Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2019

Los golpes de Estado

Marcelo Colussi
Rebelin


Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.

 

Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos

Amrica Latina y el frica tienen una larga tradicin de golpes de Estado. En otras latitudes del planeta los mismos son raros, muy infrecuentes, o simplemente no se dan. Cualquiera de ellos, con las diferencias y particularidades del caso, consiste en la interrupcin de la institucionalidad democrtica que fijan las Constituciones de cada pas, reemplazndola por un nuevo orden no sujeto a ningn estado de derecho. La violencia militar cruda y descarnada hace parte vital de ese mecanismo.

En el frica subsahariana, en el poco ms de medio siglo que tienen sus jvenes naciones, se llevan registrados ms de 220 golpes de Estado, en todos los casos llevados a cabo por fuerzas militares. Burkina Faso, Benn y Nigeria son los que ms los han sufrido, con 6 golpes en cada uno de esos pases hasta el ao 2001. Dada esa continua inestabilidad poltica, producto de lo joven y dbil de esas democracias constitucionales copiadas a las ex metrpolis europeas, la Organizacin de la Unidad Africana -OUA- en el ao 2000 reaccion promulgando la Declaracin de Lom, la cual prohbe taxativamente en todo el continente los cambios inconstitucionales de gobierno. Dicha declaracin fue recogida en el ao 2007 por la Unin Africana en la Carta Africana sobre Democracia, Elecciones y Gobernabilidad. Es por eso que los golpes de Estado ms recientes, que tuvieron lugar luego de esa fecha, como los ocurridos en Guinea (2008), Madagascar (2009), Nger (2010), Repblica Centroafricana (2013) y Burkina Faso (2015), no fueron reconocidos por el organismo regional, suspendindoseles del mismo y obligndoseles al retorno al marco constitucional.

En muchos de esos alzamientos militares estuvo presente la influencia de las ex potencias imperialistas de Europa, bsicamente Gran Bretaa y Francia, que siglos atrs haban invadido el territorio africano, dividindolo artificialmente en lo que hoy son estas jvenes repblicas. Los continuos golpes de Estado de estas pocas dcadas transcurridas desde su liberacin -alrededor de 1960- evidencian lo precaria que son como naciones, al establecrseles lmites arbitrarios destruyendo y avasallando culturas y pueblos tradicionales.

En Latinoamrica, los golpes de Estado caracterizaron la dinmica poltica de todos sus pases (excepcin hecha de Costa Rica, la Suiza americana y por qu no Suiza la Costa Rica europea?) a lo largo de todo el siglo XX. Bolivia encabeza la lista, con ms de 160 alzamientos militares.

Un golpe de Estado no significa cambio alguno en la estructura econmico-social de una sociedad. Es, en todo caso, un cambio brusco, repentino, en la figura que est al mando del silln presidencial. En otros trminos: luchas de poder intestinas, crisis palaciegas, simples reacomodos a espaldas de los pueblos (eso es, bsicamente, lo que caracteriza los pronunciamientos militares en el frica). O, en todo caso, injerencia del poder militar en la dinmica poltica, reemplazando el juego institucional normal cuando las clases dirigentes avizoran algn peligro en orden a un avance popular (lo distintivo de Latinoamrica).

Esto ltimo es el caso, por ejemplo, de la intervencin militar en Guatemala en 1954 desplazando la Primavera democrtica, en Argentina en 1955 y 1976, quitando gobiernos peronistas vistos como peligro populista para las clases dirigentes, en Brasil en 1964, volteando al presidente Joo Goulart, otro populista peligroso para la lgica conservadora, en Chile en 1973 (peligro comunista, segn declarara Henry Kissinger en su momento), y ahora en Bolivia (gran reserva de litio ansiada por compaas multinacionales). En todos estos casos lo que est en juego es la posibilidad de una prdida de privilegios por parte de la clase dominante local y de los intereses estadounidenses en la regin. De esto se desprenden dos conclusiones:

1) El aparato de Estado no est para beneficiar a todos los habitantes de una nacin por igual, sino que es el mecanismo de dominacin de una clase social (oligarqua, burguesa, empresariado, terratenientes, banqueros o como se la quiera nombrar) sobre otra (trabajadores, pueblo en general). Vale recordar aqu la definicin leninista ya clsica: El Estado es el producto del carcter irreconciliable de las contradicciones de clase. Las fuerzas de seguridad nunca reprimen a las clases dirigentes sino a la chusma que protesta.

2) En Latinoamrica, el verdadero poder dominante final, el que tiene la ltima palabra, es la clase dirigente de Estados Unidos, que hace de la regin su reservorio de materias primas, mercado cautivo y proveedor de mano de obra barata. Por eso, y no por otra razn, es que hay acantonadas 74 bases militares de Washington en la regin, defendiendo al milmetro lo que considera su natural patio trasero: Amrica para los americanos (del Norte), segn la tristemente clebre Doctrina Monroe. No est de ms recordar que la instalacin ms grande (Base Mariscal Estigarribia) se encuentra en la Triple frontera argentino-brasileo-paraguaya, custodiando el Acufero Guaran, una de las reservas de agua dulce subterrnea ms enorme del mundo. Y la base ms grande est en construccin en estos momentos, en Honduras, para salvaguardar las reservas petrolferas de Venezuela.

En todos estos pronunciamientos militares est siempre presente la mano de Washington, quien defiende a capa y espada, ante todo, sus propios intereses econmicos, y secundariamente el modelo capitalista vigente, para que los malos ejemplos populistas no cundan. Pero los tradicionales golpes de Estado, con tanques de guerra en la calle, sangre y muchos muertos, cuestan demasiado en trminos polticos. Hoy da, producto del avance en las denuncias de violaciones a derechos humanos cometidas por esos gobiernos militares producto de los golpes de Estado sangrientos, tales prcticas son impresentables. De ah que la Casa Blanca ltimamente ha variado su estrategia desarrollando lo que se conoce como golpes suaves (soft), o procesos de reversin (roll-back).

Los mismos evitan el despliegue militar violento, presentando varias aristas, articuladas entre s a veces, que tienen por fin siempre lo mismo: terminar con un mandatario o un proceso dscolo a los dictados imperiales de Estados Unidos. Pueden presentar varias formas:

1) Maquillando el cambio poltico como un alzamiento espontneo de la poblacin que, con su protesta, reclama algo nuevo. Qu representan, en realidad, estos movimientos? No son, en sentido estricto, movimientos populares. Con las diferencias del caso, todos tienen lneas comunes. Llamados tambin revoluciones de colores (probadas en otras regiones distintas a Latinoamrica: revolucin de las rosas en Georgia, revolucin naranja en Ucrania, revolucin de los tulipanes en Kirguistn, revolucin blanca en Bielorrusia, revolucin verde en Irn, revolucin azafrn en Birmania, revolucin del Cedro en Lbano, revolucin de los jazmines en Tnez, estudiantes democrticos antichavistas en Venezuela, las Damas de blanco en Cuba, las recientes movilizaciones populares en Bolivia fustigando el supuesto fraude de Evo Morales) son fuerzas aparentemente espontneas, que tienen siempre como objeto principal oponerse a un gobierno o proyecto contrario a los intereses geoestratgicos de Washington.

El idelogo que le dio forma a este tipo de intervenciones es Gene Sharp, escritor estadounidense visceralmente anticomunista, autor de los libros La poltica de la accin no violenta y De la dictadura a la democracia, quien fuera nominado en el 2015 al Premio Nobel de la Paz. Paradojas del destino: inspirndose en los mtodos de lucha no-violenta de Mahatma Ghandi, este intelectual orgnico al statu quo estadounidense sent las bases para que la CIA y otras agencias estatales norteamericanas (USAID, NED, algunas Fundaciones de fachada) desarrollen sus intervenciones en distintas partes del mundo, siempre en funcin de la geoestrategia de dominacin de Washington (en modo alguno alejada de la violencia!). Las mismas, segn Sharp, consisten en tres pasos:

Generacin de protestas, manifestaciones y piquetes, persuadiendo a la poblacin (lase: manipulando) de la ilegitimidad del poder constituido, buscando la formacin de un movimiento antigubernamental.

Fomento del desprestigio de las fuerzas de seguridad oficiales (polica o fuerzas del orden), instigacin a huelgas, a la desobediencia social, a los disturbios y la provocacin de sabotaje.

Llamado al derrocamiento no violento del gobierno.

As, un cambio de gobierno se enmascara como resultado de una protesta popular espontnea.

2) A ello se le puede complementar, como parte de estos nuevos golpes de Estado suaves, el trabajo disuasivo que realiza la corporacin meditica comercial, siempre alineada con el gran capital y posiciones conservadoras. Trabajar sobre la corrupcin, denunciando y magnificando hasta el hartazgo hechos corruptos por parte de los funcionarios dscolos, consigue resultados: dado que es un tema sensible, o incluso sensiblero, las poblaciones responden siempre visceralmente: Mueren nios en un hospital por falta de medicamentos, culpa de la corrupcin estatal ; Podemos ver los resultados de la corrupcin aqu en esta escuela: no tienen suficientes aulas para la gente, para los estudiantes () Toca al gobierno y a la gente de Guatemala luchar cada da contra la corrupcin , como declarara el entonces embajador de Estados Unidos en Guatemala preparando las espontneas protestas populares . Quin podra avalar la corrupcin? Por tanto, insistir y sobredimensionar la misma en funcin de una estrategia de desprestigio, da resultados. De hecho, ello se evidenci (laboratorio de prueba?) en el 2015 en Guatemala, donde las denuncias reiteradas de corrupcin por parte de la prensa y las manifestaciones cvicas pacficas de poblacin clasemediera urbana lograron quitar de la presidencia al binomio Otto Prez-Molina y Roxana Baldetti, conspicuos operadores polticos de derecha (Prez-Molina, por lo pronto, militar absolutamente comprometido en la guerra contrainsurgente de aos atrs, pero ahora utilizado como prueba con esto de las cruzadas anticorrupcin).

El mecanismo definitivamente funciona, pues fue lo que luego se utiliz para que la geoestrategia hemisfrica de Estados Unidos, en connivencia con las oligarquas locales, desplazara con esta modalidad de golpes suaves al Partido de los Trabajadores en Brasil, encarcelando al ex presidente Lula y a la en ese entonces presidenta Dilma Rousseff, por hechos nunca claramente probados de corrupcin. Y lo mismo sucedi en Argentina, donde sin llegar a sustanciar un golpe de Estado, la derecha pudo quitar del silln presidencial a Cristina Fernndez (una socialdemcrata pro capitalismo, en todo caso reformista, pero igualmente molesta para el statu quo), acusndola de innumerables hechos corruptos que llevaron al triunfo electoral de Mauricio Macri.

3) Otra forma de golpe suave desarrollada por Estados Unidos est dada por intervenciones quirrgicas que, sin apelar al gran despliegue militar, capturan al presidente en cuestin, alejndolo de su cargo en forma silenciosa, ordenada, hacindolo desaparecer mgicamente de la vida pblica. Eso es lo que se hizo, por ejemplo, con Jean-Bertrand Aristide en Hait, secuestrado y llevado al frica, con Manuel Zelaya en Honduras, o con Hugo Chvez en Venezuela (jugada, esta ltima, que no les result por la activa participacin popular en defensa de su lder, lo que hizo abortar el golpe).

4) Complementando lo anterior, tambin como parte de esta nueva modalidad de golpes no cruentos, una nueva tcnica que impulsa el gobierno de Estados Unidos es la autoproclamacin como mandatario. Es una jugada casi absurda, pero que puede resultar efectiva. Crea una situacin de hecho, presentando a un determinado personaje como el nuevo presidente, con lo que se fuerza un escenario novedoso que puede servir para desplazar al anterior mandatario. Esto se ensay primeramente en la Repblica Bolivariana de Venezuela, donde el diputado Juan Guaid se autoproclam presidente, sin que ello tuviera efecto real en la dinmica poltica del pas. Pero s result en la Repblica Plurinacional de Bolivia, donde ilegalmente la vicepresidenta del Senado, Jeanine ez, autonombrndose, ocup el espacio dejado por la renuncia forzada del legtimo mandatario Evo Morales, completando as el golpe de Estado pergeado por la derecha.

Esta nueva modalidad de golpes soft evita el desgaste poltico, sin tensar al rojo vivo la situacin poltico-social. Se pueden combinar varios elementos: movilizacin popular manipulada, prdica antigubernamental por los medios de comunicacin, operaciones quirrgicas, mecanismos de sabotaje, etc. De todos modos, la posibilidad de la mano dura no se descarta. La clase dominante siempre se guarda esa carta. La Escuela de las Amricas, luego rebautizada pero en esencia siempre la misma cosa, sigue preparando militares latinoamericanos golpistas y torturadores como reaseguro de las clases dominantes para todo el sub-continente. Amrica del Sur se nos puede embrollar de modo incontrolable si no tenemos siempre a la mano un lder militar () Esto reclama un jefe de la calidad solidaria del general Augusto Pinochet, manifest el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, ante la preocupante situacin de Chile. De hecho, en procesos llamados democrticos (que lo son solo formalmente), cuando las cosas se complican, aparece la bota militar. Eso ocurri en el virtual golpe de Estado en Honduras en 2009, cuando se desplaz al entonces presidente legtimo Manuel Zelaya (un muy tibio socialdemcrata que haba osado negociar el petrleo con la Venezuela chavista a travs de Petrocaribe), apareciendo como antao los tanques de guerra en las calles de Tegucigalpa.

En Bolivia acaba de consumarse un golpe que nuclea varias de estas modalidades. Las cuantiosas reservas de litio (75% de las reservas mundiales, elemento fundamental para las bateras de aparatos electrnicos y futuro posible reemplazo del petrleo) y otros recursos naturales (gran reserva de gas, de minerales estratgicos, de tierras raras) esperan por las vidas corporaciones multinacionales, que de momento no podan entrar, dado el gobierno socialista de Evo Morales y el MAS.

La institucionalidad de las democracias formales se demuestra un absurdo. Se hace creer a la poblacin que decide algo a travs de su voto, cuando en realidad todas las decisiones importantes se toman a sus espaldas. Y si los pueblos alzan la voz, se les reprime (todas las actuales protestas, en todas partes del mundo, fueron sangrientamente reprimidas con fuerza bruta, en Francia y en Hait, en Egipto y en Honduras, en Chile y en Irak, en Ecuador y en Colombia). La actual nueva modalidad de golpes suaves no debe hacernos creer que los golpes duros desaparecieron. Las palabras de Mike Pompeo nos lo recuerdan. La peticin de las Comisiones de la Verdad que investigaron los graves delitos de lesa humanidad de gobiernos dictatoriales en Argentina y Guatemala y titularon sus documentos como Nunca ms, no pasan de un buen deseo. Nada asegura que los golpes cruentos y sangrientos no puedan volver. Las armas no estn en manos de los pueblos, sino de los militares preparados para defender el modo de vida occidental y cristiano. Solo Cuba y Venezuela tiene fuerzas armadas no golpistas. El capital se sigue protegiendo y protege sus privilegios a toda costa, sin cuartel, sin piedad, y si necesita nuevos hijos de puta, como reza el epgrafe, los seguir usando.


Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter