Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2019

Creer en La Habana

Eusebio Leal
Juventud Rebelde

*Prlogo del Historiador Eusebio Leal al libro "Noble Habana", que muestra fotografas de Alejandro Azcuy Domnguez, presentado recientemente en la celebraciones por los 500 aos de la capital cubana.


El ao 2019 seala el quinto centenario del asiento definitivo de La Habana en el lugar que hoy ocupa. Su punto de partida segn la arraigada tradicin, est en la Plaza de Armas y el sitio qued sealado por un frondoso rbol de ceiba.

Con acierto previsor, el Historiador de la Ciudad Doctor Emilio Roig de Leuchsenring, dispuso hacer el calco de una de las lpidas que ornan la columna conmemorativa erigida en el ao 1754, por orden del gobernador Francisco Cagigal de La Vega. La columna conmemorativa de tres caras, aparece rematada por una imagen de la virgen del Pilar, para desde entonces perpetuar estos hechos. El yeso conservado en la coleccin del Museo citadino dice:

Reinando el Seor Don Fernando VII, siendo Presidente y Gobernador Don Francisco Dionisio Vives, la fidelsima Habana, religiosa y pacfica, erigi este sencillo monumento decorando el sitio donde el ao de 1519 se celebr la primera misa y cabildo

De tal suerte, se impregn en la piedra el eco de la voz popular, que tiene su origen en la conviccin que sobre el particular asumieron sucesivas generaciones. Tal como sucedi con otras de las villas fundadas en el perodo activo de la conquista y colonizacin de la isla de Cuba, La Habana cambi su ubicacin inicial dado el imperativo de circunstancias.

As tiene la capital su origen en San Cristbal, el campamento escogido por la expedicin conducida por Pnfilo de Narvez y Fray Bartolom de las Casas, en un punto de la costa sur, en la ensenada de la Broa, en las inmediaciones de la desembocadura del Ro Oicajinal. Aunque algunos investigadores y estudiosos difieren de ello, diversos mapas y cartas de gran prestigio como Cuba nsula. Hispaniola nsula de Jocodus Hondius y Gerardus Mercator, fechado en msterdam en 1613, eleva la cruz de un pequeo templo en esta latitud a la vez que ya indican La Habana en su posicin actual junto al Puerto llamado de Carenas.

A la larga, y en un relativo corto espacio de tiempo, se fusionaron ambos nombres para llegar a ser San Cristbal de La Habana. As se movi poco a poco al norte pasando por las proximidades del ro llamado por los pobladores indios de aquellas tierras Casiguaguas y luego Almendares, por los baos de salud que tomaba all el Obispo Enrique Almendaris.

La narracin de los sucesos fundacionales se hara interminable. Puedo recomendar la lectura de varios autores de slido prestigio quienes ante la carencia de las actas de fundacin y traslado de la poblacin, que segn la cultura jurdica espaola debieron suscribirse en 1514, afirman que probablemente all se celebr la primera reunin los seores capitulares, un da que hasta hoy permanece en incgnita.

No ha podido tampoco la arqueologa encontrar huellas en los hipotticos lares de la costa sur donde se fund el pueblo primigenio, lo cual envuelve en las nieblas del misterio la gnesis de la villa.

En 1592 se le otorga a La Habana el ttulo de ciudad por el rey Felipe II de Espaa y ms tarde de hecho y de derecho, capital de la siempre fiel isla Cuba. Mostr su asombro la reina viuda Doa Mariana de Austria cuando el cabildo le manifiesta que no posee el documento que le permite hacer uso del escudo de armas, a lo cual responde la soberana con simpata:

en premio de su lealtad sele confirmase la dicha merced pues el descuido que haba habido en perder los papeles de su origen no devian de defraudalla del honor que havia merezido y haviendose visto por los del Consejo de Yndias teniendo consideracin los servicios de la Ciudad de La Havana y la fineza conquelos continuado he tenido por bien hacerle MD (como por la presente se la hago) de que de aqu en adelante use y pueda usar de las mismas armas que constase haber usado hasta aqu en la misma forma y manera que va referido que yo lo tengo as por bien y mano que ninguna persona la ponga impedimento ello que as procede de mi voluntad

Ahora permtame hacer un alto en el camino y que exprese mi ntima conviccin de que lo importante, lo realmente trascendente, no es la acumulacin de dcadas y siglos sino el fruto de todo ello. La ciudad que segn creo es un estado de nimo ante la cual nadie queda indiferente, posee un hechizo; deja en nuestra mirada como prefacio de la memoria un recuerdo indeleble. Estn en ella marcadas como por el trazo acertado de un artista las formas y los estilos, un sorprendente urbanismo que permanece intacto gracias a los azares del destino. En muchos aspectos venida a menos, descolorida o desamada, pero est ah y cuando la mano generosa la exime de tales agravios aparece en todo su esplendor.

Tienen sus gentes su forma singular de expresar el idioma. Ha inspirado a la literatura y en especial a la poesa. Mil veces retratada, ayer y hoy. Y circulan en todo el mundo libros dedicados a ella. Aun en aquellos en que la imagen resulta menos feliz, aparece como un rayo de luz su impactante originalidad. Oh dulce Habana en cuyas calles hemos crecido! Nadie mejor que nosotros habaneras y habaneros - para interpretar tu grandeza.

Al sumar tus siglos de vida las instituciones permanentes de la cultura proclaman que has sido cuna del pensamiento. Viven en ti las tres ciudades como en la antigedad clsica: la acrpolis que no es otra que tu universidad casi tricentenaria, desde cuyo frontispicio el bho, smbolo de la eterna sabidura, contempla insomne la escalinata por la que descendieron desafiantes los estudiantes cuando la opresin o la injusticia coartaron libertades. En tu Campus brillaron los talentos ms eximios y en tu Aula Magna una urna marmrea contiene los restos del venerable presbtero Flix Varela, el que nos ense primero en pensar segn afirm otro habanero insigne, Jos de la Luz y Caballero.

La otra ciudad est a sus pies, aquella en que habitamos, vivimos y amamos. Y la tercera es la necrpolis, la ciudad de abajo, donde entre columnas y epitafios descansa lo ms granado y glorioso de tu historia.

Hay, sin embargo, en la parte ms sencilla y humilde del Centro Histrico, una casita minscula, en cuya fachada la lmpida estrella de mrmol recuerda que el 28 de enero de 1853, vino al mundo en La Habana Jos Mart, al que todos hasta hoy reconocemos como el Apstol de la independencia de Cuba.

Existe un espritu seductor en sus colores, ptinas y matices, sobre todo cuando entramos en aquellos barrios donde la imaginacin de los arquitectos y maestros de obra, poseedores de un dominio inefable del oficio hicieron prolferas grgolas y atlantes, figuras femeninas que sostienen como en la antigedad nforas votivas. Y esto que digo no es fruto de mi imaginacin. Se puede disfrutar en la casa llamada de las muecas de Monte y Egido, en las dos bellas vestales sedentes en una casa comercial en la antigua Calzada de San Luis Gonzaga, luego llamada de La Reina, por las evocaciones de los grandes estilos que hicieron elevarse en La Habana agujas como las de la iglesia del Sagrado Corazn con sus vitrales sorprendentes o las columnas estriadas que precedan al paseo extramural de Carlos III, poblado de fuentes y jardines.

Acaso me lleva esta exaltacin a imaginar una ciudad que no existe? No, simplemente no quiero hoy ver las sombras sino solamente la luz.

De nios recorramos el ddalo de sus calles, en ocasin de ciertas festividades memorables como, por ejemplo, el Da del rbol o en las semanas de recreo escolar, cuando las maestras nos conducan peregrinos a las fbricas y los monumentos.

Tuve en la infancia la tentacin propia del incontenible deseo de los pequeos de nuestra clase. Nos motivaban los peces de colores razn por la cual ingresamos furtivamente en la Quinta de los Molinos. All existe todava una fuente que remeda un manantial, una roca formidable cubierta de musgo por la cual se deslizaban los hilos de agua. Entonces intentbamos capturar las carpas rojas y otros peces huyendo de los guardianes que descubrieron nuestras intenciones. Salimos a toda carrera huyendo y vine a detenerme ante un ngulo de la fachada de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de La Habana donde una figura evocaba la antigua sentencia latina tomada del discurso del emperador romano Tito Flavio Sabino Vespasiano (Cayo Tito): Verba volant, scrīpta mānent, las palabras vuelan, lo escrito queda.

El primer edificio que visit en La Habana antigua fue la Casa Natal de Jos Mart, el lugar por excelencia de culto al Apstol. Aos despus ingres en el recinto magnfico del Palacio Municipal, la otrora Casa de Gobierno y Palacio de los Capitanes Generales. No imagin que permanecera all un largo tiempo de mi vida. A ese claustro siempre vuelvo y estoy seguro que volver.

Ganador de un premio al mejor poema dedicado a aquellas galeras, el poeta ngel Augier dej inmortalizado el estado de nimo que embarga a quien se adentra en sus predios:

A la luz de tu sombra conmovida

deja escuchar a tantas voces tuyas.

Me quedar desnudo de silencio

cuando me des tu intimidad desnuda.

Los recuerdos que corren por tu sangre

te han dejado fragante de ternura,

fuerte de eternidad estremecida

y el color secular que te circunda.

La nostalgia se sube a tus arcadas

para soar al sol su ansia madura;

mientras las ramas verdes te acarician

en el temblor henchido por la lluvia.

Para las sombras de tus corredores

son mis palabras como sombras mudas

que quieren saturarse de tus ecos

y saturar tu paz de albas futuras...

El maestro Gonzalo Roig me revel aos despus que en el ambiente de ese patio nico, imagin los personajes de su zarzuela Cecilia Valds. Y es que no es posible imaginarse La Habana sin la multitud de sus personajes cuyas existencias se mezclan entre realidad y ficcin. Cobran vida en los retratos de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas en cuya biblioteca aprend Letras. Y encarnan en aquellos tipos populares que escaparon a la solemnidad de los pinceles y reviven en la memoria de los ms viejos, cantando pregones, sorprendindonos a su paso como Rosa la China, Mara Beln Chacn, Dolores Santa Cruz o El Caballero de Pars.

Los cubanos que llegan a La Habana desde otras provincias, se sorprenden y los extranjeros algunas veces repiten para tristeza nuestra: ustedes no saben lo que tienen, sobre todo cuando sin visin de futuro, los desamorados dejan agonizar la ciudad bella.

Se requiere un intenso amor que trasciende lo citadino y que entra de lleno en lo cubano porque La Habana es, como capital, una superior entre iguales. No es que sea mejor, es que es diferente y me atrevo a afirmar que no lo es slo en el limitado alcance del archipilago cubano, ni siquiera de Las Antillas lo es en Amrica y en el mundo.

Difcil resulta establecer una diferencia entre lo material y lo intangible. Es como tratar de separar a un anciano de sus recuerdos. Medio milenio despus la ciudad remeda lo que fue, es y ser. Cuando se pierde la memoria se pierde todo. Le es fcil al leador cortar los rboles y al demoledor caer sin compasin sobre los muros. La eximia poeta Dulce Mara Loynaz, aquella habanera ilustre, lo dej escrito en el inmejorable opsculo ltimos das de una casa:

Y entonces, digo yo: Ser posible que no sientan los hombres el alma que me han dado? Que no la reconozcan junto a ella, que no vuelvan el rostro si los llama, y siendo cosa suya les sea cosa ajena?

La misma inquietud sacuda el alma de Alejo Carpentier y en los escasos encuentros que tuve con l recuerdo que gran parte del dilogo fue sobre nuestra urbe. Y algo parecido suceda con Jos Lezama Lima, quien desde su singular casa de la calle Trocadero y los breves recorridos hasta la zona ms antigua, la vivi con total entrega. Tanto que su amiga Mara Zambrano lo describi as: l era de La Habana como Santo Toms lo era de Aquino y Scrates de Atenas. l crey en su ciudad.[Zambrano, Mara, 1996, Breve testimonio de un encuentro inacabable, en Lezama Lima, Paradiso, Edicin Crtica, Pars, ALLCA XX, col. Archivos, n 3, p. XV-XVII.]

Por todo y para todo ello se da a la imprenta este libro fruto de la inspiracin de Alejandro Azcuy Domnguez. Resulta evidente ante sus imgenes que no ha sido su deseo extraer del universo que las rodea a las personalidades que ha escogido. En cada una de ellas encarna el lejano pasado, que viene como adarga al brazo, porque slo la obra y sus frutos ameritan, a juicio del artista, hallarse en sus pginas.

Tanto el autor como los retratados acuden con la llama encendida entre sus manos a colocarla ante La Habana, tal y como aparece en la encantadora escultura sedente en el antiguo Campo de Marte y no lejos del comienzo del Paseo del Prado de Jos Mart.

Sostenida sobre cuatro delfines, lo cual supone un compromiso perpetuo con el mar, se nos presenta esa india marmrea de perfil griego cual Longina de Manuel Corona, con sus ojos esplndidos y leales mirando al futuro. Esa bella mujer nos conmover siempre, custodiada por el escudo de las tres torres y una llave, simboliza a la ciudad amada en su infinitud: la noble Habana.

Fuente:  http://www.lajiribilla.cu/articulo/creer-en-la-habana



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter