Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2019

Reflexiones en caliente sobre el paro cvico en Colombia

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


El reciente paro cvico, que ha visto a cientos de miles, si no a millones de personas tomarse las calles y desafiar la represin y el toque de queda en todo el territorio colombiano, representa, sin lugar a dudas una de las movilizaciones ms importantes de las ltimas dcadas. Notable no slo por masivo, sino adems por el sujeto convocado: los sectores populares urbanos, que no se haban movilizado de esta manera desde el perodo de luchas de las dcadas de 1970-1980. Despus de dcadas en que el eje de las luchas populares en Colombia ha estado en el sector rural (campesinos e indgenas fundamentalmente), los sectores urbanos por fin asumen masivamente el liderazgo en las luchas contra el rgimen. Este proceso no hubiera sido posible sin dos condiciones: un sentimiento de malestar generalizado en la poblacin, y una fuerza organizativa con capacidad de convocar y sostener esta lucha. En este sentido, el Comit Nacional del Paro es una instancia clave; y dentro del comit, debe reconocerse el papel protagnico que ha tenido la CUT como la expresin ms aguerrida de la clase trabajadora colombiana.

Huelga aclarar que los procesos populares urbanos de antao fueron en gran medida destruidos mediante el terrorismo de Estado y sus tentculos paramilitares. Los legados siniestros del paro cvico de 1977 fueron el Estatuto de Seguridad, con sus consejos de guerra verbales, prcticas como la desaparicin forzada (Omaira Montoya fue desaparecida una semana antes del paro, y de ah esta prctica no par) y por ltimo, mediante la proliferacin de aparatos represivos paraestatales que desplazaron a los aparatos de represin oficiales como principales herramientas de terror. No es casual que hoy se escuche a coro en las marchas que al pueblo colombiano ya le han quitado todo: hasta el miedo. En un pas donde el 66% de la poblacin vive en las ciudades, la recomposicin del movimiento urbano es un hecho estratgico, de una importancia incalculable para cualquier proyecto de transformacin social.

Desafo colectivo contra el terror

Precisamente por esa prdida de miedo, por ese hasto generalizado, el pueblo colombiano ha sido capaz de desafiar y enfrentar la represin de manera francamente heroica. Los allanamientos, las amenazas y los montajes no lograron amedrentar al pueblo. El toque de queda y la militarizacin han sido ignorados en masa, los cacerolazos y hasta las fiestas callejeras hechos en abierto desafo a una autoridad que nadie ya ve como legtima. La resistencia popular ha enfrentado la violencia popular a un precio elevado. Desde el primer da de protestas se contaban tres muertos en el Valle del Cauca (dos en Buenaventura y uno en Candelaria). Hoy no sabemos con certeza la cifra de muertos, pero siguen sumando. El estudiante bogotano Dilan Cruz se convirti en un caso emblemtico cuando los perros hidrofbicos del ESMAD, la temida polica antimotines colombiana, le dispar en la cabeza por la espalda de la manera ms cobarde. Y sin embargo el pueblo no se ha dejado amedrentar. Noche tras noche se han desafiado la represin y el toque de queda. Los vecinos le han demostrado al Estado que los dueos de sus barrios son ellos mismos, no 4.000 soldados en sus tanquetas. El pueblo tiene rabia pero tambin alegra, el establishmentcolombiano est asustado y reacciona violento. Increble que Duque quisiera dar lecciones de derechos humanos al venezolano Maduro hace apenas unos meses!

La indignacin del pueblo colombiano la quisieron transformar en miedo. No slo en miedo a la represin, sinotambin en miedo al vecino. Los macabros rumores que hicieron circular desde el viernes por las redes sociales, anunciando que vena el lobo vndalos de barrios marginales a atracar las casas de la clase media- son parte de una guerra psicolgica que se suma a esa guerra sucia que el Gobierno de Duque ha declarado al pueblo colombiano. Estos anuncios fueron pura estrategia de pnico que no se materializaron perohicieron que las personas en ciertos barrios dejaran de protestar para convertirse en vigilantes. Cierto es que en toda protesta masiva hay saqueos, eso es as en toda poca y en todos los pases. Pero nunca, o muy rara vez, esos saqueos son de casas, los saqueos por lo general se dan en tiendas o supermercados, que es donde est la mercanca y donde no hay riesgo de enfrentamientos. Por eso es que me son tan raro cuando empezaron a hablar de asaltos a conjuntos residenciales. Todo para desviar la atencin de la protesta, generar miedo y quizs hasta generar violencia entre la gente de a pie, ahorrndole a la polica y al ejrcito la tarea de romper cabezas. No es casual que los grupos de vigilantes que surgieron espontneamente ante estos supuestos saqueos, como Defendamos a Bogot o Resistencia Civil Antidisturbios, no sean otra cosa que fachadas para grupos de choque filo-paracos uribistas.

Estas estrategias terroristas no son nuevas. Es sabido que agentes del Estado han infiltrado las protestas para causar desmanes e incitar violencia gratuita. Dirigentes de FECODE dijeron haber rodeado a algunos de estos personajes en las manifestaciones. En el pasado los conservadores liberaban a los peores criminales para utilizarlos de pjaros y sicarios, cuando al Cndor Lozano le preguntaron por esta prctica respondi con su famosa frase el nico crimen es oponerse al Gobierno, lo dems son pendejadas. Los montajes de los agentes de (in)seguridad del Estado fueron revelados por Juan Gossan cuando revel mltiples documentos del DAS en los cuales se daban a conocer algunas de las prcticas de diversas operaciones en contra de la oposicin a Uribe: sabotaje, terrorismo, amenazas, explosivos, presin, desprestigio, etc. Estos trminos los utilizaron ellos mismos en sus documentos de inteligencia [1]. Si han usado en el pasado estos medios no es raro que utilicen esa mezcla de guerra sucia y guerra psicolgica hoy para enfrentar la protesta legtima del pueblo. Afortunadamente la gente reaccion a tiempo y no permiti que los pusieran a unos contra otros en un enfrentamiento fratricida. El pueblo colombiano entiende muy bien que su enemigo no est en el barrio de al lado.

Un acumulado de muchos aos

Aunque sea acertado entender los sucesos de Colombia desde la perspectiva de las revueltas antineoliberales que han sacudido a Ecuador, Hait y a Chile, lo cierto es que estas protestas son tambin fruto de un proceso de acumulacin domstico de una dcada. Desde la huelga de los corteros de caa en el Valle geogrfico del Cauca en el 2008, pasando por la minga indgena y las protestas y paros campesinos, el pueblo colombiano ha construido un rico legado de resistencias que estn en la base del actual paro. A estas experiencias debemos sumar las experiencias locales de cientos de huelgas de trabajadores en esta poca, con diversos niveles de combatividad, as como las protestas ambientales, cuya importancia ha radicado, precisamente, en que sirvieron de puente entre el mundo rural y el mundo urbano. Creo que no se ha entendido del todo este aspecto de las protestas contra la megaminera y el extractivismo, cuyo ejemplo ms claro ha sido la monumental batalla del pueblo tolimense contra la Colosa y la Anglo Gold Ashanti, en el cual el campo y la ciudad se unieron en una misma lucha. Otro hito clave de esa unidad fue el paro agrario del 2013, que tambin permiti que estos dos mundos se unieran en protesta en contra del modelo de subdesarrollo impuesto desde el Estado.

Esta lucha es un paso ms en un proceso que va para largo. Dado el estado de nimo del pueblo colombiano, y dada la torpeza de un presidente que se ha mostrado muy eficiente para destruir acuerdos de paz y para masacrar nios, pero absolutamente incapaz para reducir el desempleo, parece poco probable que Duque pueda terminar los tres aos de mandato que le quedan por delante. Pese a sus tardos llamados al dilogo nacional, despus de un ao de autismo absoluto, la gente ya no le come cuento. Las organizaciones no se sentarn fcilmente a negociar con un presidente experto en desconocer sus acuerdos y en firmar compromisos para no cumplirlos. La demanda creciente que se escucha en las calles es la renuncia de Duque.

Los desafos pendientes

Quedan varios desafos para el movimiento popular, el primero es convertir la rabia en organizacin. Sin organizacin no hay nada. Eso significa fortalecer los sindicatos, significa formar comits de estudiantes, pensionados, mujeres, de todo el mundo que tenga algo que protestar y exigir. Por mucho tiempo la izquierda ha perseguido estrategias caudillistas mediante las cuales el descontento se busca convertir en votos. La experiencia colombiana demuestra que ese proceso no funciona de manera mecnica. En 1978 el malestar expresado en el paro cvico de 1977 no se convirti en votos para la izquierda. En 2014 tampoco el malestar expresado en el paro agrario del 2013 se tradujo en votos. El "electorerismo" y las luchas populares tienen dinmicas diferentes. Lo que se lucha en la calle se ha de ganar en la calle. Si no se quiere perder este acumulado inmenso es necesario organizar a ese pueblo no como votantes individuales, sino en funcin de sus demandas concretas y de su capacidad de presin colectiva. La accin directa sigue siendo un mecanismo fundamental para avanzar en las luchas populares.

El segundo es la capacidad para mantener la movilizacin popular y lograr la convergencia de diversos sectores. Esto requiere encontrar mecanismos diversos que permitan a diferentes actores participar del descontento colectivo y expresarse. Marchas, cacerolazos, fiestas, hasta grupos de yoga ocupando las calles, ac todo vale a la hora de mostrar que hay un pueblo que est dispuesto a hacerse sentir en sus propios trminos. Este pluralismo tctico es el que permitir mantener la movilizacin viva y fresca. Esto es importante en una perspectiva temporal, el ao entrante se vienen movilizaciones agrarias en todo el pas, y para lograr los cambios estructurales, sistmicos, de fondo, que las clases populares colombianas requieren, ser clave que la resistencia de los campesinos con la de los sectores urbanos estn en convergencia. Esta convergencia rara vez se ha dado en la historia colombiana.

Un tercer desafo es mantener la unidad del movimiento. Por ningn motivo se puede quebrar el Comit Nacional del Paro. La oligarqua, tradicionalmente, ha utilizado la estrategia de dividir y vencer para dominar al pueblo y ha sido exitosa en aplicar esta poltica. Si no, basta ver el paro agrario del 2013, una formidable movilizacin que termin fragmentada en varias mesas de negociacin divididas por regin y hasta por rubro econmico. Hasta el sujeto campesino se haba disuelto al final de las movilizaciones para dar paso a sujetos maleables, como paperos, lecheros, cafeteros, cebolleros, etc. Todos divididos, adems, por departamento, regin o municipio. As toda esa fuerza de dispers y el movimiento fue contenido. Los prximos dos aos, este movimiento se la pas peleando no contra el modelo, sino peleando acceso a unos proyectos productivos que ni siquiera sirvieron de mejora para la situacin del campo. Eso hay que aprenderlo, que ac la unidad no se puede arriesgar por nada. El estudiante, el profesor, la duea de casa, la trabajadora, el campesino, la pensionada, todos tienen exactamente los mismos problemas en este modelo econmico.

El ltimo desafo es, precisamente, convertir las demandas puntuales en una propuesta de modelo alternativa, que modifique las bases mediante las cuales en un pas rico la mayora debe sobrevivir con toda clase de malabares, mientras una minora nfima vive en una riqueza obscena. Ac las consignas no bastan y se requiere pensar en propuestas concretas que permitan ir superando ese capitalismo que hoy devora las entraas del pas, que deforesta el Amazonas, que seca los pramos, que no le garantiza futuro a la inmensa mayora de los colombianos. Ya no se puede tratar de seguir legitimando, mediante las negociaciones, a un Estado y a un modelo que son incapaces de generar respuestas a la altura de la crisis que se vive. La iniciativa, hoy, reposa en el campo popular. Esperemos que los procesos organizativos sepan mantener esta iniciativa en los prximos das y meses.


Nota

[1] Para refrescar la memoria, hay un artculo que escrib con vnculo a la alocucin de Juan Gossan, que est transcrita Esto es un crimen monstruoso DAS poltica y la fascistizacin de Colombia - Anarkismo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter