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Un Nobel para la fidelidad

Felipe Bulnes
Rebelin


25 de noviembre de 2016. A Fidel, 3 aos despus.


O no lo oyeron o no quisieron orlo, de lo contrario hubieran tenido que obsequiarle, sin chistar, el Premio Nobel de Economa. Vaticin con una precisin de espanto lo que nadie vio, y adems se dio el lujo de precisar casi hasta la fecha y la hora de una de las mayores crisis a la que se ha enfrentado el capitalismo en toda su historia de ms de 200 aos. Hoy que tenemos a las puertas otra crisis ms devastadora que la del 2008, seguimos en las mismas, y todo parece indicar que no hay forma de detenerla.

Los que lo oyeron no podan dar crdito a sus palabras. Tanta clarividencia no poda ser natural, pero todo se basaba en un razonamiento riguroso y extenso, sazonado con una experiencia descomunal, y un deseo de escudriar los fenmenos desde una ptica cientfica fuertemente anclada en la teora marxista, y empujada hacia adelante por una conviccin de reivindicacin social a toda prueba. Solo un hombre con las ideas en su sitio poda lograr el milagro de la adivinacin, por la que hubieran dado toda su fortuna los ms encumbrados economistas y polticos del mundo.

Oportunidades no les faltaron, pues por si fuera poco tiene el don de la conversacin, y no hubo tribuna en que escondiera sus pensamientos ms ntimos o sus descubrimientos ms deslumbrantes, con razonamientos kilomtricos y precisin matemtica dirigida a quien quisiera escucharlo, desde un joven universitario en Caracas, hasta los empresarios europeos, quienes no se dieron cuenta de que les estaba dando la receta de su salvacin, gratis.

Grande y encendida ha sido la polmica hasta hoy. Se tiran las culpas a la cara, los que no la vieron venir por soberbia o estrechez de miras, o simplemente porque no queran asustarse cuando estaban en la cresta de la ola. La seora crisis estaba a un palmo de sus narices, y los indicios yacan en las fras oficinas de los grandes bancos, las transnacionales y los FMI, Banco Central Europeo, Troikas, o como se llamen, sordas al clamor de un tercer mundo que haba escogido como su vocero, a un hombre ideal para la tarea de largo aliento que tena por delante.

Cmo creerle a un incendiario anticapitalista convencido con argumentos tan inquietantes?Quiere amedrentarnos?, decan algunos en sus corrillos intelectuales. Pretende sembrar el pnico?, comentaban otros, conscientes de lo peligrosos que son los contagios pesimistas en las bolsas de valores de Londres o Nueva York, que viven de la creencia inclume en la seguridad de su sistema, imposible de poner en entredicho por algn brbaro del sur por muy carismtico que sea.

Les argument de arriba abajo y de abajo a arriba que la fiesta del derroche no poda ser eterna; les habl de los desequilibrios en las finanzas, de los dficits presupuestarios, de las guerras sin impuestos nuevos, de las trampas de Nixon, de lo injusto de los acuerdos de Bretton Woods, de los precios exorbitantes del oro, de la inestabilidad del dlar, de que estaban metidos en una burbuja que estallara en mil pedazos, de la concentracin de la riqueza y la depauperacin de cada vez ms cantidad de gentes, ultima y verdadera causa de todas las crisis del mundo. Pero muchos lo miraron desdeosos: no sabe lo que dice, dijeron. Y siguieron en lo suyo.

En un discurso memorable en la Universidad Central de Venezuela, en ocasin de la toma de posesin de su amigo Hugo Chvez, casi diez aos antes del bombazo detonante de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos que contagi al mundo, describi con detalles lo que estaba pasando y hacia donde conducira la locura de los neos de moda, una mezcla explosiva de neoliberales y neoconservadores que no iban a detenerse ante nada menos ahora que tenan el mundo a sus pies, embriagados como estaban de una euforia brutal basada en la creencia absoluta de que los dems, simples mortales, nunca llegaran a entender el significado de un derivado financiero, y que las palabras hipotecas subprime, no estaban al alcance del entendimiento de las mayoras. Sus finanzas caminaban con un paso triunfal tan arrollador, que no podan ni imaginar que alguien podra descubrir sus trampas.

l no solo se les adelant, sino que puso sus ideas en rbita, los desnud de pies a cabeza y los denunci como estafadores de magnitudes siderales, adems de demostrarles con nmeros irrebatibles que sus polticas estaban destinadas al fracaso y arrastraran a la humanidad a la catstrofe.

Estamos todos en peligro, les dijo, ustedes y nosotros, los ricos y los pobres, y hasta les arranc aplausos aquel da en Ro cuando les advirti que la especie humana, si segua por ese derrotero, estara en peligro de extincin antes que nos diramos cuenta.

Y otra vez hicieron odos sordos. Pero l sigui incansable en su prdica y llen miles de cuartillas con argumentos, mientras otros se repartan los Nobels, lo mismo por descubrir la secuencia del genoma humano, que por bombardear gente inocente con drones de guerra. Es la paradoja siniestra de una poca que no sabe qu hacer con sus genialidades tecnolgicas, si despedazarnos o repartir entre todos las mieles de la fortuna.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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