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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2019

No se puede

Jaime Richart
Rebelin


Dado el tema tratado aqu, siento ser un aguafiestas para muchos. Por eso me siento obligado a advertir que no escribo desde el entusiasmo poltico precisamente, y menos desde el fanatismo. Lo hago como ese observador que, si se me permite, se encuentra a la distancia de la luna...

Dicen los creyentes que la fe remueve montaas. Puede ser, aunque nunca lo hemos visto. Pero desde luego la voluntad no, a menos que se carezca de todo escrpulo y se salten las reglas del juego. Es ms, la voluntad por s sola, es decir si no cuenta con la inteligencia para dinamizarla pero tambin con la colaboracin de circunstancias favorables o del azar, sirve de poco...

Pues, como dice Brillat-Savarin en su magnfica obra Fisiologa del gusto, pienso de mala gana en molinos que muelen tan despacio que uno se morira de hambre antes de tener harina. La cita viene a cuento de que el progreso social en Espaa, es decir, el recorte de las diferencias sociales a medida que van pasando los aos, es muy lento. Incluso aumentan. Cada vez ms ricos y cada vez mayor el nmero de los desamparados. No importa que trabajen. No hay futuro para ellos si son honrados. Slo se salvan si recurren a la trampa o a la rapia. La Historia va en contra suya. Los molinos muelen demasiado despacio... Y yo, a mis 81 aos, ya no espero ver en Espaa a otro pas distinto al que conozco bien; otro pas equilibrado, otro pas republicano. Siempre ms de lo mismo, en cutrez y en injusticia social. Los cambios sociales en estos ltimos cuarenta y tres, son casi imperceptibles. Los cambios profundos habidos estn en la no poco estimable vida de la sexualidad y de la condicin sexual, reprimidas cruelmente en la dictadura. Tambin como consecuencia del alineamiento inevitable de la sociedad espaola con las sociedades europeas de las que Espaa viv prcticamente aislada durante cuatro dcadas, perdiendo todo contacto con la evolucin de las mismas por el paso del tiempo. En lo dems, pocos cambios. La vida de millones de jvenes, por ejemplo, sigue dependiendo del respaldo de padres o abuelos, y si no tienen recursos sus familias o no pueden buscar empleo fuera porque su formacin es exclusivamente humanista, se saben, en general, condenados a quehaceres mecnicos de tumbo en tumbo o al paro laboral...

Digo todo esto, porque no veo indicios de que Espaa vaya a cambiar, por mucha voluntad poltica que se ponga en el empeo. Todo lo contrario. Quiz vaya de mal en peor. Porque tampoco creo que vaya a remediarlo ese proyecto de coalicin a la que le falta mucho todava para darse forma y gobernar. Espaa, el pueblo, pasan su historia sometidos. Cuando no es el absolutismo monrquico es la Inquisicin, y cuando no es la Inquisicin es el poder religioso a secas, y cuando no directamente el poder religioso fue el poder de una dictadura virtualmente teocrtica. Ahora, siendo estos tiempos tan poco favorables al poder religioso y a su influencia y habiendo desaparecido la dictadura, han tomado el relevo descarado los poderes econmico, burstil, empresarial y realeza que han sido efectivamente determinantes siempre pero sin manifestarlo abiertamente. Los cuatro deciden la realidad poltica que ha de ajustarse a sus parmetros. El poder poltico, en materia econmica y social, tiene mucha menos importancia de la que se atribuye y le atribuimos. De aqu que no podemos esperar grandes cambios por mucha que sea la voluntad de los partidos y de sus lderes que terminen eventualmente formando coalicin. Todo lo que no sean cambios irrelevantes para que todo siga igual, no tiene encaje en el ideario de los que mandan efectivamente en Espaa. En esa Espaa con la que tantos millones de espaoes sobamos al desaparecer el dictador, la dictadura y sus graves lacras...

Sobamos, en efecto, con otra Espaa. Pero poco a poco fuimos despertando a la realidad a partir de los primeros avatares, ya sin las ataduras de la tirana; transicin trucada, partido socialista inoperante, privatizaciones bsicas sin cuento, un comunista legendario entre polticos para decorar el marco, puertas giratorias, amago de golpe de Estado para robustecer la figura del rey; todo envuelto en una atmsfera econmica favorable gracias a los ros de millones recibidos sucesivamente de la CEE y de los bancos europeos, que encubran la realidad social que por dentro se iba gestando y que nos iban endeudando cada vez ms.

Tras la inoperancia prctica en cuatro dcadas del partido que se supona llamado a hacer los cambios, un partido de jvenes desde la indignacin por el fiasco irrumpi hace cinco aos en la escena poltica con mpetu al grito de s se puede. Intentaba lo que, alternndose con el partido franquista camuflado a lo largo de las cuatro dcadas, esperbamos del partido socialista en el ejecutivo y el legislativo pero no hizo en absoluto: reformar a fondo una Constitucin viciada por las condiciones presionantes en que fue aprobada en 1978, modificar la ley hipotecaria y las leyes tributarias en favor de la clase trabajadora, derogar la ley electoral, revisar el Concordato, transformar a fondo poco a poco las instituciones, principalmente la justicia; promover, en fin, un referndum acerca de la forma de Estado. Pues, no slo no hizo nada de todo eso, sino que hizo lo contrario: consolidar el statu quo poltico y de consuno el social, y adoptar o secundar polticas neoliberales incrustando, de acuerdo con el partido franquista, en el texto Constitucional el artculo 135 que situaba el inters de los acreedores internacionales por encima del inters del pueblo espaol...

Pero pronto ese nuevo partido, en lugar de ser vitoreado por la mayora del electorado, al igual que sucedi en otros pases como a Grecia e Islandia, se vio obligado a hacer equilibrios de funambulista, no slo para llevar a cabo sus propsitos sino tambin casi para subsistir. Pues hasta hoy, el suyo ha sido un camino sumamente pedregoso. Primero salpicado de lbelos difundidos por un contumaz y canallesco periodista ultra neoliberal que hicieron tremendo efecto negativo en el elector medio, y luego topando con la oposicin, ms bien enemiga, del espectro econmico y financiero. Tan nefastos fueron los libelos y esta realpolitik rastrera, que pronto impact en el partido el divide y vencers trabajado a fondo por sus adversarios, diezmando a los cuadros de mando del partido, dividindolo en facciones y desorientando a los que han permanecido.

Desde luego, escuchando a los dueos del dinero y de las grandes empresas espaolas (dueos del dinero, por otra parte paradjicos, pues son deudores a los que el Estado les ha condonado la deuda. La banca espaola debe al menos 51 mil millones, de los cien mil millones en nmeros redondos que recibi del Estado para su rescate), cada da que pasa est ms claro que no se puede.

Ahora, pese a haber bajado su cotizacin electoral aunque siga intacto el tarro de sus esencias, ese partido nuevo parece encontrarse en condiciones de compartir el poder ejecutivo con el viejo e incumplidor partido socialista de cuyas siglas se le ha cado precisamente la letra de la ideologa. Sin embargo, dependiendo ello todava de factores ajenos a ellos y aun en el supuesto de que llegase a buen trmino, es sumamente dudosa la estabilidad prolongada de la incierta coalicin a lo largo de la legislatura. Pues teniendo tan dispares intereses las fuerzas que debern generar la energa bastante para enfrentarse a los poderes fcticos y al judicial, su aliado, y al desgaste con el que habrn de contar por la agresividad, trampas y argucias de sus rivales polticos, las transformaciones que a priori se proponen, es probable que se estrellen una vez ms contra la realidad diseada por los reales y virtuales dueos del pas. O bien, los cambios logrados sobre el papel sern tan irrisorios que no sera extrao que acaben todos convencidos de que las transformaciones hondas que precisa Espaa para que las condiciones sociales y las desigualdades no sean un ultraje para la sociedad excluida, no van a ser posibles; que slo son posibles por una revolucin que nunca van a estallar, o por el paso de otro siglo. Con lo que acabarn a su vez renunciando a la empresa del cambio, slo para que Espaa no salte nuevamente por los aires.

Y es que en realidad, del mismo modo que en general no se vive en democracia por ley o por decreto, sino por la voluntad sostenida de la clase social poseedora del dinero, de la clase poltica, de la justicia y de la religin predominante, las transformaciones significativas en Espaa, mtanselo en la cabeza, slo pueden tener lugar por el acuerdo y sinergia entre todas las voluntades: la voluntad poltica, la voluntad de los poderes econmicos, la voluntad de la justicia y, en Espaa, la voluntad de la conferencia episcopal. Y estas otras voluntades, por ahora no existen ni por asomo. Slo un milagro puede darles vuelco.

En resumen, desendolo, deseando poder, como el ms deseoso, como quiz el ms jacobino del partido morado, no tengo ms remedio que concluir como empec: no se puede...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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