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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2019

Espaa: movimientos de fondo

Carlos Barros
Rebelin


Con el siglo XXI, han emergido de la sociedad civil espaola, tres pulsiones de fondo, vectores sociales o fuerzas motrices que con sus acciones rebasan los acuerdos explcitos, implcitos o posteriormente aadidos, de la transicin poltica, 1977-1978. Fuerzas sociales de distinto tipo, relativamente convergentes, que marcan la ltima dcada la trayectoria poltica en Espaa, demandando un nuevo pacto social, constitucional y territorial. Me refiero a la memoria histrica, los indignados y el nuevo nacionalismo cataln.

Memoria histrica. Una de las buenas nuevas que trae la globalizacin -tiene varias caras- es la mundializacin de los derechos humanos. En el siglo XXI el derecho internacional insta a la justicia, la verdad y la reparacin para las vctimas de las dictaduras y las guerras, lo que afecta de manera directa a Espaa (tambin a Amrica Latina). Las vctimas de la dictadura de Franco han sido, como es sabido, las grandes olvidadas de la vieja transicin. La derecha espaola, con el sostn del PSOE, ha reinterpretado la Ley de Amnista de 1977, pensada para sacar de las crceles a los presos polticos antifranquistas, para no juzgar a los represores del franquismo, confundiendo la reconciliacin de los bandos de la guerra civil con la impunidad para los crmenes franquistas de lesa humanidad, cometidos contra civiles entre 1936 y 1977.

Ha habido un silencio sepulcral, entre 1977 y 2000, sobre las vctimas de la dictadura de Franco, hasta que Emilio Silva, nieto de un fusilado de la guerra civil, abre pblicamente en Len, con la ayuda de amigos y compaeros, la primera fosa de desaparecidos en Espaa. Lo que dio lugar a la creacin de la primera Asociacin para la Recuperacin de la Memoria Histrica. Actualmente existe una vasta red de asociaciones activas en favor de la memoria histrica por toda Espaa, pese a la falta de apoyos institucionales desde 2011 (primer Gobierno de Rajoy). A pesar de la Ley de Zapatero (2007), han sido muy escasas las polticas pblicas para la excavacin de fosas y dems tareas ineludibles a favor de la memoria histrica. Nada que ver con la experiencia argentina, o incluso chilena y brasilea. Por poner un ejemplo, en Espaa no existe todava una Comisin de la Verdad. En lo tocante a memoria histrica vamos por detrs de Amrica Latina, lo que seala una vez ms la baja calidad de nuestra democracia.

El movimiento de la memoria histrica, as y todo, tiene voluntad de continuidad y es cada vez ms influyente. Su mayor xito -simblico- es haber logrado, el 24 de octubre de 2019, la exhumacin de Franco del mausoleo del Valle de los Cados, ejecutada por el primer Gobierno de Pedro Snchez con el sostn parlamentario de Podemos y los partidos nacionalistas. Queda todo por hacer, ojal se constituya y perdure en el tiempo una mayora de gobierno que pueda relanzar la tarea histrica de la memoria en Espaa.

Indignados. El segundo motor del cambio social en la Espaa reciente que consideramos es el movimiento de los indignados, que llamamos 15-M porque se inici el 15 de mayo del ao 2011 . Ese da, de manera ms o menos espontnea, a travs de mviles y redes, se reunieron en Madrid, y en otras ciudades, un gran grupo de jvenes alarmados por las consecuencias que las polticas derivadas -a partir de 2010- de la aceptacin acrtica por parte del Gobierno socialista de las directrices de austeridad que venan de Alemania y la Comisin Europea. Los recortes y la recesin generaron un desempleo espantoso que se ceb, especficamente, en los licenciados universitarios.

Un movimiento nuevo, pues, de centenares de miles de jvenes al calor de la experiencia pionera de Tnez y el Norte de frica (que la prensa bautiz como primavera rabe), que arrastr a otros sectores de la sociedad y ejerci en Espaa una significativa influencia, hasta el da de hoy. Las encuestas de aquel momento daban un apoyo del 70-80 % de la poblacin espaola a los indignados. Coreaban por las calles: Lo llaman democracia y no lo es, tambin No nos representan, no. Criticaban a la democracia representativa exigiendo ms democracia.

Del movimiento espaol de los indignados, a diferencia de los restantes pases, surgi en 2014 un partido poltico denominado Podemos , que est resultando clave en 2019 para la formacin del Gobierno de Espaa.

Catalua. Una gran ola de presin social, poltica e ideolgica surgi, en tercer lugar, en Catalua a partir del 11 de septiembre del ao 2012, cuando que se manifestaron un milln de catalanes a favor de la independencia. Se trat de un movimiento sorpresivo porque Catalua estaba, en principio, satisfecha -o resignada, dirn otros- con el autogobierno conquistado en la transicin. La poblacin catalana evolucion hacia la independencia a causa de una acumulacin de agravios, principiada en 2006 cuando en Catalua se redact legalmente un nuevo Estatuto de Autonoma, aprobado por el Parlamento autonmico, ratificado en referndum por los catalanes y despus respaldado mayoritariamente en el Congreso de Diputados de Madrid. El Tribunal Constitucional en lugar de validarlo, lo rechaz, por entender que no caba dentro de la Constitucin, muy en esa idea de las derechas espaolas de reinterpretar conservadoramente la Constitucin de 1978. Confirmando cierta continuidad con el franquismo en los altos tribunales espaoles, como consecuencia de la falta de ruptura entre la dictadura y la democracia.

A partir de tamaa frustracin la gente en Catalua, pasa del autonomismo a posiciones independentistas, que alcanzan en algn momento el 50% de la poblacin. El independentismo ha venido ganado las ltimas elecciones, controlando la Generalitat de Catalua. En 2017 organizaron un referndum ilegal a favor de la independencia, y el Parlamento lleg a declarar la independencia de Catalua. La respuesta del Estado se redujo ms bien a la represin, lo que mantuvo vivo hasta la actualidad el movimiento independentista, pese a no tener opciones de futuro. Se detuvo a los dirigentes ms importantes de los partidos catalanistas y las asociaciones civiles a favor de la soberana, sentenciados con dureza por sedicin el 14 de octubre de 2019.

Catalua ha sido, y es, un factor constante de inestabilidad poltica en Catalua y Espaa, coadyuvando en las pasadas elecciones del 10 de noviembre al auge indito de la ultraderecha espaola (VOX), que pretende terminar con el Estado de las Autonomas y regresar a un centralismo de corte franquista. Situacin que no se revertir, pensamos muchos, mientras no se imponga la va del dilogo y la negociacin poltica para adaptar al siglo XXI el artculo 2 de la Constitucin del 78 sobre la plurinacionalidad espaola, donde se viene a decir que Espaa es como la Santsima Trinidad: una y varias (naciones) a la vez.

Memoria histrica, indignados (histricamente, vector principal del cambio) e independentismo cataln convergen en lo mismo: superar el llamado Rgimen de 1978 alcanzando una nueva estabilidad que reconcilie a la sociedad con sus representantes polticos.

La primera victoria que consigue el movimiento de los indignados, y sus ramificaciones polticas y mediticas, directas o indirectas, es la derrota de la corrupcin. Ha habido en los ltimos aos mltiples juicios, de enorme impacto, que afectan o han afectado a los dirigentes tanto de la poca del PSOE como -sobre todo- del PP. Una especie de manos limpias, finalmente transversal. Se habla ms de la corrupcin que hubo que de la corrupcin que hay, de alguna manera los partidos ms afectados han aprendido de la experiencia. Al principio se deca que no tena efecto sobre los votos, result lo contrario y tanto el PSOE primero, como el PP despus, perdieron millones de votos por la corrupcin. Un xito diferido de la indignacin que naci en las plazas con el 15M e impregn progresivamente al conjunto de la sociedad, incluyendo parte de la judicatura y los medios de comunicacin.

El segundo efecto, asimismo visible y revelador, es el cambio radical del sistema de partidos. Pasamos del bipartidismo de las ltimas cuatro dcadas al pluripartidismo, que refleja mejor el pluralismo social e ideolgico e impugna tambin las instituciones de la democracia, limitadamente representativa, que sali de la transicin de los aos 70. En 2014 nace, segn ya dijimos, el partido Podemos que proviene del movimiento del 15-M. En el ao siguiente, 2015, nace el partido Ciudadanos, que se deca que iba a ser el Podemos de la derecha y se ha quedado en pura derecha. En 2019, vimos como aflora el partido ultra reaccionario VOX, una especie de franquistas recalcitrantes que buscan imitar a lo que es ahora la ultraderecha en el mundo (Salvini, Le Pen, Trump, Bolsonaro). Se pone as fin al rgimen de doble partido nico donde se alternaban en el gobierno el PP y el PSOE por medio unas mayoras absolutas que ahora se fueron para no volver como muestran, nuevamente, los recientes resultados de las votaciones del 10 de noviembre de 2019.

El multipartidismo es, entonces, otro efecto irreversible de las pulsiones de fondo que atraviesan la sociedad espaola en los albores del siglo XXI. La verdad es que hace tiempo que en toda Europa lo normal es el pluripartidismo y los gobiernos de coalicin. En Espaa, por el contrario, hubo fuertes resistencias por parte de los beneficiarios polticos, econmicos y mediticos, de la rigidez bipartidista. El PP se ha adaptado primero, desde el momento en que su espacio electoral se fragmenta en tres partes. No tanto el PSOE, el partido socialdemcrata por antonomasia en Espaa que ha disfrutado, desde 1982, de esa alternancia en el gobierno con la derecha: le ha costado mucho adaptarse a la emergencia de un nuevo partido a su izquierda con millones de votos. Se vio en la negativa final del verano pasado, por parte del PSOE, a formar un gobierno de coalicin con Podemos: causa primera de la repeticin de elecciones en noviembre.

Podemos aseverar que los espaoles estamos ante una nueva transicin en marcha, se quiera o no. Para variar, los polticos van detrs de la sociedad, salvo excepciones. Esta segunda transicin da pasos adelante en la prctica, sin declaraciones previas, a diferencia de la transicin 1977-1978, cuando un pacto entre grandes figuras y representantes de tendencias distintas, incluso contrapuestas, negociaron la legalizacin del PCE, las primeras elecciones y la Constitucin democrtica. Hoy los cambios en curso no se estn pre-programados por las alturas, se hacen realidad mediante mecanismos democrticos, sea manifestaciones sea elecciones, decisiones parlamentarias y acciones de gobierno. Estamos, por tanto, ante una transicin a plazos, ms lenta, con progresos y retrocesos, sin que nadie asegure los resultados.

Este proceso de cambio dimana de la sociedad civil y contagia sobremanera a la sociedad poltica, unos se muestren favorables y otros contrarios. Intensa bipolarizacin en la ideologa y las actitudes sociales que no se haba visto desde el tardofranquismo y la transicin, como corresponde a todo cambio histrico verdadero, relativamente dilatado en nuestro caso. Una transicin a plazos, en suma, que concuerda bien con la Historia Contempornea de Espaa.

La revolucin burguesa del siglo XIX no gir alrededor de un acontecimiento fundador como en el modelo francs (1789), sino a travs de avances acumulativos y regresiones que duraron todo el siglo XIX, dividiendo a la sociedad espaola en liberales y conservadores. En el siglo XX la irrupcin del movimiento obrero tambin gener una bipolarizacin entre izquierda y derecha que llega hasta hoy. La bipolaridad existente en la Espaa actual continua de este modo la tradicin espaola de los dos ltimos siglos, que nos ha permitido llegar la prosperidad presente (desigualmente repartida, desde luego). El pesimismo de los intelectuales decimonnicos sobre las dos Espaas, olvida que su dialctica ha conducido finalmente a grandes progresos, por mucho que los privilegiados y cortos de espritu, se hayan resistido.

En 2018 y 2019, cuaja de modo creciente y organizado esta bipolaridad izquierda / derecha, progresistas versus conservadores. Los agudos problemas sociales y polticos que sufrimos, y sus alternativas, salen a la luz extremando el voto, y no se trata slo, ni principalmente, de un problema entre polticos como se puede pensar superficialmente. En el ltimo ao se han conformado dos opciones polticas, mediante acuerdos y convergencias entre partidos, cara a la resolucin -o el agravamiento, con el polo conservador- de las tensiones de fondo que exhortan a una nueva estabilidad fundamentada en un nuevo pacto social, poltico y territorial. Cara a las dobles elecciones de 2019 se perfilaron as una alternativa de progreso y una alternativa de regreso.

La alternativa de progreso nace en la primavera de 2018 cuando el Partido Socialista, Podemos y los nacionalistas perifricos se ponen de acuerdo para echar al PP del Gobierno a travs de una mocin de censura contra el presidente Mariano Rajoy. A partir de ah, y durante once meses, funcion en Espaa un Gobierno del PSOE apoyado desde el Congreso de Diputados por Podemos y los grupos de la mocin de censura, que subi el salario mnimo en un 22,30 % (900 euros) y sac la tumba de Franco del Valle de los Cados, entre otras medidas progresistas. Experiencia a la portuguesa que se agot pronto (tambin en Portugal) y oblig, ante la imposibilidad de aprobar los Presupuestos, a convocar elecciones generales para abril de 2019. A partir de esa breve experiencia de Gobierno de ms o menos de izquierdas, las tres derechas reunidas en la Plaza de Coln de Madrid (PP, Ciudadanos y VOX), se juntaron en un frente nacionalista espaol de carcter reaccionario -nunca mejor dicho- a fin de recuperar el Gobierno, asegurar los intereses de los grandes poderes, prolongando la impunidad del franquismo y restringiendo libertades y derechos reconocidos en la Constitucin, cuando no volviendo al Estado centralista anterior a la transicin a la democracia, so pretexto de la situacin en Catalua.

Hoy, 12 de noviembre de 2019, acaba de anunciarse por parte del PSOE y de Podemos un preacuerdo de Gobierno de progreso que habra de llevar a la prctica las reformas sociales y polticas demandadas en este nuevo siglo por la sociedad civil espaola. As sea.

Carlos Barros. Red Acadmica Internacional Historia a Debate.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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