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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2019

La marcha en Colombia, contra todo lo que no marcha

Juan Alberto Snchez Marn
Estrategia


A ningn gobierno en ninguna parte le agrada que se lleven a cabo marchas en su contra, sobre todo, cuando se trata de la expresin de un descontento social generalizado hacia l y sus medidas. Menos an, si se trata de una convocatoria amplia, de carcter nacional, en donde confluyen sectores diversos e incluso encontrados, que se agrupan para expresar la molestia, precisamente , contra las polticas que son la bandera gubernamental. Por eso no le complace mucho la marcha al presidente colombiano Ivn Duque.

Un gobierno dbil que es un peligro fuerte

Un punto de partida al que, en el caso de la marcha del 21 de noviembre en Colombia, se le agregan otros factores determinantes. Por ejemplo, la evidente debilidad del gobierno y la gobernabilidad en picada, de lo que, entre otras cosas, da constancia la baja popularidad del presidente. La desaprobacin de su gestin, segn la ltima encuesta Gallup, alcanz el 69%, la peor desde que lleg a la Casa de Nario.

Se aade tambin el desgaste discursivo del partido que lo respalda, que se sustenta en lemas ms huecos cuanto ms repetidos, y por unas tesis cuyas razones de ser son un invento, o hace rato que desaparecieron o se transformaron, como la guerrilla de las FARC, el castro-chavismo, el comunismo, el Foro de Sao Paulo . La Unin Sovitica!

Un gobierno aferrado al poder perdido y a las figuras ms almidonadas de los cacicazgos regionales y locales, que conjur la representacin poltica de los socios y de paso atomiz la artificiosa coalicin oficialista. Un partido recalcitrante, el Centro Democrtico, montado con seguidores obsesos que quedaron nadando entre dos aguas turbias: el Duque que ayer prometa y todos, con excepcin de Uribe, crean que sera el Uribe recio del pasado y no asoma, y un Duque persistente que no es ms que una copia deficiente del Uribe malparado del presente.

De todos modos, como ya se ha dicho, habr que agradecerle por siempre a Ivn Duque, el elegido de aposta, el detalle no pequeo de conseguir lo que tantos adversarios polticos, socios resentidos y acrrimos enemigos nunca pudieron, desde Daniel Coronel , Gustavo Petro e Ivn Velzquez, hasta las comunidades de paz de San Jos de Apartad; de los exjefes paramilitares extraditados de sbito y a medianoche al vilipendiado proceso de paz: ponerle punto final a lvaro Uribe y a su insana actividad poltica de varias dcadas.

Algo que ni el mismo Uribe logr con su gobernacin y presidencias siempre yendo por el filo de la navaja entre lo legal e ilegal; ni unos hijitos que al soplar no hacan botellas, pero s fortunas; ni un hermano con cara de malo que no parece bueno; ni unos psimos senadores, pero buenos muchachos, a los que el susto de ir a la crcel los gui por las trochas de la Ley y votaron raudos los articulitos que despus los libraran.

Ni la estrategia de morderse la cola con acusaciones mal ideadas y testigos mal habidos que apenas le est sirviendo para soportar la defensa propia por los delitos de fraude procesal y compra de testigos.

Hay que tener en cuenta, por supuesto, esa erosin del expresidente, durante aos el gran elector de Colombia, ahora convertido en un barco fantasma que deambula de los pasillos del Congreso a la Sala de Instruccin de la Corte Suprema de Justicia, con algunas escalas en el puerto roto de la Comisin de Acusaciones de la Cmara de Representantes. Un expresidente que en vez de portar bajo el brazo las dignidades de sus cargos, lleva a cuestas los abultados legajos de las defensas contra l mismo.

A un gobierno inmvil no le gusta que la gente se mueva. Y que se mueve por ms que presidente, ministra y funcionarios de variadas pelambres, y la totalidad de los grandes medios de comunicacin, amenacen a los organizadores de la marcha, a los marchantes y hasta a los simpatizantes con aplicarles todo el peso de la Ley. Y lo que eso puede representar es cualquier cosa.

Porque asusta el historial de los nueve aos largos que van de un gobierno empapado de falsos positivos, marchas infiltradas, montajes judiciales, falsos testigos, sabotajes fraguados por autoridades o paramilitares, en fin. Se respeta el derecho a la marcha, pero, en todo caso, antes se la sazona con amenazas abundantes y se la espolvorea con pizcas de pnico.

Por qu no atacar las razones de la marcha y no a la marcha?

Muchos buitres rondan los fondos de pensiones, donde es un fastidio Colpensiones; gruesos capitales husmean por las universidades privadas y las de garaje, donde las pblicas slo son un criadero de jvenes pensantes; a unos cientos de poderosos terratenientes no les agrada la actualizacin del catastro rural de sus diminutas parcelas; a ms de un calculador le ha de convenir la quiebra de la industria nacional y a otros la importacin de los productos que los campos ya no producen.

Negociados y comisiones promete la privatizacin de las docenas de empresas rentables que an le quedan al Estado. S, es indudable que unos cuantos paisanos tienen razones de peso para oponerse a esta marcha, y que algunos de esos cuantos las tienen por hartos pesos.

Pero ms, muchsimos ms, somos quienes tenemos sobrados motivos para marchar, y para que los sentimientos de enojo de los ciudadanos contra el saqueo, la corrupcin, las injusticias y los destrozos de este gobierno y de la lite econmica que representa dejen de ser emoticones en redes sociales y sean ms bien una sociedad sin enredos que se expresa en manifestaciones multitudinarias y firmes.

Los motivos para marchar son demasiados, y todos y cada uno de los sectores, las regiones, los grupos y los individuos tienen los suyos y su validez. Marchar para expiar culpas, s, es probable, pero tambin para exteriorizar la rabia en contra de lo que comete el actual gobierno en nombre de una institucionalidad pervertida y secuestrada por sujetos sin escrpulos.

Una marcha por la vida, la paz y contra la muerte, que se justifica slo por asustar tanto a un gobierno al que le importa tan poco la vida de sus gobernados y nada la muerte ni las matanzas de etnias y poblaciones a las que considera prescindibles, o, ms exactamente, un estorbo.

 

Una causa comn

Ojal que los estudiantes no tuvieran que marchar por los nuevos menoscabos a la deplorable Ley 30, por los incumplimientos a lo recin pactado o por toda la educacin embolatada. Ni que Fecode ni los maestros debieran marchar por lo que el Estado les debe desde que no les qued ms remedio que ser maestros, o por aumentar el salario de ricos que tienen en un pas en el que, con excepcin de Sarmiento Angulo y su club de dueos del pas, el techo permitido es la miseria o su disimulo.

Ojal que los cincuenta mil funcionarios de la rama judicial no debieran salir a la calle a exigir que le quiten a la Justicia una lentitud acreditada, y que a ambos, a la Justicia y sus funcionarios, los saquen de la inopia en que operan. O que los campesinos crean el cuento de que los holgados latifundios que habitan son un encogido terruo y marchen contra la desproteccin que los cobija, o en resistencia al abono con deudas y glifosato de sus cultivos.

Ojal que los artistas no marcharan porque con la economa naranja Duque los volvi un ctrico podrido: ni empresarios ni artistas, pero, eso s, sujetos dignos de la desconfianza y la persecucin policiales.

Ni que los jvenes marcharan porque les metieron el futuro al banco o los viejos porque an pagan intereses por los aos que dejaron de vivir ahorrando centavos. Y que ninguno debiera marchar por unos minutos, unas horas sin paga o miles de das sin prestaciones, ni por diez o veinte mil pesos de menos ni por uno o dos pesos de ms, en un sistema feudal en el que los dueos son incapaces de comprender por qu no todos los esclavos son felices, y a stos no se les aclaran los motivos de la inquina de los amos hacia ellos.

Ojal que ninguno de nosotros marche contra uno solo de los responsables de la desventura nacional, contra el presidente bailarn de mentiras o contra el gag monotemtico de verdad, o contra el Centro Democrtico, o contra esas fracciones de las lites polticas, empresariales y militares, que son las ms taimadas y peligrosas en varios miles de kilmetros a la redonda.

Porque no se trata de marchar por esto o por aquello, sino por las reivindicaciones de todos juntos, reclamos que son conjunciones y no disyunciones, y tampoco se trata de marchar contra este o aquel sujeto o poder, sino contra todos y cada uno de quienes han transformado estos 1.142 748 km 2 de territorio de portentos y maravillas, en un pas de mierda.

Es cierto que los grandes causantes del desbarajuste de hoy fueron los gobiernos de ayer, de hace uno o dos siglos siendo quisquillosos, o de hace unos lustros cuando menos. Es una fatalidad plantada de tiempo atrs. Pero tambin es cierto que, de una parte, nuestro pasado es una abstraccin histrica plagada de embustes, y, de otra, ms sencilla y palpable, resulta que el gobierno y los cogollos de hoy son los mismos de ayer; otros nombres, invariables los apellidos, similar la maledicencia.

As que no hay lugar a la distraccin, la marcha no es contra una conceptualizacin o unos u otros gobiernos pretritos, sino contra el actual, que es la desembocadura de los sucesivos y que, adems, se esfuerza por preservar la destruccin intacta: Duque, que es decir Uribe, que es decir partido de gobierno Centro Democrtico, y lo que todos representan como pasado siempre en remojo y poderes avezados en el autoritarismo y las arbitrariedades.

Un descontento ganado a pulso

Un gobierno que lo nico que hace es presentar una y otra vez, con nombres diferentes, los mismos proyectos de ley contra las poblaciones vulnerables, y que la Corte Constitucional ni siquiera tumba por los contenidos retrgrados ya mencionados, sino por mal hechos o por vicios de procedimiento.

A la reforma tributaria naufragada la llam Ley de Financiamiento, nada ms y nada menos que la norma emblemtica y su pilar econmico, que no coron (no le da ni pena?) y que ahora vuelve y juega con el de Ley de Promocin del Crecimiento. La reforma pensional, no sin sorna, la bautiz como Reforma de Proteccin a la Vejez. Un gobierno que llama reforma a lo que sigue igual y que declara que conserva, por ejemplo, los beneficios laborales que precisamente son la base de lo que tumba.

Si los ttulos de las leyes burlan lo que en realidad son, imagnense la clase de estafa que encarnan los respectivos articulados. Este pas no est peor gracias a que los ministros de medio pelo de Duque y su meritocracia de dedo parado no saben ni gestionar ni redactar.

Y si la ministra del Interior est convencida de que el pas tiene frontera con Chile, cmo no va a creer el de Hacienda, Alberto Carrasquilla, que es saludable llevar el pas a que repita las desgracias legislativas de 2018: "Vamos a hacer lo mismo que hicimos el ao pasado, llevaremos la iniciativa con carcter de urgencia y se surtir el debate tradicional. Otra vez, de nuevo, lo mismo. Qu pena va a darles, si creen que somos ms estpidos de lo que en verdad no podramos llegar a ser!

No es una marcha de retirada, como la preferiran los que no quieren ninguna. Tampoco es una marcha de uribistas intolerantes y violentos, que durante los ocho aos de Juan Manuel Santos jams marcharon por algo, sino en contra de todo lo que tuviera que ver con abrirle aunque fuera un resquicio a la paz.

Lo que los opositores a la marcha llaman argumentos contra ella no son otra cosa que los elementos con los cuales procuran justificar la negacin del derecho a la protesta social, las abusivas acciones de amedrentamiento y las medidas de represin.

Marchar contra lo que no marcha

La incapacidad del gobierno para interpretar la complejidad de la Colombia que gobierna y de las lites para comprender el pas que explotan y someten es la principal razn por la cual se ven fantasmas donde no los hay y por lo que se ataca de manera tan despiadada una expresin pacfica de la inconformidad social. Masiva y rumorosa, eso s.

Porque la marcha es contra lo que no construye sociedad, lo que asesina y masacra, lo que frustra y castra, lo que engaa y despoja; lo que no anda, lo que no sirve: lo que no marcha.

Quizs sea una tan infernal como la que atormenta al seor Jos F lix Lafaurie , el presidente de la Federacin Nacional de Ganaderos (Fedegan), y la conformen las huestes de demonios que habremos de ser quienes nunca fuimos uribistas y los cientos de miles de ngeles cados y pobres de derecha que alguna vez creyeron serlo.

Pero as es y toca en este pas en que el depravado es probo; los abyectos, boyantes; los mseros en misa; los perversos, verstiles; los viles, involucrados; el congresista, incongruente. El presidente, presidido.

Una lite y un gobierno que tienen tantas razones para espantarse con la propia sombra, cmo no se iban a alarmar con una jornada colectiva y popular de protesta!


Juan Alberto Snchez Marn, Periodista, escritor y director de televisin colombiano. Analista en medios internacionales. Colaborador del Centro Latinoamericano de Anlisis Estrat gico (CLAE). Fue consultor ONU en medios. Productor en Se al Colombia, Telesur, RT e Hispantv.

http://estrategia.la/2019/11/21/la-marcha-en-colombia-contra-todo-lo-que-no-marcha/



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