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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2019

Violencia en imgenes

Antonio Lorca Siero
Rebelin


En estos tiempo en los que la violencia, la apologa de la violencia o el simple pensamiento violento quedan excluidos del panorama existencial, no solamente mediante decreto de los poderes pblicos, sino por la propia conciencia colectiva, resulta que esa violencia reprobada campea a sus anchas en las imgenes servidas por arte del cine y la televisin. Paradoja, pura paradoja, pero nadie dice nada, porque est en juego eso tan importante que es el dinero de los productores del espectculo.

Antinomia no solo en lo que afecta a la misin de los guardianes del orden pblico, sino en el caso del propio sistema capitalista, que formalmente basa su poder en la no violencia fsica aunque se reserve la violencia econmica, en cuanto que algunas de sus empresas se entregan en mayor o menor medida a lo que debiera entenderse como apologa de la violencia. Ambos se muestran tolerantes, probablemente en la creencia de que aquello no sale fuera de las pantallas, porque se trata de pura fantasa en el caso de la cinematografa, aunque no tanto en los documentales e informativos, y es inofensivo. Parece ser que les conviene ignorar que ms all del sentido comercial de las imgenes, hay que acusar una influencia acusada en el comportamiento de los individuos afectados de cierta debilidad mental. Tal postura deja claro que en las cosas que afectan al mercado lo primero es el negocio, pero no debiera serlo a costa de herir la sensibilidad de los espectadores.

El cine, aunque menos conservador que lo que se exige a la televisin, nunca ha dudado en hacer apologa de la violencia, aunque fuera con cierto sentido moralizador en algn momento. En otras pocas, los hroes de las pelculas exhiban una violencia justa en trminos valorativos del momento, frente a los villanos, que representaban la cara opuesta de la misma violencia, haciendo de ella algo detestable e innecesaria no en s misma, sino ejercida por determinadas personas. Pero con una u otra etiqueta, de violencia buena o mala, estaba ante los ojos de los espectadores, a la vez que para entretener para ilustrar. En ambos casos no haba que despreciar, sin perjuicio de la parte del entretenimiento, el aleccionamiento que pudiera consistir en acceder al supuesto bien desde la pura violencia del signo que fuera. Hoy sobra cualquier intento de moralizar, porque todo se reduce a simple violencia gratuita para animar la demanda del producto comercial.

Quienes han tenido y tienen la patente de la violencia cinematogrfica por estas latitudes han venido siendo algunas productoras de cine americanas aunque hay otras ms cercanas que facturan productos similares, pero sin demasiado xito. Las pelculas made in USA puede decirse que forman parte de la cultura nacional y entre las ms sealadas se encuentran aquellas con un trasfondo violento. No est claro si esto es por su desarrollado sentido de la violencia, acaso con fines ejemplarizantes, o simplemente porque la industria de aqu es rehn de ese mercado de ocasin. Aunque dudoso, podra entenderse que, lejos de verse solamente negocio, hubiera arte en la violencia, pero activar la adrenalina de los mirones a base de pistolas, ametralladoras, sangre a raudales, interminables carreras promoviendo violencia sobre ruedas, sdicos asesinos en serie y otras bestialidades a discrecin, hacen desmerecer cualquier tentativa de aproximacin al arte. En esto de la violencia parece que cierta audiencia procura buena acogida a semejantes bodrios y paga su entrada por ir a verlos. No obstante, una acertada promocin es fundamental en los tiempos de la publicidad, muchas veces basta con inflar el globo para que la masa acuda a ilustrarse en violencia virtual e, inspirada en ella, no dude en practicarla en vivo y en directo.

Huelgan las monsergas sobre el particular, lo verdaderamente decisivo para el fabricante de falacias es que todo aquello vende; de sus consecuencias no se hace responsable. Mientras los encargados del orden entienden, en inters de la economa patria y de las buenas relaciones internacionales, que las imgenes cinematogrficas son inofensivas en s mismas. Quiz lo sean, pero hay otra parte a considerar, la condena a verlas es una pesada carga que acaba siendo irritante. Claro est que siempre cabe salir corriendo y olvidarse de que existen, aunque te persigan los rtulos.

Muy distinto es cuando esa violencia peliculera entra en el domicilio. La televisin, que suele irrumpir directamente en las casas, ni ha renunciado a la violencia de las imgenes, porque la exhibe en pelculas y series, ni tampoco la oculta en otros espacios. Si hablamos de documentales, a veces incluso de informativos, aquella vieja coletilla de herir la sensibilidad del espectador casi ha cado en desuso, porque a base de respirar violencia de pelcula la otra puede parecer hasta inofensiva. Tambin rehn de la produccin USA, la televisin tiene que asumir hacer publicidad de esa violencia gratuita. Por una parte, para no indisponerse polticamente dejando de comprar el producto y que la indisposicin traiga consigo represalias arancelarias del otro lado. Por otra, en su propio inters econmico.

Es sabido que cualquier material audiovisual, si est manoseado, se puede adquirir a precio de saldo por lotes. Cuando se trata de obtener beneficios del negocio para repartir dividendos, est claro que hay que afinar en los gastos. Si hay que atender, con en el caso de la televisin pblica, a que cuadre el presupuesto estamos en las mismas. Se trata de procurar horas de televisin barata, a base de repeticiones o pelculas de formato caducado, a precios de ocasin, para que cuadren las cuentas y permitan compensar los desequilibrios de la disparada partida de los gastos de personal. Al hacerse dependiente del bajo coste por pura necesidad comercial resulta que tambin hay que caer en la espiral de las imgenes violentas, porque ofrecen buen precio de mercado y hasta cierta audiencia. Lo de la inteligencia y la doctrina de la no violencia son otra historia que parece no ir con una televisin necesitada de ajustes presupuestarios. Por otra parte, no conviene olvidar que, adems de ahorrar por un lado, para gastarlo por otro, en el plano econmico se trata de colaborar con la competencia de pago. Como viven del mismo negocio, no hay que ser avaricioso y pretender monopolizar todo el pastel. Se debe dejar para aquella una parte del dulce, atendiendo a lo de cierta actualidad en materia de divertimento y posible calidad, en definitiva de inters. Est pensado para que los espectadores que no pagan, aprovechndose de la gratuidad de lo pblico, vayan hacindose a la idea de pagar o emigrar al otro lado. Por lo que parece, no resulta suficiente pago sufrir las repeticiones cinematogrficas y otros espacios de imgenes violentas, animados por anuncios publicitarios, porque aunque se diga que en el sector pblico no se emiten, ciertamente sucede lo contrario.

Resulta incoherente educar al personal en la no violencia, ya no solo de gnero, sino de especie y luego calentarles los cascos con tiros, sangre, sadismo y burradas, por simples intereses comerciales. Eso de informar e ilustrar a travs de las imgenes puede ser acertado, pero no es preciso abusar de la violencia gratuita ni por motivos econmicos ni otros motivos. Pero seguimos anclados en el mismo punto, el negocio es el negocio y quien manda es el dinero. Los que estn en la onda tienen que echar mano de lo que produzca beneficios para el negocio sin demasiados miramientos y aquellos parecen encontrarse, por unos u otros motivos, tambin en exhibir imgenes de violencia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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