Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2019

El patriotismo constitucional para una nueva convivencia

Armando Fernndez Steinko
Pasos a la izquierda


La idea del Patriotismo Constitucional (PC) nace en el contexto de la reunificacin de Alemania hacia 1990: dos pases con el mismo origen tnico y la misma lengua pero culturas polticas muy distintas entre s. Intentaba definir un espacio comn de encuentro identitario entre las dos Alemanias sin tener que recurrir a contenidos tnicos ni lingsticos que podan generar una vuelta a la idea de nacin de los aos del nacionalsocialismo.

De hecho, el principio del derecho de sangre -la nacionalidad alemana se conceda en funcin de los ancestros- era an el nico vigente en este pas hasta 1999 fecha en que se introdujo el derecho de suelo -ius soli- que concede la nacionalidad en funcin del lugar en el que se haya nacido tal y como sucede en Francia o los Estados Unidos desde hace ya mucho tiempo. La idea central del PC es que la nacionalidad o ciudadana no se puede construir sobre lazos tnicos y culturales comunes sino en la prctica social y comunicativa de los propios ciudadanos, de un plebiscito diario como escribi Ernest Renan a finales del siglo XIX para -y esto es importante para entender el punto de vista de Renan- poder argumentar la pertenencia de Alsacia-Lorena a Francia, una regin de origen tnico-cultural alemn incorporada a Alemania con la victoria militar del II Reich sobre Francia en la guerra de 1870/71.

Una idea central del PC es la necesidad de consensuar y respetar los procedimientos democrticos utilizados para llegar a posiciones y decisiones comunes. Esto es esencial pues slo si se deciden previamente los procedimientos es posible conseguir que las decisiones tomadas en entornos pluralistas puedan llegar a ser respetadas por todos. Se puede decir, por tanto, que esta es una primera razn por la que los intentos de cambiar unilateralmente las reglas por parte de los protagonistas del procs es incompatible con la propuesta republicana del patriotismo constitucional.

Esto no es poca cosa pues el PC probablemente sea la nica forma de crear hoy un espacio de identificacin comn en Europa, el continente con la mayor diversidad tnica, cultural y lingstica del mundo. Cabe hacerse la pregunta si la frmula sirve para abordar tambin el problema identitario y territorial de Espaa. Yo creo que s aunque su efectividad pasa por tener en cuenta lo siguiente: (a) por comprender el propio fenmeno identitario para llevarlo al terreno de la racionalidad y poderlo articular polticamente; (b) por comprender las premisas y el contexto histrico en el que Habermas hace su propuesta y (c) por no reducir el PC a una propuesta destinada a regular comportamientos individuales al margen de toda idea de colectividad o comunidad.

Pero qu es la identidad y cmo se construye? Es verdad: estamos saturados de tanto discurso identitario y los que estamos aqu abrazando los ideales de la izquierda hemos tenido que asistir durante aos a cmo el discurso de solidaridad y justicia social viene sucumbiendo en nuestras propias filas frente al discurso identitario. Pero esto no quiere decir que la identidad no sea importante o que resulte imposible definirla racionalmente, pues no es sino la forma que tiene cada individuo, y por extensin un grupo de individuos, de verse a s mismo en relacin con el resto de la sociedad. Es imposible que esta identificacin obedezca slo a principios racionales pues tiene que ver con un sinnmero de aspectos, muchos de contenido emocional y afectivo. Pero esto no deja fuera la posibilidad de definir el fenmeno identitario de forma racional pues la visin que tiene cada individuo de s mismo en relacin con el resto no es nunca del todo arbitraria pues depende de las caractersticas objetivas de esa sociedad y tambin de las experiencias vitales del individuo: un desencuentro profesional o familiar profundo puede cambiar la naturaleza de esta relacin pero tambin los cambios polticos y culturales que se viven en en el resto de la sociedad.

Las formas por medio de las cuales se crean y se transmiten las identidades dependen del tipo de sociedad de la que estemos hablando. En la sociedades tradicionales estas se traspasan de unas generaciones a otras a travs de la familia y de la comunidad en un proceso espontneo de transmisin cultural y lingstico. Sus contenidos no son causales y tienen que ver con las formas de vida propias de estas sociedades: la agricultura tradicional, los espacios rurales, el pequeo comercio urbano, las pequeas industrias familiares diseminadas por las comarcas, la familia estable y dotada de valores tradicionales, etcLas personas que nacen y viven en un entorno de este tipo slo cambian muy lentamente, su identificacin con el mundo que les rodea tambin porque dicho mundo cambia tambin slo poco a poco. La identidad se percibe aqu como algo casi tan natural, eterno, certero y objetivo como las propias montaas, lo cual explica que a los gobiernos les resultara relativamente fcil convencer a las clases campesinas para que defiendan su patria con su vida y sin pedir nada a cambio. El radicalismo identitario de personajes como Torra o Puigdemont, que proceden de los espacios ideolgicos ms tradicionalistas de Catalua. hacen alarde de esta fe casi ciega en la objetividad de su forma de sentir y de pensar lo que ellos entienden por Catalua.

Sin embargo, en los estados modernos, particularmente despus de la segunda guerra mundial, la produccin y reproduccin identitaria sucede de forma muy distinta. Ahora son los gobiernos y no las tradiciones heredadas, los que construyen las identidades de forma planificada y sistemtica a lo largo de varias generaciones, y haciendo uso del sistema educativo y de los medios de comunicacin. Hay un acuerdo, una decisin poltica que lleva a inventar, literalmente, identidades polticas nuevas,a plasmarlas en los libros escolares y a difundirlas. Se trata de un proceso enteramente poltico muy distinto del que se produce espontneamente en los espacios tradicionales. Los gobiernos bucean en las tradiciones del pas pero las reinventan haciendo, ademas, una lectura de la historia que slo puede ser selectiva y en funcin de los valores que quieren resaltar para incorporarlos a las nuevas comunidades polticas.

Ninguna de las dos formas de produccin y reproduccin identitaria se salvan de ser construcciones histricas, de ser cosas que han sido creadas en un momento pero que se pueden volver a construir en funcin de los cambios del presente. Esto se refiere tanto a la identidad espaola como a la catalana o a cualquier otra. Pero muchas personas argumentan como si sus planteamientos identitarios no fueran productos histricos e incluso creaciones polticas, tienen una visin naturalista de su identidad, como si esta estuviera escrita en sus genes. El resultado es un choque identitario permanente alimentado, en este caso, por los inspiradores del procs dirigidos por los espacios identitarios ms tradicionalistas apoyados por los grupos sociales con alto capital cultural vinculados, preferentemente, a la Generalitat. No tiene sentido sentido alguno responder a esta situacin con otra identidad igual de cerrada e histricamente acabada por incapaz de incorporar a sectores amplios de la poblacin catalana, vasca etc La salida est en abordar la construccin poltica de una nueva identidad compartida por todos que deje detrs lo que nos a llevado a la situacin actual.

En qu medida nos podemos valer del PC para abordar los problemas del presente?

La propuesta de PC de Habermas tiene que ser insertada en su contexto histrico. Cuando habla de ella tiene en mente la situacin creada en Europa despus de la segunda guerra mundial, una situacin que inclua la firma de una serie de pactos sociales y polticos en los que, por primera vez, tambin tenan cabida a las clases menos favorecidas. Estos pactos, que se tradujeron en procesos redistributivos y en la proteccin del trabajo frente al capital, sirvieron de base para la construccin poltica de una identidad basada esa vez no en la superioridad tnica y cultural de una nacin frente a otra, sino en la idea segn la cual todos son ciudadanos iguales independientemente de su sexo, religin o su adscripcin tnica. Pero no slo. Adems son iguales independientemente de su clase social, que es lo verdaderamente nueva, la idea de ciudadana incluye laciudadana social. Este aspecto vena siendo una reinvindicacin de las izquierdas occidentales desde mediados del siglo XIX, pero slo se consigui imponer polticamente tras los dos desastres blicos de la primera mitad del siglo XX.

La propuesta de Habermas es un intento de solucin global del problema poltico-identitario pero se apoya en la idea de ciudadana social. Su argumentoes de calado: esta forma de ciudadana es la nica con capacidad de afrontar la creciente diversidad cultural, la progresiva individualizacin de las relaciones sociales o, incluso, el problema de los recursos -naturales, territoriales o energticos- que son cada vez ms escasos en el mundo, un problema que slo puede solucionarse aplicando un criterio de ciudadana vlido para todas las personas que pueblan el planeta y no slo para un grupo privilegiado de ellas pues, para que cada uno pueda ser autnomo y diferente, tiene que ser igual que el resto, tener asignado el mismo estatus en el mundo y en la sociedad, lo cual pasa por disponer de un mnimo de seguridad material, sanitaria y educativa.Por tanto sera sera un grave error ignorar las condiciones -econmicas y sociales- requeridas para asegurar que el PC se siga asentando entre las poblaciones europeas como lo hizo durante tres o cuatro dcadas, para que no sufra una erosin poltica como la que est sufriendo ahora. De hecho, la idea del PC no ha permitido evitar el auge de la ultraderecha en Alemania nacido de la ira y la frustracin de la poblacin alemana provocada por el desmontaje del su sistema de bienestar a partir de finales de 1990 (el programa Harz IV), y por la indignacin provocada por el uso del dinero de los contribuyentes para rescatar a los bancos, un dinero que aparentemente no exista para ayudar a las vctimas de la crisis de 2008 que, a diferencia de estos ltimos, no tenan ninguna culpa de la misma.

Existe, por tanto, efectivamente el peligro, de que el PC pierda apoyos si un tercio de la poblacin no tiene un empleo mnimamente digno, cuando los estados redistributivos encargados de hacer realidad sus premisas materiales se siguen viendo debilitados por la desregulacion financiera y otros factores, o cuando, en definitiva, el riesgo y la inseguridad siguen instalados en las vidas de cada vez ms personas. Existe, por tanto, el peligro de hacer una lectura del PC que, si bien se apoya en la idea de laigualdad poltica, se muestre insensible a los recursos necesarios para conseguir que esa se haga una realidad palpable para la mayora de la poblacin. Por mucho que uno se posiciones frente a los llamados populismos: cuando esta insensibilidad persiste se favorece el avance de los mecanismos identitarios de base tradicional pues muchos encuentran en ellos un refugio para preservarse de un sistema econmico que no les tiene en cuenta. Esto no quiere decir que las cosas vayan a cambiar realmente, pero la imaginacin de comunidades y lazos sociales que no van a volver nunca proporcionan un anhelo de seguridad y de certeza que puede llegar a ser muy intenso en momentos de crisis alimentando procesos tan irracionales, antidemocrticos e imposibles como el procs.

Otro error sera interpretar el PC como una especie de construccin terica abstracta que no tiene en cuenta los sentimientos de las personas, reducir, en definitiva, el problema identitario a un problema de distribucin racional de recursos en una sociedad entendida como la mera suma ordenada y civilizada de individuos aislados siguiendo la tradicin de John Locke. Desde luego esta no es la concepcin de ciudadana de Habermas, an cuando algunos lo interpretan as. Lo que propone es un proyecto de convivencia en la que los individuos se conciben a s mismos como parte de un conjunto del que no slo participan pagando sus impuestos civilizadamente a cambio de servicios pblicos, sino de un conjunto queademsresulta constitutivo de su propia identidad individual, de la forma que tienen de verse a s mismas las personas en relacin con el resto. Para Habermas los ciudadanos deben participar plena y democrticamente no slo para poder vivir sin conflictos nacidos de opiniones discordantes, sino adems porque entienden que su participacin en la esfera de lo pblico es la condicin, incluso la esencia de su propia libertad: lo de todos no es ajeno y exterior, sino que forma parte de lo de cada uno. Esto quiere decir que para que se cumplan las premisas del PC, el individualismo debe dar paso a la reciprocidad. Nadieescribe Habermas puede reivindicar la autonoma poltica para s mismo para alcanzar sus intereses particulares sin tener en cuenta que esta autonoma slo se puede llegar a realizar de forma colectiva a travs de la prctica intersubjetiva. La posicin jurdica del individuo se conforma as a travs de una red de relaciones igualitarias basadas en el reconocimiento recproco. Le exige a cada uno que adopte la perspectiva de la primera persona del plural -nosotros- antes que la perspectiva de un observador externo que slo pretende alcanzar su propio xito individual. En definitiva: el PC pasa por la construccin de una comunidad, de un nosotros y no por la mera organizacin racional de una suma de individuos iguales pero aislados los unos de los otros, y que consideran lo de todos como un algo ajeno a s mismos, un algo con lo que se relacionan de forma comparable a lo que sucede en las transacciones mercantiles, un algo, incluso, susceptible de ser apropiado individualmente en beneficio propio.

Mi argumento es que tenemos que construir en Espaa un nuevo nosotros que deje atrs los diferentes nosotros actualmente nos separan. Sus piezas no pueden incluir las tradiciones antidemocrticas, la violencia ejercida contra los inocentes, el autoritarismo en todas sus variantes o el sexismo, sino otras tales como la solidaridad entre clases y territorios, una suerte de plurilingismo en todo el territorio que le permita acceder a todos los ciudadanos desde nios al menos a dos de las tres culturas lingsticas de la periferia, una visin preservadora de los recursos naturales, culturales y artsticos que se han ido acumulando a lo largo de los siglos, etc. No tenemos que empezar desde cero pues la Constitucin de 1978 es una referencia democrtica fundamental en la historia de este pas de pases pero debemos completar la reforma del Ttulo VIII con el diseo colectivo de un relato comn de pas, y que parta de las experiencias democrticas compartidas a lo largo de la historia, de la tradicin regeneracionista y republicana que coloc a Espaa a la cabeza de la cultura de la paz, de la democracia, de la ciencia y de las artes europeas, de la experiencia de tolerancia religiosa en la Edad Media hispana en medio de una Europa vandalizada, o tambin del acerbo civilizatorio acumulado por la cultura mediterrnea que sugiere un espacio de diversidad cultural y encuentro nico en el mundo etc, En ningn caso se trata aqu de combinar o encajar de otra forma naciones y nacionalidades ya existentes y consideradas acabadas histricamente, como sostienen tanto los nacionalistas al norte y al sur del Ebro, como los que apuestan por una especie de confederacin.

Por el contrario, se trata de construir poltica y culturalmente algo nuevo que sea algo ms que una mera suma de lo que ya existe por separado. Los gobiernos de la Espaa constitucional de 1978 no abordaron esta tarea, bien porque pensaban que la globalizacin la haca obsoleta, bien porque no haba posibilidad de consenso que fuera ms all de un borrn y cuenta nueva impuesto por el hecho, de que muchos le atribuan an el rgimen de Franco una elevada dosis legitimidad. Hoy esos son ya muy pocos, lo cual abre una oportunidad histrica para la construccin de un nuevo relato de pas de pases consensuable basado en experiencias de democracia, de libertad y de justicia comunes. El enfrentamiento identitario al que el procs ha colocado a toda la sociedad puede ser una oportunidad pues ha hecho evidente, en toda su crudeza, la naturaleza insostenible que lo que se ha venido fraguando desde 1978 en trminos identitarios en Espaa. El trauma producido puede llevar a muchos a dar el primer paso para romper con las lealtades identitarias que han venido funcionando hasta ahora con el fin de crear espacios para un nuevo espacio que mire al futuro y al mundo del siglo XXI. En realidad, se trata de una tarea que no slo tienen que abordar los ciudadanos espaoles sino los del conjunto de la Unin Europea pues, si se quiere seguir apostando por la UE hay que construir un relato europeo comn basado en la parte humanista, democrtica y tolerante de sus tradiciones, as como en el rechazo activo de todas aquellas que apunten en el sentido contrario: solo as se podr evitar una reedicin de las experiencias de entreguerras.

[Publicado originalmente en: Tey, M. et al (coords): La democracia constitucional en el siglo XXI. Ed. Almuzara, Crdoba 2019]

Armando Fernndez Steinko. Estudi Sociologa, Economa e Historia en varias Universidades de Europa y Canad y ha sido investigador visitante en varios centros de investigacin europeos. En la actualidad es profesor titular de Sociologa, acreditado para catedrtico, en la Universidad Complutense, y participa en distintas lneas de investigacin sobre blanqueo de capitales y dinero ilcito. Ha publicado ms de cincuenta artculos en varias revistas nacionales e internacionales. Algunas de sus monografas son Experiencias participativas en economa y empresa: Tres ciclos para domesticar un siglo (Siglo XXI, 2001); Euskadi, callejn con salida (El Viejo Topo, 2001); Clase, trabajo y ciudadana (Biblioteca Nueva, 2004); Las pistas falsas del crimen organizado (Libros de la Catarata, 2008) y Delincuencia, finanzas y globalizacin (CIS, 2103).

Fuente: http://pasosalaizquierda.com/?p=5186



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter