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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2019

Democracia real en el trabajo como respuesta a la crisis democrtica

Sara Lafuente
Mondiplo


La democracia est en crisis. Desde hace ya dcadas, nos preocupa la prdida de legitimidad y calidad democrticas, de confianza en las instituciones, el auge de la abstencin electoral y de formaciones polticas de extrema derecha. Sin embargo, rara vez buscamos una explicacin a esta deriva en la experiencia cotidiana del trabajo. Y es que el espacio-tiempo del trabajo aquel que (an) ocupa la mayor parte de su jornada a la ciudadana se rige por prcticas dignas de regmenes autocrticos, ms que democrticos. Bobbio (1987) aluda a esta contradiccin como una de las promesas incumplidas de la democracia. En vez de franquearlo, la democracia parece haberse alejado del umbral de fbricas y oficinas, pese al esfuerzo de movilizaciones obreras y sociales, del derecho colectivo del trabajo y de progresistas de toda condicin, preocupados por desarrollar, desde hace casi dos siglos, una verdadera democracia industrial.

Sin embargo, argumentos no faltan para entender que la participacin en el entorno laboral es sustrato ineludible de una sociedad democrtica. El trabajo no es una mercanca. A pesar del rgimen de subordinacin al que se ven sometidas, las personas trabajadoras son ante todo titulares de derechos humanos y libertades fundamentales (autonoma, libertad de expresin, dignidad, igualdad), irrenunciables e inherentes a la condicin humana. De ah que Dahl (1985) defienda la existencia de un derecho moral de los trabajadores a participar en las decisiones econmicas que les afectan. Por otro lado, si consideramos legtimos y eficaces los principios del estado democrtico de derecho (separacin de poderes, rendicin de cuentas, voto universal) para gobernar nuestras sociedades plurales de manera justa y pacfica, por qu no seran vlidos para gobernar la comunidad poltica empresarial? Uno/a trabajador/a es ciudadano/a de un Estado, y tambin de la comunidad de trabajo a la que contribuye con su esfuerzo. Pateman (1975) resalta el papel educativo de la participacin en el trabajo como base de una cultura poltica democrtica a nivel social. Otra perspectiva que cobra cada vez ms fuerza en el mbito de la gobernanza corporativa (la de las partes interesadas) sostiene que implicar a las personas trabajadoras en las decisiones que les afectan no solo legitima y hace ms justas estas decisiones, sino que las mejora en calidad. Como subraya Ferreras (2017), al fin y al cabo son los trabajadores quienes invierten con mayor riesgo en la empresa, por lo que tienen gran inters en el buen curso de la misma y, adems, aportan conocimientos esenciales al proceso deliberativo. Por otra parte, otorgar a los y las trabajadoras derechos de control no vulnerara el derecho de propiedad, pues ste no implica derechos exclusivos e ilimitados de disposicin o control. Como bien ilustra el ejemplo de emisin de acciones sin derecho a voto, el sistema capitalista ya permite perfectamente desvincular el derecho de propiedad del derecho de control. Por ltimo, una sociedad justa requiere de igualdad poltica y econmica. Los derechos laborales colectivos, como la accin sindical, el derecho de huelga o de negociacin colectiva, permiten reequilibrar estas desigualdades y redistribuir la riqueza. A estos argumentos se aaden innumerables estudios empricos que demuestran el vnculo existente entre una mayor presencia de instituciones democrticas en el lugar de trabajo y mayores niveles de igualdad, satisfaccin de las personas trabajadoras en su entorno laboral, y participacin poltica generalizada.

Parecera lgico, entonces, que las personas trabajadoras disfrutaran de derechos de control al menos equivalentes a los de accionistas y directivos. Cmo explicar que la realidad sea tan distinta? La razn es cultural y eminentemente poltica. En Espaa, leyes como la de la Reforma Laboral de 2012 o la llamada Ley Mordaza han supuesto duros golpes para la democracia en el trabajo, y la cultura empresarial sigue siendo reticente a la democratizacin del entorno laboral. Cuando las empresas abrazan la participacin de los trabajadores, suelen verla como instrumento al servicio de la innovacin, la competitividad, y la flexibilidad empresarial. La legitimacin democrtica de las decisiones, la paz social o la motivacin, son relegadas a medio para obtener mayores rendimientos econmicos, sin considerar la democracia o la justicia como fines en s mismos. Por ejemplo, algunos sistemas de cogestin dicen implicar al trabajo en las decisiones estratgicas empresariales, pero en realidad restringen la participacin a comisiones consultivas con poca o nula capacidad de influencia real en el gobierno corporativo. El desajuste entre discursos ensalzadores de la participacin y mecanismos inadecuados para alcanzar los objetivos esperados puede suscitar la desconfianza, decepcin y desinters de las personas trabajadoras. Medidas para involucrar a stas ltimas sin redistribucin real y creble del poder en su beneficio, o prcticas empresariales bienintencionadas, pero sin garantas legales vinculantes para los y las trabajadoras tendrn probablemente efectos similares.

En definitiva, segn el contexto histrico o nacional, y quin movilice el trmino, la democracia en el trabajo (econmica, o industrial, etc.) conlleva determinadas nociones de democracia, de la economa y de la sociedad, y se encuentra al servicio de intereses y objetivos diferentes. Refleja distintas expectativas que predeterminan las vas posibles para alcanzar el fin buscado. Por otra parte, la democracia en el trabajo se declina en formas muy diversas en la prctica (afiliacin sindical, comits de empresa, y de seguridad y salud, derechos de informacin y consulta, cogestin, asambleas, derecho de huelga, negociacin colectiva, participacin financiera, autogestin etc.). Por eso, el debate sobre cmo democratizar el lugar de trabajo, la empresa y la economa se presta a malentendidos que a menudo obstaculizan la deliberacin constructiva y consenso en torno a un concepto de democracia en el trabajo, que sea til para la accin poltica progresista.

En realidad, todo arreglo que se diga democrtico en el trabajo debera perseguir la mejora real de la capacidad de accin de las personas trabajadoras sobre decisiones que las afectan a diferentes niveles (proceso de trabajo, condiciones laborales, u orientacin estratgica de la organizacin o la economa en general). Incrementar esa capacidad de accin implica necesariamente, en contrapartida, limitar la capacidad de accin de empresarios y accionistas. As, sera til olvidar por un momento las etiquetas atribuidas a esas diversas formas y mecanismos democrticos o participativos, y fijarnos en qu medida su contenido y funcin social sirven al propsito de redistribucin real del poder.

 Fuente: ETUI / CES , 2019, Benchmarking Working Europe 2019, Bruselas: ETUI , p. 71

La representacin visual y marco analtico del diamante de la democracia en el trabajo (ver grfico) pretende facilitar esa reflexin, mapeo y evaluacin comparada de los diferentes mecanismos de democracia en el trabajo. El diamante, en forma de grfica de radar, identifica seis dimensiones principales, propias de todo mecanismo participativo: un grado y mbito de participacin, unas materias sobre las cuales incidir, un momento en el cual intervenir, una determinada cobertura (en nmero de trabajadores cubiertos), y, finalmente, una forma en que se manifiesta la participacin (directa e individualizada, o a travs de representantes, de manera ms o menos formalizada). Cada institucin democrtica o mecanismo concreto se caracterizar, para cada una de estas dimensiones, por un determinado grado o nivel de intensidad. Cuanto mayor sea la superficie cubierta por el diamante correspondiente al mecanismo analizado, cuantos ms diamantes se superpongan en un mismo contexto, mayores sern en principio las posibilidades de incidencia y control de los y las trabajadoras en ese entorno. Por supuesto, la articulacin entre mecanismos refuerza sustancialmente su impacto, aunque los factores del contexto institucional, econmico, poltico y social general siempre sean los ms determinantes.

En resumen, la crisis democrtica golpea fuerte, pero hay motivos suficientes para pensar que extender la democracia real al mbito laboral sera una respuesta adecuada a la magnitud del problema. Por eso, perseguir una mayor y mejor democracia en el trabajo, que redistribuya realmente el poder en beneficio de las personas trabajadoras, tanto en la empresa como en la economa, debera ser prioridad fundamental para demcratas de toda condicin.

 Sara Lafuente, investigadora en el Instituto Sindical Europeo.

Fuente: https://mondiplo.com/democracia-real-en-el-trabajo-como-respuesta-a-la



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