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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2019

Basta ya de mentiras sobre Julian Assange!

John Pilger
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.




Protesta de los seguidores de Assange frente al Tribunal de la Magistratura en Westminster, Londres, 21 octubre 2019 (Foto: Kirsty Wigglesworth/AP)  

 

Los peridicos y otros medios de Estados Unidos y Gran Bretaa han declarado recientemente su pasin por la libertad de expresin, especialmente por su derecho a publicar libremente. Se debe a que estn preocupados por el efecto Assange.

Es como si la lucha de los que dicen la verdad, como Julian Assange y Chelsea Manning, representara ahora una advertencia para ellos: que los matones que sacaron a Assange de la embajada ecuatoriana en abril pueden venir algn da a por ellos.

The Guardian se hizo eco de un estribillo comn la semana pasada. La extradicin de Assange, deca el peridico, no es una cuestin sobre lo inteligente que puede ser el Sr. Assange, y menos an sobre lo agradable que puede resultar. No se trata de su carcter, ni de sus opiniones. Tiene que ver con la libertad de prensa y con el derecho del pblico a saber.

Lo que The Guardian est tratando de hacer es separar a Assange de sus logros fundamentales, logros de los que se ha beneficiado The Guardian a la vez que han expuesto su propia vulnerabilidad, junto con su tendencia a halagar al poder rapaz y difamar a quienes revelan sus dobles raseros.

El veneno que ha estado alimentando la persecucin de Julian Assange no resulta tan obvio en ese editorial como suele serlo; no hay ficcin en la que Assange manche de heces las paredes de la embajada o se porte de forma horrible con su gato.

En cambio, las engaosas referencias al carcter, juicio y simpata perpetan una mancha pica que tiene ya casi una dcada. Nils Melzer, Relator de las Naciones Unidas sobre la Tortura, utiliz una descripcin ms adecuada. Ha habido, escribi, "una campaa implacable y sin restricciones de acoso pblico. Explica el acoso como una corriente interminable de declaraciones humillantes, degradantes y amenazantes en la prensa. Esta escarnio colectivo equivale a tortura y podra conducir a la muerte de Assange.

Al haber presenciado gran parte de lo que Melzer describe, puedo dar fe de la verdad de sus palabras. Si Julian Assange sucumbiera a las crueldades acumuladas sobre l, semana tras semana, mes tras mes, ao tras ao, como advierten los mdicos, peridicos como The Guardian tendran que compartir esa responsabilidad.

Hace unos das, un tipo del Sydney Morning Herald en Londres, Nick Miller, escribi un artculo descuidado y engaoso titulado: No se ha absuelto a Assange, simplemente se ha burlado a la justicia. Se refera al abandono de Suecia de la supuesta investigacin sobre Assange.

El informe de Miller no es atpico por sus omisiones y distorsiones, aunque se hace pasar por una tribuna de los derechos de la mujer. No hay un trabajo original, no hay una investigacin real: solo calumnias.

No hay nada sobre el comportamiento documentado de un grupo de fanticos suecos que se apropiaron de las acusaciones de conducta sexual inapropiada contra Assange y se burlaron de la ley sueca y de la tan cacareada decencia de esa sociedad.

No menciona que, en 2013, la fiscal sueca intent abandonar el caso y envi un correo electrnico al Servicio de la Fiscala de la Corona (SFC) en Londres para decirle que ya no iba a tratar de conseguir una orden de detencin europea, a lo que recibi la respuesta: No te atrevas! [Mi agradeciniento a Stefania Maurizi de La Repubblica.]

Otros correos electrnicos muestran que el SFC desanim a los suecos de ir a Londres para entrevistar a Assange, algo que era una prctica comn, bloqueando as el progreso que podra haberle liberado en 2011.

Nunca hubo acusacin. Nunca hubo cargos. Nunca hubo un intento serio de imputar acusaciones a Assange ni de interrogarle, comportamiento que el Tribunal de Apelaciones sueco dictamin como negligente y que el Secretario General del Colegio de Abogados de Suecia ha venido condenando desde entonces.

Las dos mujeres involucradas dijeron que no hubo violacin. Hay importantes evidencias escritas de que sus mensajes de texto les fueron intencionadamente escamoteados a los abogados de Assange porque socavaban claramente las acusaciones.

Una de las mujeres estaba tan sorprendida de que Assange fuera arrestado, que acus a la polica de haberla presionado y de cambiar su declaracin como testigo. La fiscal principal, Eva Finne, desestim cualquier sospecha de delito.

El hombre del Sydney Morning Herald omite que un poltico ambicioso y comprometido, Claes Borgstrom, apareci por detrs de la fachada liberal de la poltica sueca y se apoder y reaviv el caso.

Borgstrom reclut a una antigua colaboradora poltica, Marianne Ny, como la nueva fiscal. Ny se neg a garantizar que Assange no acabara siendo enviado a Estados Unidos en caso de ser extraditado a Suecia, aunque, como inform The Independent: ya se han celebrado conversaciones informales entre funcionarios estadounidenses y suecos sobre la posibilidad de que el fundador de WikiLeaks Julian Assange sea puesto bajo custodia estadounidense, segn fuentes diplomticas. Esto era un secreto a voces en Estocolmo. Que la Suecia libertaria tenga un pasado oscuro y documentado de dejar a las personas en manos de la CIA no fue noticia.

El silencio se rompi en 2016 cuando el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Detencin Arbitraria, un organismo que decide si los gobiernos cumplen sus obligaciones respecto a los derechos humanos, dictamin que Julian Assange haba sido detenido ilegalmente por Gran Bretaa y pidi al Gobierno britnico que le dejara libre.

Tanto los Gobiernos de Gran Bretaa como Suecia haban participado en la investigacin de la ONU y acordaron respetar su fallo, que tena el peso del derecho internacional. Pero el secretario de Asuntos Exteriores britnico, Philip Hammond, se puso de pie en el Parlamento e injuri al panel de la ONU.

El caso sueco fue un fraude desde el momento en que la polica contact secreta e ilegalmente con un peridico sensacionalista de Estocolmo y desat la histeria que iba a devorar a Assange. Las revelaciones de WikiLeaks de los crmenes de guerra de Estados Unidos haban avergonzado a esos siervos del poder, con sus intereses creados, que se hacan llamar periodistas; y por esto, nunca se iba a perdonar al insociable Assange.

La veda estaba abierta. Los torturadores mediticos de Assange cortaron y pegaron las mentiras y el abuso insultante de cada uno. Es realmente uno de los mojones ms masivos, escribi la columnista de The Guardian, Suzanne Moore. El juicio comn a que se lleg fue que haba sido acusado, lo cual nunca fue cierto. En mi carrera, en la que he informado desde lugares que registraban agitacin extrema, sufrimiento y criminalidad, nunca he visto algo as.

En la tierra natal de Assange, Australia, fue donde este acoso alcanz su apogeo. El Gobierno australiano estaba tan ansioso por entregar a su ciudadano a Estados Unidos que en 2013 la primera ministra, Julia Gillard, quiso quitarle su pasaporte y acusarle de un delito, hasta que se le seal que Assange no haba cometido ninguno y que no tena derecho a quitarle su ciudadana.

Segn la pgina web Honest History, Julia Gillard ostenta el rcord del discurso ms adulador que se haya hecho nunca ante el Congreso de Estados Unidos. Australia, dijo ante los aplausos, era la gran compaera de Estados Unidos. La gran compaera coludi con Estados Unidos en su persecucin de un australiano cuyo crimen era el periodismo, denegndole su derecho a la proteccin y asistencia adecuada

Cuando el abogado de Assange, Gareth Peirce, y yo nos encontramos con dos funcionarios consulares australianos en Londres, nos sorprendi que todo lo que saban sobre el caso es lo que leemos en los peridicos.

Este abandono por parte de Australia fue una de las principales razones para que Ecuador le concediera asilo poltico. Como australiano, esta situacin me pareci especialmente vergonzosa.

Cuando se le pregunt recientemente acerca de Assange, el actual primer ministro australiano, Scott Morrison, dijo: Debera afrontar las consecuencias. Este tipo de matones, desprovistos de cualquier respeto por la verdad y los derechos, los principios y la ley, es la razn por la cual la prensa en su mayora controlada por Murdoch en Australia est ahora preocupada por su propio futuro, ya que The Guardian est preocupado y The New York Times est preocupado. Toda esta preocupacin tiene un nombre: el precedente de Assange.

Saben que lo que le sucede a Assange les puede pasar a ellos. Los derechos bsicos y la justicia que se le niegan a l se les pueden negar tambin a ellos. Han sido advertidos. Todos nosotros hemos sido advertidos.

Cada vez que veo a Julian en el mundo sombro y surrealista de la prisin de Belmarsh, recuerdo la responsabilidad de todos aquellos que le defendemos. Hay principios universales en juego en este caso. l mismo suele decir: No se trata de m. Es algo mucho ms amplio.

Pero en el corazn de esta notable lucha -porque es, sobre todo, una lucha- est un ser humano cuyo carcter, repito carcter, ha demostrado el coraje ms asombroso. Le saludo.


(Versin editada de un discurso que John Pilger ofreci en el lanzamiento en Londres del libro In Defense of Julian Assange, una antologa publicada por Or Books, Nueva York.)

John Pilger, periodista de origen australiano y renombre internacional, ha ganado ms de 20 premios por su labor periodstica.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2019/11/25/the-lies-about-assange-must-stop-now/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelion.org como fuente de la misma.

 



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