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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2019

Modelo policial y resabios de la dictadura

Adriana Gentile
Prensa Red


La construccin poltico-jurdico-filosfica del accionar de las fuerzas de seguridad en nuestro pas durante la ltima dictadura cvico militar, y sus resabios, contina operando en nuestro presente, a travs de diferentes aristas que son analizadas en este artculo donde sintetizo un estudio ms profundo sobre la problemtica.

El modelo de la ltima dictadura cvico-militar, heredado de la Escuela Militar Francesa, desarrolla la concepcin de enemigo interno, esto es, que el enemigo no es un soldado de un ejrcito extranjero sino que se encuentra entre nosotros o sea dentro de la poblacin, mezclado con sta.

En esta concepcin de guerra el enemigo no es un soldado del otro lado de la frontera, con bandera y uniforme identificable, sino que puede ser cualquiera dentro de la propia poblacin. Entonces, el enemigo interno llamado subversivo en aquellas pocas se ha desplazado en la actualidad hacia los jvenes de los sectores populares, debido a que cualquiera de ellos puede ser un delincuente. De esta manera, una cuestin social, de desempleo y/o de pobreza, se desplaza hacia una cuestin de seguridad: la delincuencia juvenil, y el delincuente est fuera de la ley por el hecho de ser tal. Por lo tanto, las fuerzas de seguridad actan en consecuencia con las caractersticas que describo a continuacin.

La divisin del territorio en cuadrantes

Otra concepcin heredada de la dictadura es la divisin del territorio en cuadrantes. Los militares franceses ensearon a los argentinos a la cuadriculacin territorial ya que para poder preparar la guerra interna hay que cuadricular el territorio. As, cada militar en una zona y subzona, bajo estas directivas, se organiz el esquema represivo donde se dividi al pas en comandos de zona. Cada comando era la cabecera de un cuerpo de Ejrcito. En Crdoba, por ejemplo, era la zona tres con jurisdiccin en varias subzonas, a cargo el Tercer Cuerpo de Ejrcito. (1)

En la actualidad, la ciudad de Crdoba est dividida en cuadrantes segn sus caractersticas sociales, delictuales, urbanas, demogrficas y geogrficas, pero principalmente son clasificados segn un criterio de vulnerabilidad, consistente en el resultado del cruce de variables educativas y laborales, y en razn de ello se establecen cuadrantes rojos, de alta vulnerabilidad; amarillos, de mediana; y verdes, de baja.

Y el Estado mediante su poder punitivo apunta esencialmente hacia las reas de alta vulnerabilidad que son las ms segregadas y carenciadas de la sociedad (2). Tambin, hay un criterio, de menor importancia, que tiene que ver con la cantidad de viviendas por metro cuadrado, as los cuadrantes se clasifican en grandes, medianos y chicos.

Remarcar las zonas bajo el criterio de alta vulnerabilidad teniendo como una de las principales razones al delito colabora a la produccin o continuidad de la fragmentacin identitaria, a la desestructuracin de los colectivos y a la reorganizacin de los espacios territoriales/sociales, en consecuencia, los sectores sociales donde ha crecido la pobreza se encuentran sumergidos en la inseguridad social por la desafiliacin a los colectivos que funcionaban como soportes de subjetividad.

As, el Estado mediante su poder de polica punitivo apunta esencialmente hacia las reas de alta vulnerabilidad que son las ms segregadas y carenciadas de la sociedad. Estos barrios desde un principio han sido abandonados por el Estado y sus polticas, y en consecuencia se pone en marcha una estrategia represiva con el riesgo de segregar.

Segregacin y retrica

La segregacin socio-espacial es un concepto que hace referencia a la existencia de diferencias o desigualdades sociales dentro de un colectivo urbano y al agrupamiento de los sujetos segn atributos especficos en aglomerados con tendencia a la homogeneizacin en su interior y a la reduccin de interacciones con el resto de los grupos. Estas sectorizaciones llevan a que la funcin de la polica sea la de mantener seguras a las zonas de baja vulnerabilidad.

El uso de retrica blica: Es notable el uso de una retrica blica en el discurso de los gobiernos para referirse al problema de la delincuencia, juicios tales como: guerra contra la delincuencia, guerra sin piedad contra la criminalidad, guerra al narcotrfico, etc., recordamos que en un pasado reciente se usaba la frase: guerra contra la subversin.

Recurrir a este lxico se legitima las representaciones que tiene la polica sobre la situacin a la que se enfrenta y las modalidades con las que interviene para mantener el orden. La retrica blica conduce a excesos que no slo afecta a los delincuentes sino alcanza a la poblacin en general, lo que se denomina daos colaterales, as discrimina y segrega no solo a individuos sino a poblaciones enteras.

Violencia y habitus

Las noticias diarias nos muestran numerosos operativos en donde las fuerzas de seguridad entran a un barrio y se introducen de forma violenta a las viviendas, derribando y rompiendo puertas frente a la mirada aterrorizada de nios, exhibiendo armamento y haciendo un despliegue espectacular de la fuerza pblica, justificando prcticas de excepcin. Tal como operaban las fuerzas de seguridad en pocas de la dictadura, contamos con numerosos testimonios en los juicios de lesa humanidad de quienes en esa poca eran nios y presenciaron el violento secuestro de sus padres, y el terror que despertaba todo ese despliegue en los vecinos.

En definitiva, son operaciones de ocupacin presentadas como conquistas republicanas en territorio amenazado utilizando la retrica de la guerra para justificar el despliegue de fuerzas en los barrios desfavorecidos, como lo hacan en un pasado cercano. (Fassin, 2016)

El control de identidad se ejerce de modo discrecional e implica un mero control de fuerzas que funciona como un llamamiento al orden; no al orden pblico, que no est amenazado, sino al orden social. Este orden social es tan desigual (entre el polica y el joven) e injusto (respecto de la ley o de la simple dignidad) que hay que asimilarlo en el cuerpo (Fassin, 2016).

De esta manera los jvenes asimilan su condicin y mediante un disciplinamiento mortificante adquieren, el habitus del humillado (3). Este habitus supone que los actores no actuaran racionalmente, sino a travs de un sentido prctico innato y principios que se sitan ms all de la consciencia; y el habitus propio de la posicin social de cada agente configurara comunidades de mutuo reconocimiento (Bourdieu, 1989).

Alta discriminacin

Los policas tienen una hostilidad manifiesta contra los jvenes de los barrios populares, y una hostilidad latente respecto de quienes ellos consideran que los protegen por razones profesionales, ideolgicas o comunitarias (asistentes sociales, militantes barriales, maestros de escuelas, abogados). Entonces el trato desfavorable no es por lo que hacen sino por lo que representan: jvenes de barrios populares, no solo son sospechosos sino tambin maltratables.

Ahora bien, la interpretacin de la discriminacin racial debe exceder la cuestin de la intencin racista. Son la institucin policial y la sociedad la que producen las categoras racializadas que aplican los policas de la calle, transformando en sospechosos a los jvenes de los sectores populares, sumado al discurso poltico cuando asocia barrio marginal y delincuencia. El racismo esta institucionalizado de esta manera es ms sutil y menos identificable que cuando lo comete un individuo particular.

Vale remarcar, que la discriminacin por prejuicio es inmoral, ilegal y fcil de identificar porque es un individuo el que la realiza; en cambio la discriminacin estadstica por probabilidades es neutra, aceptable y emana de la Institucin.

El uso de la violencia

La violencia policial constituye una interaccin que afecta la integridad y la dignidad de los individuos y no slo su cuerpo y su carne que puede ser profunda y no dejarse ver, lo que implica un componente tico y no estrictamente normativo. La impotencia ante el uso excesivo de la fuerza conlleva de por s una dimensin moral de sumisin, por ejemplo, la colocacin injustificada de las esposas. Las dimensiones sociales y culturales de la violencia le dan su poder y su significacin.

Los jueces y fiscales de instruccin toman slo en consideracin la violencia fsica. La violencia moral es ignorada debido a que no deja marcas corporales. Al no ser nombrada esta violencia no es vista por la sociedad y al no ser reconocida no permite que se haga justicia. Esta violencia sin nombre y sin justicia es la que sufren cotidianamente los jvenes de las periferias de nuestras ciudades o de los barrios populares. Es excepcional que alcance a mujeres, personas mayores, hombres y mujeres de clase media, que viven en zonas residenciales o visten de una determinada manera.

Es muy comn observar en el centro de la ciudad de Crdoba escenas de humillacin ms que de brutalidad por parte de la polica hacia jvenes de barrios populares, escenas que se producen cotidianamente durante controles de identidad y cacheos ante la presencia de cientos de ciudadanos que tienen naturalizado este modo de actuacin policial que lamentablemente me traen a la memoria el algo habrn hecho de las pocas de dictaduras.

Otro componente de la violencia es la crueldad, y para ello es necesario poner al otro como alguien totalmente distinto de nosotros (los policas) que sirve para hacer aceptable la crueldad y la justifica porque se le aplica a quien es culpable. Entonces para comprender la violencia tambin hace falta considerar sus condiciones de posibilidad y la relacin con el poder y la justificacin de la crueldad. Las violencias invisibles se producen de manera cotidiana y resulta trivial para ciertos sectores de la poblacin.

La militarizacin de la polica

La idea de paramilitarizacin permite comprender la tendencia de agregar o reemplazar las fuerzas del orden reguladas por brigadas cuya misin, vestimenta, armamento, estilo de intervencin y relacin con las autoridades las sitan al margen del dispositivo oficial. Esta lgica lleva con facilidad a reclutamientos que obedecen a reglas particulares favorecedoras de una politizacin radical de estas unidades especiales.

Entre los caracteres que nos dan indicios de militarizacin de la polica, segn Lea y Yung (4) podemos mencionar: el incremento de las detenciones para requisas en las calles, la aplicacin de la ley de vagancia (en Crdoba sera el Cdigo de convivencia), la actuacin de la polica como ejrcito de ocupacin y la creacin de segmentos policiales especializados en el mantenimiento del orden pblico. Y sta es una tendencia que va en aumento en todo el territorio del pas cotidianamente los noticieros nos muestran imgenes de las Gendarmera entrando a poner orden en las villas o en barrios populares.

As, al estar autorizados a ejercer violencia, las fuerzas de seguridad saben que no tendrn consecuencias ya que la palabra de ellos vale ms que la de los delincuentes. Por tal razn raras veces tienen conflictos morales, ms bien se sienten vctimas de la incomprensin de la sociedad. En la medida en que los policas consideran que los jueces no hacen justicia ellos se ven en la obligacin de hacerlo y se consideran habilitados para eso.

Entre los atenuantes de responsabilidad que utilizan para justificar su accionar, que en definitiva son construcciones discursivas, podemos mencionar: la negacin de responsabilidad, la negacin de la vctima, la negacin del dao, la condena a quienes los condena (persecucin a los defensores de DDHH, por ejemplo).

En sntesis, dentro de este contexto el Estado de derecho es desplazado cotidianamente por la excepcin, y la violencia pblica queda libre de toda atadura legal, es ese momento del derecho en que se suspende el derecho precisamente para garantizar su continuidad (Agamben, 2014).

Es la forma legal de lo que no puede tener forma legal, porque es incluido en la legalidad a travs de su exclusin. La polica es el aparato legal para ejercer la fuerza, ahora bien, en las prcticas muchas veces se suprime el actuar a derecho con el justificativo de actuar ilegal en nombre de la ley o para reestablecer la ley.

Adriana Gentile. Abogada de la Fundacin de Derechos Humanos Mara Elba Martnez.

** Este artculo se refiere a un estudio ms extenso sobre violencias institucionales y estado de excepcin.

Notas

1 (1972) Plan del Ejrcito para el marco interno.

2 (2016) RESOLUCIN DEL MINISTERIO DE GOBIERNO N 674: Programa de polica barrial para la gestin de la seguridad ciudadana por cuadrantes.

3 Segn Bourdieu el habitus est referido a un sistema de esquemas de percepcin y apreciacin de prcticas, estructuras cognitivas y evaluativas que son adquiridas a travs de las ltimas experiencias de una posicin social (Bourdie)

4 Lea, J. y Young, J. (1993). Qu hacer con la ley y el orden? Editores del Puerto. Cap. 5 El cambio a la polica militar.

Bibliografa

AGAMBEN, G. (1998). Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida I. Valencia: Editorial Pre-Texto, (2007). Estado de Excepcin.Bs.As. Adriana Hidalgo Editora

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FASSIN, D. (2016). La fuerza del orden. Una etnografa del accionar policial en las periferias urbanas. Buenos Aires: Siglo XXI editores.

FOUCAULT, M. (1996): La vida de los hombres infames. La Plata: Ed. Altam (2011). Seguridad, Territorio y Poblacin: curso en el Collegue de France 1977-1978. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econmica 1 ed.

FRAILE, Pedro (2003). La organizacin del espacio y el control de los individuos. En Bergalli (comp.) Sistema penal y problemas sociales. Valencia: Tirant Lo Blanch Ed. GUTIERREZ, Mariano (2007). La dinmica de las oposiciones y la inseguridad subjetiva. Buenos Aires: Fabin Di Plcido Editor.

JORBARD, F. (2011): Abusos policiales. La fuerza pblica y sus usos. Bs. As.: Prometeo.

LEA, J. y YOUNG, J. (1993): Cap. 5 El cambio a la polica militar. En Qu hacer con la ley y el orden? Editores del Puerto.

ROBIN, M.-M. (2005). Escuadrones de la muerte: la escuela francesa. Buenos Aires: Sudamericana.

YOUNG, J. (2003). La sociedad excluyente. Exclusin social, delito y diferencia en la modernidad tarda. Madrid: Marcial Pons editores.

Fuente: http://prensared.org.ar/modelo-policial-y-resabios-de-la-dictadura/



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