fascistas nos tiran en sus visitas, diarios en los que pueden leerse listas de suscripciones para los que luchan, ni ms ni menos que hacis vosotros. Por esto tenemos que deciros que no somos pordioseros y, por lo tanto, no aceptamos la caridad bajo ningn concepto. El fascismo representa y es, en efecto, la desigualdad social, si no queris que los que luchamos os confundamos a los de retaguardia con nuestros enemigos, cumplid con vuestro deber. La guerra que hacemos actualmente sirve para aplastar al enemigo en el frente, pero es ste el nico?: no. El enemigo es tambin aquel que se opone a las conquistas revolucionarias y que se encuentra entre nosotros, y al que aplastaremos igualmente.

Si queris atajar el peligro, se debe formar un bloque de granito. La poltica es el arte de la zancadilla, el arte de vivir [como znganos], y ste debe suplantarse por el arte del trabajo. Ha llegado el momento de invitar a las organizaciones sindicales y a los partidos polticos para que esto termine de una vez. En la retaguardia se ha de saber administrar. Los que estamos en el frente queremos detrs una responsabilidad y una garanta, y exigimos que sean las organizaciones las que velen por nuestras mujeres y nuestros hijos.

Si esa militarizacin decretada por la Generalidad es para meternos miedo y para imponernos una disciplina de hierro, se han equivocado. Vais equivocados, consejeros, con el decreto de militarizacin de las milicias. Ya que hablis de disciplina de hierro, os digo que vengis conmigo al frente. All estamos nosotros que no aceptamos ninguna disciplina, porque somos conscientes para cumplir con nuestro deber. Y veris nuestro orden y nuestra organizacin. Despus vendremos a Barcelona y os preguntaremos por vuestra disciplina, por vuestro orden y por vuestro control, que no tenis.

Estad tranquilos. En el frente no hay ningn caos, ninguna indisciplina. Todos somos responsables y conocemos el tesoro que nos habis confiado. Dormid tranquilos. Pero nosotros hemos salido de Catalua confindoos la Economa. Responsabilizaos, disciplinaos. No provoquemos, con nuestra incompetencia, despus de esta guerra, otra guerra civil entre nosotros.

Si cada cual piensa en que su partido sea ms potente para imponer su poltica, est equivocado, porque frente a la tirana fascista slo debemos oponer una fuerza, slo debe existir una organizacin, con una disciplina nica.

Por nada del mundo aquellos tiranos fascistas pasarn por donde estamos. Esta es la consigna del frente. A ellos les decimos: No pasaris!. Y a vosotros os corresponde gritar: No pasarn!.

 

Al cabo de unas horas de haber escuchado a Durruti se segua comentando lo que haba dicho con su acostumbrada energa y entereza. Sus palabras resonaron con fuerza y emocin en la noche barcelonesa, encarnando el genuino pensamiento de la clase trabajadora. Haba sido una voz de

alarma que recordaba a los trabajadores su condicin de militantes revolucionarios. Durruti no reconoca dioses en los dems, ni la clase obrera en l. Daba por supuesto que los milicianos que se enfrentaban al fascismo en los campos de batalla no estaban dispuestos a que nadie escamotease su contenido revolucionario y emancipador: no se luchaba por la Repblica o la democracia burguesa, sino por el triunfo de la revolucin social y la emancipacin del proletariado.

No hubo en toda la arenga una frase demaggica o retrica. Eran trallazos para los de arriba y los de abajo. Para los obreros y para los jerarcas cenetistas apoltronados en cientos de cargos de responsabilidad, para los ciudadanos de a pie y para los consejeros de la Generalidad o los flamantes ministros anarquistas. Una diatriba contra las derivaciones burocrticas de la situacin revolucionaria creada el 19 de Julio, y una condena contra la poltica del gobierno, con o sin confederados al frente del tinglado. En la retaguardia se confunda lamentablemente el deber con la caridad, la administracin con el mando, la funcin con la burocracia, la responsabilidad con la disciplina, el acuerdo con el decreto y el ejemplo con el ordeno y mando. Las amenazas de bajar a Barcelona reavivaron el terror de los representantes polticos de la burguesa, aunque ya era demasiado tarde para enmendar el inexcusable e ingenuo error de julio, cuando se aplaz la revolucin hasta despus de la toma de Zaragoza, por carencias tericas y falta de perspectivas del movimiento libertario. Pero al poder no se le amenaza en vano: sus palabras, dirigidas a sus hermanos de clase, tenan todo el valor de un testamento revolucionario. Testamento, y no proclama, porque la suya era una muerte anunciada, que el endiosamiento pstumo convirti en enigma.

La consecuencia inmediata del discurso radiofnico fue la convocatoria por Companys al da siguiente, el 5 de noviembre a las once de la noche, de una reunin extraordinaria en el Palacio de la Generalidad de todos sus consejeros, ampliada a los representantes de todas las organizaciones polticas y sindicales, para tratar la creciente resistencia al cumplimiento del decreto de militarizacin de las milicias, as como al de disolucin de los comits revolucionarios y su sustitucin por ayuntamientos frentepopulistas. Durruti era causa y diana del debate, aunque todos evitaban pronunciar su nombre. Companys plante la necesidad de acabar con los incontrolados, que al margen de cualquier organizacin poltica y sindical lo deshacen todo y a todos nos comprometen. Comorera (PSUC) afirm que la UGT expulsara de sus filas a quienes no acataran los decretos, e invit al resto de organizaciones a hacer lo mismo. Marianet, secretario de la CNT, tras ufanarse del sacrificio demostrado por los anarquistas con su renuncia a los propios principios ideolgicos, se quej de la falta de tacto al aplicar de forma inmediata el Cdigo de Justicia Militar, y asegur que tras el decreto de disolucin de los comits, y gracias al esfuerzo de la CNT cada vez habra menos incontrolados, y que se trataba no tanto de grupos a los que expulsar como resistencias que vencer, sin provocar rebeliones, y de individuos que convencer. Nin (POUM), Herrera (FAI) y Fbregas (CNT) alabaron los esfuerzos realizados por todas las organizaciones para normalizar la situacin posterior al 19 de julio, y fortalecer el poder del actual Consejo de la Generalidad. Nin medi en la disputa entre Sandino, consejero de Defensa, y Marianet sobre las causas de la resistencia al Decreto de militarizacin, diciendo que en el fondo todos estaban de acuerdo y que exista cierto temor entre las masas por perder lo que han ganado, pero que la clase obrera est de acuerdo en formar un verdadero ejrcito. Nin vea la solucin al actual conflicto en la creacin de un comisariado de guerra en el que estuvieran representadas todas las organizaciones polticas y sindicales. Comorera, mucho ms intransigente que Companys y Tarradellas, afirm que el problema fundamental radicaba en la falta de autoridad de la Generalidad: grupos de incontrolados continan haciendo lo que quieren, no slo en la cuestin de la militarizacin y la direccin de la guerra o el mando nico, sino tambin en cuanto a la disolucin de comits y formacin de ayuntamientos, o en lo que afectaba a la recogida de armamento en la retaguardia, o en la movilizacin, para la que auguraba un fracaso. Falta de autoridad que Comorera extenda incluso a las colectivizaciones que continan hacindose a capricho, sin someterse al Decreto que las regula. Companys acept la posibilidad de modificar el Cdigo Militar y crear un comisariado de Guerra. Comorera y Andreu (ERC) insistieron en que era necesario cumplir y hacer cumplir los decretos. La reunin concluy con un llamamiento unitario al pueblo cataln al disciplinado acatamiento de todos los decretos de la Generalidad, y al compromiso de todas las organizaciones a declarar su apoyo en la prensa a todas las decisiones gubernamentales. Nadie se opuso a la militarizacin: el problema para polticos y burcratas era slo cmo hacerse obedecer.

El 6 de noviembre el Consejo de Ministros de la Repblica decida, mediante una unanimidad que inclua el voto de los cuatro ministros anarquistas, la huida del Gobierno de un Madrid asediado por las tropas fascistas. El desprecio de la Federacin Local de la CNT de Madrid se reflej en un bellsimo manifiesto pblico que declaraba: Madrid, libre de ministros, ser la tumba del fascismo. Adelante milicianos! Viva Madrid sin gobierno! Viva la Revolucin Social!. El da 15 una parte de la columna Durruti combata ya en Madrid, al mando de un Durruti que se haba resistido a salir de Aragn, convencido finalmente por Marianet y Federica. El 19 de noviembre una bala perdida, o no, le hiri en el frente de Madrid, donde falleci al da siguiente. El domingo 22 de noviembre, en Barcelona, un multitudinario, interminable, catico y desorganizado desfile fnebre avanzaba lentamente, mientras dos bandas musicales que no conseguan tocar al unsono contribuan a aumentar la confusin. La caballera y las tropas motorizadas que deban preceder el desfile estaban bloqueadas por el gento. Los coches que portaban las coronas lo hacan dando marcha atrs. La escolta de caballera intentaba avanzar cada uno por su cuenta. Los msicos que se haban dispersado intentaban reagruparse entre una masa confusa que portaba pancartas antifascistas y ondeaba banderas rojas, rojinegras y atigresadas de cuatro barras. El cortejo estaba presidido por numerosos polticos y burcratas, aunque el protagonismo del acto pblico fue acaparado por Companys, presidente de la Generalidad; Antonov-Ovseenko, cnsul sovitico y Juan Garca Oliver, Ministro anarquista de Justicia de la Repblica, que tomaron la palabra ante el monumento a Coln para lucir sus dotes oratorias ante la multitud. Garca Oliver anticip los mismos argumentos de sincera amistad y confraternidad entre antifascistas que utilizara en mayo de 1937 para ayudar a aplastar las barricadas de la insurreccin obrera contra el estalinismo. El cnsul sovitico inici la manipulacin ideolgica de Durruti al hacerle campen de la disciplina militar y del mando nico. Companys jug al insulto ms ruin cuando dijo que Durruti haba muerto por la espalda como mueren los cobardes o como mueren los que son asesinados por cobardes. Los tres coincidieron en ensalzar por encima de todo la unidad antifascista. El catafalco de Durruti era ya tribuna de la contrarrevolucin. Tres oradores, excelsos representantes del gobierno burgus, del estalinismo y de la burocracia cenetista, se disputaban la popularidad del ayer peligroso incontrolado y hoy embalsamado hroe. Cuando el fretro, ocho horas despus del inicio del espectculo, ya sin el cortejo oficial, pero acompaado an por una curiosa multitud, lleg al cementerio de Montjuic, no pudo ser sepultado hasta el da siguiente porque centenares de coronas obstaculizaban el paso, el agujero era demasiado pequeo y una lluvia torrencial impeda ampliarlo.

Quizs no sepamos nunca cmo muri Durruti, ya que existen siete u ocho versiones distintas y contradictorias; pero es ms interesante preguntarse por qu muri quince das despus de hablar por la radio, desafiando con bajar a Barcelona. La alocucin radiofnica de Durruti fue percibida como una peligrosa amenaza, que hall una respuesta inmediata en la reunin extraordinaria del Consejo de la Generalidad, y sobre todo en la brutalidad de la intervencin de Comorera, que apenas fue suavizada por cenetistas y poumistas, que a fin de cuentas se juramentaron en la tarea comn de cumplir y hacer cumplir todos los decretos. La sagrada unidad antifascista entre burcratas obreros, estalinistas y polticos burgueses no poda tolerar incontrolados de la talla de Durruti: he ah por qu su muerte era urgente y necesaria. Al oponerse a la militarizacin de las milicias, Durruti personificaba la oposicin y resistencia revolucionarias a la disolucin de los comits, la direccin de la guerra por la burguesa y el control estatal de las empresas expropiadas en julio. Durruti muri porque se haba convertido en un peligroso obstculo para la contrarrevolucin en marcha.

Y por esa misma razn a Durruti haba que matarlo dos veces. Un ao despus, en la conmemoracin del aniversario de su muerte, la todopoderosa mquina de propaganda del estalinista gobierno Negrn trabaj a pleno rendimiento para atribuirle la autora de un eslogan, inventado originalmente por Ilya Ehrenburg, y respaldado despus por la burocracia de los comits superiores de la CNT-FAI, en el que le hacan decir lo contrario de lo que siempre dijo y pens: Renunciamos a todo, menos a la victoria. Esto es, que Durruti renunciaba a la revolucin. Ni siquiera nos queda una versin completa y fidedigna de su discurso, radiado el 4 de noviembre de 1936, porque la prensa anarquista de la poca dulcific y censur a Durruti en vida.

Una vez muerto, Durruti ya poda ser Dios y subir a los altares como El Hroe del Pueblo. Y hasta se le ascendi a Teniente Coronel del Ejrcito Popular.

Fuente: Portal Libertario OACA



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter