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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2019

Gobierna la democracia?

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Pese a los avances, en las modernas sociedades la funcin poltica de sus ciudadanos est sensiblemente devaluada al haber sido desplazada hacia una minora representativa. En consecuencia, la ciudadana puede creer que quien gobierna una sociedad es ella misma a travs de sus representantes. Tambin que, aunque no gobierne, resulta que gobierne por extensin del poder del voto. Tal vez resulte que quien gobierna es la propia democracia moderna. Sin embargo, cualquier observador escptico puede llegar a la conclusin de que la democracia al uso es un juego muy especial para distraer polticamente a la masa de espectadores.

Quizs la tercera posicin tiene mayores visos de objetividad, porque en el proceso, aunque la intervencin del elector es significativa, los verdaderos protagonistas son los que bajan a la arena. El elector pulsa el botn de la maquina, mientras los candidatos marcan el espectculo. El punto lgido de la partida se alcanza con las elecciones. Si bien hay que considerar el mercadeo preelectoral y los ajustes postelectorales. No obstante la funcin de entretenimiento no concluye con la toma de posesin del gobierno democrtico, sino que se va prolongando en el tiempo hasta empalmar con los siguientes prolegmenos electorales en los que se inicia una nueva partida.

Hablando de la democracia que se oferta, se trata de un juego mayoritariamente visual en el que intervienen, junto con los jugadores que salen a escena, los espectadores. Observan el espectculo del que alguno de los participantes resultar ganador, como suele suceder en otros juegos de competicin. En su punto lgido, el proceso es como una moderna lucha de gladiadores que tratan de deshacer de sus rivales con el arma de la retrica a base de agredir y defenderse con discursos, pretendiendo arrollar a su enemigo y ganarse el favor de los espectadores. La peculiaridad del juego democrtico es precisamente que el espectador decide quien es el ganador, sin necesidad de que se use la violencia, simplemente se trata de tomar partido por una parte. Es en el momento de depositar el voto en el que el simple observador interviene en el juego, pretendiendo inclinar la balanza en favor de alguno de los participantes. Cuando hay una mayora nica resultante del proceso electoral o fruto de las componendas subsiguientes, el ganador del juego incruento ocupa el sitial de la autoridad y, olvidando a quien le eligi, comienza a regir el destino de los espectadores. Al final, los que siguen jugando a su aire son los protagonistas del juego, mientras los espectadores, cumpliendo su funcin, se quedan esperando para observar el desarrollo de un juego en el que ya no participan.

Vuelve a rondar la gran duda de si la ciudadana gobierna, incluso si gobierna esa minora de partido resultado de la contienda electoral o, en todo caso, si lo hace la democracia misma.

Lo primero prcticamente queda descartado. En virtud del principio de representacin no sujeto a mandato expreso, por el que se rige este modelo de gobierno, los ciudadanos en democracia no gobiernan, simplemente son gobernados.

Por otro lado, parecera ingenuo pensar que quien ha sido parte del espectculo pase a ser gobernante por el toque mgico del electorado. El poder de gobierno es algo solido situado muy por encima del sitial de gobernante y permanece ajeno a los avatares del juego. Como juego que es todo est previsto con anterioridad, con independencia del que gane el torneo, porque cualquier jugador es solo jugador, pero no gobernante real.

Quiere esto decir que ms all de las voluntades electorales intervinientes en el juego hay algo ms slido que permite al elegido gobernar como autoridad, pero no que gobierne. El primer lmite est en la estructura estatal que fija el marco de la autoridad. No es posible gobernar la margen del Estado de Derecho. El segundo lmite viene establecido por la fuerza real o sntesis de intereses que nueve la sociedad, con capacidad para dirigirla en una u otra direccin. Son sus comisionados los que fijan la accin de gobierno, porque no tendra sentido que alguien ajeno al sistema, que es el fabricante de la realidad real, tratara de dirigir una realidad que desconoce.

En relacin con la tercera posibilidad, resulta que no hay margen para la casualidad producto del voto, tal como sostiene la democracia al uso, ningn producto del azar puede cambiar el curso de la realidad prefabricada. De ah la falacia de las ideologas puras, refugiadas en la utopa o simples productos ocasionales populistas para marcar diferencias ante el electorado, porque nunca podrn enfrentarse a la ideologa del sistema, puesto que es el soporte intelectual del mundo real, asistido sobre el terreno por el empresariado capitalista. La consecuencia es que los elegidos bajo el paraguas de un partido tienen dos opciones, bien jugar en los trminos marcados por el sistema para sobrevivir como autoridad u oponerse a l y fracasar. Rascando en la apariencia, no es difcil descubrir que, por encima del juego democrtico est ese entramado, demasiado real, que conduce de manera efectiva y a su voluntad a toda la sociedad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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